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miércoles, mayo 11, 2011

Rechazan que una mujer gobierne en Oaxaca e intentan quemar viva a la tesorera

Pedro Matías

OAXACA, Oax., 10 de mayo (apro).- Bajo la consigna “aquí en este pueblo mandamos los hombres”, vecinos de la agencia municipal Emiliano Zapata, municipio de San Juan Cotzocón, encabezados por un profesor intentaron quemar viva a la tesorera de la localidad después de exhibirla desnuda ante la población.
Los hechos ocurrieron el domingo pasado 8 de mayo, cuando el profesor Melchor Agripino Guzmán Cruz, miembro de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), ordenó linchar a la tesorera Evitelia Pacheco Ramírez, cuyo delito, según narró un testigo, fue encabezar, junto con otras dos mujeres, el gobierno en la agencia municipal de Emiliano Zapata.

El profesor Guzmán Cruz, afirmó Noé Pacheco en entrevista telefónica, presume de tener “padrinos en el PRD” y de ser “protegido” del subsecretario de Gobierno y Desarrollo Político, Oscar Cruz López, en la administración estatal que encabeza Gabino Cué.

“Aquí en este pueblo mandamos los hombres…”, gritaba la turba azuzada por Guzmán Cruz, quien ordenó encarcelar en una mazmorra a la funcionaria municipal. “¡Esta vieja no ha aprendido que en este pueblo mandamos los hombres, chingada madre!”, gritó enardecido el profesor.

Ante la pasividad gubernamental, indígenas mixes de la comunidad decidieron hoy rescatar, después de tres días, a la tesorera Evitelia Pacheco en “medio de madrazos”, declaró vía telefónica Noé Pacheco.

En abril pasado, la tesorera Evitelia Pacheco Ramírez, junto con la agente municipal Elia Castañeda Martínez y su secretaria Marcelina Miguel Santiago, fueron destituidas en una “asamblea amañada”.

“Cómo nos van a gobernar esas pinches viejas”, argumentó el profesor Melchor Agripino Guzmán Cruz.
Los problemas para las tres mujeres empezaron el mismo día que tomaron posesión de sus cargos en la agencia municipal, el pasado 2 de enero.
De acuerdo con un documento dirigido al gobernador Gabino Cué ese día se realizó una asamblea comunitaria para elegir, bajo el sistema tradicional indígena de usos y costumbres, a las nuevas autoridades de Emiliano Zapata.

Elia Castañeda Martínez solicitó permiso para participar en el proceso; se lo concedieron y ganó la elección. Ese mismo día tomó posesión como agente municipal y nombró a Marcelina Miguel Santiago como su secretaria, y a Evitelia Pacheco Ramírez, como tesorera. A partir de esa fecha el profesor Guzmán Cruz y “su gente” comenzó a hacerles la vida imposible.

La molestia de los informes ha sido porque a esa localidad mixe nunca la ha gobernado una mujer.
Durante estos meses el acoso contra las tres mujeres se recrudeció y en abril pasado fueron destituidas, aunque todavía cuentan con las acreditaciones de autoridad ante el municipio de San Juan Cotzocón.
En la “amañada” asamblea extraordinaria del domingo 8 de mayo, en la sala de cabildos de la agencia municipal, el suplente de la Tesorería, Marco Antonio Toscoyoa Lozada, a quien acusan de “golpista”, fue ungido nuevo agente municipal, con la venia del profesor Guzmán Cruz, quien cuestionó la compra de un escritorio y exigió el pago de 4 mil 600 pesos.

Como las tres mujeres no accedieron a la exigencia, los “golpistas” decidieron aplicar la ley a su criterio, y acordaron encarcelar a la tesorera municipal, quien amenazaron de expulsarla de la comunidad si no pagaba, de su bolsillo, el costo del escritorio.

El mismo domingo, la tesorera Evitelia Pacheco Ramírez fue detenida cuando llegaba a su domicilio acompañado de sus hijos Henry y Fernando, de 9 y 7 años de edad, respectivamente.

“Los que se ostentan como autoridades municipales la despojaron de sus prendas de vestir en un afán de burla y soberbia, agrediéndola física y verbalmente, gritándole que eso les va a pasar quienes la apoyen y se atengan a las consecuencias”, denunció Noé Pacheco durante la entrevista telefónica.

El director jurídico de Gobierno del estado, Javier Jiménez Herrera, reconoció que Evitelia Pacheco fue encarcelada por una decisión de la asamblea comunitaria, aunque señaló que este martes, 10 de mayo, fue liberada a las 17:00 horas.

En diciembre de 2007, ocurrió un caso similar en el municipio de Santa María Quiegolani, cuando la actual diputada local y presidenta del Congreso de Oaxaca, Eufrosina Cruz le fue negado su derecho a gobernar esa comunidad que ganó en unas elecciones regidas por el sistema de usos y costumbres.

“Aquí las mujeres no existen”, sentenció el entonces alcalde Saúl Cruz Vázquez cuando ordenó destruir las boletas electorales que daban el triunfo a Eufrosina Cruz.

domingo, agosto 29, 2010

La masacre de San Fernando

Jorge Durand

Los migrantes que llegan a nuestro país, en tránsito hacia Estados Unidos, son por definición un grupo extremadamente vulnerable. Huyen de las pésimas condiciones de vida de sus países y se escapan de la violencia y el hambre para enfrentarse, ya no a lo mismo, sino a lo peor. Paradójicamente, mientras el migrante atraviesa nuestro país, el sueño americano está más vivo que nunca. Lo único que quieren es salir de esta pesadilla y llegar a Estados Unidos, de donde piensan que posiblemente pueden ser deportados, pero no masacrados, violados, extorsionados.

Lamentablemente, esa percepción del sueño americano, cada vez está más lejos de la realidad. La campaña antinmigrante ha alentado y envalentonado a policías y patrulleros fronterizos a utilizar sus armas y sus porras ante cualquier amenaza o insubordinación. Hace unos meses en la frontera de San Diego murió Anastasio Hernández, a punta de golpes propinados por una docena de patrulleros fronterizos. Una semana después fue asesinado el joven Sergio Adrián Hernández en territorio mexicano, baleado por un patrullero fronterizo desde el lado estadunidense. Son decenas de migrantes los que han sido maltratados y abusados en las cárceles de Estados Unidos, incluso se sabe de presos que han muerto de manera inexplicable en las cárceles y centros de detención privados, y no pasa nada.

Hoy día nos desayunamos con la noticia de que el patrullero homicida ya estaba reincorporado en sus labores de vigilancia. Y de la docena de valientes patrulleros que golpearon hasta matarlo a un migrante esposado, sometido y tirado en suelo, no se sabe nada. Ya ni siquiera se guardan las formas. Parece ser que castigar, ya no se diga juzgar, a un patrullero por el uso excesivo de la fuerza, sería como ajusticiar a un defensor de la patria. La impunidad sólo prospera cuando la sociedad la ignora, la tolera, la justifica, la alienta.

Pero lo que ha pasado en México supera cualquier noticia terrible que venga de Estados Unidos. Ya no podemos ignorar, tolerar, justificar, evadir la violencia a la que se ven sometidos los migrantes que vienen en tránsito por nuestro territorio. La masacre del rancho San Fernando en Tamaulipas es una barbarie que los mexicanos tendremos que recordar, reconocer y asumir con todas sus consecuencias.

Algo se ha roto. Se han superado los límites de lo imaginable. No se trata de un loco homicida que asesina indiscriminadamente. No se trata de una situación de guerra donde se asume que el otro es un enemigo. Tampoco se trata de un exterminio étnico, donde las rivalidades y las obsesiones pueden llegar al delirio. Finalmente la locura, la guerra, los conflictos interétnicos, son situaciones complejas y excepcionales, que no justifican, pero que al menos pueden explicar la situación.

Incluso en el caso de la matanza de inmigrantes haitianos en República Dominicana en 1937, donde fueron masacrados a punta de cuchillo y golpe de machete más de 15 mil personas, podemos encontrar a un culpable. A un dictador asesino, ególatra, violador y déspota como Leónidas Trujillo, que estaba obsesionado con el poder, con blanquear a su mulato pueblo y que veía como una amenaza permanente la frontera por donde huían sus adversarios y por donde entraban negros, extranjeros, indeseables.

Para la masacre de San Fernando no se encuentra explicación. La versión oficial de que esto es consecuencia de la lucha entre los cárteles de la droga no es ni válida, ni suficiente. Es una burla, una excusa de mal gusto. La extorsión de migrantes es una actividad cotidiana a lo largo y ancho del país, que va mucho más allá de un grupo delictivo. La CNDH informa que en promedio se secuestra a mil 600 migrantes por mes. Si bien Los Zetas se han distinguido por ser especialmente sanguinarios, en el delito y el negocio participan funcionarios, policías, soldados, autoridades municipales, comisariados ejidales, jueces, transportistas, policías particulares, agentes de seguridad. Es el amargo resultado de décadas de corrupción e impunidad.

La obsesión del gobierno en su guerra contra los narcotraficantes lo ha llevado a descuidar múltiples frentes, tan preocupantes y nocivos como el tráfico de enervantes. Los grupos de apoyo mexicanos, que son los que dan la cara y arriesgan sus vidas al proporcionar ayuda y cobijo a los migrantes, han denunciado ante las autoridades, en repetidas ocasiones y con lujo de detalles, a los agresores, sus cómplices y sus casas de seguridad.

En un reciente comunicado más de 20 organizaciones mexicanas que trabajan con migrantes denuncian la persistente negligencia del gobierno y denuncian que la masacre de San Fernando no es un hecho aislado. Vuelven a repetir que el secuestro, extorsión violación, explotación laboral y trata de migrantes es consecuencia “de la falta de enfoque de derechos humanos en la política migratoria, la precariedad institucional, la criminalización de facto de la migración irregular y la corrupción e impunidad de los tres órdenes del gobierno”.

Es necesario crear un comando especializado para el combate de este tipo de crímenes que afectan a todo el territorio nacional y que implican a diferentes secretarías y órganos de gobierno. Es necesario capacitar al personal en la perspectiva de los derechos humanos y el cuidado y manejo de víctimas traumadas y aterrorizadas. Es urgente revisar la política migratoria mexicana de retenes, política impuesta por Estados Unidos y que obliga a los migrantes a tomar rutas alternas. El derecho al libre tránsito en México es un derecho constitucional que se debe respetar, y esto incluye a los extranjeros.

Los migrantes en tránsito no son criminales, no hay por qué perseguirlos, acorralarlos, incriminarlos. Si el gobierno persigue a los migrantes en tránsito porque considera que son indocumentados estamos aplicando la ley Arizona en nuestro territorio.

miércoles, agosto 11, 2010

Abortar en Guanajuato

Arnoldo Kraus

Desde hace una semana La Jornada ha informado acerca de la situación de seis mujeres, que además de ser mujeres son indígenas, que además de ser indígenas son pobres, que además de ser pobres abortaron involuntariamente, que además de que el aborto se debió a la miseria propia de la mitad de los mexicanos que viven en México-Guanajuato, que además de vivir en México-Guanajuato son víctimas de su gobierno y de la ineficacia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y que, además de todos los ademáses previos, se incluyen, según testimonios no desmentidos, maltrato del Ministerio Público, de policías ministeriales y de los jueces contra las indígenas y sus familiares, así como abusos de los doctores de la Secretaría de Salud. Todos los ademáses previos condujeron al encarcelamiento, en algunos casos desde hace ocho años, de seis mujeres indígenas, a las cuales se les ha castigado, como ya dije, por haber abortado involuntariamente, a lo cual agrego, en este párrafo interminable, otra serie de circunstancias propias del gobierno guanajuatense, cuyos dislates han hecho de la vileza su bandera, de la mediocridad su modus operandi, de la injusticia su credo, y de la estupidez su única forma de ser. La larga lista de ademases, y la radiografía de algunas circunstancias guanajuatenses es la razón por la cual el gobierno de ese Estado ha ejercido su torpeza y justificado su brutalidad contra las seis mujeres indígenas que actualmente, por si no fuera suficiente la humillación, purgan sentencias de más de 25 años. Esas mujeres, además de no haber pecado, ya que no abortaron voluntariamente, son víctimas, no sólo de la miseria que seguramente fue la razón de los abortos, sino de la ceguera y la mediocridad de los dos últimos gobernadores de Guanajuato, cuyo dogmatismo decimonónico las ha mantenido presas y sin posibilidad de defenderse, ni de ser defendidas. Este párrafo largo, un tanto cantinflesco –lo admito– con sólo cuatro puntos y seguidos intenta reproducir tres situaciones irreproducibles: la imbecilidad del gobierno de Guanajuato, la mediocridad de la CNDH y el mutismo de Felipe Calderón.

Las seis indígenas guanajuatenses no podrán rehacer su vida: llevan años encarceladas, son jóvenes que han sido apartadas de la vida –al menos una entró al penal cuando tenía 18 años–, han sido estigmatizadas, incomunicadas, obligadas a firmar documentos espurios y presionadas para no realizar entrevistas con los medios de comunicación.

Seguramente, además, han sido amenazadas y maltratadas, si no físicamente sí por medio de la palabra o del aislamiento al que han sido sometidas. Habría que entrevistarlas para averiguar cómo han sido tratadas, si no han intentado violarlas, si tienen permitidas las visitas de los familiares, si los sacerdotes que visitan las cárceles las apoyan o las denuestan y que tan frecuente son humilladas.

La criminilización de las mujeres que interrumpen su embarazo, aunque en este caso las interrupciones fueron, según averiguó La Jornada, involuntarias, es penada en Guanajuato con castigos que oscilan entre 15 y 30 años de cárcel bajo la acusación del delito de homicidio en razón de parentesco. En la égida panista, factores como violación o enfermedad de la madre no son circunstancias atenuantes. De acuerdo a las normas guanajuatenses, toda mujer que resulte embarazada por violación, sea por un sujeto desalmado o por algún sacerdote compinche del padre Maciel, debe continuar, lo desee o no, su embarazo. El mensaje es claro. En Guanajuato, la ideología del PAN pesa más que la vida de las mujeres indígenas. No sobra recordar que México país firma todas las iniciativas donde la rúbrica sea necesaria, entre ellas la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La situación de las seis mujeres indígenas sorprendió a Kyung-wha Kang, Comisionada Adjunta de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Tras manifestar su indignación por la situación que se vive en Guanajuato, comentó: Estoy muy enojada, estoy muy indignada por todas estas situaciones que me están planteando de las mujeres; siempre me pregunto ¿por qué, aunque hacemos más por avanzar en los derechos de las mujeres pareciera que no ha funcionado? La pregunta de la funcionaria encuentra respuesta en la vileza de las autoridades guanajuatenses, en la nulidad de la CNDH y en la connivencia de Felipe Calderón.

miércoles, agosto 12, 2009

Las reinas de Saba

LAURA RESTREPO

Las reinas de Saba La escritora colombiana Laura Restrepo ha viajado a los campos de refugiados en Yemen. Miles de mujeres y niños llegan hasta allí desde las costas del Cuerno de África. Huyen de la guerra, el hambre y el odio.

Vienen subiendo, y son miles. Mujeres con sus hijos. Saben que muchas morirán por el camino, o que tendrán que dejar enterrados a sus hijos. Pero la decisión está tomada, y no pararán hasta encontrar un lugar donde la vida les abra por fin la puerta. Cueste lo que cueste, y por encima de quien se interponga. Si te paras aquí, en la costa sur de Yemen, vas a verlas venir: el Cuerno de África entero parece estar subiendo. En pateras, por el desierto a pie, mendigando a través de las antiguas ciudades. Me dice Habiba -somalí, comadrona graduada y querida amiga mía- que cuando escucha la palabra refugiados no piensa en hombres. Cierra los ojos y ve mujeres con niños.

-Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?

¡¿What?!

Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.

Nos acercarnos en jeep a Adén, en el extremo sur de Yemen. Ubicado sobre el golfo que lleva su mismo nombre, Adén mira hacia las desoladas costas del Cuerno de África, que le quedan a menos de 150 millas náuticas de distancia. Es el primer puerto que existió sobre el planeta. Allí fueron enterrados Caín y Abel, y construida el Arca de Noé, o al menos así está escrito; allí Arthur Rimbaud comerció con café, traficó con armas y renunció a escribir versos. Por las ventanas del jeep sólo vemos arena. Estamos en medio de ese mismo desierto yemení que en la historia antigua se tragó al ejército romano de Aecio Galo. Y de repente, como salida de la nada, aparece la reina de Saba. Es ella, no hay duda. Pero no la legendaria, sino la de carne y hueso. Y no la real, de realeza, sino la real de realidad.

Viene descalza, en medio de un grupo de 15 o 20 caminantes. Flaubert la imaginó vestida en brocado de oro con faralaes de perlas, azabaches y zafiros, pero no es así. Trae la ropa hecha jirones, arena en la boca, la mirada ausente y el cuerpo quemado por el sol y la sal. Se diría que es etíope por el color de su piel, que llaman nilótico en la suposición de que el tono, de un dorado tostado, es el mismo que el de las aguas del Nilo. Le preguntamos hacia dónde va. "A Arabia Saudí", responde. Pero no tiene brújula, ni guía, ni fuerzas, y no sabe que camina justamente en la dirección opuesta.

Como ella, miles de etíopes y somalíes echan a andar desierto adentro a la buena de Dios, o de la mano de Alá, retando a la fatalidad y ahuyentando demonios. Han cruzado el golfo en una de las travesías más arriesgadas e inhumanas que se puedan concebir. Vienen huyendo de la guerra, del hambre y del odio, o como diría Malraux, de las tres caras de la muerte.

Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta "en un trono magnífico". Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: "Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo". Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.

El bebé que Ayanna sostiene en brazos está vivo. Milagrosamente. Pese a estar exhausta y atónita, ella repite una letanía de frases secas, cortas. Dice a quien quiera oírla, o se dice a sí misma, que su niño venía llorando en el barco. Los smugglers le advirtieron que lo tirarían al mar si no lo callaba, pero cómo iba a callarlo, si ni agua tenía para darle. El niño siguió llorando y lo tiraron. Ella se tiró detrás, pudo agarrarlo antes de que se ahogara y nadó con él hasta la costa. Pero en el barco se le quedaron sus otros dos hijos. Luego los encontró, allí en la playa, vivos también. Uno de los refugiados que venían con ella en el barco los había ayudado a alcanzar la orilla.

No todos corren con la misma suerte. Barcos en los que sólo cabrían 30 o 40 personas son atiborrados con 120 o 150, en travesías que suelen durar entre tres y cinco días. Las soportan sin comer ni beber, a rayo de sol, entre orines, heces y vómitos propios y ajenos. A quien se mueva o proteste, los smugglers le descerrajan un correazo por la cabeza, la cara, la espalda, abriéndole la carne con la hebilla metálica del cinturón. Para no ser interceptados por la patrulla costera yemení, los barcos llegan de noche, dan media vuelta antes de alcanzar la orilla para emprender el regreso y en ese momento arrojan al agua su carga humana. En medio de la ciega negrura, algunos se ahogan porque no saben nadar. Otros, porque vienen entumidos tras permanecer tanto tiempo inmóviles y encogidos. Los hay que desaparecen nadando mar adentro, porque en la costa desierta no hay una luz que los guíe. Los etíopes llevan la peor parte. En el barco los hacinan abajo, en la bodega para el pescado, donde no es raro que mueran de asfixia, y una vez en Yemen no se les reconoce status de refugiados políticos, como sí a los somalíes. Por capricho de las convenciones internacionales, los etíopes son considerados simples migrantes económicos, y en cuanto tales pueden ser deportados.

Cuando emprenden el viaje, todos ellos saben del horror que les espera. No sólo lo saben, sino que duran meses juntando los 80 o 100 dólares que les cobran por el pasaje. "En el mar es posible que te mueras", me dice Habiba, "pero si te quedas en Somalia, es seguro que te matan".

Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.

Hussein, otro de los integrantes de MSF, me habla de la madrugada del pasado 15 de diciembre. "Imposible olvidar esa fecha", dice. "Al llegar a casa me bañé, al otro día me bañé dos veces. Pero por más que me bañe, esa fecha no la olvido. Habíamos salido a patrullar por la costa y hacia las siete de la mañana divisamos siluetas. ¡Landing! Venían como zombis", dice Hussein, "desnudos, con la expresión en blanco. Estaban muy mal, peor que otras veces. No reaccionaban. Al fin uno nos dijo lo que ya sospechábamos, que había volcado la patera en la que venían con otros 130 pasajeros. Atendimos a los vivos, corrimos hacia el mar y a lo largo de la playa fuimos encontrando los cadáveres. Muchos. Conté 57. Entre ellos había niños, adolescentes, mujeres embarazadas. Los cangrejos ya se estaban comiendo sus cuerpos. Los fuimos arrastrando lejos del agua, los tomamos fotos para que después sus familiares pudieran identificarlos, los metimos en bolsas plásticas. Trabajamos hasta que se cerró la oscuridad y no nos permitió seguir haciéndolo. Regresamos a la playa a primera hora del día siguiente y vimos que el mar había traído más cuerpos".

Los tres pisos de tu culpa. Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide "Jameelah, escribe tu sueño". Ella lo hace. Jorge lee y le dice: "Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenil que viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers. Dile a ese yenil que no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos". El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. "La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo", me dice Jorge, el psicólogo.

¿Salomón usaba guantes?

Está escrito que Makeda salió de Saba y cruzó el desierto en busca de Salomón, de quien le habían dicho que era un rey sabio. Las sabias están más bien aquí, pienso al visitar el consultorio médico en el campo de refugiados del ACNUR en Kharaz, en pleno desierto, a tres horas por carretera de Adén. Los médicos son dos muchachas yemeníes, la doctora Jazmin y la doctora Leila. Según la usanza en el país, ambas van tapadas con abaya y toca negras de la cabeza a los pies, salvo una mínima ranura por la cual pueden verte, y tú a ellas puedes verles los ojos. Jazmin debe de pertenecer a un clan más tradicionalista que Leila, porque lleva puesto, además, un par de guantes negros que no se quita en público. "No siempre es fácil atender a las refugiadas", me dice. "Si sólo lidiaras con enfermedades, vaya y pase, pero tienes que enfrentarte a algo casi incurable, los prejuicios atávicos".

Yo miro sus guantes, miro el denso velo que le oculta la cara, y no puedo creer lo que estoy escuchando. Afortunadamente, ella, sin darse por aludida, me sigue explicando. Me dice que en el campo hay una somalí destrozada por un dilema. Vivía en Mogadiscio cuando una tarde, al regresar a su casa, fue violada por los seis o siete integrantes de una milicia etíope. No sólo la violaron una y otra vez, sino que la hirieron con cuchillo, le rompieron un brazo de un culatazo y la abandonaron cuando la creyeron muerta. Es lo habitual allí: ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza. Alguien la encontró en coma, se las arregló para hacerla ver por un médico, y ella sobrevivió. Pero se convirtió en motivo de shame, vergüenza, para su familia somalí, por haber sido violada por etíopes. Luego se dio cuenta de que había quedado embarazada, y huyó de Somalia por temor a que sus propias gentes mataran a la criatura al nacer. Dejó en casa a sus cuatro hijos, logró cruzar el golfo y se presentó en el campo de Kharaz, pidiendo asilo. Allí, las doctoras Jazmin y Leila le atendieron el parto. El niño, que nació bien, tenía la piel oscura de los etíopes, así que con sólo verlo, cualquier somalí reconocería en él la sangre ajena. Desde Mogadiscio, la abuela le rogaba a la mujer que abandonara en Yemen al niño etíope y que volviera a casa a hacerse cargo de los otros cuatro, que estaban pasando hambre. Ella sabía bien que con el bebé no podría regresar. ¿Qué hacer? Estaba enferma de confusión, de angustia, de soledad. Los dos médicos tomaron el problema en sus manos. Le ayudaron a conseguir trabajo para que pudiese enviarles dinero a los hijos que dejó en Somalia, mientras permanece en Yemen con el más pequeño. Y le asignaron una madre sustituta que cuida al pequeño de tanto en tanto, mientras ella visita a los otros en Moga. Ni el propio Salomón hubiera salido con una solución tan salomónica.

La casa de las mendigas. En el calor lento de las seis de la tarde se fermenta un olor denso y ahumado a cardamomo y canela, a basura, orines e incienso. Estamos ahora en el laberinto de pasadizos de la barriada de Al Bassateen, en las goteras de Adén, donde sólo viven somalíes y half-castes, o yemeníes con sangre somalí. Desde hace un rato alguien me sigue, tirándome de la manga. Es una mujer con un recién nacido en brazos. Es una alyawm, una limosnera. "Vete a casa", le dice Habiba, "tu niño está demasiado pequeño, ¿cuánto tiene de nacido?". "Cuatro días", responde la mujer, "lo parí aquí mismo, en la calle". Nos lleva a donde vive, la casa de las mendigas. Doce o trece mujeres comparten un pequeño patio de tierra y a medio techar. Algunas se ven descarnadas y enfermas, y una de ellas no se mueve ya: espera acurrucada en un rincón, con la boca abierta y los ojos atónitos, a que le llegue la muerte. Syrad, la más enérgica y saludable, nos ofrece té. "En Al Bassateen, mendigar es el único oficio para una viuda", dice. Si le pides limosna a un hombre yemení, se siente en la obligación de dártela. Es musulmán, la religión se lo ordena. Pero si es muy negociante, te pueden decir: "Toma estas monedas, tómalas; pero si me la chupas, te doy el triple".

Le pregunto a otra de ellas qué espera de la vida, y responde que nada. "Recién llegada de Somalia tenía sueños", dice, "porque pensaba que aquí la vida podía ser mejor. Ahora sé que no es mucho mejor. Bueno, sí, tengo un sueño, uno pequeño, el sueño de cada día: que alguien me dé una limosna".

Caminamos luego hasta el famoso Bloque Tres, el sector de las dhillos, o prostitutas. Nos permiten entrar a una de las casas. En realidad es un patio casi igual al de las mendigas, pero en éste las mujeres son más jóvenes y han pegado en los muros afiches de Bollywood. Se envuelven el cuerpo en coloridas futas, llevan los brazos pintados de gena, anillos en los dedos de las manos y los pies, ajorcas en los tobillos y brazaletes en las muñecas. Nos ofrece el té un muchacho depilado y maquillado que parece ser de inferior rango porque las mujeres le dan órdenes. Colocan en torno al patio colchonetas de espuma de caucho, traen pequeños cojines para que Habiba y yo estemos más cómodas y rocían el ambiente con desodorante floral en spray. Ahora sí -escribo en mi libreta-, me encuentro entre las auténticas reinas de Saba, con todo, y almohadones, perfumes y joyas.

Al principio ni mencionan su oficio, pero poco a poco aflojan y van contando las ventajas y los sinsabores de la vida que llevan. "Por aquí es costumbre que te paguen con comida", dicen. "Te invitan a cenar y sales de ahí con el estómago lleno y las manos vacías. Otros te enciman el khat. Algunos clientes sólo piden que les dejes pasar la noche contigo. Se acuestan a tu lado y no hacen nada, salvo mascar khat. Están consumidos por el khat, que a la larga los deja impotentes. No les importa, lo siguen mascando, y nosotras también. Conseguimos suficiente khat para estar alegres, y suficiente comida para mantenernos vivas. Pero rara vez podemos juntar dinero para mandar a Somalia. Una opción mejor es trabajar en hoteles. Los taxistas te llevan hasta los hoteles a cambio de una mamada, y al regreso, igual. Como por aquí es raro ver un billete, los trabajos se pagan en especie. En el hotel limpias los cuartos, tiendes las camas, trapeas los pasillos y estás ahí para cumplir la voluntad del huésped. Cada tanto, el dueño nos lleva a un hospital a que nos revisen la sangre. Cuando caen huéspedes de Arabia Saudí, traen dinero en los bolsillos, y nosotras podemos mandar algo a casa para nuestros hijos".

De repente se enciende la algarabía en el Bloque Tres. Se ha armado la trifulca y de todas las puertas salen mujeres dando gritos. Un cliente quiso volarse sin pagar, la damnificada dio la voz de alarma y ahora corren tras él. Lo alcanzan y le propinan una paliza. Aparentemente, sólo le cae encima una lluvia de puños, pero en realidad le causan heridas con los brazaletes de metal que llevan en las muñecas.

Un televisor y una cama. Es posible que Saná sea la ciudad más bella del planeta. Como sacada de Las mil y una noches, dicen las guías de turismo, y lo compruebas tan pronto atraviesas la vieja muralla por Bab al Yemen y te cae encima todo el prodigio del medioevo oriental. Afuera de la muralla, sin embargo, es otro el cantar: una modernidad destartalada, sucia e inconexa, con Internet lento y tráfico energúmeno. El último rincón de este adefesio urbanístico es la barriada popular de Safía, donde en una habitación sin muebles me esperan 15 mujeres, largas y esbeltas, a punta de hambre. Son algunas de las somalíes que sobreviven en la capital limpiando casas durante el día, y hacinándose de noche con sus hijos en habitaciones como ésta. Van cubiertas como las yemeníes, pero a medida que conversamos, se quitan la ropa negra y debajo aparecen las coloridas telas africanas. Iprah lleva un brazo enyesado; fue atropellada por un coche en las calles de Saná y no logró que la atendieran en ningún hospital hasta una semana después, cuando encontró a familiares que aceptaron pagar su cuenta. Yurop tiene la frente y una oreja quemadas. Hace un par de años intentó quitarse la vida por el medio tradicional de suicidio femenino en su tierra, que consiste en rociarse con combustible y prender un fósforo. Se lo impidieron unas vecinas, sofocando el fuego con mantas de lana.

Está escrito que cuando la reina de Saba se iba acercando a lomo de elefante, bajo su parasol rojo con campanitas de plata y respirando por la boca porque le oprimía el pecho un corsé de pedrería, era tal el esplendor que irradiaba, que la multitud, deslumbrada, se postraba en tierra a su paso. No les pasa otro tanto a las reinas de Safía, acostumbradas a soportar un sonoro "vete al infierno" cuando preguntan si necesitan quien haga la limpieza. "Desconfían de nosotras. Nos acusan de groseras y ladronas, y abusan. El otro día me quejé ante una señora: 'Vigila a tu marido', le dije, 'quiere violarme'. Me respondió: 'Y qué problema te haces, dale lo que quiere, ¿acaso no te pagamos en esta casa?".

Las 15 mujeres están agotadas. Son ya las nueve pasadas de la noche, hace poco regresaron de sus rondas por la ciudad y acaban de alimentar a sus hijos con las sobras de comida que pudieron recoger. ¿Con qué sueñan, muchachas? Les pregunto antes de despedirme, y a coro me responden: "Con una cama y un televisor". Y cómo no, comento, después de semejante jornada cualquiera quisiera echarse en una cama y poner la mente en blanco frente a una pantalla. "No, no es eso". Yurop me explica: "La cama es para encadenar a los niños, ¿entiendes? No nos queda otro remedio. Tenemos que dejarlos solos durante todo el día, y si salen a la calle, cualquier cosa puede sucederles. La única solución es dejarlos amarrados a las patas de una cama. Cuando regresamos a la noche están hechos un desastre, lo primero que hacemos es lavarlos. Están orinados, cagados, lloran a gritos, se han peleado entre ellos, no han comido nada. El televisor es para que se entretengan mientras nos esperan".

La humanidad sólo cuenta con unas cuantas líneas escritas que dan testimonio de la existencia de la reina de Saba: alguna referencia en la Biblia, poco más en el Corán, menciones en textos apócrifos, manuscritos perdidos en alguna biblioteca, un reportaje de André Malraux. Y unas ciertas cartas. También en Safía me entregan una docena de estas cartas. Le sucede a cualquier extranjero que se asome por Kharaz, por Ahwar, por Al Bazateen: sale con los bolsillos llenos de cartas que las refugiadas escriben en inglés y llevan a todos lados en bolsitas plásticas. Están copiadas a mano y van dirigidas a todos, a ninguno, a quien quiera escuchar. Pueden ser escuetas biografías de una o dos páginas, o anuncios de se busca: un hijo perdido en medio de la guerra, un esposo que emigró y no da señales de vida. Puede ser el nombre de una medicina que no logran conseguir para un hermano que se queda ciego, o para una abuela que sufre de los nervios. Puede ser también la denuncia de una violación en tal barrio, de una matanza en tal pueblo. Las más breves son apenas un nombre y una ubicación, me llamo tal, me encuentro en tal lugar. Cada una de estas cartas es un llamado imperceptible, un improbable acto de fe, como el "aquí estuvo fulano" que un desaparecido raya con la uña en el muro de una celda.

domingo, mayo 03, 2009

Un servicio de salud cómplice del virus

El brote del H1N1 descubre las carencias de la sanidad de México - Ir al médico suele ser una pérdida de tiempo y dinero

PABLO ORDAZ

Hace dos días que la gripe no mata a nadie en México. Ya se sabe que las muertes confirmadas son 16, pero unas jornadas atrás -cuando el Gobierno barajaba una cifra de hasta 160 fallecimientos atribuibles al nuevo virus-, los periodistas preguntaban una y otra vez a cuanto responsable institucional se les ponía delante: ¿Por qué está muriendo gente en México y en otros países no? La respuesta siempre era la misma: "Porque los enfermos llegan tarde al hospital, cuando ya no se puede hacer nada por ellos". A los periodistas -también al que suscribe- se les olvidaba insistir con una pregunta capital: ¿y por qué llegan tarde?

Vaya por delante una pista. O mejor, dos. El caso de Manuel y el de Óscar. Manuel tiene 63 años. El martes día 21 de abril se sintió mal, con los síntomas de una gripe. El miércoles, empeoró. El jueves, ya estaba fatal. "Mi esposa me llevó con el doctor César Decanini, a su consultorio del Hospital Inglés. En cuanto me revisó, me dijo: yo creo que es influenza. Voy a buscar al especialista". Unos minutos más tarde, Manuel era sometido a pruebas de sangre, radiografías, tomografía, suero, medición de la capacidad respiratoria... "A las diez de la noche, el prestigiado médico neumólogo Eulo Lupi me informa que debo ser hospitalizado, que mi capacidad respiratoria está al 50% y que los pulmones se están deteriorando con rapidez. Por suerte, el doctor Decanini tenía en su consultorio una caja del antiviral indicado. Tomé la pastilla".

El segundo caso es el de Óscar. Cinco años y siete meses. El jueves 16 de abril, el niño se puso mal. Su madre lo llevó a la clínica 11 del Seguro Social. "No lo quisieron recibir", cuenta su tía, "porque no tenía fiebre. Nos dijeron que era una gripe normal". Por la tarde, Óscar empezó a vomitar y lo llevaron a otra clínica del Seguro Social. Tampoco lo atendieron. Al día siguiente, a las seis de la mañana, Óscar empezó a sufrir convulsiones y, entonces sí, lo ingresaron de urgencia. Cinco horas después el niño ya estaba muy grave con un cuadro de neumonía. Lo pasaron a un cuarto de Terapia Intensiva... junto con otros ocho niños.

Casi no es necesario decir que Manuel se salvó. Óscar, en cambio, murió a los nueve días de sentir los primeros síntomas, tras sufrir un calvario de hospital en hospital. Manuel es dirigente de un importante partido político, fue secretario (ministro) de Relaciones Exteriores, diputado federal y hasta candidato a la presidencia de la República. Óscar, en cambio, era el hijo menor de una familia sin recursos.

¿Quiere decir esto que en México están sobreviviendo los ricos y muriendo los pobres? No hay datos para responder con certeza a esa pregunta. Entre otras cosas, porque el Gobierno tiene guardada la lista de los 16 fallecidos en un cofre con siete cerrojos. Según el secretario de Salud, José Ángel Córdova, el mutismo sobre la identidad de las víctimas intenta evitar "la estigmatización" de sus familias. Pero lo que sí es incontestable es que fuera de México se están detectando muchos casos de influenza y, salvo en Estados Unidos -donde sí falleció un niño mexicano de 23 meses-, nadie ha muerto por el momento. Más allá del desenlace, lo que sí demuestran de forma muy gráfica los casos de Manuel y de Óscar es la forma del mexicano de enfrentarse a la enfermedad.

Durante los últimos días, inspectores de la Organización Mundial de la Salud han recorrido los estados de México donde se han producido casos de esta gripe -mortales o no- intentando descubrir algún común denominador entre las víctimas. No lo han encontrado de una forma determinante, aunque uno de ellos ofrece su sensación sobre el terreno. "Está muriendo gente pobre. ¿Por qué? Porque es la gente que está acostumbrada a ponerse enferma, a pasar gripes más o menos fuertes y no ir al médico. Si los mismos síntomas los tiene un soldado de una base americana, en 10 minutos está en la enfermería. Es una cuestión de costumbres sociales. La gente sabe que acercarse al médico cuesta dinero".

Hay una frase muy común en México entre las clases más humildes: "Tú te puedes sentir mal, pero no te puedes enfermar". La enfermedad es una ruina. Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico -salvo para las clases exclusivas que disponen de seguro médico y hospitales de lujo- supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero.

México ha crecido mucho en los últimos años y hasta se trata de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Pero ese estirón no está siendo homogéneo. Para desesperación de sus gobernantes y vergüenza de sus conciudadanos, la imagen que México está ofreciendo estos días al mundo es la de un gigante al que se le quedaron cortos los pantalones. Estos días de angustia están dejando al descubierto las pantorrillas del sistema. La guerra al narcotráfico dejó casi en el olvido que un 40% de sus 100 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta. Y el brote de la gripe está poniendo al descubierto que el sistema de salud no está a la altura de las circunstancias.

¿Qué hace un mexicano cuando se siente enfermo? Lo que viene a continuación es la síntesis de un sondeo realizado entre vecinos del Distrito Federal con distintos niveles de ingresos. Lo primero que hace, coinciden todos, es aguantar. A ver si se pasa la fiebre, a ver si con un vaso de leche caliente y una buena cura de sueño... Lo siguiente es acudir a la farmacia.

La cuestión farmacéutica merecería capítulo aparte. Los medicamentos en México son más caros que en Europa y que en la mayoría de los países de su entorno, pero tienen una.. ¿ventaja?: se venden sin receta en cualquier esquina. Hay cadenas de farmacias que están abiertas a todas horas. Y disponen de todo. Desde ansiolíticos hasta Viagra. Para fomentar el consumo de sus productos, los dependientes ofrecen de vez en cuando muestras gratuitas a sus clientes. De la misma forma que en un supermercado se convida al cliente a una porción de queso manchego. Antes de que se asustaran por los crímenes del narcotráfico, los norteamericanos cruzaban la frontera en romería para abastecerse de toda clase de potingues.

La segunda opción -si el medicamento no ha hecho efecto-es mover "la palanca". La traducción al español peninsular sería "buscar un enchufe". El mexicano es experto en eso. No por afición, sino por necesidad. Una vez que se llega al consultorio o al hospital, y hasta cuando los casos son graves, es fundamental buscar a un amigo que agilice los trámites para ver al doctor.

Los mexicanos saben -y así lo atestiguan las encuestas- que sus médicos son buenos, incluso muy buenos, y que los hospitales del servicio sanitario disponen de instrumental moderno y eficaz, pero no suficiente. De hecho, el paciente tiene que pagar en muchos casos parte del tratamiento. "A mí me pasó el otro día", explica el padre de un muchacho que estuvo ingresado recientemente, "la atención fue muy buena, pero el hospital no disponía de determinadas medicinas que le hacían falta a mi hijo. Me dijeron que la única solución era que yo las consiguiera en el exterior. No se trataba de un caso de corrupción ni de negocio encubierto. Sencillamente, no disponían de ellas. Así que salí del hospital, fui a la farmacia de enfrente y las compré". En ocasiones, el paciente tiene que seguir idéntico método para conseguir las gasas que se van a usar en su operación y hasta la válvula que le van a implantar.

Un porcentaje considerable de médicos mexicanos trabaja media jornada en la sanidad privada -hospitales al nivel de los mejores de Estados Unidos o de Europa- y la otra media en la pública. "El sistema es perverso", admite uno de los doctores que practica el doblete, "pero funciona. A veces, a mi consulta del Seguro Social llega una persona con una dolencia determinada. Yo la atiendo, pero tanto esa persona como yo sabemos que, cuando salga de mi consulta, la próxima cita ya no se producirá hasta dentro de semanas o incluso meses. ¿La solución? Que la próxima cita sea en mi consulta privada. En el caso de que necesite ser intervenido quirúrgicamente, yo intentaré -si veo que esa persona no tiene los recursos suficientes- traspasarla de nuevo al sistema público, para que sea operada de forma gratuita...". El sistema está tan acostumbrado a funcionar con ese juego de palancas que los dos grandes servicios paralelos de salud -uno para los trabajadores comunes y otros para los funcionarios públicos- disponen de personas que facilitan el mecanismo a colectivos determinados como periodistas o políticos...

Todo iba funcionando gracias a un sistema de equilibrios fascinante -como tantas otras cosas en México- hasta que llegó la epidemia de gripe. Todo el mundo se percató de las graves fallas del sistema. Los laboratorios para analizar el virus no funcionaron y las muestras tuvieron que enviarse a Estados Unidos y Canadá. El Gobierno dispone de un millón de tratamientos antivirales, pero eso sólo supone que puede atender a un 1% de la población... El país que quería salir en la foto de los más grandes se ve obligado a reconocer que necesita con urgencia que el mundo le facilite millones de dosis de antivirales, 200 millones de mascarillas, cantidades ingentes de pañuelos desechables...

Desgraciadamente, en apenas dos semanas ha cambiado radicalmente la imagen de México en el mundo. De los abrazos con Barack Obama, el presidente Felipe Calderón ha pasado a estar prácticamente enclaustrado en su residencia oficial de Los Pinos. De su voluntad dependerá la fecha en que los 33 millones de estudiantes y los dos millones de profesores regresen a las aulas. Será una decisión complicada. Tan difícil que dicen que le provoca un gran malestar y arrebatos de mal genio. ¿Está el sistema de salud preparado para decirle al presidente de la República la fecha en que los niños mexicanos puedan volver seguros a la escuela?

lunes, enero 12, 2009

Tres años viviendo en una ratonera

Chivo-comentarios:

1. Aun aceptando que Israel no puede negociar con una organizacion que no le reconoce y que llama a su destruccion, hacer esto a Gaza es demasiado cruel para la gente inocente.
2. Eso de que Hamas fue elegido democraticamente se presta a la discusion: Fatah estaba podrido de corrupcion, la poblacion no tuvo demasiadas opciones (era como votar por el PRI o el PAN, de cualquier manera los joden).
3. No conozco el tema a fondo (quien lo hara, me pregunto yo?), pido disculpas y me voy...

Sin agua ni energía, casi sin comida, sin calefacción y sin medicinas, el millón y medio de palestinos de la franja padece un desastre humanitario descomunal


JUAN MIGUEL MUÑOZ - Jerusalén

"Para muchas personas es un tormento cuidar a los bebés y los niños más pequeños. ¿Sabes? Se cagan. Pero no hay agua ni pañales. Imagina cómo nos las arreglamos", comenta Mohamed, padre de cuatro. Sin agua corriente, con escasísimo abastecimiento de alimentos, sin calefacción en invierno, sin poder escapar de la franja, sin capacidad para curar heridos, el millón y medio de sus habitantes padece un desastre humanitario descomunal. Causado no sólo por el ataque brutal de 16 días de las Fuerzas Armadas israelíes. Desde hace tres años, el territorio sufre un bloqueo asfixiante que no hace sino empeorar. Pretende Israel acabar con el lanzamiento de cohetes. Sin duda, es cierto. Pero muchos apuntan a una estrategia calculada. "Gaza no es un caso de subdesarrollo económico. Es un caso único y cruel de subdesarrollo deliberado", ha escrito el historiador israelí Avi Shlaim. Para que no levanten cabeza. "Haremos volver a Gaza 20 años atrás", ha dicho un miembro del Gabinete israelí. Lo han conseguido.

"Gaza es un caso único y cruel de subdesarrollo deliberado"

En agosto de 2005 el Gobierno de Ariel Sharon ejecutó la evacuación de los colonos judíos de Gaza y representantes de organismos financieros internacionales auguraban un futuro halagüeño. Algunos hablaban de convertir Gaza en un enclave al estilo de Singapur. Pero los palestinos no celebraron aquella evacuación. Ni un alma salió a las calles. Están hartos de escuchar promesas. Ayer, amplias zonas del campo de refugiados de Yabalia, de Rafah, de Beit Lahia y de la ciudad de Gaza ofrecían imágenes dantescas, que recuerdan a la destrucción de Grozni, la capital chechena bombardeada.

La magnitud del desastre es especialmente cruda para los más de 3.000 heridos por el fuego israelí y los enfermos, quienes padecen una coyuntura traumática. No es nuevo. Ya lo vivieron casi 300 seres que murieron por falta de atención médica en 2008. El Gobierno israelí -y también el egipcio- les impidió ser tratados fuera de Gaza. Hubo casos sangrantes. Una familia obtuvo al fin el permiso de los servicios secretos israelíes. Tarde. El enfermo había sido enterrado días antes.

Es dramático también para los médicos, que pelean por paliar una situación desesperada. Los datos de las Agencias de Naciones Unidas son esclarecedores: el 70% de los pacientes crónicos ha suspendido sus tratamientos; entre el 25% y el 50% de los doctores y enfermeros no puede acudir a los hospitales, aunque en el sur superan el 90%. Se alerta del riesgo de epidemias. Los servicios de epidemiología, prenatales y los laboratorios han suspendido su actividad; las campañas de vacunaciones se han interrumpido en los 58 hospitales y centros de salud, de los que sólo 34 funcionan, y con generadores. Porque la electricidad es un lujo.

Tres de cada cuatro vecinos carece de luz. Hace frío y el riesgo de hipotermia para los niños es grave. "Hay muchas viviendas con las ventanas destrozadas. La gente tiene que colocar plásticos. Pero muchos que las conservan las abren para evitar que la onda de los bombardeos las destroce y lesione a alguien. Es peligroso", explica Mohamed.

Hace sólo tres años, Gaza era un lugar pobre. Con una economía a merced de los avatares políticos y siempre en declive. Sus habitantes se aprestaban entonces a votar. Venció Hamás. Y casi ningún país del mundo aceptó el veredicto de las urnas. Se acababa de firmar un acuerdo entre la Autoridad Palestina, Estados Unidos, la Unión Europea e Israel que fijaba en 450 contenedores el suministro diario a la franja. El promedio de los últimos días es de 67. Buen registro comparado con la media del mes de noviembre, cuando sólo 23 camiones descargaron cada día sus mercancías. Durante los meses de tregua, entre junio y diciembre de 2008, Israel nunca permitió un flujo que se aproximara ni remotamente a lo pactado.

Hace tres años, se compraba de todo en los supermercados. El día a día es hoy una lucha por la subsistencia. De las 27 fábricas de pan sólo nueve funcionan. "Las colas para comprar son kilométricas. Esperas cuatro horas para irte a menudo con las manos vacías. Hacemos en casa pan sin levadura. En las tiendas no hay de nada, se come habas secas, alguna legumbre y garbanzos a precios muy altos. ¿Verduras? ¿Eso qué es? Nadie se atreve a recogerlas en los campos. Y las carnicerías han cerrado. Los dueños no compran carne porque no pueden conservarla. ¡Pero si han bombardeado hasta las granjas de pollos!", explica Kayed, residente en la capital.

Casi un millón de personas dependen de la ayuda alimentaria de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (UNRWA) y del Programa Mundial de Alimentos. Han suspendido varias veces el reparto de comida. Y todo agravado porque Israel no permite a las demás ONG trabajar en Gaza desde el 4 de noviembre.

Se apreciaba en 2005 miseria. Y se observaban vertederos inmundos. Pero no sucedía lo que ocurre ahora en las ciudades norteñas de Beit Lahia y Beit Hanún. Las aguas negras emergen por las alcantarillas. Hay 170 estaciones de bombeo de agua y de tratamiento de aguas residuales. No funcionan. No hay combustible. El suministro de agua, que sabe a sal desde hace años, se ha cortado para el 80% de la población. Es un colapso general. Miles de palestinos no pueden comunicarse por el pésimo funcionamiento de la red de telefonía móvil y fija. Ni pueden, a veces, acudir a los entierros. No se enteran de la muerte de familiares o amigos.

martes, diciembre 16, 2008

México según Forbes: un país "fundido"

Homero Campa

México se encamina hacia el "caos criminal y económico". La razón: es presa del narcotráfico y del crimen organizado que controla vastas regiones del país y que ha infiltrado a las "altas esferas" del sistema de seguridad y de justicia. El estado de violencia y terror que sufren los mexicanos será acompañado por la zozobra económica, pues los efectos de la recesión en Estados Unidos serán particularmente severos el año próximo. Tal es el diagnóstico que sobre el país hace Forbes, la revista estadunidense especializada en finanzas y negocios que sigue puntualmente los avatares de las fortunas de los hombres más ricos del mundo.

Atenazado por el narcotráfico y el crimen organizado, y víctima de los efectos de la recesión en Estados Unidos, México se dirige hacia "el caos criminal y económico".

Tal es la tesis que expone la revista estadunidense Forbes -especializada en negocios y finanzas-, cuya edición del próximo 22 de diciembre se ocupa casi en su totalidad de la "preocupante" situación en México, país que, sugiere, podría convertirse en un "Estado fallido".

Dirigida a empresarios y financieros, escaparate de los hombres del dinero -cada año publica la lista de los 500 hombres más ricos del mundo-, la publicación resalta la tesis del caos desde su portada: México fundido, reza el titular, tras del cual aparece en primer plano el rostro de un joven mestizo que, embozado con la bandera de México, mira desafiante a la cámara.

El título de su reportaje principal tampoco deja lugar a dudas: El próximo desastre. Firmado por los periodistas Jesse Bogan, Kerry A. Dolan, Christopher Herman y Nathan Vardi, dicho texto describe el poder de los cárteles de la droga, su infiltración en las altas esferas del sistema de seguridad y justicia mexicano; la violencia y el terror que "penetran en todos los segmentos de la vida" del país, y los esfuerzos insuficientes del gobierno de Felipe Calderón por ganar la guerra al narcotráfico.

Más aún, enfatiza que todo ello ocurre justo en el país vecino y que ello afecta la seguridad de Estados Unidos. Retoma la opinión de expertos y funcionarios estadunidenses que muestran su preocupación por esta "potencial amenaza estratégica".

Fred Burton, exfuncionario en materia de antiterrorismo del Departamento de Estado y actual vicepresidente de la consultora Stratfor, dice: "Nosotros estamos arreglando Irak y Afganistán pero, desde una perspectiva de seguridad nacional, ¿no es más importante lo que está pasando aquí, en nuestra propia frontera?".

Y John Walters, director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, conocido como el zar antidrogas, afirma: "Las consecuencias para nuestras dos naciones en el futuro cercano y no tan cercano pudieran no ser muy buenas (...) Si el presidente Calderón y las instituciones del gobierno fallan (en su lucha contra el narcotráfico), al menos la parte norte de su país será controlada por mafias terroristas".

Y agrega: "Estamos preocupados por la ingobernabilidad en lugares lejanos de Estados Unidos, pero esto sucede justo en la puerta de a lado".

"Estado fallido"

De entrada, el reportaje de Forbes recuerda el desplome del avión Learjet 45 en que murieron, entre otros, Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación y "mano derecha" de Calderón, y José Luis Santiago Vasconcelos, "quien encabezó la persecución contra los poderosos cárteles de la droga".

Apunta: "horas después del desastre, los rumores se dispararon a través de la ciudad capital como descarga de armas automáticas: el accidente fue realizado por narcotraficantes, mostrando quién es el jefe en esta nación de 110 millones de almas. Un informe preeliminar no encontró evidencias de explosivos y sugirió de manera enfática que se debió a un error del piloto cometido en condiciones de turbulencia. Sin embargo, Larry N. Holifield, exjefe de la oficina de la DEA en la Ciudad de México, dice que 'la gente no creerá que fue un accidente. Ellos (los mexicanos) consideran que en cada cosa que sucede existe una conspiración, porque la mitad de las veces es cierto'".

Forbes recoge las palabras de Guadalupe Rodríguez, asistente de una firma de abogados, quien fue testigo de la caída del Learjet: "Los narcos están diciendo: 'Aquí estamos y nadie va a deshacerse de nosotros'".

La revista neoyorquina ofrece cifras que muestran el poder del crimen organizado: la muerte de más de 4 mil 300 personas de enero a noviembre de 2008, entre ellas algunos importantes mandos policiacos. Y apunta: "Los narcotraficantes han infiltrado los más altos niveles del sistema de justicia, incluyendo, supuestamente, al principal contacto mexicano con Interpol y su exzar antidrogas".

"Ésta ha sido una matanza feroz", dice a Forbes Felipe González, exgobernador de Aguascalientes y actual presidente de la Comisión de Seguridad del Senado. "Nosotros tenemos más muertos que ustedes (los estadunidenses) en Irak", añade.

Forbes pregunta: "¿México está cayendo en un caos criminal y económico?"

El embajador de México en Washington, Arturo Sarukhán, contesta: "¿Un Estado fallido? Esa es una observación irresponsable". Y argumenta: "El reto de la corrupción es asumido. Estamos extirpando a la gente que ha sido infiltrada. Mire el papel del sector privado mexicano y de la sociedad civil. Allí puede ver signos de que no existe nada semejante a un Estado fallido".

Es entonces cuando la revista señala la "preocupación" de Washington por el avance del narcotráfico al sur de su frontera y cita a Walters, quien afirma que "si Calderón falla (...) al menos la parte norte de su país, será controlada por mafias terroristas".

Forbes recuerda que, en la llamada Iniciativa Mérida, Washington ha comprometido mil 400 millones de dólares en equipo militar para apoyar a México en la lucha contra los cárteles de la droga. Sin embargo, apunta, hasta noviembre último ninguna transferencia significativa de esos fondos se había realizado.

La revista señala, así mismo, que la violencia relacionada con las drogas "penetra todos los segmentos de la vida en México". Recuerda que los "señores de la droga" operan en la mayor parte del país. La publicación muestra un mapa del territorio mexicano que aparece dividido en regiones bajo control de distintos cárteles: el del Golfo, el de Sinaloa, el de Tijuana y el de Juárez; también se destacan varías "zonas en disputa" que abarcan la parte centro norte del país (Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas); la región occidental (Jalisco, Michoacán y Guerrero), y casi todo el sur de la República (Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo).

Recuerda que el gobierno mexicano ha enviado más de 25 mil soldados a la frontera con Estados Unidos y a otros "lugares calientes", como el estado de Sinaloa. Señala que ello ha permitido que Calderón "se haya anotado pocas victorias en los titulares" de los periódicos mexicanos, como las detenciones de Alfredo Beltrán Leyva, alias el El Mochomo; y de Eduardo Arellano Félix, El Doctor, del cártel de Tijuana. Sin embargo, subraya, "la mayoría de los mexicanos cree que los cárteles están ganando la guerra".

Sostiene que las acciones de Calderón han "trastornado los negocios de los cárteles en Estados Unidos" y que ello se refleja en el precio de la cocaína, el cual se ha incrementado: 123 dólares el gramo en las calles de Estados Unidos, un aumento de 27% respecto de lo que costaba a comienzos de 2007. Sin embargo, el precio de la cocaína pura bajó 16%.

Señala que "el crónico temor a los secuestros, o a algo peor, ha conducido a cada vez más mexicanos a cambiar su residencia a Estados Unidos. Pone dos ejemplos: Alejandro Junco, propietario del diario El Norte, "se mudó recientemente junto con su familia a Texas"; y Pablo Jacobo Suneson Bautista, dueño de la tienda de arte y artesanías Marti's de Nuevo Laredo, no permite que sus hijos crucen la frontera hacia México para trabajar en su negocio. "De ninguna manera -dice Suneson-, tengo miedo de que puedan ser asesinados o víctimas de un secuestro".

Forbes señala que "nadie conoce cuántos mexicanos están huyendo" de su país, pero dice que Arturo Rolland, un corredor de la firma Latin Credit Mortage & Realty, estima que "posiblemente 100 familias al mes se están mudando de Tijuana al área de Chula Vista, en San Diego, en busca de seguridad".

En las entrañas del monstruo

Forbes afirma que los narcotraficantes mexicanos han encontrado la oportunidad de operar en Estados Unidos. Señala que así como Pablo Escobar, el último señor de las drogas colombiano, tuvo esa oportunidad en Miami, Joaquín El Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, la tiene en Atlanta, ciudad que "ha llegado a ser el centro de distribución de cocaína y otras drogas para la Costa Este".

Precisa que Atlanta permite tener acceso a carreteras interestatales importantes, como la l-95 y la l-85, lo que la hace "un centro perfecto para mover cocaína y mariguana" y llevar de regreso a México grandes cantidades de dinero en efectivo.

Así mismo, comenta que en el noroeste de Georgia hay almacenes de droga e inmuebles en los que se maneja dinero sucio. Desde allí, asegura, "la cocaína es trasladada a Nueva York, Pittsburgh, Washington D.C., Miami y Chicago".

Expone un caso que refleja cómo el cártel del Golfo "ha clavado sus garras en el área de Atlanta": De acuerdo con una acusación federal de septiembre pasado, 34 miembros de ese cártel integraban células de transporte y distribución de drogas. Su líder, Édgar Rodríguez Alejandro, de 20 años de edad, "recibía órdenes de los más altos niveles de cártel del Golfo, hasta que fue arrestado en mayo pasado con 12 kilos de cocaína y 7 millones 700 mil dólares (...)".

Forbes recuerda que, en julio pasado, un distribuidor de Rhode Island que debía 300 mil dólares al cártel del Golfo fue llamado a Atlanta, donde tres miembros de esa organización lo detuvieron y torturaron. Lo rescató Rodney Benson, agente especial de la DEA asignado en Atlanta, quien señala: "Mi preocupación número uno es que, si no golpeamos a esas organizaciones, podría haber un incremento de la violencia".

¿Cómo podría ayudar en esto la Iniciativa Mérida?", pregunta Forbes.

Y da la palabra a Ted Roe, congresista republicano por Texas, quien señala: "El dinero va hacia el lado equivocado de la frontera. Con la infiltración en el sistema judicial y tantos funcionarios corruptos en México, no queremos que el equipo (de la Iniciativa Mérida) sea usado en contra nuestra".

El desastre económico

Forbes subraya que "la explosión del narcoterror viene acompañada de una precipitada caída de los precios del petróleo y los demoledores efectos de una profunda recesión en Estados Unidos".

"Después de crecer 3.2% en 2007 (900 mil millones de dólares), el Producto Interno Bruto de México tendrá un lento crecimiento de 1.5% en este año y caerá entre 0 y 0.7% en 2009, pronostica Raúl Feliz, economista del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas)". Comenta que "una parte de la escasa expansión" económica podrá provenir de los estímulos del gobierno. Sin embargo, señala que éste tiene "las manos fuertemente amarradas". La razón: Petróleos Mexicanos (Pemex), "la empresa estatal que monopoliza el petróleo, contribuye con 37% (80 mil millones de dólares) de los ingresos federales".

Al mismo tiempo, dice que el desempleo -actualmente de 4.1%- podría dispararse hasta 10%, aunque el economista Feliz estima que podría alcanzar 12%.

La revista neoyorquina anota que expertos y funcionarios mexicanos argumentan que la economía mexicana está en mejores condiciones para enfrentar la crisis económica que hace 14 años, cuando Washington intervino para rescatar al peso mexicano. Concede: "algo de ello es cierto". Y señala, por ejemplo, que el déficit en las cuentas del gobierno está por abajo de 0.2% del PIB; que la inflación, la cual sitúa en 5.8%, es manejable, y que varías "empresas sólidas" -como Wal-Mart, American Móvil, Pepsico y Bombardier Aerospace- mantienen sus inversiones y sus planes de expansión en México.

Sin embargo, señala que esas inversiones tendrán poco efecto en el comportamiento del conjunto de la economía mexicana. Y apunta que los tres sectores líderes de la economía decrecerán: el de servicios caerá a 2.8% en 2008 y a 0.91% en 2009; el de la agricultura, a 0.48% en 2008 y a 0.08% en 2009, y el industrial, a 0.3% en 2008 y en 2009 tendrá un crecimiento negativo: -0.19%.

Forbes agrega a ello la caída de ingresos de México por concepto de remesas: 10% menos en 2008 y hasta 25% menos para 2009. Recuerda que 60% de los cerca de 11 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos enviaban dinero a sus hogares en México. "Quizá unos 150 mil habrían perdido su empleo desde junio", dice Manuel Orozco, analista de la organización Diálogo Interamericano, con sede en Washington. Según Orozco, entre 3% y 7% de los migrantes regresará a México el próximo año.

Enfatiza que esto puede hacer más difícil la situación de los mexicanos durante 2009, cuando desaparezcan algunos de los subsidios del gobierno y cuando el país resienta el "doble golpe" petrolero, producto de la caída de la producción del crudo y el descenso de sus precios en el mercado internacional.

martes, noviembre 25, 2008

El regreso del PRI

¡Oh, cuán priísta es el país! Y el primer gran triunfo en este año es que ya nadie recuerda lo que fue el PRI, que ahora regresa como una fuerza “democrática” y “joven” para un electorado mayoritariamente joven: cuando llegó Vicente Fox a la presidencia en el año 2000 el Revolucionario Institucional tenía ocho años.

Anclada al lopezobradorismo, la izquierda –que durante décadas bregó contra el anticomunismo priísta, el clientelismo, el corporativismo, austeridades, pactos, el creador de policías secretas, políticas contrainsurgentes, espionaje, escuadrones de la muerte, cámaras de tortura, campañas mediáticas que la acusaban de ser portadora de “ideas exóticas” y “conjuras extranjeras provenientes de Moscú y la Habana”–, junto con la derecha obtusa, abrió brecha al PRI para su retorno triunfal en 2009, cuando se convertirá en la primera fuerza política y legislativa en el Congreso rumbo a la reconquista del poder total en 2012.

Este año el PRI arrasó en las elecciones de Nayarit, Coahuila, Hidalgo, Guerrero y Quintana Roo. De 198 ayuntamientos en juego, el PAN sólo ganó 18, y de las 115 diputaciones locales únicamente obtuvo tres. Sin embargo, en este ascenso priísta, y el tránsito de los votos provino fundamentalmente del PRD y sus aliados, los más afectados. Ya desde 2007, el tricolor barrió en Tabasco, Veracruz, Yucatán, Baja California, donde el llamado Frente Amplio Progresista (FAP) nunca pudo consolidar alianzas electorales y cada uno de sus integrantes fue por sus propios intereses, incluyendo alianzas con la extrema derecha, como fue en Yucatán, donde Ana Rosa Payán fue apoyada por Convergencia y el PT, el cual también apoyó en la otra península, Baja California, al candidato del PRI: Carlos Hank Rhon.

El desastre vino en estados donde el PRD tenía fuerza propia, como Guerrero, donde el divisionismo desde la cúpula dirigente del FAP entregó al PRI un avance sustancial en la elección local y de gran importancia para la federal de 2009. En la perspectiva del PRI, éste busca convertirse sin aliados en la primera fuerza en el Senado y la Cámara de Diputados y desde ahí impulsar la reforma del gabinete para que el secretario de Gobernación, a manera de primer ministro, sea nombrado por el Congreso, lo cual significaría un adelanto de la toma del Poder Ejecutivo por el PRI, llevando sin duda a Manlio Fabio Beltrones a Gobernación. Para ello cuentan que los promotores principales de esta reforma a favor de ellos es la “coordinación del FAP”, principalmente Porfirio Muñoz Ledo, quien impulsa desde la representación del frente esta “restructuración de la Secretaría de Gobernación” que beneficiará al PRI en su regreso.

La continuación de la disputa por el registro del PRD y el control de la agenda y el programa que impone el lopezobradorismo con su nueva alianza social, el Movimiento por la Esperanza, prefiguran ya derrotas no sólo en el país, dado el divisionismo y el descrédito, sino también en la capital, donde le abrirían posibilidades de avance al PAN y al PRI, tanto en delegaciones como en el control de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, lo cual pondría en condiciones de mayor debilidad los próximos tres años del gobierno en la capital. Esto explicaría hoy el distanciamiento de Marcelo Ebrard tanto de los “movimientos en defensa de…” como del mismo PRD y del FAP, que por su división lo harán la víctima más importante.

En el caso de Acción Nacional, la falta de cohesión es tan grande como la del sol azteca, pues no cabe duda que el discurso de Felipe Calderón “contra los mezquinos” iba destinado directamente a Vicente Fox, quien arreció su guerra contra la Presidencia desde el nombramiento de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación. La fractura y el encono florecen también en el PAN y tiene peso en ella su derrota en lo que fue la reforma de Pemex. El PRI reconoce cuán útil ha sido el lopezobradorismo en este ascenso, pues, pese a que izquierda y derecha en 2006 se posesionaron del espectro político central del país, el plantón de Reforma y la declaración de “presidente legítimo” abrieron la puerta al PRI, que desde un lejano 19 por ciento del voto se convirtió en “mediador” y en la fuerza política “estabilizadora” frente a la confrontación entre las derechas y las izquierdas polarizadas y sin estrategia para el manejo de la transición que estaba en sus manos y que desperdiciaron a favor del viejo régimen, que creció y ahora regresa triunfante como el bonapartismo en brumario. Ellos vendieron así: dotar de mayoría al Congreso para su instalación en la toma de posesión de Calderón, aprobación de reformas y el presupuesto, y se dice que Manlio Fabio Beltrones fue el promotor central para que Andrés Manuel López Obrador, hombre de la última palabra, ausente de los foros y los debates, impugnara desde dentro de San Lázaro la reforma petrolera que se votaría ese mismo día y que el PRI contrarreformará cuando sea mayoría.

El Revolucionario Institucional regresa con todas sus perversiones, aplaudidas como “geniales”, y agradecido de la incapacidad de la izquierda y la derecha, que unidas en su disputa, fueron vencidas.

Partes de guerra


En abril del 2004, el mundo conoció varios centenares de fotos tomadas por soldados norteamericanos dentro de la prisión de Abu Ghraib. Las imágenes eran atroces escenas de humillación sexual y tortura. El gobierno de Bush condenó a los 7 siete soldados de rango menor responsables directos de las fotos, pero poco más se supo. Sin embargo, para el documentalista Errol Morris lo que quedaba fuera de cuadro era todavía más importante para entender lo que había pasado: ¿quiénes eran esos presos “fantasmas”? ¿quién mató al prisionero muerto? ¿por qué había un grupo de jóvenes inexpertos a cargo de la situación? Y fundamentalmente, ¿qué tienen que ver con todo esto la fantasmagórica organización llamada OAG? Esas son las pistas que sigue y revela Procedimiento estándar, un documental que se estrena directo en video.

Por Mariano Kairuz

Según mi experiencia, muchos casos criminales se resuelven porque el criminal comete alguna estupidez. En este caso, las fotos fueron la estupidez.” El que habla es el ex agente especial de investigaciones criminales del ejército norteamericano, Brent Pack. Y las fotos de las que habla son aquellas tristemente célebres imágenes de los abusos a prisioneros de Abu Ghraib cometidos por personal de ese mismo ejército, que recorrieron el mundo en abril de 2004. Pack debió analizar y clasificar aquellas fotos, ver “los hechos que presentaban, sin llevar emociones ni política a los tribunales”. Son fotos que dicen mucho, pero que no pueden contar por sí solas la totalidad de la historia que contienen, que esconden y de la que revelan una punta. Qué hay alrededor de ellas, qué ocurrió antes y qué ocurrió después de que alguien apretara el obturador.

Es probable que, a la vez que muchos se acuerden de estas fotos, muy pocos sepan o recuerden en qué quedó aquel escándalo. Esto se debe en parte a que a pesar de todo el estupor, de toda la indignación mediática, el caso no tuvo ninguna consecuencia significativa para la política norteamericana en Irak. Apenas fueron condenados a prisión siete soldados de rango menor, aquellos que estaban involucrados de manera directa en las imágenes difundidas, y que fueron utilizados como chivos expiatorios por la administración Bush; apartados como —para seguir con la expresión que más se utilizó en el caso— “manzanas podridas”. El documentalista norteamericano Errol Morris tiene una teoría al respecto: que las fotos no sólo no dañaron al ejército ni al gobierno norteamericano, sino que además lo ayudaron a encubrir sus operaciones en Medio Oriente. Más aún: que de esta manera esas mismas fotos pueden haber ayudado a Bush —que pidió “disculpas”, separó las manzanas podridas, y siguió adelante como si nada— a ganar su reelección más tarde ese mismo año. Con el propósito de comprender cabalmente qué es lo que hay detrás de aquellas imágenes monstruosas, Morris entrevistó a cinco de los siete militares castigados en el caso, y a gente que, como Pack, aportan información y puntos de vista para la reconstrucción del contexto en que fueron producidas. Los testimonios recogidos son el centro de Standard Operating Procedure, el documental que presentó a principios de este año en el festival de Berlín y acaba de llegar a los videoclubes locales bajo el título Procedimiento estándar. Un film político, pero fundamentalmente un documento periodístico valioso, Procedimiento estándar propone también una reflexión sobre la fotografía y sobre las ideas de verdad y verosímil que manejamos a diario; sobre, en palabras de Morris, “esa tendencia a confundir imagen con realidad”. Una preocupación que acosa desde siempre a este director, y que esta vez le valió como nunca infinidad de críticas y discusiones en su país.

El cuadro completo

Morris se acercó al caso cuando un colaborador suyo le llamó la atención sobre una entrevista que había visto en televisión. La entrevistada era la brigadier general Janis Karpinski, desvinculada de su cargo tras la publicación de las fotos de Abu Ghraib. Por ese entonces Morris estaba planeando una película sobre fotografía de guerra a partir de un par de imágenes tomadas en 1855 en la Guerra de Crimea, pero de pronto su interés quedó enfocado exclusivamente en Karpinski, a quien convocó a su estudio en Massachussets, le puso una cámara delante y la entrevistó durante 17 horas a lo largo de dos días. Karpinski da en pantalla la impresión de ser una mujer rigurosa, que habla sin vueltas y con seguridad, y termina siendo en Procedimiento estándar una de las voces más lúcidas. Es ella quien cuenta, al principio de la película, cómo fue la visita del secretario de defensa Donald Rumsfeld a la cárcel de Abu Ghraib: apenas un paseo relámpago en el que se limitó a recorrer las cámaras en las que Saddam Hussein colgó en sus tiempos a decenas de miles de enemigos de su régimen, para luego retirarse diciendo que “no necesitaba ver más”. En su denuncia, Karpinski deja planteada de entrada la existencia de una cadena de responsabilidades que sobrepasa a esos chicos “muy jóvenes, sin preparación ni experiencia de vida” que el ejército dejó a cargo de sus prisioneros de guerra en un situación caótica y desbordada, y que terminaron como únicos inculpados del caso. A partir de allí, el documental de Morris apunta hacia ese cuadro tanto más grande que las miles de fotografías puestas en circulación no le mostraron al mundo.


Procedimiento estándar pone en pantalla una vez más un par de cientos de aquellas imágenes. Ahí están, entre las más estremecedoras, la de la chica que sostiene de una correa a un iraquí desnudo y en cuatro patas como un perro; la del hombre, también desnudo y con la cabeza cubierta, parado sobre una caja y con cables de electricidad atados a sus brazos extendidos; la de la chica (Sabrina Harman) que señala, sonrisa amplia y pulgar hacia arriba, el cadáver de árabe. O esa otra en la que la misma chica de la correa (Lynndie England) exhibe en postura canchera a un prisionero al que se ha obligado a masturbarse. “Cuando estas fotos se hicieron públicas, todos estaban fascinados por una única pregunta”, dice Morris: “¿A quién se puede culpar por lo que vemos en ellas? Es una pregunta difícil de responder. Parte del problema de las fotos es que parecen ofrecer a alguien a quien culpar. Todo el mundo tuvo automáticamente una opinión sobre las fotos, creyó saber de qué trataban. Yo sentí que no lo sabía. Y me sorprendió que nadie hubiera hablado con la gente que las había tomado para preguntarles: Ey, ¿qué creyeron que estaban haciendo? ¿Qué es esto que se ve en la foto? Ésa es la génesis de mi película, que es como un film de terror de non-fiction”.

Morris no cuestiona la elocuencia de aquellas imágenes. Sabe que el hecho mismo de su existencia, de su puesta en escena, ya constituye algo terrible. Que la soldado Sabrina Harman accediera a aparecer tan “alegre” señalando a un hombre muerto es terrible, pero, argumenta Morris, no hay que olvidar que detrás de la foto hubo un asesinato, y que la chica de la foto no fue su perpetradora. El cadáver, se nos informa en la película, pertenece a un prisionero “fantasma”, no registrado oficialmente en la prisión, que murió durante un interrogatorio. ¿A manos de quién? De alguien que trabaja para las llamadas OAG (Otras Agencias Gubernamentales, mayormente la CIA) que operan de manera igualmente fantasmagórica, clandestina, en Abu Ghraib. Este es el tipo de información que, alega Morris, no se ve en las fotos. Lo otro que no aparece en las fotos es cómo clasifica la justicia marcial los actos que aparecen representados en ellas. Pack explica que no todas tienen el mismo estatuto: mientras que algunas constituyen un “acto criminal”, muchas otras son sencillamente lo que se llama “procedimiento estándar”. Efectivizados bajo la orden de ablandar y quebrar a los prisioneros, métodos humillantes como el de mantenerlos atados a camas o rejas en posiciones físicamente dolorosas (y privados de sueño), desnudos y con las cabezas cubiertas con bombachas, no serían actos criminales. Según esta categorización, tampoco lo es el caso del hombre de la caja y los cables, ya que, aunque el prisionero creyera lo contrario, los cables no estaban realmente electrificados. Con lo cual se trató de una tortura “apenas” psicológica: un mero procedimiento estándar.

Contra la interpretación

A Morris lo acusaron de relativizar demasiado el nivel de responsabilidad de “las manzanas podridas”, de “humanizarlos”. También se le ha criticado por pagarles a algunos de los entrevistados, aunque es algo que nunca ocultó y que no parece haber condicionado en modo alguno sus testimonios. Y se le ha cuestionado también un recurso que es común en su cine: el uso de dramatizaciones, que reconstruyen como en un film de ficción parte de lo que relatan los entrevistados. Si algo puede endilgárseles a esas dramatizaciones es que son por encima de todo un recurso algo disonante (por no decir directamente feo) en el conjunto de su película, y que aportan poco y nada, pero no puede decirse que sean tramposas: altamente estilizadas —con planos detalle y mucha cámara lenta, acompañadas además de una machacosa banda sonora compuesta por Danny Elfman— jamás intentan pasar por escenas reales, sino que todo el tiempo queda claro que son re-enactments, performances. Morris tiene sus propios motivos para recurrir a ellas en casi todos sus films: “A veces una frase en una entrevista me sugiere una imagen. En un momento de mi film Niebla de guerra, el ex Secretario de Estado Robert McNamara está hablando de su trabajo en seguridad automotriz en Ford —tableros acolchados, cinturones de seguridad— cuando, de pronto, inesperadamente, cuenta una historia sobre el lanzamiento de calaveras por el hueco de unas escaleras en Cornell. Pensé: ¡Qué imagen! Incluso cuando está tratando de salvar vidas, McNamara no puede dejar de arrojar cosas desde el cielo. Así que “ilustré” esa frase: es una manera de redirigir la atención hacia una idea específica. En Procedimiento estándar hice algo similar, pero las ilustraciones dirigen la atención hacia asuntos morales y perturbadores. Como cuando el soldado Tony Diaz descubre que el prisionero Al Jamadi está muerto: él no lo mató, pero ayudó a sostenerlo suspendido en lo que se llama una posición de estrés, una especie de crucifixión. Y describe el momento en que una gota de sangre del prisionero cayó sobre su uniforme: aunque se dijo a sí mismo que él no estaba involucrado, sabía que lo estaba. Ilustré ese momento con la caída de una gota de sangre y creo que la imagen nos refleja en el dilema moral de Diaz: aunque no estamos involucrados, sí lo estamos”.

Críticos del Village Voice, de The New York Times y otros medios influyentes lo tacharon de banal, de inconducente, de querer llamar la atención. En la revista Variety se señaló que sus entrevistas sumaban poco a la comprensión global del comportamiento militar, “un tema mejor analizado en el documental Taxi to the Dark Side”, de Alex Gibney, que parte del caso de la tortura y muerte de un taxista afgano en 2002. En In These Times, el periodista Michael Atkinson escribe que “(así como) en Niebla de guerra conseguía extraerle al ex Secretario de defensa Robert McNamara detalles sobre su carrera sin atreverse a preguntarle si no debería ser juzgado responsable al menos en parte de las más de dos millones de muertes de civiles en Indochina, Morris revisita el escándalo de Abu Ghraib en su estilo clásicamente miope (sic), haciendo un escrutinio y reconstrucción de detalles menores, sin considerar su implicancias, su impacto y su contexto político más amplio. Probablemente sea el único cineasta norteamericano que puede hacer películas sobre atrocidades y sin embargo se resiste a cualquier tipo de apelación ética”.


Paradójicamente, ninguno de estos críticos —y varios de ellos se cuentan entre los mejores de su país— parece haber valorado el sencillo hecho de que Morris fue uno de los pocos que se tomó el trabajo de hacer algo tan básico, hasta podría decirse tan obvio, como es ir a buscar a los protagonistas directos de las fotos que recorrieron el mundo para oír qué tienen para decir al respecto. En cuanto a las impugnaciones como las que le hace Atkinson, Morris las ha contestado en entrevistas. “Yo no exonero a mis entrevistados, no veo a las manzanas podridas como inocentes, libres de toda responsabilidad. Pero las cosas se nos han dado simplificadas; parece que queremos que nos digan que tal persona hizo tal cosa y tal otra, y que están arrepentidas y que pidan perdón a cámara. Cuando hice Niebla de guerra, todos me preguntaron si McNamara estaba arrepentido, y por qué no expresaba sus remordimientos en la película. La película se construye en buena medida sobre esos sentimientos de McNamara, pero la gente quiere la representación de un drama moral que confirme sin ambigüedades sus sentimientos acerca de lo que está bien y lo que está mal. Mi trabajo no es hacer que McNamara diga OK, Errol, quisiera disculparme por la muerte de 2 millones y medio de vietnamitas en la guerra de Vietnam. ¿Por qué me va a decir esto a mí? ¿Quién soy yo? Para empezar, un judío de Long Island; no soy un cura católico: no quiero una confesión. No te quiero escuchar decir lo siento, lo siento, lo siento. Lo que quiero es que me permitas ver cómo pensás, cómo ves el mundo. Quiero que me cuentes tu historia”.

jueves, octubre 30, 2008

Descenso al infierno de Leningrado


El historiador británico Michael Jones aporta datos sobre el brutal asedio nazi - El canibalismo alcanzó entre la población cotas hasta ahora insospechadas

JACINTO ANTÓN

Valentina Rothmann, de 12 años, descubrió horrorizada que a muchos de los cadáveres que acarreaba les habían cortado las nalgas. Eso no fue nada comparado con la experiencia de otra joven, Vera Rogova, a la que persiguió un caníbal con ojos extraviados de hambre y un hacha. Maria Ivanovna se sorprendió al ver que, en medio de la carestía, unos inquilinos cocinaban carne; le dijeron que era cordero pero al levantar la tapa de la olla entre el caldo asomó una mano humana.

En enero de 1942 distritos enteros fueron invadidos por antropófagos

Los alemanes querían exterminar a la población con el arma del hambre

Parecen cuentos de terror. Sin embargo, son experiencias reales vividas durante el sitio de Leningrado, conocido como el de los 900 días (en puridad 872), uno de los peores asedios que recuerda la historia y en el que el frío -hasta 40 grados bajo cero- y el hambre se sumaron a la guerra y la oscuridad para configurar un cuadro de penalidad y espanto apocalíptico. Nadie sabe cuánta gente murió. Las autoridades reconocieron más de 600.000 ciudadanos muertos, pero otras cifras superan 1.200.000. En un libro recién aparecido que constituye un verdadero descenso a los infiernos (El sitio de Leningrado, 1941-1944, Crítica), aunque también un asombroso testimonio de la capacidad de supervivencia del ser humano y un conmovedor canto a la esperanza, el historiador británico Michael Jones, de la Universidad de Bristol, revive extraordinariamente aquel asedio -en buena parte a través del relato directo de los supervivientes y sus diarios- y ofrece datos nuevos que revelan toda la crudeza de un episodio de la II Guerra Mundial que fue manipulado por la historia oficial soviética y que desde hace tiempo sufría el olvido historiográfico.

Jones ha revisado al alza, por ejemplo, la escala en que se practicó el canibalismo. "La Unión Soviética suprimió deliberadamente toda la información sobre el particular. Archivos de la policía secreta que han salido recientemente a la luz muestran que más de 1.400 personas fueron arrestadas acusadas de canibalismo y más de 300 ejecutadas", explicó Jones a este diario. "Las cifras reales son sin duda mucho más altas. Durante el peor periodo del asedio, a finales de enero del 42 y principios de febrero, distritos enteros de Leningrado fueron invadidos por caníbales". El autor señala que había bandas organizadas, que un grupo de 20 caníbales se dedicaba a interceptar a los correos militares (para comérselos) y que en un lugar de la calle de Zelenaya donde se vendían patatas se pedía al comprador que mirara donde se guardaban y cuando éste se agachaba le golpeaban con el hacha en la nuca: una escena macabra que combina a Raskolnikov con Hannibal Lecter. La NKVD advirtió de que en los mercados se vendía carne humana. "Cruzar la ciudad era peligroso, y costaba confiar en los demás", recordaba una superviviente, que señalaba que se veían cadáveres mutilados por todas partes. A las mujeres les cortaban especialmente los pechos.

La extensión del canibalismo da la medida de la desesperación que provocó la carestía de alimentos. La gente se desmoronaba de hambre. La vida se redujo a tratar de encontrar comida. "El horror de lo que se vivió en Leningrado es casi inimaginable", dice Jones. La gente comía hierba, cola de carpintero, hervía el papel de las paredes, los cinturones de cuero, ¡los libros...! La "cocina de asedio" reveló una imaginación que ríete tú de El Bulli. "Se cambia gato por pegamento", rezaba un cartel. Llegó un momento en que morían 3.000 personas al día de inanición, luego 15.000, 25.000... Nadie tenía fuerzas para enterrarlos. Una madre sólo pudo arrastrar a su hijo muerto hasta el alféizar y allí lo dejó. Faltaba tanta gente que una obra de teatro sobre los tres mosqueteros se montó sólo con dos, y no es broma. Hubo epidemias de disentería, de tifus.


Los alemanes, y ésta es otra de las aportaciones de Jones, no querían meramente tomar la ciudad -Petersburgo, como la llamaba Hitler-. "El objetivo de los nazis era sellar la ciudad y matar de inanición a toda la población civil, dos millones y medio de personas. Incluidos medio millón de niños", recalca el historiador. "Esta decisión estaba motivada por el odio ideológico y racial. Y a ella se aplicaron con rigor casi científico. Los alemanes no hubieran aceptado ni siquiera la rendición incondicional de Leningrado".

El libro analiza meticulosamente la vertiente militar del asedio -la llegada de los ejércitos alemanes con la punta de lanza de los panzer de Manstein; la incompetencia criminal de los mandos soviéticos hasta el nombramiento de Govorov, el héroe de la ciudad sitiada; los intentos desesperados de romper el cerco; la lucha en la cabeza de puente Nevsky, en las orillas del Neva, donde cientos de miles de soldados rusos murieron peleando y donde aún hoy, apunta Jones, afloran sus restos-. Pero es mucho más que un libro de guerra.

"A diferencia de Stalingrado, batalla en toda regla, Leningrado, asedio estático, es en su corazón una tragedia sobre civiles, en buena parte mujeres y niños", recuerda el historiador. "Y por eso la historia resulta a menudo insoportablemente dolorosa. Escenas como la de los bracitos desmembrados colgando de los cables telegráficos cuando los cazas alemanes ametrallaron despiadadamente el convoy de niños evacuados... Es más que un estudio de guerra, es una narración de sadismo, de deliberada crueldad a escala de masas, y eso lo hace muy duro".

La gente sacó su lado peor, pero también el mejor. Pasaron cosas extraordinarias: se interpretó durante el asedio, tras lanzar la partitura desde un avión, la Séptima sinfonía de Shostakóvich, que había empezado a componerla en la ciudad antes de que lo evacuaran. Los músicos apenas podían tocar, por la debilidad, pero lograron unir a los ciudadanos en una retransmisión épica, de desafío a los nazis y al destino.

El espíritu indómito y la voluntad de seguir siendo humanos de los ciudadanos de Leningrado resultan, dice Jones, profundamente conmovedores. "La supervivencia del amor, del sacrificio y el altruismo en esas condiciones de horror es un hecho asombroso. La bondad, como el espanto y la abyección, también prosperó".

Otra evidencia nueva es que Stalin desconfiaba profundamente de la ciudad, por la tradición librepensadora de Leningrado y su independencia intelectual. Durante el asedio, la población tuvo que sufrir también un incremento de la represión.

Cómo pudo aguantar la gente todo aquello es un misterio. "Subestimaron nuestra voraz hambre de vivir", escribió una superviviente. "En circunstancias desesperadas, algunos degeneraron", observa Jones, "pero otros encontraron la fuerza para alzarse e incluso ayudar a sus semejantes. Ése es el mensaje de esperanza de Leningrado".