“México es paradisíaco e indudablemente infernal”, le escribe Malcolm Lowry a Jonathan Cape. A un amigo le confiesa: “México es el sitio más apartado de Dios en el que uno pueda encontrarse si se padece alguna forma de congoja; es una especie de Moloch que se alimenta de almas sufrientes”. JV.
miércoles, mayo 11, 2011
Rechazan que una mujer gobierne en Oaxaca e intentan quemar viva a la tesorera
domingo, agosto 29, 2010
La masacre de San Fernando
miércoles, agosto 11, 2010
Abortar en Guanajuato
miércoles, agosto 12, 2009
Las reinas de Saba
domingo, mayo 03, 2009
Un servicio de salud cómplice del virus
PABLO ORDAZ
Hace dos días que la gripe no mata a nadie en México. Ya se sabe que las muertes confirmadas son 16, pero unas jornadas atrás -cuando el Gobierno barajaba una cifra de hasta 160 fallecimientos atribuibles al nuevo virus-, los periodistas preguntaban una y otra vez a cuanto responsable institucional se les ponía delante: ¿Por qué está muriendo gente en México y en otros países no? La respuesta siempre era la misma: "Porque los enfermos llegan tarde al hospital, cuando ya no se puede hacer nada por ellos". A los periodistas -también al que suscribe- se les olvidaba insistir con una pregunta capital: ¿y por qué llegan tarde?
Vaya por delante una pista. O mejor, dos. El caso de Manuel y el de Óscar. Manuel tiene 63 años. El martes día 21 de abril se sintió mal, con los síntomas de una gripe. El miércoles, empeoró. El jueves, ya estaba fatal. "Mi esposa me llevó con el doctor César Decanini, a su consultorio del Hospital Inglés. En cuanto me revisó, me dijo: yo creo que es influenza. Voy a buscar al especialista". Unos minutos más tarde, Manuel era sometido a pruebas de sangre, radiografías, tomografía, suero, medición de la capacidad respiratoria... "A las diez de la noche, el prestigiado médico neumólogo Eulo Lupi me informa que debo ser hospitalizado, que mi capacidad respiratoria está al 50% y que los pulmones se están deteriorando con rapidez. Por suerte, el doctor Decanini tenía en su consultorio una caja del antiviral indicado. Tomé la pastilla".
El segundo caso es el de Óscar. Cinco años y siete meses. El jueves 16 de abril, el niño se puso mal. Su madre lo llevó a la clínica 11 del Seguro Social. "No lo quisieron recibir", cuenta su tía, "porque no tenía fiebre. Nos dijeron que era una gripe normal". Por la tarde, Óscar empezó a vomitar y lo llevaron a otra clínica del Seguro Social. Tampoco lo atendieron. Al día siguiente, a las seis de la mañana, Óscar empezó a sufrir convulsiones y, entonces sí, lo ingresaron de urgencia. Cinco horas después el niño ya estaba muy grave con un cuadro de neumonía. Lo pasaron a un cuarto de Terapia Intensiva... junto con otros ocho niños.
Casi no es necesario decir que Manuel se salvó. Óscar, en cambio, murió a los nueve días de sentir los primeros síntomas, tras sufrir un calvario de hospital en hospital. Manuel es dirigente de un importante partido político, fue secretario (ministro) de Relaciones Exteriores, diputado federal y hasta candidato a la presidencia de la República. Óscar, en cambio, era el hijo menor de una familia sin recursos.
¿Quiere decir esto que en México están sobreviviendo los ricos y muriendo los pobres? No hay datos para responder con certeza a esa pregunta. Entre otras cosas, porque el Gobierno tiene guardada la lista de los 16 fallecidos en un cofre con siete cerrojos. Según el secretario de Salud, José Ángel Córdova, el mutismo sobre la identidad de las víctimas intenta evitar "la estigmatización" de sus familias. Pero lo que sí es incontestable es que fuera de México se están detectando muchos casos de influenza y, salvo en Estados Unidos -donde sí falleció un niño mexicano de 23 meses-, nadie ha muerto por el momento. Más allá del desenlace, lo que sí demuestran de forma muy gráfica los casos de Manuel y de Óscar es la forma del mexicano de enfrentarse a la enfermedad.
Durante los últimos días, inspectores de la Organización Mundial de la Salud han recorrido los estados de México donde se han producido casos de esta gripe -mortales o no- intentando descubrir algún común denominador entre las víctimas. No lo han encontrado de una forma determinante, aunque uno de ellos ofrece su sensación sobre el terreno. "Está muriendo gente pobre. ¿Por qué? Porque es la gente que está acostumbrada a ponerse enferma, a pasar gripes más o menos fuertes y no ir al médico. Si los mismos síntomas los tiene un soldado de una base americana, en 10 minutos está en la enfermería. Es una cuestión de costumbres sociales. La gente sabe que acercarse al médico cuesta dinero".
Hay una frase muy común en México entre las clases más humildes: "Tú te puedes sentir mal, pero no te puedes enfermar". La enfermedad es una ruina. Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico -salvo para las clases exclusivas que disponen de seguro médico y hospitales de lujo- supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero.
México ha crecido mucho en los últimos años y hasta se trata de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Pero ese estirón no está siendo homogéneo. Para desesperación de sus gobernantes y vergüenza de sus conciudadanos, la imagen que México está ofreciendo estos días al mundo es la de un gigante al que se le quedaron cortos los pantalones. Estos días de angustia están dejando al descubierto las pantorrillas del sistema. La guerra al narcotráfico dejó casi en el olvido que un 40% de sus 100 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta. Y el brote de la gripe está poniendo al descubierto que el sistema de salud no está a la altura de las circunstancias.
¿Qué hace un mexicano cuando se siente enfermo? Lo que viene a continuación es la síntesis de un sondeo realizado entre vecinos del Distrito Federal con distintos niveles de ingresos. Lo primero que hace, coinciden todos, es aguantar. A ver si se pasa la fiebre, a ver si con un vaso de leche caliente y una buena cura de sueño... Lo siguiente es acudir a la farmacia.
La cuestión farmacéutica merecería capítulo aparte. Los medicamentos en México son más caros que en Europa y que en la mayoría de los países de su entorno, pero tienen una.. ¿ventaja?: se venden sin receta en cualquier esquina. Hay cadenas de farmacias que están abiertas a todas horas. Y disponen de todo. Desde ansiolíticos hasta Viagra. Para fomentar el consumo de sus productos, los dependientes ofrecen de vez en cuando muestras gratuitas a sus clientes. De la misma forma que en un supermercado se convida al cliente a una porción de queso manchego. Antes de que se asustaran por los crímenes del narcotráfico, los norteamericanos cruzaban la frontera en romería para abastecerse de toda clase de potingues.
La segunda opción -si el medicamento no ha hecho efecto-es mover "la palanca". La traducción al español peninsular sería "buscar un enchufe". El mexicano es experto en eso. No por afición, sino por necesidad. Una vez que se llega al consultorio o al hospital, y hasta cuando los casos son graves, es fundamental buscar a un amigo que agilice los trámites para ver al doctor.
Los mexicanos saben -y así lo atestiguan las encuestas- que sus médicos son buenos, incluso muy buenos, y que los hospitales del servicio sanitario disponen de instrumental moderno y eficaz, pero no suficiente. De hecho, el paciente tiene que pagar en muchos casos parte del tratamiento. "A mí me pasó el otro día", explica el padre de un muchacho que estuvo ingresado recientemente, "la atención fue muy buena, pero el hospital no disponía de determinadas medicinas que le hacían falta a mi hijo. Me dijeron que la única solución era que yo las consiguiera en el exterior. No se trataba de un caso de corrupción ni de negocio encubierto. Sencillamente, no disponían de ellas. Así que salí del hospital, fui a la farmacia de enfrente y las compré". En ocasiones, el paciente tiene que seguir idéntico método para conseguir las gasas que se van a usar en su operación y hasta la válvula que le van a implantar.
Un porcentaje considerable de médicos mexicanos trabaja media jornada en la sanidad privada -hospitales al nivel de los mejores de Estados Unidos o de Europa- y la otra media en la pública. "El sistema es perverso", admite uno de los doctores que practica el doblete, "pero funciona. A veces, a mi consulta del Seguro Social llega una persona con una dolencia determinada. Yo la atiendo, pero tanto esa persona como yo sabemos que, cuando salga de mi consulta, la próxima cita ya no se producirá hasta dentro de semanas o incluso meses. ¿La solución? Que la próxima cita sea en mi consulta privada. En el caso de que necesite ser intervenido quirúrgicamente, yo intentaré -si veo que esa persona no tiene los recursos suficientes- traspasarla de nuevo al sistema público, para que sea operada de forma gratuita...". El sistema está tan acostumbrado a funcionar con ese juego de palancas que los dos grandes servicios paralelos de salud -uno para los trabajadores comunes y otros para los funcionarios públicos- disponen de personas que facilitan el mecanismo a colectivos determinados como periodistas o políticos...
Todo iba funcionando gracias a un sistema de equilibrios fascinante -como tantas otras cosas en México- hasta que llegó la epidemia de gripe. Todo el mundo se percató de las graves fallas del sistema. Los laboratorios para analizar el virus no funcionaron y las muestras tuvieron que enviarse a Estados Unidos y Canadá. El Gobierno dispone de un millón de tratamientos antivirales, pero eso sólo supone que puede atender a un 1% de la población... El país que quería salir en la foto de los más grandes se ve obligado a reconocer que necesita con urgencia que el mundo le facilite millones de dosis de antivirales, 200 millones de mascarillas, cantidades ingentes de pañuelos desechables...
Desgraciadamente, en apenas dos semanas ha cambiado radicalmente la imagen de México en el mundo. De los abrazos con Barack Obama, el presidente Felipe Calderón ha pasado a estar prácticamente enclaustrado en su residencia oficial de Los Pinos. De su voluntad dependerá la fecha en que los 33 millones de estudiantes y los dos millones de profesores regresen a las aulas. Será una decisión complicada. Tan difícil que dicen que le provoca un gran malestar y arrebatos de mal genio. ¿Está el sistema de salud preparado para decirle al presidente de la República la fecha en que los niños mexicanos puedan volver seguros a la escuela?
lunes, enero 12, 2009
Tres años viviendo en una ratonera
1. Aun aceptando que Israel no puede negociar con una organizacion que no le reconoce y que llama a su destruccion, hacer esto a Gaza es demasiado cruel para la gente inocente.
2. Eso de que Hamas fue elegido democraticamente se presta a la discusion: Fatah estaba podrido de corrupcion, la poblacion no tuvo demasiadas opciones (era como votar por el PRI o el PAN, de cualquier manera los joden).
3. No conozco el tema a fondo (quien lo hara, me pregunto yo?), pido disculpas y me voy...
Sin agua ni energía, casi sin comida, sin calefacción y sin medicinas, el millón y medio de palestinos de la franja padece un desastre humanitario descomunal
JUAN MIGUEL MUÑOZ - Jerusalén
"Para muchas personas es un tormento cuidar a los bebés y los niños más pequeños. ¿Sabes? Se cagan. Pero no hay agua ni pañales. Imagina cómo nos las arreglamos", comenta Mohamed, padre de cuatro. Sin agua corriente, con escasísimo abastecimiento de alimentos, sin calefacción en invierno, sin poder escapar de la franja, sin capacidad para curar heridos, el millón y medio de sus habitantes padece un desastre humanitario descomunal. Causado no sólo por el ataque brutal de 16 días de las Fuerzas Armadas israelíes. Desde hace tres años, el territorio sufre un bloqueo asfixiante que no hace sino empeorar. Pretende Israel acabar con el lanzamiento de cohetes. Sin duda, es cierto. Pero muchos apuntan a una estrategia calculada. "Gaza no es un caso de subdesarrollo económico. Es un caso único y cruel de subdesarrollo deliberado", ha escrito el historiador israelí Avi Shlaim. Para que no levanten cabeza. "Haremos volver a Gaza 20 años atrás", ha dicho un miembro del Gabinete israelí. Lo han conseguido.
"Gaza es un caso único y cruel de subdesarrollo deliberado"
En agosto de 2005 el Gobierno de Ariel Sharon ejecutó la evacuación de los colonos judíos de Gaza y representantes de organismos financieros internacionales auguraban un futuro halagüeño. Algunos hablaban de convertir Gaza en un enclave al estilo de Singapur. Pero los palestinos no celebraron aquella evacuación. Ni un alma salió a las calles. Están hartos de escuchar promesas. Ayer, amplias zonas del campo de refugiados de Yabalia, de Rafah, de Beit Lahia y de la ciudad de Gaza ofrecían imágenes dantescas, que recuerdan a la destrucción de Grozni, la capital chechena bombardeada.
La magnitud del desastre es especialmente cruda para los más de 3.000 heridos por el fuego israelí y los enfermos, quienes padecen una coyuntura traumática. No es nuevo. Ya lo vivieron casi 300 seres que murieron por falta de atención médica en 2008. El Gobierno israelí -y también el egipcio- les impidió ser tratados fuera de Gaza. Hubo casos sangrantes. Una familia obtuvo al fin el permiso de los servicios secretos israelíes. Tarde. El enfermo había sido enterrado días antes.
Es dramático también para los médicos, que pelean por paliar una situación desesperada. Los datos de las Agencias de Naciones Unidas son esclarecedores: el 70% de los pacientes crónicos ha suspendido sus tratamientos; entre el 25% y el 50% de los doctores y enfermeros no puede acudir a los hospitales, aunque en el sur superan el 90%. Se alerta del riesgo de epidemias. Los servicios de epidemiología, prenatales y los laboratorios han suspendido su actividad; las campañas de vacunaciones se han interrumpido en los 58 hospitales y centros de salud, de los que sólo 34 funcionan, y con generadores. Porque la electricidad es un lujo.
Tres de cada cuatro vecinos carece de luz. Hace frío y el riesgo de hipotermia para los niños es grave. "Hay muchas viviendas con las ventanas destrozadas. La gente tiene que colocar plásticos. Pero muchos que las conservan las abren para evitar que la onda de los bombardeos las destroce y lesione a alguien. Es peligroso", explica Mohamed.
Hace sólo tres años, Gaza era un lugar pobre. Con una economía a merced de los avatares políticos y siempre en declive. Sus habitantes se aprestaban entonces a votar. Venció Hamás. Y casi ningún país del mundo aceptó el veredicto de las urnas. Se acababa de firmar un acuerdo entre la Autoridad Palestina, Estados Unidos, la Unión Europea e Israel que fijaba en 450 contenedores el suministro diario a la franja. El promedio de los últimos días es de 67. Buen registro comparado con la media del mes de noviembre, cuando sólo 23 camiones descargaron cada día sus mercancías. Durante los meses de tregua, entre junio y diciembre de 2008, Israel nunca permitió un flujo que se aproximara ni remotamente a lo pactado.
Hace tres años, se compraba de todo en los supermercados. El día a día es hoy una lucha por la subsistencia. De las 27 fábricas de pan sólo nueve funcionan. "Las colas para comprar son kilométricas. Esperas cuatro horas para irte a menudo con las manos vacías. Hacemos en casa pan sin levadura. En las tiendas no hay de nada, se come habas secas, alguna legumbre y garbanzos a precios muy altos. ¿Verduras? ¿Eso qué es? Nadie se atreve a recogerlas en los campos. Y las carnicerías han cerrado. Los dueños no compran carne porque no pueden conservarla. ¡Pero si han bombardeado hasta las granjas de pollos!", explica Kayed, residente en la capital.
Casi un millón de personas dependen de la ayuda alimentaria de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (UNRWA) y del Programa Mundial de Alimentos. Han suspendido varias veces el reparto de comida. Y todo agravado porque Israel no permite a las demás ONG trabajar en Gaza desde el 4 de noviembre.
Se apreciaba en 2005 miseria. Y se observaban vertederos inmundos. Pero no sucedía lo que ocurre ahora en las ciudades norteñas de Beit Lahia y Beit Hanún. Las aguas negras emergen por las alcantarillas. Hay 170 estaciones de bombeo de agua y de tratamiento de aguas residuales. No funcionan. No hay combustible. El suministro de agua, que sabe a sal desde hace años, se ha cortado para el 80% de la población. Es un colapso general. Miles de palestinos no pueden comunicarse por el pésimo funcionamiento de la red de telefonía móvil y fija. Ni pueden, a veces, acudir a los entierros. No se enteran de la muerte de familiares o amigos.
martes, diciembre 16, 2008
México según Forbes: un país "fundido"
Homero Campa México se encamina hacia el "caos criminal y económico". La razón: es presa del narcotráfico y del crimen organizado que controla vastas regiones del país y que ha infiltrado a las "altas esferas" del sistema de seguridad y de justicia. El estado de violencia y terror que sufren los mexicanos será acompañado por la zozobra económica, pues los efectos de la recesión en Estados Unidos serán particularmente severos el año próximo. Tal es el diagnóstico que sobre el país hace Forbes, la revista estadunidense especializada en finanzas y negocios que sigue puntualmente los avatares de las fortunas de los hombres más ricos del mundo. Atenazado por el narcotráfico y el crimen organizado, y víctima de los efectos de la recesión en Estados Unidos, México se dirige hacia "el caos criminal y económico". Tal es la tesis que expone la revista estadunidense Forbes -especializada en negocios y finanzas-, cuya edición del próximo 22 de diciembre se ocupa casi en su totalidad de la "preocupante" situación en México, país que, sugiere, podría convertirse en un "Estado fallido". Dirigida a empresarios y financieros, escaparate de los hombres del dinero -cada año publica la lista de los 500 hombres más ricos del mundo-, la publicación resalta la tesis del caos desde su portada: México fundido, reza el titular, tras del cual aparece en primer plano el rostro de un joven mestizo que, embozado con la bandera de México, mira desafiante a la cámara. El título de su reportaje principal tampoco deja lugar a dudas: El próximo desastre. Firmado por los periodistas Jesse Bogan, Kerry A. Dolan, Christopher Herman y Nathan Vardi, dicho texto describe el poder de los cárteles de la droga, su infiltración en las altas esferas del sistema de seguridad y justicia mexicano; la violencia y el terror que "penetran en todos los segmentos de la vida" del país, y los esfuerzos insuficientes del gobierno de Felipe Calderón por ganar la guerra al narcotráfico. Más aún, enfatiza que todo ello ocurre justo en el país vecino y que ello afecta la seguridad de Estados Unidos. Retoma la opinión de expertos y funcionarios estadunidenses que muestran su preocupación por esta "potencial amenaza estratégica". Fred Burton, exfuncionario en materia de antiterrorismo del Departamento de Estado y actual vicepresidente de la consultora Stratfor, dice: "Nosotros estamos arreglando Irak y Afganistán pero, desde una perspectiva de seguridad nacional, ¿no es más importante lo que está pasando aquí, en nuestra propia frontera?". Y John Walters, director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, conocido como el zar antidrogas, afirma: "Las consecuencias para nuestras dos naciones en el futuro cercano y no tan cercano pudieran no ser muy buenas (...) Si el presidente Calderón y las instituciones del gobierno fallan (en su lucha contra el narcotráfico), al menos la parte norte de su país será controlada por mafias terroristas". Y agrega: "Estamos preocupados por la ingobernabilidad en lugares lejanos de Estados Unidos, pero esto sucede justo en la puerta de a lado". "Estado fallido" De entrada, el reportaje de Forbes recuerda el desplome del avión Learjet 45 en que murieron, entre otros, Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación y "mano derecha" de Calderón, y José Luis Santiago Vasconcelos, "quien encabezó la persecución contra los poderosos cárteles de la droga". Apunta: "horas después del desastre, los rumores se dispararon a través de la ciudad capital como descarga de armas automáticas: el accidente fue realizado por narcotraficantes, mostrando quién es el jefe en esta nación de 110 millones de almas. Un informe preeliminar no encontró evidencias de explosivos y sugirió de manera enfática que se debió a un error del piloto cometido en condiciones de turbulencia. Sin embargo, Larry N. Holifield, exjefe de la oficina de la DEA en la Ciudad de México, dice que 'la gente no creerá que fue un accidente. Ellos (los mexicanos) consideran que en cada cosa que sucede existe una conspiración, porque la mitad de las veces es cierto'". Forbes recoge las palabras de Guadalupe Rodríguez, asistente de una firma de abogados, quien fue testigo de la caída del Learjet: "Los narcos están diciendo: 'Aquí estamos y nadie va a deshacerse de nosotros'". La revista neoyorquina ofrece cifras que muestran el poder del crimen organizado: la muerte de más de 4 mil 300 personas de enero a noviembre de 2008, entre ellas algunos importantes mandos policiacos. Y apunta: "Los narcotraficantes han infiltrado los más altos niveles del sistema de justicia, incluyendo, supuestamente, al principal contacto mexicano con Interpol y su exzar antidrogas". "Ésta ha sido una matanza feroz", dice a Forbes Felipe González, exgobernador de Aguascalientes y actual presidente de la Comisión de Seguridad del Senado. "Nosotros tenemos más muertos que ustedes (los estadunidenses) en Irak", añade. Forbes pregunta: "¿México está cayendo en un caos criminal y económico?" El embajador de México en Washington, Arturo Sarukhán, contesta: "¿Un Estado fallido? Esa es una observación irresponsable". Y argumenta: "El reto de la corrupción es asumido. Estamos extirpando a la gente que ha sido infiltrada. Mire el papel del sector privado mexicano y de la sociedad civil. Allí puede ver signos de que no existe nada semejante a un Estado fallido". Es entonces cuando la revista señala la "preocupación" de Washington por el avance del narcotráfico al sur de su frontera y cita a Walters, quien afirma que "si Calderón falla (...) al menos la parte norte de su país, será controlada por mafias terroristas". Forbes recuerda que, en la llamada Iniciativa Mérida, Washington ha comprometido mil 400 millones de dólares en equipo militar para apoyar a México en la lucha contra los cárteles de la droga. Sin embargo, apunta, hasta noviembre último ninguna transferencia significativa de esos fondos se había realizado. La revista señala, así mismo, que la violencia relacionada con las drogas "penetra todos los segmentos de la vida en México". Recuerda que los "señores de la droga" operan en la mayor parte del país. La publicación muestra un mapa del territorio mexicano que aparece dividido en regiones bajo control de distintos cárteles: el del Golfo, el de Sinaloa, el de Tijuana y el de Juárez; también se destacan varías "zonas en disputa" que abarcan la parte centro norte del país (Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas); la región occidental (Jalisco, Michoacán y Guerrero), y casi todo el sur de la República (Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo). Recuerda que el gobierno mexicano ha enviado más de 25 mil soldados a la frontera con Estados Unidos y a otros "lugares calientes", como el estado de Sinaloa. Señala que ello ha permitido que Calderón "se haya anotado pocas victorias en los titulares" de los periódicos mexicanos, como las detenciones de Alfredo Beltrán Leyva, alias el El Mochomo; y de Eduardo Arellano Félix, El Doctor, del cártel de Tijuana. Sin embargo, subraya, "la mayoría de los mexicanos cree que los cárteles están ganando la guerra". Sostiene que las acciones de Calderón han "trastornado los negocios de los cárteles en Estados Unidos" y que ello se refleja en el precio de la cocaína, el cual se ha incrementado: 123 dólares el gramo en las calles de Estados Unidos, un aumento de 27% respecto de lo que costaba a comienzos de 2007. Sin embargo, el precio de la cocaína pura bajó 16%. Señala que "el crónico temor a los secuestros, o a algo peor, ha conducido a cada vez más mexicanos a cambiar su residencia a Estados Unidos. Pone dos ejemplos: Alejandro Junco, propietario del diario El Norte, "se mudó recientemente junto con su familia a Texas"; y Pablo Jacobo Suneson Bautista, dueño de la tienda de arte y artesanías Marti's de Nuevo Laredo, no permite que sus hijos crucen la frontera hacia México para trabajar en su negocio. "De ninguna manera -dice Suneson-, tengo miedo de que puedan ser asesinados o víctimas de un secuestro". Forbes señala que "nadie conoce cuántos mexicanos están huyendo" de su país, pero dice que Arturo Rolland, un corredor de la firma Latin Credit Mortage & Realty, estima que "posiblemente 100 familias al mes se están mudando de Tijuana al área de Chula Vista, en San Diego, en busca de seguridad". En las entrañas del monstruo Forbes afirma que los narcotraficantes mexicanos han encontrado la oportunidad de operar en Estados Unidos. Señala que así como Pablo Escobar, el último señor de las drogas colombiano, tuvo esa oportunidad en Miami, Joaquín El Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, la tiene en Atlanta, ciudad que "ha llegado a ser el centro de distribución de cocaína y otras drogas para la Costa Este". Precisa que Atlanta permite tener acceso a carreteras interestatales importantes, como la l-95 y la l-85, lo que la hace "un centro perfecto para mover cocaína y mariguana" y llevar de regreso a México grandes cantidades de dinero en efectivo. Así mismo, comenta que en el noroeste de Georgia hay almacenes de droga e inmuebles en los que se maneja dinero sucio. Desde allí, asegura, "la cocaína es trasladada a Nueva York, Pittsburgh, Washington D.C., Miami y Chicago". Expone un caso que refleja cómo el cártel del Golfo "ha clavado sus garras en el área de Atlanta": De acuerdo con una acusación federal de septiembre pasado, 34 miembros de ese cártel integraban células de transporte y distribución de drogas. Su líder, Édgar Rodríguez Alejandro, de 20 años de edad, "recibía órdenes de los más altos niveles de cártel del Golfo, hasta que fue arrestado en mayo pasado con 12 kilos de cocaína y 7 millones 700 mil dólares (...)". Forbes recuerda que, en julio pasado, un distribuidor de Rhode Island que debía 300 mil dólares al cártel del Golfo fue llamado a Atlanta, donde tres miembros de esa organización lo detuvieron y torturaron. Lo rescató Rodney Benson, agente especial de la DEA asignado en Atlanta, quien señala: "Mi preocupación número uno es que, si no golpeamos a esas organizaciones, podría haber un incremento de la violencia". ¿Cómo podría ayudar en esto la Iniciativa Mérida?", pregunta Forbes. Y da la palabra a Ted Roe, congresista republicano por Texas, quien señala: "El dinero va hacia el lado equivocado de la frontera. Con la infiltración en el sistema judicial y tantos funcionarios corruptos en México, no queremos que el equipo (de la Iniciativa Mérida) sea usado en contra nuestra". El desastre económico Forbes subraya que "la explosión del narcoterror viene acompañada de una precipitada caída de los precios del petróleo y los demoledores efectos de una profunda recesión en Estados Unidos". "Después de crecer 3.2% en 2007 (900 mil millones de dólares), el Producto Interno Bruto de México tendrá un lento crecimiento de 1.5% en este año y caerá entre 0 y 0.7% en 2009, pronostica Raúl Feliz, economista del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas)". Comenta que "una parte de la escasa expansión" económica podrá provenir de los estímulos del gobierno. Sin embargo, señala que éste tiene "las manos fuertemente amarradas". La razón: Petróleos Mexicanos (Pemex), "la empresa estatal que monopoliza el petróleo, contribuye con 37% (80 mil millones de dólares) de los ingresos federales". Al mismo tiempo, dice que el desempleo -actualmente de 4.1%- podría dispararse hasta 10%, aunque el economista Feliz estima que podría alcanzar 12%. La revista neoyorquina anota que expertos y funcionarios mexicanos argumentan que la economía mexicana está en mejores condiciones para enfrentar la crisis económica que hace 14 años, cuando Washington intervino para rescatar al peso mexicano. Concede: "algo de ello es cierto". Y señala, por ejemplo, que el déficit en las cuentas del gobierno está por abajo de 0.2% del PIB; que la inflación, la cual sitúa en 5.8%, es manejable, y que varías "empresas sólidas" -como Wal-Mart, American Móvil, Pepsico y Bombardier Aerospace- mantienen sus inversiones y sus planes de expansión en México. Sin embargo, señala que esas inversiones tendrán poco efecto en el comportamiento del conjunto de la economía mexicana. Y apunta que los tres sectores líderes de la economía decrecerán: el de servicios caerá a 2.8% en 2008 y a 0.91% en 2009; el de la agricultura, a 0.48% en 2008 y a 0.08% en 2009, y el industrial, a 0.3% en 2008 y en 2009 tendrá un crecimiento negativo: -0.19%. Forbes agrega a ello la caída de ingresos de México por concepto de remesas: 10% menos en 2008 y hasta 25% menos para 2009. Recuerda que 60% de los cerca de 11 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos enviaban dinero a sus hogares en México. "Quizá unos 150 mil habrían perdido su empleo desde junio", dice Manuel Orozco, analista de la organización Diálogo Interamericano, con sede en Washington. Según Orozco, entre 3% y 7% de los migrantes regresará a México el próximo año. Enfatiza que esto puede hacer más difícil la situación de los mexicanos durante 2009, cuando desaparezcan algunos de los subsidios del gobierno y cuando el país resienta el "doble golpe" petrolero, producto de la caída de la producción del crudo y el descenso de sus precios en el mercado internacional. |
martes, noviembre 25, 2008
El regreso del PRI
Anclada al lopezobradorismo, la izquierda –que durante décadas bregó contra el anticomunismo priísta, el clientelismo, el corporativismo, austeridades, pactos, el creador de policías secretas, políticas contrainsurgentes, espionaje, escuadrones de la muerte, cámaras de tortura, campañas mediáticas que la acusaban de ser portadora de “ideas exóticas” y “conjuras extranjeras provenientes de Moscú y la Habana”–, junto con la derecha obtusa, abrió brecha al PRI para su retorno triunfal en 2009, cuando se convertirá en la primera fuerza política y legislativa en el Congreso rumbo a la reconquista del poder total en 2012.
Este año el PRI arrasó en las elecciones de Nayarit, Coahuila, Hidalgo, Guerrero y Quintana Roo. De 198 ayuntamientos en juego, el PAN sólo ganó 18, y de las 115 diputaciones locales únicamente obtuvo tres. Sin embargo, en este ascenso priísta, y el tránsito de los votos provino fundamentalmente del PRD y sus aliados, los más afectados. Ya desde 2007, el tricolor barrió en Tabasco, Veracruz, Yucatán, Baja California, donde el llamado Frente Amplio Progresista (FAP) nunca pudo consolidar alianzas electorales y cada uno de sus integrantes fue por sus propios intereses, incluyendo alianzas con la extrema derecha, como fue en Yucatán, donde Ana Rosa Payán fue apoyada por Convergencia y el PT, el cual también apoyó en la otra península, Baja California, al candidato del PRI: Carlos Hank Rhon.
El desastre vino en estados donde el PRD tenía fuerza propia, como Guerrero, donde el divisionismo desde la cúpula dirigente del FAP entregó al PRI un avance sustancial en la elección local y de gran importancia para la federal de 2009. En la perspectiva del PRI, éste busca convertirse sin aliados en la primera fuerza en el Senado y la Cámara de Diputados y desde ahí impulsar la reforma del gabinete para que el secretario de Gobernación, a manera de primer ministro, sea nombrado por el Congreso, lo cual significaría un adelanto de la toma del Poder Ejecutivo por el PRI, llevando sin duda a Manlio Fabio Beltrones a Gobernación. Para ello cuentan que los promotores principales de esta reforma a favor de ellos es la “coordinación del FAP”, principalmente Porfirio Muñoz Ledo, quien impulsa desde la representación del frente esta “restructuración de la Secretaría de Gobernación” que beneficiará al PRI en su regreso.
La continuación de la disputa por el registro del PRD y el control de la agenda y el programa que impone el lopezobradorismo con su nueva alianza social, el Movimiento por la Esperanza, prefiguran ya derrotas no sólo en el país, dado el divisionismo y el descrédito, sino también en la capital, donde le abrirían posibilidades de avance al PAN y al PRI, tanto en delegaciones como en el control de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, lo cual pondría en condiciones de mayor debilidad los próximos tres años del gobierno en la capital. Esto explicaría hoy el distanciamiento de Marcelo Ebrard tanto de los “movimientos en defensa de…” como del mismo PRD y del FAP, que por su división lo harán la víctima más importante.
En el caso de Acción Nacional, la falta de cohesión es tan grande como la del sol azteca, pues no cabe duda que el discurso de Felipe Calderón “contra los mezquinos” iba destinado directamente a Vicente Fox, quien arreció su guerra contra la Presidencia desde el nombramiento de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación. La fractura y el encono florecen también en el PAN y tiene peso en ella su derrota en lo que fue la reforma de Pemex. El PRI reconoce cuán útil ha sido el lopezobradorismo en este ascenso, pues, pese a que izquierda y derecha en 2006 se posesionaron del espectro político central del país, el plantón de Reforma y la declaración de “presidente legítimo” abrieron la puerta al PRI, que desde un lejano 19 por ciento del voto se convirtió en “mediador” y en la fuerza política “estabilizadora” frente a la confrontación entre las derechas y las izquierdas polarizadas y sin estrategia para el manejo de la transición que estaba en sus manos y que desperdiciaron a favor del viejo régimen, que creció y ahora regresa triunfante como el bonapartismo en brumario. Ellos vendieron así: dotar de mayoría al Congreso para su instalación en la toma de posesión de Calderón, aprobación de reformas y el presupuesto, y se dice que Manlio Fabio Beltrones fue el promotor central para que Andrés Manuel López Obrador, hombre de la última palabra, ausente de los foros y los debates, impugnara desde dentro de San Lázaro la reforma petrolera que se votaría ese mismo día y que el PRI contrarreformará cuando sea mayoría.
El Revolucionario Institucional regresa con todas sus perversiones, aplaudidas como “geniales”, y agradecido de la incapacidad de la izquierda y la derecha, que unidas en su disputa, fueron vencidas.
Partes de guerra

Por Mariano Kairuz
Según mi experiencia, muchos casos criminales se resuelven porque el criminal comete alguna estupidez. En este caso, las fotos fueron la estupidez.” El que habla es el ex agente especial de investigaciones criminales del ejército norteamericano, Brent Pack. Y las fotos de las que habla son aquellas tristemente célebres imágenes de los abusos a prisioneros de Abu Ghraib cometidos por personal de ese mismo ejército, que recorrieron el mundo en abril de 2004. Pack debió analizar y clasificar aquellas fotos, ver “los hechos que presentaban, sin llevar emociones ni política a los tribunales”. Son fotos que dicen mucho, pero que no pueden contar por sí solas la totalidad de la historia que contienen, que esconden y de la que revelan una punta. Qué hay alrededor de ellas, qué ocurrió antes y qué ocurrió después de que alguien apretara el obturador.
Es probable que, a la vez que muchos se acuerden de estas fotos, muy pocos sepan o recuerden en qué quedó aquel escándalo. Esto se debe en parte a que a pesar de todo el estupor, de toda la indignación mediática, el caso no tuvo ninguna consecuencia significativa para la política norteamericana en Irak. Apenas fueron condenados a prisión siete soldados de rango menor, aquellos que estaban involucrados de manera directa en las imágenes difundidas, y que fueron utilizados como chivos expiatorios por la administración Bush; apartados como —para seguir con la expresión que más se utilizó en el caso— “manzanas podridas”. El documentalista norteamericano Errol Morris tiene una teoría al respecto: que las fotos no sólo no dañaron al ejército ni al gobierno norteamericano, sino que además lo ayudaron a encubrir sus operaciones en Medio Oriente. Más aún: que de esta manera esas mismas fotos pueden haber ayudado a Bush —que pidió “disculpas”, separó las manzanas podridas, y siguió adelante como si nada— a ganar su reelección más tarde ese mismo año. Con el propósito de comprender cabalmente qué es lo que hay detrás de aquellas imágenes monstruosas, Morris entrevistó a cinco de los siete militares castigados en el caso, y a gente que, como Pack, aportan información y puntos de vista para la reconstrucción del contexto en que fueron producidas. Los testimonios recogidos son el centro de Standard Operating Procedure, el documental que presentó a principios de este año en el festival de Berlín y acaba de llegar a los videoclubes locales bajo el título Procedimiento estándar. Un film político, pero fundamentalmente un documento periodístico valioso, Procedimiento estándar propone también una reflexión sobre la fotografía y sobre las ideas de verdad y verosímil que manejamos a diario; sobre, en palabras de Morris, “esa tendencia a confundir imagen con realidad”. Una preocupación que acosa desde siempre a este director, y que esta vez le valió como nunca infinidad de críticas y discusiones en su país.
El cuadro completo
Morris se acercó al caso cuando un colaborador suyo le llamó la atención sobre una entrevista que había visto en televisión. La entrevistada era la brigadier general Janis Karpinski, desvinculada de su cargo tras la publicación de las fotos de Abu Ghraib. Por ese entonces Morris estaba planeando una película sobre fotografía de guerra a partir de un par de imágenes tomadas en 1855 en la Guerra de Crimea, pero de pronto su interés quedó enfocado exclusivamente en Karpinski, a quien convocó a su estudio en Massachussets, le puso una cámara delante y la entrevistó durante 17 horas a lo largo de dos días. Karpinski da en pantalla la impresión de ser una mujer rigurosa, que habla sin vueltas y con seguridad, y termina siendo en Procedimiento estándar una de las voces más lúcidas. Es ella quien cuenta, al principio de la película, cómo fue la visita del secretario de defensa Donald Rumsfeld a la cárcel de Abu Ghraib: apenas un paseo relámpago en el que se limitó a recorrer las cámaras en las que Saddam Hussein colgó en sus tiempos a decenas de miles de enemigos de su régimen, para luego retirarse diciendo que “no necesitaba ver más”. En su denuncia, Karpinski deja planteada de entrada la existencia de una cadena de responsabilidades que sobrepasa a esos chicos “muy jóvenes, sin preparación ni experiencia de vida” que el ejército dejó a cargo de sus prisioneros de guerra en un situación caótica y desbordada, y que terminaron como únicos inculpados del caso. A partir de allí, el documental de Morris apunta hacia ese cuadro tanto más grande que las miles de fotografías puestas en circulación no le mostraron al mundo.

Procedimiento estándar pone en pantalla una vez más un par de cientos de aquellas imágenes. Ahí están, entre las más estremecedoras, la de la chica que sostiene de una correa a un iraquí desnudo y en cuatro patas como un perro; la del hombre, también desnudo y con la cabeza cubierta, parado sobre una caja y con cables de electricidad atados a sus brazos extendidos; la de la chica (Sabrina Harman) que señala, sonrisa amplia y pulgar hacia arriba, el cadáver de árabe. O esa otra en la que la misma chica de la correa (Lynndie England) exhibe en postura canchera a un prisionero al que se ha obligado a masturbarse. “Cuando estas fotos se hicieron públicas, todos estaban fascinados por una única pregunta”, dice Morris: “¿A quién se puede culpar por lo que vemos en ellas? Es una pregunta difícil de responder. Parte del problema de las fotos es que parecen ofrecer a alguien a quien culpar. Todo el mundo tuvo automáticamente una opinión sobre las fotos, creyó saber de qué trataban. Yo sentí que no lo sabía. Y me sorprendió que nadie hubiera hablado con la gente que las había tomado para preguntarles: Ey, ¿qué creyeron que estaban haciendo? ¿Qué es esto que se ve en la foto? Ésa es la génesis de mi película, que es como un film de terror de non-fiction”.
Morris no cuestiona la elocuencia de aquellas imágenes. Sabe que el hecho mismo de su existencia, de su puesta en escena, ya constituye algo terrible. Que la soldado Sabrina Harman accediera a aparecer tan “alegre” señalando a un hombre muerto es terrible, pero, argumenta Morris, no hay que olvidar que detrás de la foto hubo un asesinato, y que la chica de la foto no fue su perpetradora. El cadáver, se nos informa en la película, pertenece a un prisionero “fantasma”, no registrado oficialmente en la prisión, que murió durante un interrogatorio. ¿A manos de quién? De alguien que trabaja para las llamadas OAG (Otras Agencias Gubernamentales, mayormente la CIA) que operan de manera igualmente fantasmagórica, clandestina, en Abu Ghraib. Este es el tipo de información que, alega Morris, no se ve en las fotos. Lo otro que no aparece en las fotos es cómo clasifica la justicia marcial los actos que aparecen representados en ellas. Pack explica que no todas tienen el mismo estatuto: mientras que algunas constituyen un “acto criminal”, muchas otras son sencillamente lo que se llama “procedimiento estándar”. Efectivizados bajo la orden de ablandar y quebrar a los prisioneros, métodos humillantes como el de mantenerlos atados a camas o rejas en posiciones físicamente dolorosas (y privados de sueño), desnudos y con las cabezas cubiertas con bombachas, no serían actos criminales. Según esta categorización, tampoco lo es el caso del hombre de la caja y los cables, ya que, aunque el prisionero creyera lo contrario, los cables no estaban realmente electrificados. Con lo cual se trató de una tortura “apenas” psicológica: un mero procedimiento estándar.
Contra la interpretación
A Morris lo acusaron de relativizar demasiado el nivel de responsabilidad de “las manzanas podridas”, de “humanizarlos”. También se le ha criticado por pagarles a algunos de los entrevistados, aunque es algo que nunca ocultó y que no parece haber condicionado en modo alguno sus testimonios. Y se le ha cuestionado también un recurso que es común en su cine: el uso de dramatizaciones, que reconstruyen como en un film de ficción parte de lo que relatan los entrevistados. Si algo puede endilgárseles a esas dramatizaciones es que son por encima de todo un recurso algo disonante (por no decir directamente feo) en el conjunto de su película, y que aportan poco y nada, pero no puede decirse que sean tramposas: altamente estilizadas —con planos detalle y mucha cámara lenta, acompañadas además de una machacosa banda sonora compuesta por Danny Elfman— jamás intentan pasar por escenas reales, sino que todo el tiempo queda claro que son re-enactments, performances. Morris tiene sus propios motivos para recurrir a ellas en casi todos sus films: “A veces una frase en una entrevista me sugiere una imagen. En un momento de mi film Niebla de guerra, el ex Secretario de Estado Robert McNamara está hablando de su trabajo en seguridad automotriz en Ford —tableros acolchados, cinturones de seguridad— cuando, de pronto, inesperadamente, cuenta una historia sobre el lanzamiento de calaveras por el hueco de unas escaleras en Cornell. Pensé: ¡Qué imagen! Incluso cuando está tratando de salvar vidas, McNamara no puede dejar de arrojar cosas desde el cielo. Así que “ilustré” esa frase: es una manera de redirigir la atención hacia una idea específica. En Procedimiento estándar hice algo similar, pero las ilustraciones dirigen la atención hacia asuntos morales y perturbadores. Como cuando el soldado Tony Diaz descubre que el prisionero Al Jamadi está muerto: él no lo mató, pero ayudó a sostenerlo suspendido en lo que se llama una posición de estrés, una especie de crucifixión. Y describe el momento en que una gota de sangre del prisionero cayó sobre su uniforme: aunque se dijo a sí mismo que él no estaba involucrado, sabía que lo estaba. Ilustré ese momento con la caída de una gota de sangre y creo que la imagen nos refleja en el dilema moral de Diaz: aunque no estamos involucrados, sí lo estamos”.
Críticos del Village Voice, de The New York Times y otros medios influyentes lo tacharon de banal, de inconducente, de querer llamar la atención. En la revista Variety se señaló que sus entrevistas sumaban poco a la comprensión global del comportamiento militar, “un tema mejor analizado en el documental Taxi to the Dark Side”, de Alex Gibney, que parte del caso de la tortura y muerte de un taxista afgano en 2002. En In These Times, el periodista Michael Atkinson escribe que “(así como) en Niebla de guerra conseguía extraerle al ex Secretario de defensa Robert McNamara detalles sobre su carrera sin atreverse a preguntarle si no debería ser juzgado responsable al menos en parte de las más de dos millones de muertes de civiles en Indochina, Morris revisita el escándalo de Abu Ghraib en su estilo clásicamente miope (sic), haciendo un escrutinio y reconstrucción de detalles menores, sin considerar su implicancias, su impacto y su contexto político más amplio. Probablemente sea el único cineasta norteamericano que puede hacer películas sobre atrocidades y sin embargo se resiste a cualquier tipo de apelación ética”.

Paradójicamente, ninguno de estos críticos —y varios de ellos se cuentan entre los mejores de su país— parece haber valorado el sencillo hecho de que Morris fue uno de los pocos que se tomó el trabajo de hacer algo tan básico, hasta podría decirse tan obvio, como es ir a buscar a los protagonistas directos de las fotos que recorrieron el mundo para oír qué tienen para decir al respecto. En cuanto a las impugnaciones como las que le hace Atkinson, Morris las ha contestado en entrevistas. “Yo no exonero a mis entrevistados, no veo a las manzanas podridas como inocentes, libres de toda responsabilidad. Pero las cosas se nos han dado simplificadas; parece que queremos que nos digan que tal persona hizo tal cosa y tal otra, y que están arrepentidas y que pidan perdón a cámara. Cuando hice Niebla de guerra, todos me preguntaron si McNamara estaba arrepentido, y por qué no expresaba sus remordimientos en la película. La película se construye en buena medida sobre esos sentimientos de McNamara, pero la gente quiere la representación de un drama moral que confirme sin ambigüedades sus sentimientos acerca de lo que está bien y lo que está mal. Mi trabajo no es hacer que McNamara diga OK, Errol, quisiera disculparme por la muerte de 2 millones y medio de vietnamitas en la guerra de Vietnam. ¿Por qué me va a decir esto a mí? ¿Quién soy yo? Para empezar, un judío de Long Island; no soy un cura católico: no quiero una confesión. No te quiero escuchar decir lo siento, lo siento, lo siento. Lo que quiero es que me permitas ver cómo pensás, cómo ves el mundo. Quiero que me cuentes tu historia”.



