lunes, mayo 07, 2007

El Zócalo de ciudad de México, un mar de cuerpos desnudos


FRANCESC RELEA

La gigantesca plaza del Zócalo, en el corazón de la Ciudad de México y centro de grandes acontecimientos políticos, sociales y religiosos, amaneció ayer repleta de hombres y mujeres de todas las edades completamente desnudos.

El sol despuntaba detrás del majestuoso palacio Nacional cuando los asistentes posaban tal como llegaron al mundo, en posición fetal. Procedentes de distintos puntos de la capital y de otros Estados de México, los improvisados modelos acudieron a la convocatoria del fotógrafo neoyorquino Spencer Tunick, conocido por los desnudos multitudinarios en diversas ciudades del mundo.

Según estimaciones de los organizadores del evento, la cifra de participantes de ayer superó los 10.000, lo que supone un nuevo récord que ostentaba la ciudad de Barcelona, donde en el mes de junio de 2003 se congregaron más de 7.000 personas completamente desnudas en la avenida de María Cristina para posar ante la cámara de Spencer Tunick.






Desnudos los cuerpos, las cicatrices colectivas afloraron
Juan Solís

00:11 Acababan de sonar las nueve campanadas en la catedral metropolitana cuando el sudoroso, exhausto y emocionado Spencer Tunick aseguró que se vivía “un gran momento para el arte mexicano. He estado en Europa, pero algo pasa en la Ciudad de México. Es cultural, va a explotar y será grandioso.”

Quince minutos antes de las seis, los participantes se acomodaban, aún vestidos, sobre el arroyo vehicular de la Plaza. El frío contraía la carne, pero ensanchaba el patriotismo. Mé-xi-co. Mé-xi-co, gritaban.

Poco antes de las siete, denunciados por la luz de las farolas, los primeros cuerpos desnudos de piel ambarina atravesaron la plancha corriendo hacia el asta, también desnuda de bandera. Lo demás fueron variaciones sobre una misma consigna, cuerpos que al unísono se despojaron de todo, hasta de su desnudez.

Ya sin ropa, y entre foto y foto, las más profundas cicatrices colectivas se mostraron a flor de piel. “Voto por voto, casilla por casilla”. Ya sin ropa, dueñas de su cuerpo y de su voluntad, las mujeres alardeaban sus victorias. “Sí al aborto”.




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