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jueves, junio 07, 2012

Votar por AMLO

Sergio Aguayo

Con sentimientos encontrados dejo el bando de los indecisos. Daré mi voto a Andrés Manuel López Obrador y seguiré revisando críticamente su actuación pública.

En 2009 impulsé el voto nulo decepcionado con la cosecha de la alternancia: partidos y políticos degradados que contaminan y corrompen instituciones y cultura; violencia incontenible y Estado ineficaz y mediocre. Como militante activo de la ciudadanía indefensa veía con desdén la urna que según todas las encuestas coronaría al candidato priista pese a su pobre desempeño como gobernador y a su rala vocación democrática. Confieso que mi preocupación la trasladaba al próximo 1o. de diciembre cuando empezaría la resistencia a la restauración.

Mantengo la decepción con lo que hay, pero ahora, en junio, tenemos un panorama totalmente diferente: Josefina Vázquez Mota se desinfla, Enrique Peña Nieto desciende y López Obrador crece, mientras una rebelión juvenil sacude, como en ocasiones previas, la modorra ciudadana. Dada la emergencia nacional decido votar por AMLO, aunque sigo teniendo dudas sobre algunos rasgos del aspirante de las izquierdas. Profundizo en el más importante.

En septiembre de 2006 Cuauhtémoc Cárdenas expresó su preocupación por la "intolerancia y satanización, [por] la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas". En mayo de 2012 Javier Sicilia le dijo a López Obrador que para muchos él "significa la intolerancia" con "aquellos que no se le parecen o no comparten sus opiniones". El aludido respondió al poeta: "a mí no me puedes meter en el mismo costal", "no soy autoritario", "no soy mesiánico".

Estoy convencido de que López Obrador ni viola los derechos humanos ni es un corrupto.

Desafortunadamente, también he constatado que no ha combatido con energía a los corruptos de su partido y que se abstiene de utilizar su ascendiente para frenar los ataques que sus seguidores lanzan contra quienes difieren de sus planteamientos. Una precisión: se vale criticar a Sicilia con el bisturí de la razón; es inaceptable tildarlo de "traidor" e "hijo de la chingada", entre otros adjetivos, ante la impasibilidad del dirigente político.

Esa tolerancia a la agresividad se relaciona con el llamado de AMLO para que "participemos todos juntos en la transformación del país". Estamos ante un punto nodal en la relación sociedad-líder carismático. ¿Se pide una participación respetuosa de la diversidad y la libertad o se espera y exige subordinación total? En mi caso, simpatizar o votar por AMLO no mutila mi derecho a revisar críticamente sus acciones para respaldarlo o contradecirlo.

Me opongo a los excesos verbales del porrismo priista, panista o lopezobradorista porque son antesalas para la agresión física. Respaldo el derecho de Sicilia a informar que anulará su voto porque ha aclarado que eso no condiciona a quienes participan en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, así como mi voto por AMLO tampoco obliga a los integrantes de Alianza Cívica, organización que actualmente presido.

Escudriñé con enorme cuidado el texto de Sicilia y contiene críticas sólidas al desdén e indiferencia que nuestra clase política (y eso incluye a la izquierda) ha mostrado hacia las víctimas. Es una demanda bien armada de quienes conviven día a día con el sufrimiento y la cínica impunidad de los gobernantes. El reclamo en Chapultepec sirvió de poco porque después del evento ha seguido el menosprecio discursivo a los costos sociales de la guerra contra el narco.

Aún así votaré por AMLO por su biografía de honestidad, porque su lucha ha sido pacífica (pese a la intolerancia mencionada) y porque tuvo una buena gestión como gobernante del Distrito Federal. Se hizo el desentendido con las sociedades de convivencia pero alentó la equidad de género y estableció programas de protección a las madres solteras y a los adultos mayores. Su crítica a los partidos abre la posibilidad de que respalde el desmantelamiento de la partidocracia.

La victoria de López Obrador en las urnas no está garantizada. De mantenerse las tendencias actuales y si empata con Peña Nieto tendrá que superar la compra y coacción del voto del 1o. de julio. Aun ganando, sus márgenes de maniobra estarán acotados por los poderes fácticos y por los partidos (incluidos los que ahora le avientan incienso). La profundidad de las reformas dependerá en buena medida de la energía de una sociedad organizada, consciente, decidida y libre.

Pero todo eso corresponde a un futuro imposible de anticipar con tantas variables que andan sueltas. Junio es el mes en el cual tendremos que optar entre dos opciones. La evidencia muestra que el PRI de Peña Nieto es un peligro para la democracia. López Obrador es la esperanza de un cambio que será más equilibrado si participa la sociedad. Por eso votaré por AMLO.

Reforma
06/06/2012

jueves, agosto 13, 2009

Caro e inútil

Sergio Aguayo Quezada

En memoria de Pablo Latapí Sarre, Grande de México.

La entrevista ocuparía un lugar distinguido en cualquier antología del discurso falacioso y mañoso. Fue concedida por José Luis Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), que aspira a ser ministro de la Suprema Corte.

Liliana Alcántara y Thelma Gómez le hicieron al doctor Soberanes una larga entrevista (El Universal, 3 de agosto del 2009). En ella se presenta como paladín de la objetividad porque cuando habla, dice, tiene un "expediente" respaldándolo. "No puedo actuar por ocurrencias, imaginaciones, creencias o suposiciones". Sin embargo, sus afirmaciones están preñadas de imprecisiones.

Pongo, como ejemplo, el papel que se atribuye en la respuesta oficial a la tragedia de los desaparecidos. "En un año sacamos una recomendación que nadie había hecho en 10 años. Se hizo la investigación y después emitimos la recomendación" de la cual nació, el 27 de noviembre del 2001, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp). Falso. Manipula las fechas. Soberanes fue nombrado en noviembre de 1999 y reactivó la investigación sobre las desapariciones cuando Reforma publicó, en julio del 2001, un reportaje sobre el abandono en el que la CNDH tenía ese programa.

La Femospp fracasó y Soberanes la puso como ejemplo de la "negligencia" y la impunidad. Al asegurarlo, las reporteras le preguntaron por qué tardó tanto en hacer esa crítica. Su respuesta fue: "porque he estado esperando a ver si había resultados". Una excusa absurda, ya que Felipe Calderón desapareció a la Femospp en marzo del 2007; en otras palabras, se esperó dos años y cinco meses.

Para enaltecer su gestión, descalifica a los otros. Sobre los organismos de la sociedad civil que lo critican dice: "a ellos no les preocupan las violaciones a los derechos humanos, sino cómo hacerse de esta Comisión. Ahora están muy preocupados por el relevo, y quieren influir, ser los grandes electores, tomar la decisión y uno de ellos hacerse de mi silla".

Después arrasa con todas las "direcciones..., subsecretarías y subprocuradurías" del gobierno federal dedicadas a los derechos humanos; las acusa de servir "de tapadera" y de ser "como los gatitos" que "entierran sus porquerías". Desbocado, culpa a "la Defensa Nacional" de "hacer una campaña en contra de nosotros"; tacha al procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, de ser "el caso más patético"; y a la Secretaría de Relaciones Exteriores la califica de "vergüenza". Es posible que Soberanes tenga algo de razón, pero un ombudsman no lanza afirmaciones tan graves sin sustentarlas.

Es, además, inconsistente. Después de su desahogo contra el gobierno federal, baja el tono y ronronea cuando enjuicia a Felipe Calderón; confiesa tener "sentimientos encontrados. Por un lado, sí lo apoyo; por otro, sí hay muchas cosas que podría hacer mejor". Tanto recato, tanta mesura, podrían deberse a sus aspiraciones: "por supuesto que me gustaría llegar a la [Suprema] Corte, pero eso no depende de mí. Depende del Presidente y de los senadores. Si el Presidente no quiere, no llego".

Podría seguir hilvanando párrafos sobre los casi 10 años de Soberanes; prefiero subrayar la urgencia de una evaluación que revise la forma en que manejó el dinero público recibido. Entre el 2000 y el 2008 la CNDH casi duplicó su presupuesto en términos reales. Cuando se revisan las partidas, brinca el incremento en el pago de estímulos a funcionarios: la partida estaba en ceros antes de que llegara al cargo y en el 2008 repartió 92.3 millones de pesos, el 11 por ciento del presupuesto ejercido. Ese año, la CNDH estuvo entre las seis dependencias federales más generosas con sus funcionarios.

José Luis Soberanes lanza exabruptos sin sustento, maneja como quiere sus presupuestos y manosea los derechos humanos, porque no tiene quien lo controle. El Consejo Ciudadano de la CNDH se caracteriza por la mansedumbre con el titular, y cuatro de sus 10 consejeros arrastran un déficit de legalidad: rebasaron su periodo porque la comisión senatorial respectiva ¡no se reúne desde noviembre del 2007! La displicencia del Senado es tan notable, que jamás le han hecho una auditoría integral. El pasmo de la Cámara alta se debe, para algunos, a la ineptitud de la Comisión de Derechos Humanos presidida por la izquierda; otros aseguran que es el resultado de las complicidades entre el PAN, el PRI y Soberanes.

En unos meses Soberanes será finalmente sustituido. He seguido durante 10 años su desempeño y tengo evidencia para asegurar que ha sido un ombudsman caro e inútil. Ahora bien, si incluimos en la ecuación la mediocridad y mezquindad de nuestra clase política, tal vez esos atributos lo califiquen para que Felipe Calderón y la mayoría del Senado lo coloquen, a finales de este año, como nuevo integrante de la Suprema Corte. Así andamos.

viernes, mayo 01, 2009

Vivir en México

La crisis sanitaria que vive el país se inserta en una situación de inseguridad galopante

SERGIO AGUAYO

Mientras la Organización Mundial de la Salud elevaba la alerta mundial por la fiebre porcina que surgió en México, ocho policías eran ejecutados en Tijuana. En otras palabras, la emergencia sanitaria no ahuyenta la inseguridad que carcome esa visión color de rosa con la cual algunos describen la gestión del presidente Felipe Calderón.

Para entender lo que sucede en México debe partirse de un hecho: son muy pocas las instituciones gubernamentales eficientes y preocupadas por el interés general. El aparato de seguridad es un desastre del cual sólo se salvan unas fuerzas armadas estiradas al límite de sus capacidades. Y a esa situación han contribuido los errores, ineficiencias y corrupciones de todas las fuerzas políticas, y eso incluye al presidente Calderón y a su partido.

Vivir en México es padecer la incertidumbre de la inseguridad. En la modernidad del siglo XXI es rutinario visitar, a cualquier hora del día y la noche, los cajeros automáticos para obtener efectivo. En México es peligroso hacerlo por un incremento de los asaltos y por la indefensión en que nos encontramos. La capital está dividida en delegaciones, una de las cuales, la Benito Juárez, es gobernada por el derechista Partido Acción Nacional. Uno de sus funcionarios, Jaime Slomianki, hizo la siguiente recomendación: "Por seguridad de los ciudadanos, sería muy conveniente no hacer retiros en efectivo de los bancos. Es mejor pagar la comisión

[que cobran los bancos por hacer los pagos por vía electrónica] que correr riesgos de sacar dinero" (25 de febrero, Reforma). ¿Hace falta agregar algo a tan flagrante capitulación de la obligación del Estado de darnos seguridad?

Atrincherarse en casa tampoco garantiza tranquilidad. Cuando alboreaba abril recibí una llamada telefónica. Con la voz recia de los mexicanos del Norte, alguien se presentó como mi primo Víctor, hijo del finado tío Pancho, quien emigró y murió en Estados Unidos. Entre exclamaciones de alborozo, el primo me anunció su llegada para el siguiente día; venía de Estados Unidos cargado de dólares, quería poner un negocio y necesitaba mi consejo. Me expresó su deseo de hospedarse en casa -"ya tengo la dirección, primo, ahí nos vemos mañana"-. Como la familia es sagrada, hasta me sentí mal cuando le dije que era imposible darle albergue, pero lo compensé poniéndole hora al reencuentro de primos.

Vivir en México exige estar en alerta permanente. En consecuencia, me comuniqué con la tía Lola, quien desposó un veterano de guerra americano hace medio siglo y se fue a vivir a California. La tía conoce los ires y venires de los centenares de Quezadas que se hacen la vida en el otro lado. Nadie mejor que ella para esclarecer identidades. Después del obligado relato de tragedias y enfermedades, me dio una triste noticia: el primo Víctor había muerto de diabetes hacía un par de años porque "no se cuidaba nada".

Así pues, o el primo Víctor estaba comunicándose desde el más allá o, lo más probable, estábamos frente a un simulador que preparaba un robo, una estafa o un secuestro. Se inició un larguísimo intercambio de opiniones con mi esposa catalana, la cual inmediatamente recordó otra llamada recibida hace algunos meses en la cual nos informaban, entre insultos y amenazas, que habían secuestrado a nuestro hijo varón. El intento se desinfló porque nuestro descendiente vive en Madrid. En cuanto a la visita del presunto primo Víctor, nos inquietó porque ignorábamos la información que tenía. Desechamos dar aviso a la policía, pese a que el Gobierno federal (conservador) publicita un programa especial contra extorsiones por vía telefónica. Cuando está en juego la seguridad, los mexicanos no llamamos a la policía porque o son cómplices de los delincuentes o son de una ineficiencia sublime.

Sé de lo que hablo. Hace seis meses saquearon el piso donde vivimos en una capital gobernada, desde hace 11 años, por el principal partido de izquierda. Destrozaron a mazazos una puerta blindada, dejaron sembrado el piso del contenido de cajones y armarios y se llevaron lo que quisieron. El procurador capitalino tomó un interés personal en el asunto, y al hogar llegaron oleadas de solícitos peritos y policías. Obtuvieron las huellas digitales de los presuntos responsables, pero hasta ahí llegaron, porque la policía capitalina no está coordinada con el Gobierno central y no tiene acceso a las bases de datos nacionales.

Este tipo de vivencias no son extraordinarias. Forman parte de la existencia en este maravilloso país tan lleno de contrastes y extremos. Después del asalto, nos resignamos a unirnos a los millones de ciudadanos que compensan la incapacidad del Estado reforzando puertas y ventanas, poniendo alarmas e intercambiando anécdotas de impotencia y miedo.

El colapso de las instituciones mexicanas de seguridad tiene muchas causas. Una de las principales es la ineptitud de buena parte de los altos mandos burocráticos. Según un estudio realizado por el organismo Gestión Social y Cooperación (Gesoc), pese a los generosos salarios y privilegios pagados, alrededor del 40% de la alta burocracia federal no está capacitada para ocupar el cargo. La razón es muy simple: quienes gobiernan entregan esos puestos a sus amigos o cómplices. Felipe Calderón ha participado, como presidente, de manera consciente y deliberada en este juego.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) tiene la responsabilidad de coordinar las acciones de los gobiernos federal, estatales y municipales. Ocupa, por tanto, un lugar central en el combate contra la inseguridad y en la guerra contra el narco. Si funcionara el Sistema, la policía capitalina tal vez hubiera podido conocer la identidad de quienes asaltaron mi piso, y seguramente iría mejor el combate al crimen organizado. Desafortunadamente, ha sido una burocracia inútil porque Felipe Calderón nombró como su titular a un tal Roberto Campa Cifrían, quien carecía de experiencia en temas de seguridad. Eso sí, en su larga carrera político-burocrática uno debe reconocerle la gallardía con la cual ha defendido sus ingresos y privilegios como funcionario de alto nivel. Si Calderón lo nombró zar de la seguridad es porque Campa es un protegido de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, quien hizo grandes favores al actual presidente durante la polémica elección del 2006. El presidente usó nuestra seguridad para pagar una deuda política.

Campa estuvo en el cargo de 2006 a 2008 y manejó unos 1.000 millones de euros, sin que la seguridad mejorara. Acorralado por la falta de resultados, Calderón se vio forzado a destituirlo en septiembre del 2008, y no fue hasta marzo de 2009 cuando nombró a Jorge Tello Peón como el nuevo titular del SNSP. Finalmente, llegó al cargo un profesional, y a lo mejor y tal vez las fuerzas federales finalmente se coordinan mejor entre sí y con las policías de los otros niveles.

Así pues, ni todas las instituciones funcionan ni el Gobierno de Felipe Calderón es un cruzado enfrentado a la delincuencia. A Calderón le pone obstáculos la oposición, es cierto, pero él toma decisiones que sabotean su gestión. No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente.

Quienes vivimos en México estamos urgidos de un Estado fuerte que nos defienda. La emergencia sanitaria que padecemos es una anécdota menor si se piensa en que cargamos, como losa gigantesca, a una clase gobernante que, en términos generales, se distingue por su mezquindad y mediocridad. La supervivencia diaria termina dependiendo, en esencia, de cada ciudadano.

Postdata. La amenaza creada por el primo Víctor la resolvimos a la mexicana. En lugar de confrontarlo y encararlo optamos por evadirlo. Dejamos de contestar el teléfono por unos días y se dio por enterado. O al menos eso deseamos creer...

jueves, abril 02, 2009

De profesionales

Sergio Aguayo Quezada

Esta columna empieza mal, y termina bien. Primero comento la grisura de un 40 por ciento de nuestros funcionarios federales para, con esa base, enmarcar la relevancia de que Jorge Tello Peón sea el nuevo secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

La patria ha sido generosa con su alta burocracia. Salvo contadas excepciones, siempre han ganado bien, y el Presidente se pone a la cabeza porque, en estos momentos, su salario bruto mensual es de 277 mil 429 pesos (más prestaciones de diverso tipo). Es una especie en vigoroso crecimiento porque, en los últimos cuatro años, ha crecido el número de quienes, en la Administración Pública Centralizada, ganan más de la mitad del salario presidencial. En el 2005 eran mil 625, y ahora son 2 mil 720 (un 67 por ciento más). Se ha duplicado el presupuesto gastado en retribuir a la alta burocracia (cifras de http://alserdan.blogspot.com).

La patria no ha sido correspondida. Con esos sueldos uno esperaría resultados óptimos e impecables. Después de todo, en los "Manuales de Organización General" de las secretarías de Estado se establece que los altos funcionarios deben "formular y conducir la política general" del área de su competencia. Gesoc, Gestión Social, A.C. (www.gesoc.org.mx), revisó las evaluaciones que por ley se hicieron a 104 programas federales. La esencia del estudio aparece en las siguientes líneas: "cuatro de cada diez [programas] tienen una calificación reprobatoria en la calidad de su diseño lo que refleja, entre otras cosas, que los funcionarios públicos no poseen las competencias necesarias para diseñar correctamente una política pública".

Sin extrapolar mecánicamente estos resultados a toda la administración pública no me parece exagerado lanzar, como hipótesis de trabajo, la afirmación de que el 40 por ciento de la alta burocracia habita en el Olimpo de la Ineptitud. Cada vez son más, producen menos y de mala calidad.

Esto es consecuencia, al menos en parte, de que los gobernantes utilizan esos nombramientos para premiar a los leales o pagar deudas políticas. Para justificarse se arropan con esa costumbre tan mexicana de hacer diagnósticos y recetas para todos los males; como si fuéramos médicos. El caso es que México sigue produciendo generación tras generación de mártires del presupuesto: seres superdotados capaces de brincar, durante su vida útil, de la dirección de un rastro municipal a la administración de una cárcel estatal para de ahí irse a presidir la Comisión de Hacienda en el Congreso de la Unión. Todo eso mientras escriben libros, dan conferencias sobre hidroponia y administran una flotilla de taxis.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) es un caso paradigmático. Mientras Felipe Calderón anunciaba el inicio de la guerra contra el crimen organizado nombraba a Roberto Campa Cifrián como secretario del SNSP. Campa es un auténtico mártir del erario: atendió a los damnificados del sismo de 1985 en la capital, "defendió" consumidores en la procuraduría federal de la materia, fue vocero de aquella coalición contra Roberto Madrazo (el Tucom priista) y, como candidato presidencial por Nueva Alianza en el 2006, golpeó a Madrazo durante uno de los debates. Si nos guiamos por su currículum, su mayor triunfo fue la exitosa defensa de sus ingresos; si Calderón lo nombró zar del SNSP es porque Campa fue ungido por la varita mágica de la Hada Midas, Elba Esther Gordillo.

Durante el 2007 y el 2008, tiempo que Campa estuvo en el cargo, el SNSP manejó 17 mil 727 millones de pesos... y la seguridad empeoró. Acorralado por la falta de resultados, Calderón nombró para reemplazarlo a Alejandro Rubido García, iniciándose así una etapa de transición que culminó la semana pasada con el anuncio de que Jorge Tello Peón es el nuevo titular del SNSP. Llega, finalmente, un profesional con casi tres décadas de andanzas por el fantasmagórico, pero real, "mundo de la seguridad". ¿Y eso, se preguntará algún lector, qué quiere decir?

Tello inició su carrera con Jorge Carrillo Olea, a quien se sataniza por los errores que cometió en su gestión como gobernador, olvidándose el papel determinante que tuvo en la creación de un sistema de inteligencia civil que hizo a un lado los métodos de la policía política que perseguía y desaparecía opositores. Fue un momento importante de la transición.

Tello -quien tiene un sólido prestigio de honestidad- también sabe del combate al crimen organizado porque estuvo en el Centro de Planeación para Control de Drogas, Cendro. Su tránsito por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, Cisen, lo capacita para que ahora mejore la calidad de la inteligencia dedicada a combatir al narco. Por ser miembro de esos ambientes, quienes forman la "comunidad" de inteligencia le tomarán, al menos, las llamadas y tal vez hasta mejore la coordinación de las dependencias del Ejecutivo federal y de éste con las 32 entidades y los 2 mil 455 municipios. Ser un profesional de la seguridad también significa estar curtido en la disciplina del anonimato, y saber cómo manejar los riesgos asociados con una profesión de altísimo riesgo.

Sería un error suponer que habrá una mejoría mágica con la llegada de Tello. Tiene, en su historial, errores u omisiones tan graves como el de haber sido el subsecretario de reclusorios cuando se fugó El Chapo Guzmán de un penal de seguridad. En ocasiones sus opiniones se tiñen de un conservadurismo que, sin embargo, no afectan su profesionalismo. En los 20 años que tengo dialogando con él sobre seguridad, sé que comparte, en esencia, una definición de seguridad nacional sustentada en la soberanía, la justicia social y el respeto a los derechos humanos y la democracia. En suma, tiene disposición a dialogar y a escuchar a todas las fuerzas políticas.

Regreso al punto de partida: si es que son inevitables los altos salarios de la alta burocracia por lo menos que den resultados, pero eso supondría sustituir a los improvisados y a los corruptos con verdaderos profesionales. Un sueño.

La Miscelánea

Jorge Tello Peón concedió, en noviembre del 2008, una larga entrevista a Luis Herrera Lasso, pionero en la investigación sobre seguridad en México. El texto apareció en un libro de escasa circulación publicado en febrero del 2009 (Cisen: 20 años de historia, Testimonios). Por considerarla de interés para los lectores subí la entrevista a mi página: www.sergioaguayo.org

jueves, febrero 26, 2009

El dedo moderno

Sergio Aguayo Quezada

A la memoria de la Beba Pecanins

El presidencialismo autoritario fue heredado por las televisoras que se empeñan en modernizar el "dedazo". No basta con reconocerlo y lamentarlo; mejor reflexionemos sobre la forma de frenar esta amenaza al interés general.

¿Qué tanto influyen las televisoras en las elecciones mexicanas? Esa pregunta estuvo tras una investigación realizada con Miguel Acosta Valverde y Javier Treviño Rangel. El resultado es un libro, Democracia: medios de comunicación y elecciones en México (disponible en www.sergioaguayo.org), que revisa la forma en que transmitieron las televisoras privadas y públicas la presidencial del 2006, 13 elecciones estatales realizadas en el 2007 y el 2008, y la discusión en la Suprema Corte de la Ley Televisa. A continuación presento las principales conclusiones centradas en las televisoras privadas (en otra ocasión hablaré de las públicas).

Las televisoras como instrumento. A los medios no puede responsabilizárseles por los spots de los partidos, ni por las campañas negativas desencadenadas por Felipe Calderón y el Partido Acción Nacional en marzo del 2006. La promoción del miedo fue la principal novedad de aquella campaña, el factor más determinante en los resultados electorales, y un claro retroceso en la calidad de la democracia. No fue un hecho aislado; enlodar al adversario fue imitado por los otros partidos en los comicios locales del 2007 y el 2008.

Las televisoras como protagonistas. Huele a naftalina aquella frase de Emilio Azcárraga Milmo presentándose como "soldado del PRI". Las televisoras privadas ya alcanzaron la mayoría de edad y no obedecen los dictados de Gobernación o Los Pinos; actúan en defensa de sus intereses. Por esa autonomía tendieron a la inequidad en los tiempos y a la parcialidad en el contenido de los noticiarios dedicado a partidos y candidatos entre el 2006 y el 2008. Dado que su futuro depende en buena medida de quién será el próximo Presidente, resulta totalmente lógico que estén intentando convertirse en el factor decisivo en el 2012. El "dedazo" se moderniza.

Honor a quien honor merece. Jesús Reyes Heroles utilizaba su prosa como plastilina para capturar la esencia de la política nacional. En abril de 1977 se fue al agitado Guerrero para advertir sobre los riesgos de "volver al México bronco y violento". En agosto del mismo año propuso como alternativa una limitada pero importante reforma electoral. Reconocía que pecaba de "gradualismo", pero lo asumía sin timideces porque estaba convencido de que "este método nos ha permitido alcanzar metas firmes y no exponer al país a fuertes retrocesos por avances deslumbrantes". México no estaba para esos "avances súbitos, progresos casi instantáneos" que encandilaban a una parte de la juventud de aquellos años.

De entonces a la fecha nos hemos doctorado varias veces en gradualismo, y algunos de los avances que hemos tenido están como atrapados en arenas movedizas. Tomemos, a manera de ejemplo, el "dedazo", ese orgasmo de autoritarismo durante el cual los presidentes llevaban a su expresión más pura su omnipotencia para, en un elaborado ritual, entregar el cargo a quien habían elegido. La tentación de nombrar al sucesor es irresistible y poseyó a Vicente Fox, quien todavía se vanagloria de haber llevado a la victoria a Felipe Calderón. Ahora bien, si uno observa con atención lo acontecido en el recambio presidencial del 2006, Fox compartió el "dedazo" con otros integrantes de la élite gobernante pública y privada. Y en el Olimpo del poder mexicano relumbran las televisoras.

Desde que llegó la alternancia es notable la audacia de las televisoras, quienes han incrementado exponencialmente su fuerza. Resulta lógico suponer que harán lo posible para convertirse en el factor principal tras la selección del sucesor de Felipe Calderón. Es posible que tengan éxito porque la mayor parte de los árbitros electorales, los partidos y los políticos han hecho hasta lo imposible por congraciarse con las televisoras. Sin embargo, se han dado excepciones. Vale la pena revisar los casos exitosos de resistencia al autoritarismo de nuevo cuño.

Durante el sexenio de Vicente Fox las televisoras recibieron beneficios enormes. Si fuera una telenovela podríamos agruparla en cuatro grandes partes: el "decretazo" del 10 de octubre del 2002; la "Toma del Chiquihuite" por TV Azteca en diciembre del mismo año; los permisos para 130 casas de juego concedidos a una filial de Televisa en mayo del 2005; y, finalmente, la Ley Televisa. La más importante es, sin duda alguna, esta última.

En diciembre del 2005 los diputados de todos los partidos aprobaron por unanimidad la mentada ley demostrando que ellos también levantaban el dedo cuando se los ordenaba el patrón. Meses después, 47 senadores presentaron un recurso de inconstitucionalidad que llevó a uno de los momentos más gloriosos de la Suprema Corte. Fue un grito de independencia inútil porque el Legislativo no ha seguido la instrucción de la Corte. El servilismo fue reeditado por cinco consejeros del Instituto Federal Electoral quienes perdonaron, el 13 de febrero de este año, una multa a las televisoras. Una semana después el mismo consejo decidió, de manera unánime, aplicarles una multa. ¿Por qué cambiaron de opinión los consejeros? Una razón fue el peso, en sus carreras futuras, de la condena unánime del "círculo rojo" a los cinco consejeros electorales.

Lo anterior deja una lección bien elemental. Si deseamos enfrentar las nuevas formas de autoritarismo debemos alejarnos del esquematismo y la caricaturización de la política y sus protagonistas; el cambio se construye respaldando a, y respaldándose en, los funcionarios y políticos dispuestos a tomar en cuenta el interés general. Aun cuando a veces hay la sensación de que no ha cambiado nada, bajo ciertas condiciones la indignación de la opinión pública sí tiene efectos. En la democracia no basta con invocar el bien común; hay que defenderlo con determinación, eficacia e imaginación.

La Miscelánea

Visité el pasado lunes la Cámara de Diputados donde el Tec de Monterrey y la Universidad de Harvard organizaron un foro sobre los vapuleados derechos humanos. Me llamó la atención el descuido del legislativo hacia el medio ambiente. Mientras que un buen número de instituciones públicas ya proscribieron los nocivos vasos de unicel y de plástico para ingerir líquidos, en la Cámara siguen utilizándolos.

jueves, febrero 19, 2009

Rebelión cívica

Sergio Aguayo Quezada

Quienes gobiernan este país siguen luciéndose y engalanan, todavía más, el firmamento de nuestras impunidades

Luis Téllez asegura que Carlos Salinas "se robó la mitad" de los 857 millones de dólares que recibió de la "partida secreta", pero lo dice cuando ya prescribió cualquier posible responsabilidad... cinco consejeros del Instituto Federal Electoral (Marco Baños, Francisco Guerrero, Marco Antonio Gómez, Benito Nacif y Arturo Sánchez) se lucen con dinero ajeno y se someten, vasallos, ante las televisoras a las cuales ahorran una multa millonaria... la Suprema Corte hilvana un razonamiento jurídico impecable, para dejar sin castigo las gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidas en Atenco... Podría continuar enumerando los atropellos a los derechos de víctimas y ciudadanos pero es tan desgastante hacerlo que reoriento la reflexión a lo que podríamos hacer para frenar la rampante degradación de la política.

En el venerable Colegio de México soplan vientos de renovación. El miércoles 11 de febrero su presidente, Javier Garcíadiego, inauguró un evento internacional que dedicó la mayor parte de su tiempo a esclarecer por qué no se han castigado, en México, las gravísimas violaciones a los derechos humanos. Volvió a revisarse la tragedia de los desaparecidos, se hizo una disección de la amnistía de facto concedida en los hechos por el gobierno de Vicente Fox, y se revisó la indiferencia de Felipe Calderón hacia el tema.

En el evento de un día se fue más allá de la denuncia y la protesta; se incursionó en la propuesta. Reconocimos, de entrada, la ingenuidad de quienes creímos que bastaba con la alternancia y el federalismo para que la justicia deslumbrara. Sigue sin notarse el arribo de los exopositores al poder. También se aceptó la incapacidad de intelectuales, organizaciones de derechos humanos y víctimas para acordar una agenda mínima contra la impunidad. Influyó la renuencia a asumir a plenitud una de las reglas centrales de la democracia: es inevitable dialogar, interactuar, negociar con la autoridad para empujar una agenda con principios. Y en ello no basta con tener la razón; para tener éxito debe combinarse la determinación con la eficacia y la imaginación. En realidad se trata de construir una verdadera oposición a la corrupción y la impunidad. Y eso requiere avanzar, cuando menos, en cinco frentes.

Primero. Individuos, grupos e instituciones necesitan de una agenda mínima que parte del reconocimiento de que nadie tiene la fórmula mágica, o la capacidad para imponerla a quienes toman decisiones. Cualquier consenso requiere de la unidad construida sobre el respeto a las diferencias.

Segundo. Huir del esquematismo y la caricaturización de la política y sus protagonistas. Es indudable que existe una línea de continuidad entre pasado y presente, pero sería un error concluir, por ejemplo, que la Suprema Corte no ha evolucionado; basta recordar cómo rechazó, en el 2007, la Ley Televisa. En el caso del IFE cuatro consejeros mantuvieron la dignidad y estuvieron dispuestos a enfrentarse a Televisa y TV Azteca: Virgilio Andrade, Macarita Elizondo, Alfredo Figueroa y Leonardo Valdés.

Tercero. Generar conocimiento de excelencia. Hace falta entender mejor los patrones de la continuidad entre la impunidad del pasado y el presente, y las diferencias que hay en las posturas de los actores porque el cambio se construye sobre la identificación de aquellos funcionarios dispuestos a tomar en cuenta el interés general. Es también prioritario combatir las nuevas formas de opacidad. Es grotesco que los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), depositados en el Archivo General de la Nación, tengan como cancerbero a un exintegrante de la DFS. Es ofensivo que cuando se pregunte a la Procuraduría General de la República sobre el destino de los expedientes de la fiscalía especial contra delitos del pasado, se haga la desentendida.

Cuarto. Faltan nuevos métodos. Por ejemplo, tiene que ampliarse la utilización del litigio estratégico, una herramienta indispensable para defender víctimas y presionar autoridades. Otra innovación supone mejorar la forma en que se acompaña a las ciudadanas y ciudadanos que desean representar la nueva agenda social compitiendo por un cargo de elección popular o por la titularidad de los organismos públicos de derechos humanos (me anticipo a las críticas haciendo dos precisiones: es legítimo buscar cargos públicos pero expresarlo no significa, en mi caso, que los procure o los acepte).

Y quinto. La nueva agenda es tan variada que podría extenderse y quedar diluida en la irrelevancia. El hilo conductor que daría coherencia a los múltiples asuntos es seleccionar un ramillete de casos paradigmáticos que confirmen la inexistencia, en México, de un Estado de derecho para dar a conocer, en el exterior, la indefensión en que nos encontramos. Un síntoma de lo que está sucediendo es que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya tiene, según algunas fuentes, alrededor de 400 casos de quienes buscan fuera lo que se les niega dentro.

Aunque es imposible hacer pronósticos, se están dando las condiciones, en este país y su entorno exterior, para la formulación de una agenda mínima que aliente a un frente amplio contra la impunidad y la corrupción. Hay hartazgo de los gobernantes, y cansancio por el marasmo ciudadano. Esta rebelión cívica está surgiendo en torno a una idea elemental pero profunda: la verdad y la justicia pertenecen a quienes las conquistan.

La miscelánea

Mi columna de la semana pasada ("Los simuladores", 11 de febrero del 2009) provocó una llamada del ingeniero Raúl Salinas de Gortari, el cual me señaló una imprecisión: en su famoso diálogo con su hermana Adriana, transmitido por Televisa el 10 de octubre del 2000, Raúl dijo, a propósito del trasiego de fondos públicos a cuentas privadas, que iba a "decir qué fondos salieron del erario público para que se devuelvan". Mi error consistió en haber desprendido de esas palabras que Raúl "sacó del país" esos fondos... A los interesados en la relación entre las televisoras y la democracia sugiero un par de libros en los cuales soy coautor. El primero es un trabajo agotado hace tiempo Urnas y pantallas. La batalla por la información (Océano, 1997); el segundo acaba de salir, Democracia: medios de comunicación y elecciones en México (Fundar, 2009). Ambos pueden descargarse gratuitamente de www.sergioaguayo.org.

jueves, febrero 12, 2009

Los simuladores

Sergio Aguayo Quezada

La simulación es parte de la condición humana. Cuando se generaliza procrea la corrupción y la impunidad que degrada y destruye instituciones

En México abundan los simuladores. Tomo, como caso paradigmático, a Carlos Salinas de Gortari, uno de los presidentes con mejor formación académica. Recibió un doctorado por Harvard y su tesis muestra un pulcro manejo de la metodología de las ciencias sociales. Para defender su sexenio publicó, en septiembre del 2000, un voluminoso libro (México. Un paso difícil a la modernidad) que corrigió añadiéndole a la cuarta edición (marzo del 2002) un Prólogo de 42 páginas impresas.

En el primer párrafo de ese Prólogo Salinas se comprometió a la "rendición de cuentas" porque así apuntalaba su solicitud de "comprensión y apertura a todos aquellos que durante años" fueron bombardeados con "informaciones fabricadas o inducidas" contra él. Su objetivo era enfrentar los efectos de la divulgación, el 10 de octubre del 2000 por Televisa, de una conversación telefónica entre Adriana y Raúl Salinas de Gortari.

Raúl: "Sí, Adriana, lo saqué [un pasaporte falso] a través de Gobernación por instrucciones de él [Carlos]... y por órdenes de Carlos se compró la casa de Explanada... [Carlos] supo de todos los movimientos, todos los fondos... el dinero es de él... Voy a decir qué fondos salieron del erario público para que se devuelvan"...

En el Prólogo Carlos Salinas dice que fue una cinta manipulada y que "ni el patrimonio de Raúl ni el de otro miembro de mi familia provino del presupuesto público". En su versión, el gobierno de Ernesto Zedillo combatió el éxito de su libro entregando la grabación a Televisa. Es por supuesto posible una participación de ese tipo del gobierno federal. Sin embargo, la respuesta del ex Presidente se debilita por maromas lógicas y errores metodológicos.

Por ejemplo, Raúl sólo dijo que una parte de los fondos que sacó del país era del "erario público". Sin dar ninguna explicación Carlos lo interpreta como si se tratara de la ofensiva "partida secreta" (según el artículo 74 de la Constitución los presidentes pueden recibir fondos secretos que manejan con discrecionalidad). Salinas fue el primer Presidente en reconocer que se utilizaba para apoyar a "partidos políticos, dirigentes, empresarios, sindicatos, organizaciones rurales, intelectuales, organizaciones religiosas y medios de comunicación, entre muchos otros, incluidas personas que realizaban otras tareas que se consideraban también necesarias". Sin embargo, el ex Presidente jamás menciona la cantidad que recibió. Una omisión que resta seriedad a su análisis.

Empecé a investigar la "partida secreta" y los ingresos de los presidentes en 1995, año en el cual, como parte del combate a la opacidad, demandé, en representación de Alianza Cívica, al presidente Ernesto Zedillo para que informara sobre el destino de ese dinero. El 18 de agosto de 1997 publiqué, en la primera plana de Reforma, un reportaje de investigación ("La partida secreta de los presidentes mexicanos") en el cual colaboró Helena Hofbauer. Las cifras encontradas fueron enormes: Carlos Salinas manejó en su sexenio casi 857 millones de dólares; bastante más de lo recibido por Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo (último Presidente que la utilizó).

Me dicen que Carlos Salinas se irritó con ese texto y con mi reiterada petición de transparencia. En el Prólogo me respondió argumentando que estaba imposibilitado para dar detalles porque era una "partida que obliga al secreto". Poco después se contradice porque revela que a Héctor Aguilar Camín le entregó 3 millones de pesos de esa partida, y a Ernesto Zedillo un monto indeterminado para pagar sus impuestos. Soy el tercer beneficiario al que menciona por nombre; un asunto que trato en La miscelánea.

En suma, si ese libro fuera su tesis doctoral difícilmente obtendría el grado: suprime información vital, comete errores lógicos y es selectivo en las fuentes citadas. ¿Estamos ante una víctima o un simulador? El ex Presidente insiste en ser la víctima de un complot urdido por Zedillo y la Nomenclatura. Mi posición es que con la información existente es imposible darle la razón o refutarlo (es por ello que jamás he afirmado que se llevó dinero público a su casa). La tragedia, para él y para México, es que nunca tuvimos una instancia imparcial que estableciera la verdad histórica. Y ello es responsabilidad de otros simuladores.

En el otoño del 2000, el libro y la conversación de los Salinas provocaron encendidas reacciones. Marta Sahagún declaró que el entonces Presidente electo no fallaría en el combate a la "impunidad". Vicente Fox refrendó su compromiso de crear una comisión que estableciera "todo lo que pasó en el sexenio de Salinas, incluyendo las privatizaciones, las negociaciones del 88 y las finanzas familiares; cómo se enriquecieron los Salinas, y los asesinatos políticos".

Nunca se creó la Comisión de la Verdad. En su libro, Rubén Aguilar y Jorge G. Castañeda aseguran, en cuatro ocasiones, que Fox accedió a las exigencias del PRI: "nada de comisiones de la verdad, persecuciones, investigaciones", nada de meterse en "los terrenos de la corrupción y de acusaciones a funcionarios del pasado, por ejemplo la cuenta secreta de Salinas" (La diferencia, pp. 27, 117, 126 y 131).

No estamos ante casos aislados sino ante un patrón de impunidad generalmente adornado con una retórica mentirosa. Y para demostrarlo estarían Elba Esther Gordillo y el Partido Verde y Marcial Maciel y... ¿Existirá alguna autoridad que rompa, algún día, con la simulación?

La miscelánea

En el Prólogo de su libro, también Salinas asegura que trabajé para el "Cisen [Centro de Investigación y Seguridad Nacional] al inicio del gobierno de Zedillo", y se respalda en una sección de chismes del diario Crónica. Es falso. Como también me han acusado de ser policía dos familiares de desaparecidos, Beatriz y Guillermo Reyes García, y un profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Enrique González Ruiz, decidí escribir un relato sobre el acceso que me concediera el Cisen, hace 10 años, a los archivos de la Dirección Federal de Seguridad. De ahí salió parte de la información incluida en La Charola. Una historia de los servicios de inteligencia. (Más información en www.sergioaguayo.org).

Con información de Reforma, El Universal, La Jornada y La Vanguardia de Barcelona. Colaboró para esta columna Rubén Alexis Guillén Monterrosa.

viernes, febrero 06, 2009

¿México fallido?

SERGIO AGUAYO

México ya está en la lista negra de los Estados fallidos. El Gobierno de Felipe Calderón lo niega con indignación. ¿Quién tiene la razón?

En muchas ciudades e instituciones la presencia del Estado es testimonial

De cuando en cuando nacen conceptos para categorizar nuevas realidades. Es el caso con Estado fallido (failed States), popularizado por el índice anual de la revista Foreign Policy. El término define a Estados que perdieron el control sobre partes del territorio, que vieron achicarse su monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza o que son incapaces de proporcionar servicios públicos adecuados.

México ha sido colocado en esa categoría. En diciembre del 2008 fue la revista Forbes y en enero fue el Departamento de Defensa estadounidense. El Gobierno mexicano reaccionó con celeridad y Pablo Ordaz, corresponsal de EL PAÍS en México, relata como, "durante una hora y tres minutos, Patricia Espinosa, secretaria de Relaciones Exteriores" trató de demostrar, con "datos en la mano que, pese a su sangriento día a día, "México no es un Estado fallido" (17 de enero del 2009).

El Procurador General, Eduardo Medina Mora, también repite, con argumentos razonablemente convincentes, la versión oficial según la cual la responsabilidad la tienen los gobernantes previos que permitieron el auge del narco. De ahí surge la esperanza porque, señores y señoras, ya se inició la construcción del futuro: el Gobierno de Felipe Calderón es diferente y está triunfando pese a las apariencias. Para alzarse con la victoria requiere, eso sí, del respaldo de la comunidad internacional, y en especial de Estados Unidos. También pide, exige, implora la unidad nacional.

Quienes vivimos en México padecemos la inseguridad y, en mi caso, inicio la jornada deseando escuchar al Gobierno dar un buen parte de batalla. Luego me voy desanimando cuando observo zarandearse al Estado, cual patera en mar huracanado. Lo ningunean los narcos y los gobernadores y los grandes empresarios y hasta los vendedores ambulantes que se roban la luz... Este Gobierno sí paga las consecuencias de una herencia del pasado, pero su frivolidad lingüística, su falta de coordinación y sus contradicciones empeoran la situación.

Felipe Calderón y Barack Obama se entrevistaron el 12 de enero en Washington. Fue un encuentro discreto y sin grandes anuncios. Nada más salir de la reu-nión, Calderón informó haberle propuesto al "presidente Obama que hagamos una alianza estratégica entre nuestros gobiernos" para enfrentar problemas como el de la seguridad. ¿Es consciente Calderón de las implicaciones de una alianza estratégica? ¿Está buscando, acaso, que Washington asigne a México el estatus de Major Non-NATO Ally (Aliado principal fuera de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte) como Japón, Israel y Filipinas? Difícil que así sea porque en México no se ha discutido tal nivel de cercanía. Estamos, más bien, ante una licencia literaria para subrayar la urgencia del apoyo externo en la guerra contra el narco.

En el interior de cualquier Gobierno hay diferencias, pero corresponde al líder controlarlas. Desde que empezó la guerra dos de los principales mandos (Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, y Eduardo Medina Mora, procurador General de la República) libran un enfrentamiento sordo, mientras el titular de la Defensa Nacional contradice la línea oficial.

El jueves 27 de noviembre del 2008, el general secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, desayunó en su despacho con un grupo de comunicadores. Uno de los presentes, el analista Leonardo Curzio, me sintetizó la esencia de sus comentarios: la seguridad interna del país está en riesgo grave porque el Ejército se va desgastando ante los carteles que operan en todos lados, porque no se obtiene la colaboración deseada de los gobernadores y presidentes municipales (en especial algunos del Partido Revolucionario Institucional), y porque el presidente no se lanza contra aquellos políticos que presuntamente protegen o toleran a los capos. El mensaje es creíble porque hay suficiente evidencia sobre el sometimiento del Ejecutivo a los poderes fácticos.

Uno de los casos más surrealistas es el de Elba Esther Gordillo quien está al timón, simultáneamente, de tres buques de gran calado: dirige el sindicato de profesores con un millón de miembros, controla un partido político (Nueva Alianza) que tiene un crecimiento sostenido, y acumula cargos públicos en los cuales pone y quita a sus incondicionales. Como La Maestra (así se le llama coloquialmente) fue determinante en la poco clara victoria electoral de Calderón, éste le paga el favor de diferentes maneras. En los últimos días cambió al titular de la Lotería Nacional, una dependencia con presupuesto multimillonario, porque así lo deseaba La Maestra.

¿Es México un Estado fallido? No en términos generales, porque el Estado todavía controla la mayor parte del territorio. Sin embargo, la situación se empaña cuando se piensa en ciudades e instituciones en donde la presencia del Estado es testimonial porque quienes controlan los hilos del poder son los narcos. La sensación de que marchamos hacia el precipicio se acentúa por la desorganización y la tibieza con la cual Felipe Calderón enfrenta la corrupción y la desorganización que, junto con la desigualdad y la impunidad, desangran y debilitan a la sociedad y al Estado.

Sergio Aguayo Quezada es profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

jueves, noviembre 27, 2008

Ojos de policía

Sergio Aguayo Quezada

Comienza una etapa en la cual sabremos lo hecho, y dejado de hacer, por gobierno y sociedad, para enfrentar la inseguridad. Me concentro, por su originalidad, en las opiniones de 700 policías capitalinos sobre ellos, sus jefes y nosotros.

El 21 de agosto, hace ya casi 100 días, se inició una titubeante cruzada nacional contra la inseguridad. Hay avances, retrocesos y entumecimientos. Comento aquí lo expresado por centenares de policías de diversas corporaciones capitalinas; sus puntos de vista fueron recogidos por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal durante la consulta sobre La policía que queremos. Los servidores públicos hacen un diagnóstico descarnado que condenso en cuatro conceptos: corrupción, condiciones de trabajo, cercanía con la ciudadanía y capacitación. Las opiniones se presentan en cursivas y respetan al máximo posible la forma en que fueron expresadas.

Corrupción

Una y otra y otra vez los policías reconocen que hay corrupción aunque responsabilizan, en primer lugar, a sus jefes: "Que los funcionarios y comandantes, no roben mas"... "Que se acabe el 'entre' a los mandos"... "Que se acabe el compadrazgo y el denominado 'entre'". Entre: cuota informal que los jefes cobran periódicamente a los policías a cambio de privilegios o servicios.

Los policías también insisten en la responsabilidad de la ciudadanía que también le entra dándole su "mochada al policía"... "mientras la ley se aplique a los demás todo está bien, pero cuando se le va aplicar al ciudadano infractor o delincuente entonces la policía es lo peor"... "cuando la gente no es corrupta el policía tampoco lo es".

En síntesis, persiste la corrupción entre los policías de una capital gobernada por la izquierda desde 1997. Como lo mismo pasa en entidades gobernadas por los otros partidos puede asegurarse que estamos ante una crisis sistémica, en la cual confluyen otros factores.

Condiciones de trabajo

En su visión del mundo, los policías encuentran una relación directa entre corrupción y condiciones de trabajo.

"Que nos paguen mejores salarios para que así no nos corrompamos por que muchas veces el salario que nos dan no nos alcanza para cubrir nuestras necesidades"... "los turnos laborales de 24 horas son desgastantes y riesgosos"... "en mi unidad no contamos con un lugar donde cambiarnos el uniforme, en sí no contamos con lockers y solamente 4 baños para mas de 150 elementos"... "las patrullas con que cuenta la Judicial, un 80% de unidades no sirven y el agente resguardante 'tiene que pagar de su bolsillo'".

Resalto el comentario de que ellos deben cubrir de sus ingresos gastos que deberían ser cubiertos por el gobierno capitalino. Como el salario sería insuficiente, pues ya sabemos cómo y de dónde sale el dinero. Se trata de una práctica bastante común, según Luis González Placencia, tercer visitador de la CDHDF, quien fue el responsable de coordinar la consulta. Costumbre facilitada por la relación que mantienen con aquellos que deberían proteger.

Cercanía con la ciudadanía

La relación con la ciudadanía es de distancia y ribeteada de ambivalencia. Sienten el impulso por el servicio, pero resienten el trato que reciben. Tal vez así justifican que los ciudadanos se "mochen" o le "entren".

"Que no nos cambien de un punto tan seguido para que podamos conocer a los vecinos y tener buena relación con ellos"... "Que no haya cambio de área de asignación, ya que la ciudadanía identifica a los policías de su área"... "Que la gente tenga un poco de empatía por nuestro trabajo ya que todos se quejan y ni siquiera saben por qué hago lo que hago (como un corte de circulación) y lo único que hacen es mentarnos la madre".

La policía capitalina estaría, en suma, atrapada por una pinza formada por ciudadanos criticones y ariscos y jefes despóticos y extorsionadores. "¿Como podemos dar un mejor trato a la ciudadanía si en nuestra propia secretaría de seguridad pública somos discriminados?". La salida que encuentran es la evasión y la pasividad porque, además, carecen de organismos gremiales que los defiendan.

Capacitación

La consulta realizada por la CDHDF sobre La policía que queremos tiene una serie de recomendaciones sensatas (www.cdhdf.org.mx). Tal vez por mi oficio de académico concedo gran prioridad a la capacitación. Parto de un supuesto elemental: mientras el policía no se sienta reconocido y respetado como un profesional tenemos poca esperanza de que se modifique la esencia; y uno de los mecanismos más eficaces para aumentar la autoestima es el conocimiento.

Aseguran que les piden "más preparación física y teórica pero que a la academia no nos manden cansados como suelen hacerle". ¿Y por qué llegan cansados, se preguntará el lector? Pues ¡porque sus mandos les ordenan ir a estudiar en sus horas libres! y "después de la jornada el elemento sale cansado y desvelado [sin] la capacidad de aprender". Hasta podría pensarse que la formación tan epidérmica que imparten es deliberada, porque la razón es un poderoso instrumento de transformación; y eso no pareciera interesar a quienes se benefician de la corrupción y el desorden existentes.

¿Servirá de algo esta ojeada a lo que piensan las policías? Aunque está pendiente una verificación de lo que aseguran, existen suficientes indicios para pensar que algo está pudriéndose allá adentro. Las reformas dependerán de las autoridades capitalinas, y de la capacidad que tengamos, desde la sociedad, para exigir transformaciones. Un punto a favor es que la CDHDF ya está considerando la elaboración de un Informe Especial sobre las policías de la capital. Por lo pronto, este acercamiento a la opinión de los policías podría contribuir a que se cumpla el deseo de uno de los policías: "Que tanto la ciudadanía como los policías utilicemos la empatía recíproca y así al ponernos en los zapatos del otro sabremos lo que cada uno siente".

Esta columna se benefició de las opiniones de José Luis Pérez Canchola, quien después de ser ombudsman de Baja California dirigió, durante ocho años, el Instituto de Formación Profesional que capacita a los judiciales de la capital.

La miscelánea

¿Mente curiosa e inquieta? Entonces recomiendo enfilar hacia el sur capitalino donde, este miércoles 26 de noviembre a las 6 pm, Lorenzo Meyer, Fernando Escalante y Luis Medina presentarán, en la Sala Alfonso Reyes de El Colegio de México (Camino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Teresa), el libro de Rafael Segovia Canosa: La política como espectáculo. El sexenio de Vicente Fox.

jueves, junio 19, 2008

Gachupinerías

Sergio Aguayo

Hablar de gachupines huele a intolerancia. Lo hago porque más adelante matizo un término que me permite ligar el discurso de Felipe Calderón en España, la voracidad de empresas españolas y el abandono e indefensión de los consumidores mexicanos.

El presidente Calderón fue ovacionado en España porque en sus tres discursos más importantes (Cortes, Majestades y Foro Nueva Economía) incluyó sentidos elogios a los inversionistas españoles. Aseguró que "el tradicional anhelo de diversificación de México está empezando a ser una realidad", que a "partir del año pasado, la Unión Europea se ha convertido en el principal inversionista de nuestro país, gracias al liderazgo español" y que su objetivo es convertir a México en "uno de los mejores lugares para invertir en el mundo".

Las palabras de Calderón se montan sobre la tesis de que la inversión española es positiva. El capital extranjero sí puede ser benéfico para el país, pero también puede comportarse como el gachupín del estereotipo: un español recién llegado que busca el enriquecimiento rápido sin importarle los métodos o las consecuencias para los nativos. El método funciona si la autoridad se lo permite... y México es la tierra de la desigualdad y la impunidad. Por ejemplo, los excesos de BBVA Bancomer son solapados y/o protegidos por un gobierno indiferente a lo que sucede con los usuarios de la banca. Sustento mi afirmación con dos experiencias que he documentado durante el último año pensando en esta columna.

La batalla por un seguro a precio justo. Contraté con Bancomer un crédito hipotecario cargado de condiciones onerosas. Entre ellas está el imponer la compra a ellos mismos del seguro que garantiza el préstamo en caso de desastre. El abuso consiste en que la tarifa de Bancomer es el doble de lo cotizado por otra empresa. Hace un año inicié un esfuerzo por corregir el acto y averiguar, al mismo tiempo, qué tan bien funciona la institución encargada de defender a los usuarios de la banca.


En julio del 2007 solicité verbalmente a Bancomer me liberara del compromiso. Después de llamadas y dilaciones vino la respuesta negativa. Entra en escena la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) que recomendó pedírselo por escrito. Bancomer se hizo el remolón pero finalmente acepta la carta y congela el asunto durante meses pese a las gestiones hechas por teléfono o en persona.

Condusef pedía paciencia hasta que, en marzo de este año, concluyó que procedía una reclamación acompañada de varios documentos. Cuando ya estaba todo listo, Condusef se acordó y antes de seguir adelante, me pidió que revisara con enorme cuidado la escritura para estar seguros de que no hay una claúsula obligándome a contratar el seguro con Bancomer. Como no es el caso, al año de haber empezado el jaloneo, Condusef finalmente tomará el asunto en sus manos. La guerra de los teléfonos. Me gotea la vesícula cada que recibo llamadas en casa vendiéndome pañales geriátricos, tiempos compartidos en La Barca o tarjetas de crédito acompañadas de bendiciones de la Virgen de la Macarena. Respondo con majaderías o dándole la muerte súbita a la conversación. Cuando se me pasa el hervor me siento culpable con esos vendedores que obedecen a empresas que obtuvieron quién sabe cómo mi nombre y teléfono. Por ese motivo estuve entre los primeros inscritos en el "Registro Público de Consumidores" creado por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para liberar a los teléfonos de llamadas comerciales. El programa sí funciona. Los resultados han sido notables con una excepción: Bancomer azuzó a sus subalternos que me persiguen desde hace un año, tal vez en venganza por lo del seguro de la hipoteca.

Dicen que una Marcela X dejó de pagar a Bancomer y que en prenda dejó el teléfono de mi casa. En un año habré recibido unas 200 llamadas a las que respondo aclarando que ahí no vive Marcela y que informen a sus superiores. También escribí una carta a Bancomer. Todo ha sido inútil y una conversación del pasado fin de semana podría ser digno ejemplo de la España baturra (según el diccionario "tonta" y "poco inteligente"). Después de escuchar mi petición una amable señorita me respondió: "Mire, señor, la única manera de que su número salga del sistema es que la señora Marcela lo dé de baja". "¿Y dónde la encuentro?" -le pregunté. "Eso sí no sé, pero si la localiza dígale que pase a pagar el adeudo que tiene con Bancomer". El patrón es muy claro: Bancomer se sale con la suya y cobra comisiones altísimas y violenta un programa creado para proteger teléfonos y da un mal servicio. Condusef y Profeco son burocracias con buenas inten- ciones pero es evidente su ineficacia o impo- tencia para defender a los consumidores.

Según información proporcionada por BBVA Bancomer en el 2006 los mexicanos contribuimos con el 36.12 por ciento de su ¡utilidad en el mundo! Se llevaron a la península mil 711 millones de euros, monto superior a las utilidades obtenidas el mismo año en España y Portugal. Sus ganancias vinieron del cobro de comisiones y de la intermediación de recursos. Sería impropio meter a todas las empresas españolas en la misma categoría. Ya en los tiempos de la independencia se decía que "de español a gachupín, hay un abismo sin fin". Cuando titulé la columna como Gachupinerías lo hice para describir una conducta sin pasaporte. La semana pasada padecí la sublime ineficacia de la sucursal de Banamex en Jiutepec, Morelos; y Banamex es estadounidense. Según Condusef y Profeco el mayor número de quejas que reciben es contra empresas mexicanas: Banorte, Telmex y la Comisión Federal de Electricidad.

A las gachupinerías contribuye una buena porción de gobernantes poco interesados en defendernos. Felipe Calderón es un paradigma de quienes desconocen la sabiduría de otro refrán acuñado durante la gesta de independencia: "al español, puerta franca; al gachupín, pon la tranca".

La Miscelánea

La Secretaría de la Función Pública investiga el programa Comunidades que dirigió Juan Pablo Guerrero, comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información. Por la integridad de Guerrero estoy seguro que no aparecerán irregularidades; por su combatividad me pregunto si no buscan intimidarlo.

Nota. En el seguimiento a la relación con Bancomer, Condusef y Profeco colaboró Georgina Romero. Los refranes de la independencia vienen de la página de Arturo Ortega Román.

miércoles, mayo 07, 2008

Entrevistas

* KK : "Es inadmisible la sumisión de los intelectuales a López Obrador"

Diario de América Latina
por Joaquim Ibarz

"La sumisión de destacados intelectuales al caudillo Andrés Manuel López Obrador es vergonzosa e inadmisible", declara el historiador Enrique Krauze al glosar la fractura entre escritores y artistas que se ha producido en México por el apoyo o rechazo al líder populista. El escritor destaca que no se trata de izquierda o derecha, sino de democracia frente al totalitarismo. La radicalización de López Obrador -candidato derrotado en los comicios presidenciales de 2006- contra las instituciones democráticas provocó la división de los intelectuales. Por un lado, conocidos escritores respaldan a López Obrador; hace unos días, decenas de ensayistas, novelistas e historiadores rechazaron la ocupación del Congreso.

En vísperas de los comicios presidenciales de 2006, Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) publicó El Mesías Tropical, un ensayo que desde un enfoque político-histórico- psicológico mostró la veta caudillista de Andrés Manuel López Obrador; el escrito levantó gran polvareda al denunciar la vertiente antidemocrática del candidato populista, que en estos días se reafirmó con la ocupación del Congreso durante 16 días. Krauze se vinculó desde joven a la revista Vuelta, a la sombra de su mentor intelectual Octavio Paz. En 1993 obtuvo el premio Comillas de la editorial Tusquets por su libro Biografía del poder. Autor de La presidencia imperial sobre los 71 años de mandato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ha cultivado la biografía, la historia, el ensayo y la entrevista. También es autor de numerosos documentales históricos para la cadena Televisa. En 1991 fundó la Editorial Clío, de la cual es director. En 1999 creó la prestigiosa revista Letras Libres (que tomó el relevo de Vuelta), que desde octubre de 2001 también tiene una edición en España.

En una entrevista a La Vanguardia, Krauze expone la distancia que separa a los intelectuales mexicanos.

-¿Cómo explica que autores como Sergio Pitol, Lorenzo Meyer, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, respalden la vía insurreccional de López Obrador?

-Cada caso es distinto. Algunos porque cuidan a su clientela de jóvenes universitarios. Otros por una auténtica convicción romántica qu elos lleva a pensar que la historia de 2008 es la misma que la de 1938 (fecha en que el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera). Otros más, sobre todo los literatos, por ignorancia de cómo funciona la vida económica real. NO creo que sepan leer un balance.

-¿Cómo interpreta que intelectuales que durante el largo mandato del PRI destacaron en su defensa de la democracia respalden ahora el asalto a las instituciones?

-¡Qué te puedo decir! Es una gran decepción. Estas sumisiones de intelectuales a un caudillo antidemocrático son incomprensibles, difíciles de asimilar. Ellos, claro, dirán, que no son sumisos al caudillo sino a las causas del pueblo. Algunos son inteligentes, no todos, por lo que deben ser conscientes de lo que ocurre en el mundo cuando un pueblo se pone de rodillas ante un líder. En unos casos -como te digo- los mueve el cálculo, el romanticismo, la ignorancia, o simple y llanamente el odio al PAN y al PRI.

-El académico Roger Bartra me dijo que a algún intelectual le prometieron un cargo importante.

-Puede ser. No lo creo en el caso de Monsiváis, él no quiere cargos. Quizá está agradecido porque en el mes de mayo el gobierno del D.F. le rendirá un gran homenaje (merecido, por lo demás) por sus 70 años. De cualquier modo, es triste que el intelectual ponga su prestigio a la sombra del caudillo. (En diez ocasiones, La Vanguardia intentó hablar con Carlos Monsiváis para que pudiera contestar a los señalamientos de Krauze, pero no atendió nuestro requerimiento)

-Usted firmó una carta abierta de un grupo de escritores contra el secuestro del Congreso. ¿Hay guerra de intelectuales?

-El motivo de publicar ese manifiesto fue dejar claro ante la opinión pública que hay un grupo amplio y plural de personas que pensamos que la ocupación de la Cámara de Diputados y del Senado es un acto de fuerza, inadmisible, y que nosotros optamos por el diálogo y el debate. Sobre todo, quisimos señalar la contradicción política y moral de pedir el debate y el diálogo y secuestrar la casa del debate y el diálogo. Estamos viviendo un momento muy, muy grave, Había que hacer el deslinde de que no todos los intelectuales, escritores o artistas, pensamos como los que siguen al caudillo.

-¿Usted los llamaría intelectuales orgánicos de López Obrador?

-En cierta medida lo son. Y si tú preguntas a la mayoría de esos intelectuales, pero sobre todo a los literatos, lo que verdaderamente saben del petróleo te contestarán con una frivolidad.

-¿López Obrador sigue la vía golpista?

-Está claro que López Obrador pretende tumbar al gobierno de Felipe Calderón. Estamos frente a un mesías que cada vez evidencia más sus características de caudillo antidemocrático. En su mente y en la de sus más cercanos está seguir la vía desestabilizadora con la que Evo Morales llegó a la presidencia. Es su proyecto. Hay que recordar que México no tiene una interrupción del orden constitucional desde 1920. Lo que este hombre está queriendo hacer es algo que no tiene precedentes en México por casi cien años. López Obrador tiene seguidores por su carácter de demagogo mesiánico, pero no están con él la mayoría de los mexicanos, los partidos, e incluso una buena parte de lo que era el PRD, el partido de izquierda que él ha puesto empeño en destruir.

-Ninguno de los dirigentes del PRD se atreve a levantar la voz contra López Obrador.

-Los tiene a todos secuestrados. En el momento en que tomen distancia los va a estigmatizar y a condenar como traidores. Se quiere apropiar del partido. Pero partido o no partido, López Obrador se está apoderando de un mito histórico, la nacionalización del petróleo en 1937. Usa y manipula la historia para sus propios fines políticos, para llegar al poder.

-¿Hay parálisis del Gobierno frente a López Obrador?

-Claro que sí. El gobierno ha cometido el error de quedarse enconchado, metido en el caparazón, sin iniciativa. Es insostenible la presencia de Juan Camilo Mouriño en el ministerio de Gobernación por estar implicado en tráfico de influencias. Al Gobierno le falta imaginación comunicativa. Desde hace mucho tiempo vengo insistiendo en que una salida posible para este embrollo sería la realización de amplios y organizados debates en los medios de comunicación. Estos debates públicos por televisión pueden educar a la gente en la tolerancia y hacer ver a la gente que el problema del petróleo es complejo y que no estamos en una situación de blancos y negros.

-¿López Obrador debilita al gobierno con su plan de desestabilización?

-Es lo que pretende, pero no estamos todavía en esa situación. No creo que el Estado mexicano en peligro de colapsar. Pero es lo que quiere López Obrador. Todo lo que dice hay que creerlo. Cuando dice "al diablo con las instituciones" es que quiere acabar con todo vestigio de institucionalidad.

-López Obrador dice que con sus protestas hace resistencia civil.

-Habla de resistencia civil pacífica pero sus acciones, como poner barricadas en la tribuna del Congreso, son violentas. López Obrador se ha cerrado la vía electoral y sigue la insurreccional. Espera que el Gobierno cometa algún traspié, que haya algún muerto, para montarse sobre eso y derrocar a Calderón. Al mandar al diablo a las instituciones marcó la ruta a seguir. El analista Ricardo Alemán reveló que cuando hace unos meses le dijeron a López Obrador que Petróleos Mexicanos (Pemex) no podía seguir así, que había que cambiar, contestó: "Al diablo con Pemex y con Calderón. Que se hunda Pemex". Si Gandhi volviera a nacer y viera lo que están haciendo los seguidores de López Obrador se volvería a morir, porque la verdad es que de pacífico no tiene nada. Amenazar con secuestrar instituciones es un acto de fuerza. Si no queremos anarquía, si no queremos violencia y si no queremos dictadura, lo que tenemos que hacer es fortalecer la democracia.

-Usted definió a López Obrador como mesías tropical en plena campaña electoral de 2006, cuando la propaganda del entonces candidato Felipe Calderón lo calificaba como "un peligro para México". ¿Se le sigue considerando como un peligro para México?

-El populismo es el mayor peligro para América Latina al adaptar formas muy autoritarias, potencialmente dictatoriales. La llegada al poder de nuevos presidentes de izquierda no me preocupa porque la mayoría sigue cauces democráticos. Paraguay seguirá ese camino.

-¿Peligran las instituciones mexicanas?

-No diría tanto, pero estamos en un momento muy delicado. Yo creo que no peligra la estabilidad del Estado porque ahí están el Ejército, el PAN, el PRI, los medios, los empresarios, la sociedad, la Iglesia. Más del 80 % de la población repudia la ocupación del Congreso. No hay un vacío institucional como el que existió en Venezuela. -Es lo que pretende, pero todavía no estamos en esa situación. No creo que el Estado mexicano esté en peligro de colapsar. López Obrador se parece cada vez más a Hugo Chávez, pero al menos Chávez es divertido y ocurrente, tiene algo de alegría. En López Obrador no hay una molécula que no sea de odio.
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* Sergio Aguayo : "La izquierda mexicana no empieza ni se agota con López Obrador"

Entrevista a Sergio Aguayo, profesor del Colegio de México y presidente del Centro de Análisis e Investigación

Sergio Aguayo, profesor del Colegio de México y presidente del Centro de Análisis e Investigación Fundar, expresa su rechazo a la reforma energética que ha presentado al congreso el gobierno de Felipe Calderón por la falta de controles y de transparencia, y también muestra su desacuerdo con las declaraciones del historiador Enrique Krauze a "La Vanguardia" referentes a la sumisión de destacados intelectuales mexicanos al caudillo Andrés Manuel López Obrador.

Sergio Aguayo, con una larga trayectoria en la defensa de las libertades cívicas y de elecciones transparentes, señala que el centro Fundar está a la vanguardia en los temas de vigilancia de presupuestos, rendición de cuentas, etcétera. El académico afirma que no existen garantías para que la entrada del capital privado en la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) "no siga la historia de corrupción y saqueo de los bienes públicos que hemos visto en este país durante tantos años".

-¿Cómo se ha llegado en México a esa polarización por una reforma energética que todos están de acuerdo en que es muy necesaria?

-Hay varios factores a tener en cuenta, los cuales me llevan a disentir de Enrique Krauze. El historiador hace un reduccionismo que me parece incorrecto analíticamente e impreciso políticamente. Los que disentimos de la postura gubernamental sobre la reforma energética no lo hacemos solamente porque Andrés Manuel López Obrador esté encabezando la resistencia contra el gobierno de Felipe Calderón. Hay una base social y una base crítica, que se fundamentan en diferentes motivos. Le voy a dar los míos. Primero, la resistencia y el rechazo a la reforma energética tienen que ver con la historia.

-¿En qué sentido?

-El artículo 27 de la Constitución, que otorga al Estado el control del subsuelo, es algo más que un texto legal. Tiene un carácter simbólico. Es la encarnación del nacionalismo positivo mexicano. Es decir, es la base sobre la cual México como país, con la expropiación petrolera de 1938 bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, logra uno de sus pocos éxitos, en su relación con el exterior. La expropiación petrolera forma parte de esos mitos que toda sociedad tiene y que para una parte de la sociedad mexicana encarna lo que quisiéramos que fuera México: un país con una clase gobernante que nos defienda frente al exterior, que nos defienda de una historia llena de agresiones venidas de fuera.

-¿El segundo motivo de su rechazo a la reforma?

-También está ligado con la historia. Tiene que ver con la privatización de los bienes públicos, que de manera automática nos trae a la memoria historias extraordinarias de corrupción, todas asociadas a las privatizaciones que se produjeron durante el mandato presidencial de Carlos Salinas de Gortari. Las grandes privatizaciones se produjeron a finales de los ochenta. Asociamos la privatización con el saqueo y malbaratamiento de los bienes públicos por un grupo de esos multimillonarios que distinguen a México. Es decir, un país de pobres donde la distribución del ingreso es pésima con unos cuantos multimillonarios. Eso conduce a un tema ya más concreto sobre la propuesta energética de Felipe Calderón.

-Tanto el Gobierno como su aliado en este tema, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), insisten en que no hay ninguna privatización.

-Si lee la propuesta de Calderón con cuidado verá que otorga a la empresa privada una serie de actividades en diferentes campos. Yo no estoy en contra de una participación de la empresa privada en asociación con Pemex. Mi oposición viene porque la iniciativa de Felipe Calderón no incluye mecanismos para transparentar ni para hacer efectiva la rendición de cuentas. Es más de lo mismo. Es una iniciativa en la cual el ejecutivo tiene la capacidad de nombrar a los cuatro nuevos miembros del consejo de administración de Pemex. El ejecutivo designa a quienes van a fiscalizar a Pemex. Por tanto, no existen las garantías de que la entrada del capital privado en asociación con Pemex se libre de la historia de corrupción y saqueo de los bienes públicos que hemos visto y sufrido tanto en este país. Y en ello han participado no sólo empresas privadas extranjeras, sino también mexicanas. Los grandes multimillonarios son mexicanos, cuya fortuna ha salido de la riqueza nacional. En esta historia hay que ubicar al ministro del Interior, Juan Camilo Mouriño. Mouriño es un recordatorio diario de cómo el gobierno de Felipe Calderón no quiere reconocer que en toda la trayectoria de su ministro ha existido un conflicto de intereses muy grave. Juan Camilo Mouriño y su familia representan esa relación corrupta y perversa, por lo menos poco transparente, entre la empresa privada y Pemex en su estado actual.

-Pero nadie plantea poner correctivos a la ineficiencia y corrupción que existe en Pemex. La petrolera mexicana tiene cinco veces más empleados que otra empresa con igual producción de barriles de petróleo. Ni el Gobierno ni la oposición se han atrevido a proponer la reforma del sindicato petrolero, que es uno de los principales culpables del colapso actual de Pemex.

-En eso estamos de acuerdo. Estoy totalmente de acuerdo en la necesidad de sanear a Pemex y de corregir los vicios corporativos del sindicato. Felipe Calderón no se muestra dispuesto a limitar el poder de esos sindicatos tan corruptos.

-No lo plantea Felipe Calderón, ni López Obrador, ni nadie…. Es un tema tabú. Nadie toca al sindicato de Pemex, al corrupto sindicato de los monopolios públicos de electricidad, ni al súper corrupto sindicato de maestros. Ni siquiera se plantea una reforma de esos sindicatos que tanto frenan el desarrollo de México, de esos sindicatos que han dejado de ser -si alguna vez lo fueron- organizaciones para representar los intereses de los trabajadores. Como dice el comentarista Sergio Sarmiento, hoy los sindicatos son, en el mejor de los casos, simples negocios particulares de los líderes; en el peor, resultan organizaciones gangsteriles.

-Es así, estoy totalmente de acuerdo con esa apreciación. Absolutamente nadie plantea la reforma sindical.

-¿En qué aspecto está más en desacuerdo con las declaraciones de Enrique Krauze a "La Vanguardia"?

-En una serie de puntos por supuesto que mi posición coincide con la de Andrés Manuel López Obrador. Y es aquí donde entra mi diferencia con lo que declaró Enrique Krauze a "La Vanguardia". Aunque Krauze se refiere sólo al grupo de intelectuales convocados por López Obrador, entre los que cita a Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Lorenzo Meyer, de hecho yo comparto buena parte de las ideas de esos escritores. Es impreciso el reduccionismo que hace Krauze de subsumir las críticas o las resistencias a las propuestas de Calderón a un dictado de López Obrador. Eso no se sustenta en los hechos. Pareciera que hemos renunciado a la razón para seguir los lineamientos de un líder mesiánico y carismático. No es el caso. Aquí hay un problema de fondo que no tiene que ver con la reforma energética pero que posee puntos de contactos con ella, que es la actitud enfermiza y visceral que tiene un sector de la sociedad mexicana en contra de López Obrador. La intolerancia nos conduce a otro tipo de problema y a la cuestionada elección presidencial de 2006, cuya herencia todavía estamos viviendo.

-¿Cómo se puede apoyar a un dirigente que ordena la ocupación con barricadas del Congreso durante 16 días?

¿Respalda usted el secuestro de uno de los poderes fundamentales del Estado?

-Es un buen punto. Respondería lo siguiente. A mí no me gustó el método, no estuve de acuerdo. El dilema es que si no hubieran ocupado el Congreso la reforma energética, con todos estos defectos que señalé, hubiera sido aprobada por el oficinista Partido de Acción Nacional (PAN) y por el PRI.

-Entonces cualquier partido puede ocupar el Congreso si un proyecto de ley no le gusta.

-Ese es el dilema al que nos enfrentamos. En el fondo, lo que está sucediendo, y esto es una tragedia para México y para todos los partidos, es que las instituciones que nos representan no están funcionando adecuadamente. En el caso de la reforma energética, el PAN ha cerrado filas en torno a Juan Camilo Mouriño y a Felipe Calderón sin tomar una postura razonada sobre el por qué. Y el PRI está utilizando la reforma energética como instrumento, como moneda de cambio, para poder ampliar sus esferas de poder, transfiriendo recursos económicos a sus gobernadores. Pero también sin dar razones.

-López Obrador en su programa electoral "Un proyecto de nación" propugnaba la inversión privada para modernizar Pemex. ¿Cómo explica que ahora demonice la participación de la empresa privada en la petrolera estatal?

-Una vez más. El meter solamente a López Obrador en esta discusión la empobrece. Mi postura no tiene que ver con López Obrador. Lo condenable en el caso del Frente Amplio Progresista (la coalición de tres partidos –entre ellos el PRD- que respalda a López Obrador) no es necesariamente que hayan tomado el Congreso, sino su rechazo a debatir con el Gobierno. Esa ausencia de posicionamientos sobre la reforma energética está empobreciendo el debate.

-¿Cuál sería la mejor propuesta para salvar del colapso a una empresa en declive, con pocas reservas probadas y que su producción disminuye un 7 % cada año? Los expertos pronostican que si no se descubren nuevos yacimientos México tendrá que importar petróleo dentro de ocho o nueve años.

-Habría muchas soluciones, pero la que propone el ejecutivo no es una propuesta válida para muchos mexicanos, entre los que me incluyo. No la consideramos viable porque así lo diga López Obrador, sino porque tenemos la capacidad de razonar por nosotros mismos. Y es ahí donde no me queda más que disentir con Enrique Krauze, a quien respeto por otros motivos, por muchos motivos históricos. Krauze ha caído en un reduccionismo por su tirria, su obsesión contra López Obrador.

-¿Fundar tiene una propuesta para Pemex?

-La ausencia de previsiones o análisis sobre los resultados que tendría la propuesta del Gobierno impide hacer una valoración de su impacto sobre las finanzas públicas y anula la garantía de obtener ingresos petroleros para beneficio de la sociedad. La iniciativa no prevé instrumentos de transparencia y acceso a la información que aseguren buenas prácticas en las licitaciones y contratos con particulares que derivarían de la propuesta. Además, establece excepciones que harían más opaco el sistema de gestión. Al contrario de lo que establece como objetivo explícito, la propuesta no promueve, en los hechos, autonomía de gestión. Establece nuevos mecanismos discrecionales que fortalecen al Ejecutivo. Por ello, es fundamental exigir un amplio debate legislativo, que dé cuenta de las deficiencias de la propuesta, que establezca mecanismos de control, evaluación y rendición de cuentas, y asegure la defensa del interés público ante intereses particulares. Fundar destaca puntos críticos de la iniciativa del Gobierno que fomentan la opacidad y la corrupción. La propuesta abre posibilidades jurídicas de coparticipación de particulares en Pemex, en un amplio rango de actividades, sin la paralela creación de mecanismos precisos para garantizar la transparencia.

-Hace unos días la emisora W difundió la grabación de una conversación de Carlos Navarrete –portavoz del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Senado- con López Obrador, en la que el derrotado candidato presidencial decía: "¡No me importa que se hunda Pemex… si se tiene que hundir, que se hunda…A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la presidencia". ¿Pemex es una excusa que utiliza López Obrador para desestabilizar al gobierno de Calderón?

-Estamos todos insistiendo en reducir la discusión sobre la reforma energética a lo que dice o no dice López Obrador.

-Toda la política nacional gira ahora sobre lo que dice o no dice López Obrador sobre la reforma energética.

-No, no, no. La discusión en algunos aspectos se ha centrado en lo que hace y dice López Obrador. Pero en muchos otros no es así. El punto de desacuerdo con la postura de Enrique Krauze es ese reduccionismo en cuyo centro está López Obrador y esa generalización que impide un debate razonado sobre la reforma energética.

-En los seis años de presidencia de Vicente Fox los ingresos petroleros por encima de lo que figuraba en los presupuestos superaron los 60.000 millones de dólares. Con Calderón las divisas que entran gracias al alto precio de los hidrocarburos también superan con mucho a lo presupuestado. Pero toda esa ingente cantidad de dinero se reparte entre los gobernadores, se utiliza en gasto corriente o se despilfarra. Y aunque México importa el 40 % de la gasolina que consume, en 25 años no se ha construido una sola refinería. Y no es por falta de dinero. Dinero hay para refinerías y exploraciones de nuevos pozos, pero no se utiliza con esos fines. Pemex financia más del 40 % del presupuesto nacional. Y ni López Obrador ni ningún dirigente, oficialista u opositor, denuncia esta sangría porque beneficia a todos los partidos.

-Totalmente de acuerdo. Me parece inaceptable que se malgasten esos ingresos. Es una vergüenza. Que no lo planteen los gobernadores del PAN, del PRI, del PRD, no quiere decir que otros intelectuales de izquierda, que yo estoy en la izquierda, sí lo digamos. La izquierda no empieza ni se agota con López Obrador. Es algo mucho más amplio, y muchísimo más complejo y rico. Y por eso no estoy de acuerdo con el reduccionismo de Krauze. Mi punto en desacuerdo es ése. El debate se empobrece de una manera inaceptable y preocupante con la obsesión con López Obrador.

-¿Qué solución propondría para evitar que Pemex disminuya más su producción?

-Me hace una pregunta que rebasa mi competencia. Yo estoy dando una respuesta razonada en reacción a una postura que expuso Enrique Krauze en "La Vanguardia", con la cual no estoy de acuerdo. No quiero incurrir en generalidades al exponer las posibles propuestas para Pemex, eso debe formar parte de un debate en el que desafortunadamente ni el gobierno de Calderón, ni los tres principales partidos, ni López Obrador, están contribuyendo a realizar. Hasta ahí estamos de acuerdo.

-Los países de comunismo puro y duro, como China, Cuba, Vietnam, se han abierto al capital extranjero para explorar y explotar sus recursos energéticos. La empresa estatal brasileña, Petrobrás, se ha convertido en un referente mundial gracias a la colaboración con petroleras extranjeras. ¿Por qué México se cierra en banda a la participación de la iniciativa privada en el salvamento de Pemex?

-Ya le di mis razones. La principal es que la inversión privada no garantiza que no siga enriqueciéndose una minoría a costa de los recursos nacionales. Poniéndolo de otra manera. ¿Qué quieren? ¿Que entreguemos Petróleos de México a unos cuántos, como ha sucedido hasta ahora con Teléfonos de México, con las televisoras, etcétera? Desde mi punto de vista no me parece que tengamos por qué aplaudir la ineficiencia, la corrupción y la mala distribución del ingreso. La tendencia de los gobiernos del PRI y del PAN es favorecer a los multimillonarios.

-Pero ahora quienes se enriquecen son los dirigentes sindicales, una costosa e ineficiente burocracia, y unos trabajadores que reciben muchas prebendas y que se jubilan antes de los 50 años pese a que la empresa está cargada de deudas.

-Con la reforma energética de Calderón se enriquecerían los mismos y también los grandes empresarios mexicanos y algunos extranjeros. Mi postura es muy clara, en la propuesta del Gobierno no hay mecanismos para rendición de cuentas y no hay la transparencia suficiente, no hay garantías de que no se va a seguir malbaratando nuestra energía, nuestro petróleo, que es patrimonio de todos. Esta opinión es el resultado de mi propia capacidad de discernimiento y de análisis, con independencia de lo que diga o no diga López Obrador. Sin embargo, reconozco a López Obrador el mérito de haber llamado la atención sobre la rapidez con la cual el PAN y el PRI querían aprobar la reforma. Con sus acciones, con las que paradójicamente no estoy de acuerdo, logró evitar que se cometiera un atraco más contra toda la sociedad.

-¿Por qué México es incapaz de modernizar ese costoso sistema sindical corporativista de petroleros, electricistas, maestros y demás empleados públicos?

-Porque somos un país secuestrado por élites políticas, económicas y sindicales. Somos un país en el que la sociedad está indefensa frente a la corrupción, frente al expolio y frente a los abusos. Somos un país en el que el defensor de los derechos humanos no defiende los derechos de todos, sino de aquellos con los cuales él está de acuerdo.

-Cuando se ha hecho una mínima reforma en el tema de las pensiones y las jubilaciones de los trabajadores del Seguro Social, para evitar el colapso del sistema de pensiones, el PRD, por indicación de López Obrador, se ha opuesto y ha organizado grandes protestas. El PRD se opone a cualquier reforma de ese tipo, que es lo primero que hizo Lula da Silva al asumir la presidencia de Brasil. ¿López Obrador se opone a cualquier reforma?

-Esa es la postura del PRD y de López Obrador, no es la postura de toda la izquierda, no es mi postura. Insisto, yo no estoy en contra de la entrada de capitales privados a Petróleos Mexicanos, pero sí me opongo a que entren bajo el esquema que propone el gobierno de Felipe Calderón. Me opongo por no dar garantías de que se controlará y se frenará la corrupción.

-El mantenimiento del sindicato petrolero tal como está garantiza que continuará la corrupción y la ineficiencia.

-Ese es uno de los chantajes que hace siempre el PRI. Cada partido tiene su propio gran sindicato. El PRD controla el sindicato de los electricistas de Luz y Fuerza del Centro, el PAN al sindicato de maestros, el PRI a los petroleros. Y cada uno controla una industria estratégica del país. Por tanto, desde mi perspectiva, la perspectiva de quien forma parte del universo de la izquierda, me parece inaceptable el reduccionismo que se quiere hacer con este debate. Un reduccionismo que quiere eliminar críticas, como la mía, argumentando que son el resultado de una seducción hecha por un líder mesiánico y pobre. Mi postura es de izquierda, pero no depende de lo que haga o diga López Obrador. En algunas cosas estoy de acuerdo con él, en otras no.

jueves, abril 10, 2008

Tablas milagrosas

Sergio Aguayo Quezada
saguayo@colmex.mx

Elba Esther Gordillo pareciera tener un poder ilimitado. ¿De dónde salieron esas tablas milagrosas que multiplican sus recursos?, ¿qué simboliza en nuestra democracia?

Después de unas negociaciones tormentosas, Ejecutivo y Legislativo aprobaron una reforma fiscal que está reduciendo los ingresos... de casi todos. El 3 de abril Sonia del Valle develó en Reforma que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) había logrado exentar sus prestaciones del cálculo para cobrar el Impuesto Sobre la Renta. El costo estimado para el fisco sería de mil 400 millones de pesos. Pese a que Reforma tenía un documento probatorio, Elba Esther negó el hecho y su valedor fue el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, quien inauguró la moda de conferencias de prensa a través del ¡altavoz del celular de la maestra! Por ahora el trato privilegiado se frustró por la protesta de los empresarios; se trata de un tropiezo en la portentosa lista de éxitos de Elba Esther. ¿Cómo le hace para doblegar a presidentes y secretarios y resistir el embate de sus enemigos? Conocí a Elba Esther en 1994, el año en el cual la maestra se proclamó campeona de la limpieza electoral y encabezó la Organización Nacional de Observación Electoral Magisterial (ONOEM) con la cual quiso competir con Alianza Cívica, el organismo ciudadano independiente que realizó el primer monitoreo integral de una elección presidencial.

Un personaje tortuoso forzó una serie de encuentros con Elba Esther para buscar, según él, un acuerdo estratégico entre maestros y ciudadanos. El entendimiento era imposible pero constaté de cerca la energía ilimitada de Elba Esther quien ya andaba con esos asistentes que le pasan los teléfonos que utiliza sin cesar. Un libro (Ricardo Raphael, Los socios de Elba Esther, Planeta, 2007) contiene información para armar una hipótesis sobre la génesis de sus tablas de multiplicar.

Mientras Alianza Cívica denunciaba en 1994 las irregularidades electorales confiada en que cuando llegara la alternancia avanzaríamos en la ruta de la democracia, Elba Esther y sus maestros detectaban los puntos débiles de la democracia electoral y se preparaban para dar una cátedra de adaptación a los nuevos tiempos. La fórmula que encontraron combina lo viejo con lo nuevo. Según la obra de Ricardo Raphael, Elba Esther controla a la dirigencia sindical y a unos 55 mil maestros con los cuales ha construido una sofisticada estructura para la captación de información y la movilización social. Por ellos sabe en tiempo real lo que sucede durante una jornada electoral y eso le permite negociar con los candidatos al mediodía de las jornadas electorales. Si llegan a un acuerdo los maestros movilizan en el plazo de una hora a centenares de miles de votantes y pueden ser la diferencia entre el triunfo o la derrota. En las presidenciales del 2000 supieron a las doce del día que Vicente Fox iba adelante por 6 puntos en las encuestas de salida y ello le permitió a Elba Esther reunirse, a los pocos minutos, con quien sería declarado ganador a las ocho de la noche. Ahí se consolidó esa amistad con Marta y Vicente que la empujaría, en el sexenio de la alternancia, a las alturas del poder político. Según esta versión -no desmentida-, a Felipe Calderón le ofreció el día antes de las votaciones medio millón de votos y su intervención ante gobernadores priistas. Sabemos que el 2 de julio del 2006 se comunicó con el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, a quien soltó dos reveladoras frases: en una la maestra le informa que "vamos a sacar ahorita todo el voto ciudadano" y en otra le sugiere que, ante la caída de Roberto Madrazo, "lo interesante es hablar con Felipe y vendérselo" (el apoyo supongo). Por cierto, este método también lo han aplicado en otras elecciones lo cual no ha parecido interesar ni al Instituto Federal Electoral ni a otras autoridades.

Este aparato magisterial se alimenta con enormes cantidades de dinero mismas que han salido del erario. Ricardo Raphael estima que en los años de Elba Esther -1989 al 2007- han fluido a las arcas de ese grupo 200 mil millones de pesos por partidas de diferente tipo. Dinero y poder han creado una dinámica que no pareciera tener límites. Para hablar sobre el significado de la maestra me apoyo en un espléndido estudio de Alberto Aziz Nassif sobre un fraude electoral de 1986 ("Chihuahua y los límites de la democracia electoral", Revista Mexicana de Sociología, Vol. 49, No. 4, 1987). Aquella elección fue un parteaguas de la transición porque las dos principales fuerzas de la oposición y los movimientos cívicos forjaron un entendimiento a favor de elecciones limpias y confiables.

Eran los tiempos en los cuales el PAN vibraba con las golpeadoras frases de Manuel Gómez Morín y Carlos Castillo Peraza: el PAN vive en la "intransigencia diamantina en los principios"; el PAN "antepone la ética a la política". Durante las protestas contra ese fraude Heberto Castillo visitó a Luis H. Álvarez quien languidecía en una huelga de hambre que duró 41 días y le propuso que iniciaran una lucha conjunta para "caminar, no morir... preparémonos para enfrentar juntos al sistema en las elecciones federales de 1988". De ahí nacería el consenso que le rompería la columna vertebral al control del gobierno sobre las elecciones. Estados de ánimo con olor a naftalina. Es cierto que las elecciones ya no son controladas por un poder centralizado; la inequidad en la competencia y la impunidad ahora vienen de las acciones autónomas de partidos, gobernantes, grandes empresas, señores del crimen organizado, árbitros electorales... La regla es la victoria a toda costa. Andrés Manuel López Obrador podrá tener muchos defectos y en su corte han encontrado abrigo un buen número de corruptos. Sin embargo, reconozcámosle su negativa a negociar en el 2006 con Elba Esther.

Según Ricardo Raphael le mandó decir que él "no se relacionaba con mafiosos". Nuestra democracia vive una crisis sistémica por la maestría con la cual Elba Esther maneja sus tablas de multiplicar. Porque no es una excepción, tiene razón la maestra cuando, en la tormentosa conferencia de prensa del 4 de abril, soltó tres exabruptos: "¿Quieren gente honorable? ¿Quieren pulcritud? ¡Denme el ejemplo!" Eso es el reto de la maestra. Nota. Las citas de Gómez Morín y Castillo Peraza vienen de la columna de José Antonio Crespo, "Saldos del Camilogate", Excélsior, de abril.