Y en aquel entonces –dijo el viejo- casi todas las familias de la ciudad tenían un auto.
Mud abrió los ojos con sorpresa casi fingida. Ya había escuchado antes esa historia, pero todavía le costaba trabajo creerla. El abuelo siempre tenía esos remordimientos y había que escucharle. Después continuaría con el cuento de los ríos, las piscinas y las duchas, y seguramente terminaría hablando de ganado y de lo que más parecía extrañar: un buen trozo de carne. Esto último lo describía con tanta vehemencia que Mud sentía un poco de pena por no poder conseguirle algo siquiera parecido.
- Y para que más te guste, ese auto rodaba prácticamente con una persona al interior.
- ¿Acaso no conocían los pronósticos?
- Sí que los conocíamos. Desde principios de siglo hubo señales. Pero estábamos demasiado ocupados. Crecimiento, demandaban algunos. El mercado, justificaban otros. Hubo voces críticas que advertían de los riesgos, pero fueron silenciadas, compradas o ridiculizadas. Creo que en el fondo todos sospechábamos que se nos estaba pasando la mano, pero era tan fácil dar rienda suelta a nuestras manías… todos queríamos vivir cómodamente, coleccionar algo, hasta que el ritmo de consumo se volvió insostenible. Lo mismo que pasó con la energía pasó con el agua y los alimentos. Además, siempre tuvimos una confianza ciega en la ciencia, pensamos que todo podía arreglarse con un poco de esfuerzo cuando fuera necesario. Incluso cuando se supo lo asteroide, muchos pensaron que la libraríamos. ¿Por cierto, conoces las últimas noticias de la misión?
- No hay grandes cambios. Lo más que pudieron hacer los gringos fue enviarlo a la mitad del Atlántico. ¿Qué piensas hacer ese día?
- Nada en particular. Me asomaré por la ventana para verlo de cerca y un poco antes del impacto me iré al sótano a esperar el final. No tengo ninguna intención de resistir. Es inútil, los locos que están haciendo hoyos en el suelo y juntando provisiones solo prolongarán lo inevitable.
- Sin embargo, el cambio de actitud que se dio desde el anuncio del asteroide fue espectacular - , dijo Mud, tratando de reconfortar al viejo.
- Si, claro. Siempre pensé que no estábamos tan podridos. Pero ahora es demasiado tarde.
- Si necesitas alguna provisión para estos días, puedo conseguirte algo.
- Al contrario. Voy a darte algunas cosas. Alcancé a juntar latas que no necesitaré. Como no salgo mis vecinos piensan que ya me quebré y ni se molestan en llamar, así que no pienso ofrecérselas. Algún provecho podrás sacar de ellas, pero ten cuidado en disimularlas. Hay gente que mataría por ellas…
- No sé si pueda venir otra vez antes de… la organización del refugio se está volviendo muy demandante…
- Te digo que no te preocupes por mí. Estaré bien por varias semanas. Eres tú quien tendrá que cuidarse de los otros. Por el momento la inconsciencia les hace albergar cierta esperanza, pero deja que pase algún tiempo y comience la verdadera escasez, el frío. Entonces los canallas aparecerán. Verás lo peor del hombre y llegarás al mismo punto donde me encuentro yo ahora.
- Todo es cuestión de tiempo – dijo Mud acercándose a la puerta.
- Ten siempre a la mano el revólver de tu padre, de ahora en adelante él es tu mejor amigo.
Mud abrió los ojos con sorpresa casi fingida. Ya había escuchado antes esa historia, pero todavía le costaba trabajo creerla. El abuelo siempre tenía esos remordimientos y había que escucharle. Después continuaría con el cuento de los ríos, las piscinas y las duchas, y seguramente terminaría hablando de ganado y de lo que más parecía extrañar: un buen trozo de carne. Esto último lo describía con tanta vehemencia que Mud sentía un poco de pena por no poder conseguirle algo siquiera parecido.
- Y para que más te guste, ese auto rodaba prácticamente con una persona al interior.
- ¿Acaso no conocían los pronósticos?
- Sí que los conocíamos. Desde principios de siglo hubo señales. Pero estábamos demasiado ocupados. Crecimiento, demandaban algunos. El mercado, justificaban otros. Hubo voces críticas que advertían de los riesgos, pero fueron silenciadas, compradas o ridiculizadas. Creo que en el fondo todos sospechábamos que se nos estaba pasando la mano, pero era tan fácil dar rienda suelta a nuestras manías… todos queríamos vivir cómodamente, coleccionar algo, hasta que el ritmo de consumo se volvió insostenible. Lo mismo que pasó con la energía pasó con el agua y los alimentos. Además, siempre tuvimos una confianza ciega en la ciencia, pensamos que todo podía arreglarse con un poco de esfuerzo cuando fuera necesario. Incluso cuando se supo lo asteroide, muchos pensaron que la libraríamos. ¿Por cierto, conoces las últimas noticias de la misión?
- No hay grandes cambios. Lo más que pudieron hacer los gringos fue enviarlo a la mitad del Atlántico. ¿Qué piensas hacer ese día?
- Nada en particular. Me asomaré por la ventana para verlo de cerca y un poco antes del impacto me iré al sótano a esperar el final. No tengo ninguna intención de resistir. Es inútil, los locos que están haciendo hoyos en el suelo y juntando provisiones solo prolongarán lo inevitable.
- Sin embargo, el cambio de actitud que se dio desde el anuncio del asteroide fue espectacular - , dijo Mud, tratando de reconfortar al viejo.
- Si, claro. Siempre pensé que no estábamos tan podridos. Pero ahora es demasiado tarde.
- Si necesitas alguna provisión para estos días, puedo conseguirte algo.
- Al contrario. Voy a darte algunas cosas. Alcancé a juntar latas que no necesitaré. Como no salgo mis vecinos piensan que ya me quebré y ni se molestan en llamar, así que no pienso ofrecérselas. Algún provecho podrás sacar de ellas, pero ten cuidado en disimularlas. Hay gente que mataría por ellas…
- No sé si pueda venir otra vez antes de… la organización del refugio se está volviendo muy demandante…
- Te digo que no te preocupes por mí. Estaré bien por varias semanas. Eres tú quien tendrá que cuidarse de los otros. Por el momento la inconsciencia les hace albergar cierta esperanza, pero deja que pase algún tiempo y comience la verdadera escasez, el frío. Entonces los canallas aparecerán. Verás lo peor del hombre y llegarás al mismo punto donde me encuentro yo ahora.
- Todo es cuestión de tiempo – dijo Mud acercándose a la puerta.
- Ten siempre a la mano el revólver de tu padre, de ahora en adelante él es tu mejor amigo.
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