“[...] no olviden su actitud de izquierda, manteniéndose en su puesto para luchas futuras en que la expresión de la verdadera voluntad popular pueda ser una realidad triunfante.”
Francisco J. Mújica, a los trabajadores en su carta de renuncia a la candidatura presidencial. 14 julio de 1939.
Introducción
Cualquier estudio detallado de la revolución mexicana de principios del siglo XX, nos lleva a admirarla como uno de los acontecimientos más importantes en la historia americana. No obstante, una visión trivial de la misma, muy común en medios oficiales, la hacen ver como un conflicto entre caudillos. Según la versión oficial, de lo que se trataba era de establecer la democracia y la legalidad, la justicia vendría como un resultado de la puesta en práctica de las primeras.
Aún siguiendo a los historiadores oficiales, la revolución debió terminar con la derrota de Huerta en 1914. Todos los hechos de armas posteriores son concebidos como producto de la nefasta influencia de los caudillos y sus ambiciones. Así, la historia oficial rinde homenaje a los hombres que desde el poder intentaron poner orden; Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas. Al mismo tiempo que se les reprochan sus "excesos", se les rinde un culto hipócrita a los caudillos rebeldes Zapata y Villa, que se enfrentaron a los, digamos, "caudillos oficiales". Olvidando que tanto el Caudillo del sur como el Centauro del norte murieron a manos de esbirros de Carranza y Obregón. La idea es muy simple: evitar que el ejemplo de los auténticos revolucionarios se convierta en guía para la acción de los actuales revolucionarios. La mejor forma de negarle a un revolucionario su carácter, es venerarlo como santo.
Para los revolucionarios de la actualidad, es muy importante analizar críticamente las aportaciones de los auténticos revolucionarios y, en función de las condiciones actuales, ser consecuentes con su lucha.
Dentro del rubro de lo que podríamos llamar auténticos caudillos revolucionarios, encontramos algunas figuras de primer orden que, en medio del torbellino de los acontecimientos, nunca perdieron la idea de que la revolución era un acto de masas y que su objetivo era la emancipación social; mientras que al mismo tiempo confiaban de una u otra forma en las posibilidades de apoyar estos intentos desde el poder central. Entre estos revolucionarios podemos encontrar a Felipe Carrillo Puerto y a Francisco J. Mújica, como las dos figuras más destacadas.
Ambos revolucionarios simpatizaban, a su manera, con el socialismo. Ambos trataron de construir organizaciones de masas que permitieran que su lucha avanzara más allá de sus propias personas, pero en ambos, casos sus esfuerzos fueron insuficientes en la medida de que las fuerzas reaccionarias frenaron los procesos que emprendieron y, en la medida de que su objetivo, el socialismo, es una cuestión pendiente para la humanidad, su ejemplo es aún una lucha por la que los revolucionarios actuales debemos pelear.
No obstante sin duda, su visión fue mucho más allá de lo que la mayoría de los políticos y caudillos de su tiempo podían alcanzar. En gran medida su vida es indispensable para comprender a la revolución mexicana, como una lucha de masas, en la cual hay una búsqueda afanosa de liberación y en la cual pueden surgir dirigentes desde abajo que den a la lucha por el socialismo perspectivas de triunfo, con la condición de que se construyan los partidos y las organizaciones de masas, tanto sindicales como del campesinado pobre, necesarias para el triunfo histórico del proletariado sobre la burguesía.
En esta ocasión, realizamos un rápido recorrido de la vida revolucionaria de Francisco J. Mújica, un elemento que tuvo la rara fortuna de sobrevivir a los mandos de Carranza y Obregón, pese a ser orgánicamente distinto a ellos y pese a enfrentárseles de forma muy audaz en toda oportunidad que surgía; esto desde el inicio mismo de la rebelión contra Huerta. Decimos rara fortuna dado que ni Carranza ni Obregón tenían la costumbre de dejar vivos a sus enemigos.
Las intenciones de Mújica de crear un partido socialista, de armar a las masas, de basarse en los trabajadores y sus organizaciones no eran incorrectas, más bien se tendrían que revisar las enseñanzas de esas experiencias para repetirlas en un nivel superior, corrigiendo los errores que evidentemente existieron.
Existen en Mújica cuatro momentos clave. En primer lugar, su papel en la guerra revolucionaria contra Huerta, en segundo, como miembro del ala izquierda del constituyente de Querétaro, en tercero, como gobernador revolucionario en Michoacán y, en último lugar y tal vez lo más trascendental, como miembro del gobierno cardenista, sobre todo porque fue durante este último proceso, en el que se comprobaron los alcances y los límites de su actuar político. Cada uno de estos roles merecería un libro entero, sin embargo, nuestro afán es señalar algunas líneas básicas para valorar su figura histórica, como un producto de la lucha de clases de su tiempo y como factor de transformación social.
La figura de un auténtico revolucionario y un impulsor del socialismo, como Mújica, no puede quedarse en la simple contemplación platónica; si en estos momentos hacemos un llamado a revisar su obra, no es para rendirle pleitesía, sino para aprender de él y seguir con su lucha. Por eso, es necesario describirlo tal y como era y ello incluye sus aciertos y sus errores. Sólo de ese modo podremos verdaderamente rendir un homenaje a su memoria.
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¿Quién fue el General Francisco José Mújica?
El general Francisco J. Mújica es un personaje clave en la revolución mexicana. Poco se le recuerda en los textos de la educación oficial y esto no es casual, pues representa lo más avanzado del pensamiento social de la época.
En su juventud Mújica fue activista estudiantil. Participó en un grupo juvenil que publicó el periódico "El ideal" que lanzó una campaña en contra de Aristeo Mercado, entonces gobernador porfirista de Michoacán; también fue corresponsal de periódicos como "El Diario del Hogar" y "Regeneración". En 1909 se declaró "reyista", es decir, seguidor de Rafael Reyes Núñez, un valiente abogado que desafió a Aristeo Mercado en la plenitud del porfirismo.
En 1910 se adhirió a Madero colocándose en el torbellino revolucionario. Combatió en Chihuahua al lado de Pascual Orozco, en la toma de Ciudad Juárez. Al triunfo de Madero no encontró trabajo en el distrito Federal. En 1912 Carranza lo nombró director general de Estadística del estado de Coahuila; también colaboró con Carranza como observador de los sucesos de la llamada Decena Trágica. Fue, junto con el escritor Aldo Boroni, el redactor del Plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913. Los enfrentamientos con Venustiano Carranza a causa de diferencias en el Plan de Guadalupe, se reflejaron claramente en los debates en el seno del Congreso Constituyente de Querétaro. Poco tiempo después fue ascendido a mayor de caballería, incorporándose a la campaña del ejército de Venustiano Carranza, con el grado de mayor, se sumó a las tropas del teniente coronel Lucio Blanco, para después ser nombrado jefe de su estado mayor. El 23 de diciembre del mismo año, fue ascendido al grado de teniente coronel y el 30 de enero de 1915, fue ascendido a general brigadier.
Episodios históricos dan cuenta de que estuvo en el flanco izquierdo de la revolución democrático-burguesa de 1910; por ejemplo, el caso de la hacienda "Los Borregos" de Félix Díaz, ubicada entre Nuevo León y Tamaulipas, que expropió junto con Lucio Blanco el 6 de agosto de 1913, contra la voluntad de Carranza de llevar a cabo la reforma agraria. Esto significó el primer reparto de tierra en el norte del país siguiendo el ejemplo de Zapata. La noticia se publicó en los diarios texanos; Carranza arranca en cólera y quitará del mando a Lucio Blanco. Por su parte, Zapata le enviará una carta felicitándolo. Así se marca el rumbo que seguirá la Revolución y se crea, en los hechos, un antecedente del futuro artículo 27 de la constitución de 1917.
En agosto de 1915, el general Mújica fue nombrado jefe de las operaciones militares del estado de Tabasco y al mes siguiente, gobernador provisional del mismo; su gestión la caracterizó una política agraria de reparto de tierras, por ejemplo, repartió las tierras de El Chinal y armó a los campesinos para que las defendieran; también suprimió las jefaturas políticas y fomentó la educación liberal.
Venustiano Carranza convocó a un congreso constituyente en septiembre de 1916, a finales del mismo año, Mújica fue elegido diputado al congreso y asistió a Querétaro como representante del distrito michoacano de Zamora, donde participó como segundo orador, influyendo en tres de los más importantes artículos constitucionales, proponía que la educación fuera laica e impartida por el Estado, se manifestó a favor del reparto agrario y en contra del acaparamiento de tierras por el clero y por los extranjeros, y defendió el derecho de huelga de la clase obrera así como las ocho horas como jornada de trabajo.
El Congreso Constituyente dio inicio el primero de diciembre de 1916, donde se debatieron las ideas surgidas del movimiento revolucionario y el proyecto de Venustiano Carranza. Se integró una comisión presidida por Francisco J. Mújica, defensor del Laicismo científico para analizar la propuesta de Carranza que, más tarde, fue rechazada por considerar a la libertad de enseñanza obligación del Estado, de brindar educación y educación elemental gratuita, como demasiado ambiguos. El punto central de debate fue la concepción de laicismo. Los conservadores pugnaban por un Laicismo neutral, el cual permitía al maestro dejar a alumno con las ideas erróneas que trajese de su casa y con las ideas retardatarias trasmitidas por la iglesia, a lo que Francisco J. Mújica se opone por considerarlo pernicioso ya que es a través de las instituciones del Estado como se permea la ideología dominante a todas las capas de la sociedad.
Años después de su actuación en el congreso constituyente, fundó el Partido Socialista de Michoacán (PSM), cuyo propósito era "impulsar la lucha de clases hasta conseguir que el control de la sociedad estuviera en manos del movimiento obrero", y uno de cuyos acuerdos fue la creación del Partido Comunista, ligado a la III Internacional.[1] Paralelamente inició su campaña política para la gubernatura de Michoacán, elección que perdió ante su contrincante Pascual Ortiz Rubio, viéndose obligado a desterrarse de Michoacán. Mújica denunció a las elecciones como una "conspiración de la burguesía".
El Carrancismo era conservador y por eso inclinó la balanza, para que, aún a pesar de las irregularidades, Ortiz Rubio se quedara con la gubernatura. Sin embargo, Mújica no era un sujeto con el que Carranza le interesaba enemistarse, pues dentro de la coalición constitucionalista era uno de los pocos caudillos con una base social efectiva y con prestigio regional y nacional, además de que era uno de los pocos que se podía presentar como auténtico defensor de la constitución recién promulgada. Entrar en conflictos con Mújica hubiese significado para Carranza abrir un frente de batalla difícil de resolver; debemos recordar que en ese entonces ni Villa, ni Zapata estaban fuera de combate definitivamente. La solución que tomó Carranza fue cederle un cargo en el Departamento General de Provisiones, en el que lo tuviera ocupado y vigilado.
Pero era difícil controlar el activismo de Mújica quien continuó trabajando en la organización de campesinos pobres y trabajadores en Michoacán; en 1918 encontró el modo de repartir tierras en Guarachita, Michoacán.
Mújica había creado y dirigido Defensas sociales en Michoacán, eran grupos de trabajadores armados de manera separada del ejército, el motivo era que los campesinos deberían armarse en contra de las guardias blancas de los terratenientes. Mújica fue electo por el voto popular como gobernador de Michoacán, el 4 de julio 1920. Pero Ortiz Rubio se negó a reconocer su triunfo, así que se generó tal tensión política que derivó en que Cárdenas asumiera provisionalmente la gubernatura.[2]
Por las presiones de Ortiz Rubio, Cárdenas cede la gubernatura a Huerta (candidato de Ortiz Rubio) y se desata una rebelión de las Defensas sociales. El 21 de septiembre de 1920 los mujiquistas asaltan y toman el palacio de gobierno mientras que las tropas federales, dirigidas por Cárdenas, permanecen inactivas. Pese a que el congreso desconoció a Mújica como gobernador, este se mantuvo apoyado por las Defensas sociales y por el apoyo tácito de Cárdenas. Así, Mújica llega a la gubernatura que finalmente es ratificada por Obregón el 13 de abril de 1921.
Como es de observarse, la gubernatura de Mújica no fue como cualquier otra -se trataba, como en el caso de Villa en Chihuahua o de Tejeda en Veracruz-, de un gobierno que se basaba en el movimiento se masas y trataba de organizarlo por medio del PSM y de las organizaciones obreras y campesinas que, defendidos por medio de las armas, intentaban llevar a la práctica una revolución social.
Discutir sobre si Mújica tenía idea clara de hasta dónde llegar, es ocioso; en realidad el General era un hombre práctico. El asunto trascendental es que en esos momentos Mújica era el único de los caudillos del constitucionalismo, que intentaba poner en práctica un programa de emancipación social.
Bajo la dirección de Mújica, el PSM conforma la Federación de Sindicatos de Trabajadores Campesinos de la Región de Michoacán; al mismo tiempo, el PSM asumió la dirección de la Comisión Local Agraria cargo que ocupó Isaac Arriaga. Jesús Corral, otro de los colaboradores de Mújica impulsó una política de propaganda combativa por medio del periódico "El 123". Juan Ascencio, un obrero del PSM era el presidente municipal de Morelia.
En suma, las cosas no iban en la lógica conservadora que Obregón necesitaba, pero a la vez no tenía la fuerza suficiente para destituir a Mújica inmediatamente, por lo que optó por una política de sabotaje por medio de los elementos locales de sus partidos afines: el Liberal Constitucionalista y el Nacional Cooperativista. La derecha reaccionaria local se mantenía a la defensiva y no se atrevía actuar.
El 8 de mayo de 1921, unos días después del reconocimiento oficial de Mújica como gobernador, sucedió algo que desató la ira de los terratenientes y el clero; durante una manifestación en Morelia, Juan Ascencio y los manifestantes ocuparon la catedral y colocaron una bandera roja en el campanario. Rápidamente el clero, apoyado por los terratenientes, organizó a grupos reaccionarios como la Asociación Católica de la Juventud Mexicana. La lucha de clases estaba desatada. Mújica hizo aprobar una ley laboral (la 46), en ese entonces revolucionaria.
En el terreno agrario creó la Oficina para la Promoción de los Asuntos Indígenas y Laborales, que era en realidad una oficina para asesorar a los campesinos en la elaboración de peticiones de tierras; por la acción directa de esta oficina -que parecía más un centro de agitación que una oficina de gobierno-, se repartieron casi 23 mil hectáreas. En realidad, la cantidad de tierra repartida en el gobierno de Mújica no fue tan trascendental como sí lo fue la labor de organización campesina, la cual dio pie a la formación de la Liga de Comunidades Agrarias en Michoacán.
También, como respuesta a la agitación en el campo, la derecha reaccionaria se organizó. Se formó el Sindicato de Agricultores Españoles, que pidió al gobierno federal el envío de tropas para enfrentar a los agraristas radicales de Mújica. La respuesta de Obregón fue paralizar todo tipo de legalización de reparto de tierras en Michoacán. Esto explica la razón por la cual el reparto legalmente reconocido fue tan bajo.
El 12 de mayo de 1921, en disturbios organizados por la derecha, fueron asesinados tres colaboradores de Mújica, entre ellos Arriaga, su principal apoyo.
La ofensiva en contra del régimen revolucionario michoacano no cesó; Obregón declaró ilegales a los cuerpos armados civiles y asignó nuevos jefes militares con estrictas instrucciones de defender a los terratenientes de las Defensas sociales revolucionarias. No obstante, ya en 1922, en el Valle de Zacapu, las haciendas fueron ocupadas por milicias campesinas. En Tacámbaro, Curimeo y Zicatécuaro, los campesinos armados apoyados explícitamente por el gobernador, repartieron de facto las haciendas de los españoles; ante la resistencia varios hacendados resultaron muertos.
La guarnición federal se levantó en armas en contra de Mújica en febrero, en claro apoyo a los sectores reaccionarios. El gobierno federal no hizo nada y Mújica se dedicó entonces a preparar la defensa de Morelia con 300 hombres armados de las Defensas sociales.
Durante su gestión que apenas duró año y medio de gobierno - y que es un claro ejemplo de lo que potencialmente hubiese sucedido a nivel nacional, de haber llegado a la presidencia de la república-, Mújica también repartió tierras en Zitácuaro y Pátzcuaro La derecha trató de destituirle y el senado declaró desaparecidos los poderes estatales; sin embargo, ante el apoyo social desde abajo -una base social real y activa-, el senado tuvo que retractarse y dio marcha atrás a la desaparición de poderes. Pero, al ingresar Obregón como presidente, la confrontación se profundiza porque Mújica permitió manifestaciones populares en las que se criticaba al Ejército, así como la legalización del periódico socialista "El 123". El 1º de Marzo de 1922, ante una situación insostenible debido a la abrumadora superioridad armada de sus enemigos, Mújica entrega al congreso local su renuncia, pero lejos de postrarse frente a Obregón hace una denuncia pública del hostigamiento del gobierno federal. El gobernador sustituto no hizo más que atacar todas las reformas sociales de Mújica. Sin embargo, la labor de organización desarrollada en su breve gubernatura, provocó que en los hechos el movimiento se masas en Michoacán se mantuviera claramente dirigido por las fuerzas leales a Mújica.
El General aún trató de regresar a su cargo en la medida de que su salida de la gubernatura fue en calidad de "licencia por un año", pasando por una serie de batallas legales en los tribunales para, finalmente, renunciar el 29 de noviembre de 1923, sin quitarse la orden de aprehensión y fusilamiento por parte de Obregón, de la cual logra escaparse huyendo a Veracruz. Tras ser desaforado se vio obligado a pasar a la clandestinidad.
Salvando las distancias, este episodio guarda un cierto parecido con el intento de desafuero y el fraude electoral que los herederos del porfiriato hicieran a López Obrador y es por eso que el 22 de septiembre de 2005 AMLO declararía: "me siento identificado con Mújica". Por supuesto, el papel histórico de las personalidades tanto de Mújica como de AMLO, reflejaba y reflejan profundos procesos de la lucha de clases.
Años después, Cárdenas actuó como intermediario para el reingreso de Mújica al ejército el primero de julio de 1932, siendo ascendido a General de brigada.[3] Cuando Cárdenas fue declarado Presidente, nombró ministro de economía a Mújica y poco después fue designado ministro de Comunicaciones y Obras Públicas. Mújica solía decir a Cárdenas: "El futuro será socialista o católico, no hay términos medios". En cierto sentido, Mújica quería expresar la realidad de las revoluciones que se quedan a la mitad, ya que siempre tienen retrocesos y derrotas, esa es una constante histórica. Tal es el caso que, hoy día asistimos a condiciones para la clase obrera y el campesinado pobre, incluso peores que durante el porfiriato.
Al término del sexenio cardenista vendría la frustrada candidatura presidencial de Mújica, para después ser gobernador y comandante militar del Territorio Sur de Baja California -de 1941 a 1945-, como una especie de exilio por todo el proceso electoral de 1939, Ávila Camacho decidió: "enviar al rebelde y crítico general Mújica al desértico territorio de Baja California Sur". En 1951 fundó el Partido Constitucionalista Mexicano, pero no obtuvo registro oficial, así que se alió a la candidatura del general Miguel Henríquez Guzmán, cuya campaña fue organizada por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano contra Adolfo Ruiz Cortines. Al final del sexenio de Lázaro Cárdenas, Mújica era el único de los candidatos presidenciales que defendía un programa para profundizar la revolución mexicana y dar mayor alcance a las medidas que, producto de enormes presiones sociales, se vio obligado a implementar el cardenismo. Pero, en las mejores prácticas del llamado "presidencialismo", Cárdenas, fiel a su clase burguesa, optó por Ávila Camacho quien asumió el poder el primero de diciembre de 1940.
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León Trotsky y Francisco J. Mújica
Mújica fue uno de los redactores del Manifiesto a la Nación, que decretaba la expropiación petrolera en 1938. En este punto se especula[4] que León Trotsky, ya entonces exiliado en México, influyó directamente en el general Mújica para dar impulso a la expropiación y que Trotsky entregó a Mújica una propuesta de formulación del Manifiesto, pero no se tiene evidencia de dicho documento. Ciertamente Trotsky tuvo contacto personal con Mújica y es bastante probable que hayan conversado al respecto. De hecho, Trotsky se expresa muy bien de Mújica y lo cataloga como el mejor hombre para sustituir a Cárdenas. Pero las condiciones de exilio tan funestas que Trotsky tuvo que padecer; la condición que puso Lázaro Cárdenas para otorgar el asilo, es decir, que no se metiera en la política mexicana, desmiente la idea de responsabilizar a Trotsky de la expropiación petrolera, pues este proceso de nacionalización obedeció, no a la poderosa y mágica influencia del revolucionario ruso sobre Mújica -aunque ciertamente tuvieron puntos de vista coincidentes-, sino a la ola de la lucha de clases que prosiguió a la revolución y como medida, desde arriba, para evitar nuevas insurrecciones revolucionarias, ya no en el campo, sino fundamentalmente en el frente industrial. Evidentemente, a pesar de que la expropiación del petróleo no fue ni socialista ni comunista, fue, sin lugar a dudas, una medida de defensa nacional altamente progresista y fuertemente aplaudida por Trotsky.
De hecho Mújica se ganó la enemistad del aparato del PC y de la CTM; nunca le perdonaron su hospitalidad y cordialidad hacia Trotsky, quien escribió sus impresiones tras el desembarco en el puerto de Tampico en enero de 1937: "Desembarcamos y pisamos el suelo del Nuevo Mundo con cierta emoción. Aunque estábamos en enero, la tierra misma exudaba calor. Las torres petroleras de Tampico nos recordaban a Bakú. En el hotel no tardamos en sufrir las molestias ocasionadas por nuestro desconocimiento del idioma. A las diez de la noche partimos de Tampico hacia la capital en un tren especial enviado por el ministro de Comunicaciones, general Mújica."[5] Este vínculo con el revolucionario ruso pondría tácitamente a Mújica contra el estalinismo histérico de Toledano, con el que los agentes de la GPU[6] encontraron terreno fértil actuando como el destacamento más resuelto para atacarle en las intrigas que dirigiera Emilio Portes Gil -presidente provisional tras el asesinato de Obregón-, contra la candidatura de Mújica a la presidencia México en 1939. Así, por un lado la derecha le llamaba "iracundo comunista" y del otro, los estalinistas lo ligaban con Trotsky.
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Contexto histórico de la renuncia de Mújica a la candidatura presidencial
Al término de los años veinte, la situación general que vivía México, luego del final de la guerra civil y de la rebelión cristera, no era de consolidación de la estabilidad social, de hecho, las constantes pugnas entre los jefes militares obligaron al caudillo sobreviviente, Plutarco Elías Calles, a formar el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que era, en cierta forma, un pacto de convivencia entre los diversos sectores de la llamada "familia revolucionaria".
La razón del crecimiento de la inestabilidad se encontraba en el compromiso que habían asumido, tanto Plutarco Elías Calles como Álvaro Obregón, para dejar sin efectos los elementos sociales más importantes de la constitución de 1917; por ejemplo, los latifundios seguían siendo la principal forma de propiedad de la tierra. Desde el gobierno de Carranza hasta el de Abelardo Rodríguez a finales de 1934, el total de tierra repartida fue de poco más de 7 millones de hectáreas, es decir, durante 17 años no se había repartido ni el 20% de los latifundios. Otro aspecto fue el caso de las compañías extranjeras que explotaban la industria, las materias primas y los recursos naturales como el petróleo. Los pactos para declarar la no retroactividad en las propiedades extranjeras, especialmente norteamericanas, eran la condición para que se le concediera al gobierno el reconocimiento internacional y esa condición era cumplida cabalmente por los gobiernos tanto de Obregón como de Calles, -no señalamos a los individuos que ocuparon la presidencia durante la hegemonía de dichos caudillos porque en términos reales sólo eran operadores políticos de Calles.
Las masas trabajadoras del campo y la ciudad se habían levantando en armas en contra de un régimen que mantenía muchas semejanzas, en el terreno económico, con el régimen pos-revolucionario. Al no ser cubierta la mayoría de sus necesidades, había amplias posibilidades para que los estallidos sociales se convirtieran en abiertas rebeliones contra el régimen. Por esta razón, el Partido Comunista Mexicano (PCM), había tenido importantes avances en todos los terrenos y, pese a ser una organización relativamente pequeña, contaba ya con importantes posiciones tanto en el terreno sindical, con la Confederación Sindical Unitaria de México, como en el campo con las Ligas Campesinas. Los jóvenes comunistas, pese a tener una política ultra izquierdista derivada de la política del tercer periodo estalinista -todo era reaccionario menos ellos-, dirigían huelgas, tomas de tierras y eran ya el principal objetivo de las detenciones políticas.
Las huelgas se intensificaban: en 1933 estallaron 13, mientras que en 1934 fueron 202 huelgas; esto sucedía mientras que los comunistas se posicionaban en el movimiento obrero y las centrales oficiales -como la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y La Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM)- no lograban recuperar el control del movimiento de años atrás.
En este escenario se gestó una pugna entre la "familia revolucionaria"; por un lado el callismo que representaba la alianza de la burguesía nacional con la oligarquía y el imperialismo y, por el otro, los sectores de izquierda del constitucionalismo como Cárdenas y Francisco J. Mújica, más proclives a buscar la estabilidad del régimen basados en el control del movimiento social que a enfrentarlo, como lo estaba haciendo Calles cuando expidió una Ley Federal del Trabajo de corte semifascista en 1930.
El desgaste de Calles se manifestó al llegar Cárdenas a la presidencia, éste último, si bien había sido funcionario del gobierno durante el callismo, nunca había roto sus nexos con la izquierda constitucionalista y podía ser considerado como un elemento neutral, cosa que le serviría al jefe máximo para mediar con el ala izquierda del PNR.
Al inicio del mandato de Cárdenas, la continuación de las políticas de Calles no hizo sino empeorar las cosas: el 12 de diciembre de 1934, los trabajadores de Tampico estallan en una huelga general que rápidamente se extiende por 11 estados, incluyendo muchos sindicatos importantes del Distrito Federal. Para 1935 las huelgas estalladas fueron 642 y casi 150 mil obreros en lucha.
"El Congreso mexicano votó el Primer Plan Sexenal en 1934. Pretendía establecer un «sistema económico cooperativo tendiente al socialismo» e incluía un extenso programa de obras públicas, un código laboral que establecía el salario mínimo y la garantía horaria, cierta distribución de la tierra y ayuda a las cooperativas locales para la compra de maquinaria y stocks. La discusión del Segundo Plan Sexenal comenzó en febrero de 1939. El Plan fue redactado por el partido gobernante, el Partido Revolucionario Mexicano (PRM), y se lo consideraba la plataforma de su candidato para las elecciones presidenciales de septiembre de 1940, Manuel Ávila Camacho. Planteaba también futuras expropiaciones y nacionalizaciones, el sufragio femenino, el servicio militar obligatorio, la independencia económica de México y el alza del nivel de vida de las masas. En febrero lo aprobó el congreso de la CTM, cuando todavía estaba en la etapa de discusión. El PRM adoptó el plan en noviembre, al mismo tiempo que designaba formalmente a Camacho. En febrero de 1940, cuando se publicó el proyecto final, muy modificado, incluía garantías a los inversores privados y la intención de cooperar «con otros países que apoyan una forma democrática de gobierno»".[7]
En este marco, las centrales obreras oficiales estaban paralizadas, mientras que los comunistas y los burócratas contrarios a Calles formaron, el 6 de junio de 1935, un frente único llamado Comité Nacional de Defensa Proletaria (CNDP) que en la práctica dejaba como cascarón vacío a la CROM oficialista y amenazaba con la posibilidad de la conformación de una central obrera con gran influencia comunista.
Cárdenas y su corriente no tenían opción, o se hundían en el barco en el que Calles estaba empecinado en quedarse, o rompían con él para sobrevivir, sólo apoyándose en el movimiento de masas podrían lograrlo. Cárdenas, entonces, tomó la decisión de deshacerse de todos los funcionarios callistas, cuestión que fue asumida como un triunfo en el seno del movimiento obrero.
Por supuesto, la pérdida de hegemonía del gobierno sobre el movimiento obrero significaba un triunfo histórico para las masas y un severo golpe a la burguesía, la cual no tenía más alternativa que ver con impotencia cómo la clase obrera estaba tomando un protagonismo inusitado. El gobierno cardenista por su parte, estaba decidido a establecer un control sobre dicho movimiento y, para ello, se veía obligado a apoyarlo, aun a pesar de afectar los intereses inmediatos de la burguesía. Al mismo tiempo, el gobierno promovía a sus propios cuadros y simpatizantes en el seno del CNDP, por ejemplo en febrero de 1936, la oficialista CGOCM de Amilpa Velásquez y compañía, se disuelve para intervenir con mayor facilidad en la nueva central obrera.
Al mismo tiempo, el Partido Comunista, que tenía una fuerte autoridad moral ante el movimiento obrero, se veía bajo fuertes presiones. La internacional estalinista le había ordenado llegar a acuerdos con la burguesía mexicana. Pese a ello sus militantes, formados en la lucha contra Calles, tenían muchas dificultades en adoptar la política de sumisión que los obligaba a dejar posiciones estratégicas legítimamente ganadas. No obstante, ya desde noviembre de 1935, el Comité Central del PCM en concordancia con sus amos de Moscú, había iniciado un profundo giro en su política.
El día 26 de febrero de 1936, se funda la Confederación de Trabajadores de México, como una organización emanada de la lucha contra los patrones y los sectores más reaccionarios del gobierno, su declaración programática afirmaba:
- 1. La finalidad de la clase obrera sería el establecimiento del régimen socialista.
- 2. Se trataría a toda costa de conservar la independencia del movimiento proletario.
- 3. Se combatirían las teorías reformistas de la colaboración de clases.
- 4. El proletariado mexicano reconocería el carácter internacional del movimiento obrero y campesino y la lucha por el socialismo.
- 5. Su lema sería "Por una sociedad sin clases".
La mayoría de los delegados asistentes no sólo consintieron en adoptar un programa radical, también estuvieron de acuerdo en colocar a los militantes comunistas en las posiciones claves de la nueva central. De este modo, la aplastante mayoría de los delegados eligieron al comunista Miguel Ángel Velasco para la cartera de Organización, en contra del candidato oficialista Fidel Velázquez.
La histeria cundió en Vicente Lombardo Toledano y sus socios, quienes amenazaron con romper la unidad y finalmente los comunistas, obligados incluso por su propia dirección, declinaron cediendo el puesto a Fidel Velázquez.
El movimiento comunista, gracias al ambiente general de radicalización de las masas, estaba en franco avance. En un informe del 25 de enero de 1937 en el VI congreso nacional se señalaba: "no somos ya los 500 conspiradores de 1930 relegados en 5 o 6 regiones del país; sino un partido político nacional, con organización en todos los estados y territorios de la república y con más de 10 mil miembros, en buena parte ligados a las masas, organizando y dirigiendo sus luchas".
Sólo en los últimos tres meses de 1936, el PCM había reclutado a 700 nuevos militantes en el Distrito Federal.
Cárdenas, pese a sus discursos en favor de la independencia de los trabajadores, siempre tuvo bajo su principal prioridad el establecer un control gubernamental del movimiento campesino. Para ello combinó una política agresiva de reparto de tierras con una activismo interno para consolidar el control de Central Campesina de México y, al mismo tiempo, absorber a todos los grupos campesinos posibles. Por todo esto, a partir del 9 de junio de 1935, se estableció en el seno del Partido Nacional Revolucionario la iniciativa de fusionar todas las organizaciones campesinas locales en Ligas de Comunidades Agrarias, con las que, tres años después, se conformaría, en el seno del Partido de la Revolución Mexicana -nombre que Cárdenas le dio al partido oficial-, la Confederación Nacional Campesina.
Mientras tanto, en la CTM la purga contra los comunistas era aún un tema pendiente, por lo que Cárdenas desconfiaba así que ordenó a las organizaciones campesinas no establecer vínculos orgánicos con la CTM.
Dichas organizaciones campesinas no tuvieron inconveniente, a pesar de que era una política de los comunistas integrar a las organizaciones de jornaleros a las centrales obreras, como sucedía en La Laguna, Veracruz y Michoacán y otras regiones. En este caso, el gobierno siempre tuvo la hegemonía que se consolidó con el reparto de casi 18 millones de hectáreas durante todo el sexenio. En la mayoría de los casos, los repartos estaban precedidos por invasiones de tierras y el gobierno se limitaba a apoyar a los movimientos campesinos y a legitimar actos consumados. La movilización campesina fue, en el fondo, la principal base de apoyo del cardenismo y constituía una reserva social importante de frente a lo que pudiera suceder con el aún incontrolable movimiento obrero. La reforma agraria cardenista es la más importante de la historia latinoamericana, nació de la huelga de 25 mil jornaleros de la Comarca Lagunera de 1936. Después vendría el proceso nacional de la reforma agraria integral.
Las masas obreras en franca ofensiva, continuaban con movilizaciones y huelgas en todo el país. La política de Cárdenas al respecto, claramente se vio expresada en su discurso del 9 de febrero de 1936 en Monterrey en el cual declara:
"Sé muy bien en qué condiciones explota la ira popular. Recomiendo a los empresarios, como clase, cumplir por la propia voluntad la ley, no interviniendo más en la organización de los sindicatos y satisfaciendo las demandas de los obreros en los límites de la capacidad económica de las empresas, ya que la opresión, la tiranía industrial, la insatisfacción de las exigencias, constituyen un material flamable... que en un momento puede provocar ese descontento que tanto temen."
En realidad Cárdenas planteaba las cosas de manera muy simple; hay que ceder hoy porque esa será la única forma de evitar que las cosas estallen y salgan totalmente del control. Ya antes había señalado que los empresarios que estuvieran cansados, podían entregar sus empresas al gobierno o a los trabajadores. Pero ello de ninguna manera significaba una ruptura con la burguesía, todo lo contrario, era una forma de descargarle un peso demasiado grande para sus exiguas fuerzas.
Por esta razón, Cárdenas decidió dar su apoyo a los movimientos huelguísticos, entre los cuales destacó la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que estalló en huelga el día 16 de julio de 1936, logrando el primer contrato colectivo que obtiene la jubilación y otras importantes prestaciones como producto de la huelga de 10 días, lo que lo convirtió, inmediatamente, modelo contractual para los demás gremios. La reacción de las masas, incluida la CTM, fue de un apoyo masivo que se tradujo en movilizaciones que exigían la expropiación petrolera. La advertencia de Cárdenas a los empresarios se corroboró con la radicalización de las masas de frente a la intransigencia de los empresarios de la industria eléctrica. Como es común en este tipo de movimientos, la burguesía hizo frente común lanzando una frenética campaña de desprestigio, pero cada acción sólo lograba poner en evidencia ante las masas lo justo del movimiento y los negocios que los burgueses hacían con las necesidades del pueblo. Así, el 25 de julio los electricistas logran una victoria total en cuanto a sus demandas, pero en el seno de los trabajadores, la idea de la expropiación pasa de ser una simple consigna, a una demanda inmediata.
De forma paralela a la movilización obrera, se urdía un plan para separar a los dirigentes comunistas de la CTM, la cual, como hemos señalado, lejos de resolverle problemas al Estado, le planteaba retos, ya que cada huelga o movilización importante se convertía, gracias a la CTM, en una movilización de todo el pueblo trabajador, lo que ponía a la burguesía en una situación de extrema debilidad.
Por tal razón, Vicente Lombardo Toledano junto con Fidel Velázquez y sus socios, maniobraban para tratar de limitar a los cuadros más radicales e impulsar a los oficialistas. De hecho, los representantes comunistas de los comités locales electos por sus bases son rechazados por otros que, pese a haber sido derrotados, eran proclives a Lombardo y Velásquez.
No obstante, el PC ya estaba sumido en la política suicida del Frente Popular; éste era el nombre que se le había dado a las coaliciones electorales y de gobierno, conformadas por organizaciones de masas, la mayoría comunistas y socialistas, cediendo su dirección a dirigentes burgueses o reformistas. En el Frente Popular, las organizaciones obreras ponían a las masas y a los muertos -si había enfrentamientos con los fascistas-, mientras que los reformistas y burgueses ponían los parlamentarios y gobernantes, así como el programa. El Frente, que era en sí mismo una traición a las aspiraciones revolucionarias de las masas, era posible porque la burguesía europea, en crisis e incapaz de desatar ningún movimiento de masas, aceptaba a los socialistas y comunistas bajo la garantía de que así se impedía la revolución. Mientras tanto en México no había nada que llevara a los burgueses a buscar un Frente Popular con los comunistas.
La directiva de formar un Frente Popular en México, llevó a los comunistas a buscarlo en el seno del PNR. Para la burguesía mexicana los comunistas eran un problema real y no estaban dispuestos a llegar a ningún tipo de colaboración que no fuera la desaparición misma del comunismo. Por tal motivo, el PNR cortó toda posibilidad de postular candidatos comunistas en su seno.
Cárdenas se opuso abiertamente a que más organizaciones dirigidas por comunistas se integraran a la CTM. En esta tónica, Velázquez desconoce a la Federación de Maestros. Para abril de 1937, los dirigentes comunistas en el Comité Ejecutivo de la CTM hacen público su rechazo a la purga anticomunista dirigida por Lombardo y Velázquez; la dirección del SME los apoyó y se desató una feroz lucha interna. Nuevamente la mayoría de las organizaciones integrantes de la CTM toman partido a favor de los dirigentes comunistas Velasco y Morales que abandonan el IV consejo. En la polémica, entran incluso los dirigentes del PC norteamericano, Earl Browder por ejemplo, que en público y en privado, a nombre de la Internacional Comunista, exige la total capitulación ante la dirección oficial de la CTM. Para junio logra su objetivo, en una declaración del Comité Central, el PC señala: "la unificación deja de ser una necesidad revolucionaria para convertirse en una necesidad imprescindible".
Para agosto la debacle se desata. Las organizaciones sindicales que habían actuado contra la dirección oficialista de la CTM se reintegran humilladas. Los comunistas se autoexcluyen de los puestos de dirección y se disuelve el fantasmagórico Frente Popular Mexicano. Toda la fuerza moral con la que contaban desapareció como si nunca hubiera existido. Tan sólo el SME se niega a reintegrarse a la CTM. Los resultados son catastróficos. Paulatinamente la purga se extiende a todos los mandos de la central, casi con el beneplácito del los comunistas, que todo lo justificaban en aras de evitar el "peligro fascista", ¡una verdadera locura! Un ejemplo de esta caída se puede observar en el periódico del PCM, El Machete, el cual, en 1937 antes de la capitulación tiraba 50 mil ejemplares, para enero de 1938 se había reducido a 38 mil, para septiembre el periódico emblema de los mejores tiempos del comunismo mexicano deja de existir. A partir de entonces, el PC quedó marginado para siempre de la dirección movimiento obrero organizado, dejando todo en manos de los burócratas oficialistas aliados a Cárdenas.
El derrumbe del PC sobrevino como mandada caer del cielo para Cárdenas, ya que, aunque el movimiento obrero continuaba en pujanza, el gobierno podía tomar medidas con mayor seguridad, sabedor de que la central obrera más importante estaba bajo su control y que cualquier proceso de lucha podía ser limitado a escenarios políticamente manejables.
En este ambiente se decretó la expropiación de los ferrocarriles el 23 de julio de 1937, cinco días después de que estallara una imponente huelga general de una hora en apoyo a los ferrocarrileros, que ya desde 1933 habían formado un sindicato nacional y tendían una notable y valerosa organización. Cárdenas cedió la administración de la empresa expropiada a los trabajadores, pero más que una concesión era una maniobra; la empresa estaba en bancarrota y difícilmente podría por sí misma sobrevivir. Al final, éste fue el pretexto para formar de los ferrocarriles nacionales una empresa descentralizada, conteniendo con esto momentáneamente las luchas de los trabajadores ferrocarrileros.
También el conflicto en el terreno petrolero pudo ser asumido por parte de Cárdenas con cierta tranquilidad. Desde el 20 de julio de 1936, los petroleros contaban con un Sindicato Nacional; éste, a diferencia de otros movimientos como el electricista, no tenía antecedentes históricos de lucha independiente y estaba, en cierta forma, creado bajo los auspicios del gobierno.
El movimiento era muy radical en cuanto a las demandas económicas, pero, políticamente, estaba bajo la influencia del cardenismo, de tal modo que constituía en el fondo un conflicto entre el gobierno y las empresas extranjeras. Una industria petrolera bajo el control del Estado era clave en el marco de las crecientes necesidades energéticas de desarrollo de la industria y de la burguesía nacional.
La primera huelga importante de los trabajadores petroleros estalló el 28 de mayo de 1937. Para el 9 de junio, bajo la asesoría de Lombardo Toledano se acuerda levantar la huelga. El sindicato acepta la colaboración del gobierno para entablar una especie de debate público con las empresas al respecto de la justicia o no de las demandas.
Se forma una comisión gubernamental presidida por los principales secretarios del área económica de Cárdenas, la cual concluye que la industria petrolera obtiene enormes ganancias; de hecho, los beneficios anuales los últimos tres años representaban casi el 600% de la inversión. De esta forma, bajo los auspicios del gobierno, se vuelve a demandar a la empresa y consecuentemente la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje resuelve a favor del sindicato.
En realidad, la idea del gobierno cardenista era de establecer un control sobre la producción de las empresas extranjeras, pero éstas, conscientes de los enormes beneficios que implicaba esa industria, sobre todo de cara al advenimiento de la segunda guerra mundial, no estaban dispuestas a ceder y de hecho públicamente despreciaron los ofrecimientos del gobierno para llegar a un acuerdo. De no haber procedido a la expropiación, el gobierno cardenista hubiera quedado muerto políticamente; los trabajadores hubieran tomado la claudicación como una traición y todo el trabajo de consolidación del Estado durante el sexenio se habría venido abajo. Tal como pensaba Cárdenas, las masas no se levantan si no tienen pretexto y él no se los iba a dar. De tal modo que, el 18 de marzo de 1938, procedió a la expropiación de toda la industria petrolera.
Ése fue el momento cumbre de la política cardenista. La ardua tarea de asimilar al movimiento de masas a organizaciones vinculadas con el Estado, aun a costa de ceder concesiones, estaba realizada y tuvo su punto de culminación práctica el día 30 de marzo, tan sólo una semana y media después de la expropiación, con la conformación del Partido de la Revolución Mexicana (PRM),[8] el cual se integró por cuatro sectores, además del aparato del anterior PNR: el sector campesino conformado por lo que después sería la Central Nacional Campesina (CNC), el sector obrero conformado por la Confederación de Trabajadores de México (CTM), el sector popular y el sector militar. Los comunistas, que luego de las claudicaciones anteriores ya no tenían el menor asomo de dignidad pidieron: "que se nos señale el sitio y las condiciones en que dentro del gran Partido de la Revolución Mexicana podemos cumplir con nuestro deber".
La función del cardenismo, desde el punto de vista político, fue asimilar organizativamente al Estado, por medio de un partido, al conjunto del movimiento de masas organizado, no con el fin de transformar al sistema sino de preservarlo.
Sin duda, algunos podrán considerar que durante su régimen se asestaron severos golpes a los capitalistas y que ello pudo dar la posibilidad de considerar al gobierno cardenista como susceptible de haberse transformado en un sentido socialista, tal como lo sugerían los documentos fundacionales del PRM e, incluso, el propio PCM. En realidad, debemos decir que el punto clave para considerar que un gobierno, aun en el marco de un sistema capitalista, actúa a favor de una transformación social, éste debe debilitar las bases del sistema. Por el contrario, lo que hizo el cardenismo fue consolidarlas. Incluso el papel de la industria nacionalizada, en los marcos del capitalismo, sólo es útil para suministrar materia prima y recursos energéticos baratos que de otra forma estrangularían a la naciente burguesía nacional.
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La candidatura presidencial de Mújica
El 16 de enero de 1939, Mújica renuncia a la Secretaría de Comunicaciones para iniciar la campaña presidencial. Ávila Camacho también renuncia a la Secretaría de la Defensa Nacional; esto arrancó la carrera presidencial para relevar a Lázaro Cárdenas. Inmediatamente la cámara de senadores se dividió mayoritariamente apoyando a Ávila Camacho con cincuenta y ocho senadores, diez a Mújica y seis indecisos. Mújica también quedó en minoría con respecto a los gobernadores, líderes sindicales y ante el aparato del PRM. Es de destacar el papel de Emilio Portes Gil, quien organizó una feroz campaña en contra de Mújica con el apoyo de veinte gobernadores y elementos de la jerarquía del Ejército -tal como lo hicieran Salinas de Gortari y Fernández de Cevallos, usando finanzas del Estado para orquestar una campaña de desprestigio contra la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.
El 7 de enero de 1939, en una entrevista en un diario nacional, Mújica denunció el control corporativo por parte de los gobernadores sobre el campesinado pobre, repudiando a la vez el uso burocrático que los líderes hacían de los sindicatos. Sin embargo, Mújica tenía la idea o más bien, la esperanza de que su campaña electoral "reviviera" la combatividad y la independencia política de los trabajadores. El 20 de enero de 1939 los partidarios de Mújica hicieron una denuncia pública por la antidemocracia del proceso de selección del candidato del PRM a favor de Ávila Camacho. Llamaban también a formar un "Frente Popular Izquierdista" y criticaban a los "malos líderes" sindicales. "¿Debemos pararnos, debemos retroceder espantados de nuestra propia causa? ¿Las conquistas que el general Cárdenas ha logrado [...] debemos inmolarlas en aras de un gobierno de tendencia retardataria? El pueblo decidirá si quiere perder lo que ha ganado."
En febrero, el General convocó a un debate público a Ávila Camacho y a Sánchez Tapia -el otro candidato- que más bien figuraba de relleno y, aunque aceptaron el debate y las condiciones, no asistieron; cosa que Mújica aprovechó ante los medios informativos nacionales argumentando a favor de la libertad de prensa, cátedra y culto y denunció la falta de "libertad electoral" en México, la antidemocracia al interior del PRM y se lanzó contra la obra maestra de Cárdenas: el uso corporativo de la CTM y la CNC. Sin embargo expresó que: "en México debería formarse un partido de tendencias conservadoras porque esto contribuiría a tonificar al PRM, a estrechar sus filas y a evitar un estancamiento en la marcha revolucionaria", es decir, que se manifestaba en contra del régimen de partido único -de hecho el Partido Acción Nacional (PAN) surgió en 1939 como reacción ante al cardenismo- y prosigue: "El choque de ideas serviría para orientar la política y marcha del gobierno y para encontrar la verdad en los puntos oscuros de los problemas que se presentan". Poco antes había declarado como ejes rectores de su política a: la libertad ciudadana, la división de poderes, la soberanía de los Estados, el Municipio Libre y el sufragio universal. La idea de Mújica de rescatar el PRM para los trabajadores era totalmente correcta aunque para ello, más que fomentar la formación de un partido conservador para obligar al PRM a reorientarse ideológicamente, entonces como hoy, hacía y hace falta un partido que esté regido, orientado y controlado por la política revolucionaria bajo los principios de la clase obrera, es decir, un partido marxista de masas.
Ese mismo mes se celebró un congreso extraordinario de la CTM, en el que Lombardo Toledano maniobró para que la central sindical apoyara a Ávila Camacho. Los argumentos de Toledano obedecían a la ofensiva estalinista internacional del Frente Popular, -que como mencionamos antes, por todos lados veían el "peligro fascista"- y según el cual, si Mújica llegaba a la presidencia, se podría detonar una guerra civil o un golpe de Estado fascista, lo que conduciría al derribamiento de las conquistas de los trabajadores durante la revolución y en particular durante el cardenismo. Lombardo Toledano fue un orquestador del asesinato de León Trotsky, pero antes había establecido una feroz campaña contra Trotsky y contra Mújica.[9] Por supuesto, Toledano sabía que, de llegar Mújica a la presidencia, combatiría la antidemocracia sobre la que se sustentaba la casta burocrática sindical.
Paralelamente, Portes Gil maniobró para precipitar el congreso de la CNC a fin de que esa central le diera su apoyo a Ávila Camacho. Así, todas las huestes del aparato del partido de Cárdenas se alistaron para preparar el resultado anunciado de la elección presidencial.
Ambos congresos, la de la CTM y la de la CNC estuvieron totalmente plagados de métodos burocráticos, algo que nos es familiar pues lo vivimos por décadas y que hoy la mayoría de los mexicanos conocemos como "el más viejo estilo priista", es decir, compra de votos a cambio de pequeñas canonjías para los miembros de base de las centrales, clientelismo, desfalco de las finanzas públicas, compadrazgos, acarreos, fraude, amenazas y destituciones para aquellos que se negaban a someterse a la línea que se dictaba, etcétera. Los partidarios de Mújica denunciaron la realización antidemocrática de ambos congresos y hubo reacciones de consideración: "Dos miembros del comité ejecutivo, varias ligas campesinas estatales y tres mil quinientas comunidades agrarias rehusaron apoyar la decisión de la CNC, y numerosas organizaciones obreras, incluyendo las de los electricistas, ferrocarrileros y petroleros, no enviaron delegados al congreso de la CTM. El 27 de marzo, los sindicatos de la CTM publicaron un manifiesto exigiendo el repudio de la dirección de la CTM que había impuesto la candidatura de Ávila Camacho"[10]. Pero la mayoría del aparato estaba con la enorme autoridad de Cárdenas y su decisión por Ávila Camacho.
De marzo a junio de 1939 el general Mújica desplegó una potente campaña recorriendo distintos poblados, municipios y estados del país, principalmente Zacatecas, Coahuila, Puebla, Guerrero y Tlaxcala; en este lapso se adhirieron a su campaña algunas personalidades y organizaciones, todas ellas pequeños grupos, como: el Bloque de Obreros Intelectuales de México, el Frente Socialista de Abogados, la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, el Frente Socialista del Distrito Federal, el Partido Socialista de las Izquierdas y el grupo Acción Femenina y, entre las personalidades destacó Diego Rivera.[11] Es muy importante señalar la independencia de clase sobre la que estuvo basada la campaña de Mújica, ya que recibió ofertas de financiamiento que evidentemente implicaban compromisos con clases ajenas al proletariado; el caso más ejemplificador fue el rechazo que hizo a la oferta de dos millones de pesos que le ofrecía la Compañía de Teléfonos de México.
Mújica consideró que su plataforma política o el programa de lucha debía irse construyendo de los planteamientos que fuesen surgiendo desde la población en sus recorridos de campaña. Su intención fue contrarrestar la relación vertical de arriba a abajo con una relación horizontal, ya que su programa de gobierno debería considerar: "los problemas expuestos a los dirigentes y no de doctrinas filosóficas más o menos irreales que pueden traducirse en programas impositivos de arriba hacia abajo". El 26 de marzo hizo un discurso en Iguala, Guerrero, que planteó algunos aspectos de la orientación de su campaña: "Invitar a las masas a que sopesen la trayectoria política y moral de cada uno de los precandidatos; dejar bien establecido que debe ser el pueblo, y no los gobernantes o los partidos, quien designe libremente al candidato de su preferencia; y convocar a los mexicanos a preguntarse sobre el asunto político toral de si quieren avanzar, detenerse o retroceder en lo concerniente al rumbo y el contenido delineados por la revolución cardenista."
Todavía en abril, Mújica entregó a Cárdenas una carta tratando de persuadirlo a que actuara neutralmente en la elección: "Deseando señor presidente, que los contingentes políticos puedan disfrutar de verdadera libertad en su lucha, es lo que me mueve a poner en conocimiento de usted estos hechos para que vaya usted palpando el difícil problema que se le ha de presentar a la hora electoral cuando trate usted de garantizar la pureza del voto y la libertad del ciudadano."
En junio, el general Juan Andrew Almazán renunció a su cargo de comandante de la 67 Zona Militar, y anunció que se lanzaría como candidato independiente y portavoz de la oposición derechista. En 1939 el 65 por ciento de la población vivía en el campo. Almazán encontraba eco en las ciudades, fundamentalmente en la capital del país y específicamente en sectores de la pequeña burguesía que habían sido dañados con el proceso de la reforma agraria y por las oleadas de huelgas del periodo. Este personaje se caracterizó por vivir de la política sin ningún tipo de principio que no fuera su propio beneficio, dando bandazos y zigzagueos oportunistas. En 1907 empezó su militancia política contra la dictadura de Porfirio Díaz. Estuvo con Francisco I. Madero en 1910 trabajando en su candidatura por la presidencia y se unió a la revolución colaborando, sin miramientos, con Emiliano Zapata, por eso, pasó de ser maderista a enemigo del gobierno de Madero. Luego, de acuerdo a como iba la corriente, estuvo en las fuerzas del presidente Victoriano Huerta. Derrotado Huerta, luchó contra el presidente Venustiano Carranza nuevamente al lado de Zapata y después bajo las órdenes de Pancho Villa. Terminada la Revolución trabajó para diversos gobiernos según se fueron sucediendo. En junio de 1939, se retira del ejército y el 25 de julio de 1939 presentó ante la prensa nacional un documento que lo postulaba como candidato a la presidencia de la República en las elecciones del año siguiente. Para ello, fundó el onomatopéyico Partido Revolucionario de la Unificación Nacional (PRUN) que fue apoyado por el Partido Acción Nacional (PAN). El 15 de agosto de 1940, el colegio electoral calificó las elecciones y declaró ganador a Ávila Camacho con 93.89% de los votos contra, tan solo, 5.72% para Almazán. No obstante, Almazán y sus partidarios arguyeron fraude electoral y prepararon un levantamiento armado que tuvo asonadas en Chihuahua. Almazán intentó preparar apoyo internacional desde Cuba y Estados Unidos, pero no encontró eco en los funcionarios de la administración del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, quien estaba alineado con Cárdenas frente al ascenso del movimiento obrero mexicano y en contra de Hitler. Al final, Almazán desistió del levantamiento armado y se especula que Cárdenas "le llegó al precio". Almazán vivió el resto de su vida como un respetable empresario.
Toledano y su camarilla utilizaron el tema Almazán infinidad de ocasiones en sus difamaciones cotidianas contra Trotsky y Mújica, acusándolos de estar relacionados con él en una conspiración fascista contra las conquistas de la revolución.[12]
En junio de ese año, el Partido Comunista Mexicano dio su respaldo a la candidatura presidencial de Manuel Ávila Camacho, lo que generó protestas en algunos sectores de la base militante. Como hemos visto por la política del Frente Popular, esta adhesión a Ávila Camacho era de esperarse; se impuso verticalmente desde el Comité Central obedeciendo la estrategia de la III Internacional estalinista o Comintern, consistente en favorecer los frentes populares por la supuesta amenaza del fascismo y, a la vez, como resultante de la pronunciada histeria que sentían los estalinistas por el general Mújica, por haber gestionado la estadía de León Trotsky en México. Y en noviembre, el PRM designa formalmente como su candidato presidencial a Ávila Camacho, quien hasta entonces, figuraba como un perfecto desconocido para las masas.
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Clase, partido y dirección
En esa etapa Mújica obtuvo la conclusión de que las masas a las que había convocado a luchar, no estaban dispuestas a rebasar a sus líderes burocráticos y se mantendrían voluntariamente bajo el peso del corporativismo. En una carta que le responde a un maestro rural dice: "Estoy enteramente de acuerdo con usted en que hay en el momento factores de opresión indignos de los treinta años que tiene la Revolución de existir y de que la contumacia conservadora piensa todavía en lograr éxito para sus aspiraciones. Creo también, como usted indica, en que debemos hacer un esfuerzo de firmeza y energía para contrarrestar el proceso electoral reaccionario que está en acción; pero yo pregunto: ¿de qué valdría la energía de un hombre y la actitud de un hombre cuando hace seis meses esta energía y esta actitud se acercan a los núcleos propicios por sus ideas encontrando como respuesta una actitud de cobardía, de temor y de sectarismo? Y es eso lo que a mí me pasa: nadie quiere moverse organizando a los prosélitos de su medio; los sindicatos de izquierda toman franco rumbo a la derecha desde sus directivas y la masa que no está conforme se declara apolítica o se parapeta detrás de la inercia y del indiferentismo; el partido de vanguardia que es el PC lanza una consigna propia de un grupo de anodinos y no sólo no hace prosélitos para las ideas de avance, sino que amenaza y neutraliza a los elementos sinceros de su masa. Por otro lado, el PRM ha manifestado ya sus simpatías mediante los miembros de su secretariado y de Comité Director a favor de determinada candidatura [...] Yo quiero que usted me diga ante esa realidad si sería fecundo mi sacrificio y mi energía para continuar en la lucha, pues mi pensamiento se circunscribe en estos momentos a no estorbar el desarrollo de un proceso suicida y obcecado que sigue el proletariado nacional y los revolucionarios de izquierda."
Es de vital importancia obtener lecciones de la historia para aprender de ella y es necesario, también, establecer una rigurosidad metodológica incluso al abordar el pensamiento y los actos de los personajes que en mayor o menor medida pueden ocasionar simpatías o antipatías. Flaco favor le hacen al general Mújica sus apologistas que intentan explicar todo desde las fortalezas o debilidades de su personalidad: que si era compadre o amigo de Cárdenas; que como Cárdenas removió a Luís I. Rodríguez de la presidencia del PRM y puso en su lugar a Heriberto Jara, entonces Mújica no se atrevió a ir más allá porque era muy amigo de Jara; que si era hiper honesto y por eso se retiró de la contienda electoral; etcétera; afirmaciones por el estilo regresarían a la tumba al General si de pronto, en un acto de imaginación, pensáramos que leyera la mayoría de los ensayos biográficos disponibles. Estamos convencidos de que Mújica fue un revolucionario honesto y, por tanto, estaría dispuesto a analizar sus hechos e ideas de manera objetiva, a fin de preservar el espíritu revolucionario para las nuevas generaciones, como lo deja claro más adelante en su discurso de renuncia al referirse a los trabajadores, a quienes dice: "[...] no olviden su actitud de izquierda, manteniéndose en su puesto para luchas futuras en que la expresión de la verdadera voluntad popular pueda ser una realidad triunfante."
En su respuesta a la carta del maestro rural, tácitamente Mújica alude a tres variables fundamentales de la compleja ecuación de la lucha de clases, es decir: clase, partido y dirección. "[...] la masa" es decir la clase, el proletariado seguido del campesinado pobre y los pobres urbanos, "que no está conforme se declara apolítica o se parapeta detrás de la inercia y del indiferentismo". ¿Una clase apolítica que había forzado la expropiación petrolera y la más profunda reforma agraria de América Latina, se podía caracterizar de "indiferente"? Una postura apolítica de las masas se explica por su "inercia e indiferentismo" y más adelante se caracteriza la etapa como el "desarrollo de un proceso suicida y obcecado que sigue el proletariado nacional". Pero preguntamos: ¿en qué consistía este proceso suicida que seguía el proletariado nacional?, ¿quiénes eran los iniciadores?, ¿las masas o los dirigentes?
Como se plantea anteriormente, las masas hicieron lo que estaba en sus manos, huelgas, conquistas contractuales, arrancaron reformas al cardenismo de forma contundente, la burguesía estaba histérica, debilitada, a expensas del presidencialismo cardenista, es más, lograron todo ello a pesar de sus direcciones, a pesar del estalinismo, a pesar de la burocratización de sus centrales. Recordemos cómo la política del Frente Popular llevó a la capitulación a los dirigentes del PCM y quienes se mantuvieron firmes o fueron asesinados o encarcelados o denostados como el propio Mújica, que fue miembro del PCM por un breve periodo. Como explica Trotsky:[13] en ese momento se puede juzgar hasta qué punto había retrocedido el movimiento obrero no sólo a través del estado de sus organizaciones de masas, sino también estudiando los reagrupamientos ideológicos en curso.
¿Qué significa el "desarrollo de un proceso suicida y obcecado que sigue el proletariado nacional"? Significa que, aunque las masas hayan adoptado una línea correcta -y la adoptaron pues por eso consiguieron lo que consiguieron en la época-, no fueron capaces de romper con la coalición degradante y traidora de los comunistas con la burguesía por medio del Frente Popular. "Este modelo de sofisma proviene del concepto de una especie de madurez absoluta, es decir, de una condición de perfección de las masas en la cual no tienen ninguna necesidad de una dirección o, mejor aún, son capaces de vencer contra su propia dirección. Pero una madurez tal ni existe ni puede existir".[14]
La dirección del PCM se colgó, literalmente, de los faldones del PRM y se contentó con cubrir su política de una fraseología diferente. Debido solamente a esto, la burguesía consiguió aplastar la ofensiva de los trabajadores al insertar las organizaciones de este proletariado "apolítico, inerte e indiferente" a la maquinaria burocrática del Estado; esto explica la angustia de Mújica cuando dice: "el partido de vanguardia que es el PC lanza una consigna propia de un grupo de anodinos y no sólo no hace prosélitos para las ideas de avance, sino que amenaza y neutraliza a los elementos sinceros de su masa". Pero, como explica Trotsky: "Es necesario no haber comprendido nada de lo que se refiere a las relaciones entre clase y partido, entre las masas y sus dirigentes para repetir la frase hueca según la cual las masas [...] no han hecho nada más que seguir a su dirección. Todo lo que se puede decir sobre esto es que las masas, que han intentado sin cesar abrirse un camino hacia la vía correcta han descubierto que la construcción, en el fragor mismo del combate, de una nueva dirección que respondiera a las necesidades de la revolución, era una empresa que sobrepasaba sus propias fuerzas. Estamos en presencia de un proceso dinámico en el cual las diferentes etapas de la revolución se suceden rápidamente, en el curso del cual la dirección, es decir, distintos sectores de la dirección, desertan y se pasan de un solo golpe al lado del enemigo de clase [...]".[15]
En realidad la cuestión del por qué las masas no atendieron el llamado de Mújica radica en que un pueblo está compuesto de clases hostiles y que estas mismas clases están formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas de otras y que tienen diferentes orientaciones y, en medio de tal torbellino, Mújica estaba solo, aislado de las masas como él mismo lo dice en su discurso de renuncia: "Mújica, repito, no es popular". Pero, sigue Trotsky en "Clase, Partido y Dirección": "En realidad, la dirección no es, en absoluto, el ‘simple reflejo' de una clase o el producto de su propia potencia creadora. Una dirección se constituye en el curso de los choques entre las diferentes clases o de las fricciones entre las diversas capas en el seno de una clase determinada. Pero tan pronto como aparece la dirección" -y el cardenismo había surgido escasamente cinco años antes y estaba cubierta de una enorme autoridad frente a las masas por las concesiones que se había visto obligado a conceder- "se eleva inevitablemente por encima de la clase y por este hecho se arriesga" -por un lado expropia a la burguesía, pero, por otro, controla burocráticamente a las masas- "a sufrir la presión y la influencia de las demás clases. El proletariado puede ‘tolerar' durante bastante tiempo a una dirección que ya ha sufrido una total degeneración interna pero que no ha tenido la ocasión de manifestarlo en el curso de los grandes acontecimientos. Es necesario un gran choque histórico para revelar de forma aguda, la contradicción que existe entre la dirección y la clase." A pesar de que el cardenismo actuaba a favor de la burguesía en un sentido histórico, a los ojos de las masas, el cardenismo no se encontraba en proceso de degeneración; antes bien, el cardenismo tenía en las masas a una poderosa base social y lo mismo le daba quién fuese el sucesor de Cárdenas, siempre y cuando lo eligiera él mismo. De hecho, los grandes acontecimientos que vinieron a manifestar la degeneración interna del régimen, sucedieron hasta décadas después con la derrota electoral del heredero del PRM, el PRI en julio del año 2000.
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La renuncia de Mújica a la candidatura presidencial
Así, el 14 de julio de 1939, finalmente el general Mújica renunciaría a la candidatura presidencial. Un día antes, reunió a sus partidarios y dio un discurso que provocó las lágrimas del pintor Diego Rivera, pero esas lágrimas no fueron argumentos suficientes para evitar que después apoyara la candidatura de Almazán. Extraemos algunos párrafos del discurso de renuncia de Mújica, cuya elocuencia habla por sí misma:
"He recorrido el país para sondear mi popularidad en el pueblo y con profunda pena les digo que Mújica, el constituyente, el que ha luchado tanto por las libertades del pueblo, no es popular. Pero si ustedes quieren que salgamos a la calle y formemos barricadas, estoy dispuesto a encabezarlas; sólo que este combate sería estúpido y estéril. Mújica, repito, no es popular. Por lo tanto debo retirarme políticamente, aunque no quiere decir que deje de luchar en pro de la libertad y en contra de los traidores de la Revolución."
Y sigue: "Creí que la lucha democrática se realizaría dentro de un libre juego de ideas en el cual se enfrentaran los sectores de izquierda, del centro y de derecha, para definir el matiz más conveniente de los intereses del pueblo. Creí que el Partido de la Revolución Mexicana dedicaría todas sus actividades y toda la autoridad que le prestaban los compromisos de renovación bajo los cuales surgió a la palestra política, a seleccionar dentro de un ambiente popular amplio y sin taxativas las personalidades adecuadas de las que habría de surgir el candidato del mismo. Creí también, que las fuerzas organizadas de la Revolución Mexicana estarían dispuestas a manifestar sus convicciones y a definir sus intereses sociales y políticos fuera de la tutela de sus directivos, ya que la emisión del voto es una facultad vinculada con el ciudadano, y que la opinión de las fuerzas organizadas emitidas sin consigna sería el timbre de mayor prestigio y la fuerza mejor de sustentación con que podría contar el presidente futuro. Confieso paladinamente y con cierta tristeza que la realidad de los hechos me demostró que yo había sufrido una equivocación en los tres distintos aspectos que señalo. En lugar de un libre examen de las cuestiones nacionales que interesan a los ciudadanos [...] se ha impuesto, desde el primer momento, un intransigente y violento monopolio personalista, defensor de intereses mezquinos y propiciador del continuismo de todos los elementos parasitarios que viven en torno de todos los regímenes.
"[...] una política de imposición que, por otra parte, evidencia su resolución de estar dispuesta a todas las transacciones con tal de alcanzar su finalidad suprema que es el poder por el poder. Pero hay más todavía en este desastre moral del espíritu revolucionario del momento, y es la división hasta la atomización de los trabajadores de los grandes sindicatos de industria que colocados en pequeños grupos dentro de las diversas precandidaturas que se agitan en el palenque de la política presidencial, sólo revelan que no han sabido definir aún el vínculo tan estrecho que hay entre los intereses sociales que ellos mismos representan y la realización política de un medio que es indispensable para hacer realidad tangible la aspiración de los trabajadores.
"[...] la Revolución y el gobierno saliente quedan en condiciones morales de imposibilidad de salvar para el futuro mediante el triunfo legítimo de un candidato revolucionario los frutos de la lucha del pueblo por su mejoramiento y su actuación constituye, a mi parecer, una verdadera y grave responsabilidad para los autores del desprestigiante proceso del Partido, a lo que hay que agregar la descarada y torpe acción de muchos gobernadores de los Estados y de muchos funcionarios de elección popular que, a semejanza de los directores obreros y campesinos, han confiado más a la consigna y a la fuerza de la amenaza, y aun a la persecución, el éxito de sus tendencias políticas que a la protección orgánica, moral y legal de las funciones libres de los ciudadanos organizados.
"Considero por lo mismo, que mi más alto deber es dar por terminada mi tarea de auscultar las posibilidades de figurar como candidato a la presidencia de la República para la próxima sucesión presidencial. Dentro de un régimen como el delineado no soy ni puedo ser popular; ni puedo ni deseo contar con el favor oficial, y no me estimaría a mí mismo si, siendo un candidato revolucionario, tuviera que formar, para hacer valer mi responsabilidad, un núcleo subvencionado con fondos propios o ajenos, pero de procedencia siempre inconfesable.
"A las agrupaciones de trabajadores que con todo valor y conciencia de su responsabilidad han roto las consignas de sus centrales por seguirme; a las fuerzas organizadas del campo que han mantenido la misma actitud; a los maestros, a los jóvenes y a todos los ciudadanos que con tanto entusiasmo han seguido mis ideas como bandera, les pido que no olviden su actitud de izquierda, manteniéndose en su puesto para luchas futuras en que la expresión de la verdadera voluntad popular pueda ser una realidad triunfante."
También incluiría en este discurso de renuncia una alusión a los derechos políticos de las mujeres mexicanas: "Me limitaré a señalarles con insistencia la necesidad de incorporar definitiva e integralmente a la mujer a la lucha política de México, pues ya es unánime convicción que estamos exigiendo a la mujer mexicana e imponiéndole, además, todas las responsabilidades de nuestra lucha social y económica e injustamente la tenemos privada de los derechos necesarios que hagan de ella un elemento complementario de la reconstrucción nacional." Desde hacía un par de años atrás en la cámara de diputados, Cárdenas había impulsado una reforma al artículo 34 constitucional, según el cual, se otorgaría el derecho a voto para las mujeres, pero, a pesar de que sólo faltaba publicarlo en el Diario Oficial de la federación, no se hizo realidad sino hasta 1953. Por considerarlas "conservadoras", los cardenistas temían que las mujeres votaran por Almazán.
Tras su renuncia, Mújica regresó al ejército como jefe de la Zona Militar de Michoacán, cargo que ocupó a partir del 8 de agosto de 1939.
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El día de las elecciones
Las elecciones del 7 de julio 1940, fueron las más sangrientas de la historia posrevolucionaria. Ese día hubo 150 muertos. Sintetiza y habla por sí mismo un párrafo de José Agustín en su Tragicomedia Mexicana I: "La gente acudía a votar en grandes cantidades y, al menos en las ciudades, lo hacían abrumadoramente a favor de Almazán y los candidatos del PRUN. Pero al poco rato llegaban las brigadas del comité pro Ávila Camacho y a balazos hacían huir a votantes y representantes de casilla. Tumbaban las mesas, rompían las urnas y tiroteaban con los almazanistas, que eran muchos y estaban en todas partes. El presidente Cárdenas, acompañado por el subsecretario de Gobernación Agustín Arroyo Ch, daba vueltas en su coche para ver la votación, y constató que la casilla donde él debía votar estaba bien custodiada por las manos almazanistas. Por teléfono Arroyo Ch, urgió a las brigadas a que intervinieran y el presidente pudiera votar en condiciones adecuadas. El grupo choque pronto respondió al llamado. Desde varias cuadras alrededor de la casilla había tiradores en balcones y azoteas, y a todos ellos fueron abatiendo las huestes avilacamachistas, gracias a las ráfagas irrebatible de las ametralladoras Thompson, con que se abrían paso.
"Los defensores capitularon y «previa cañoniza en la cabeza» se fueron uno por uno. [...] Al instante llegaron los bomberos y a manguerazos de alta presión limpiaron las manchas de sangre que había en todas partes; la Cruz Roja, solícita, levantó cadáveres y heridos. Se rearregló la casilla, se puso una nueva urna y así pudo votar el ciudadano presidente y su acompañante Arroyo Ch «qué limpia está la calle», comentó Cárdenas al salir de la casilla, cuenta Santos: yo le contesté: «donde vota el presidente de la República no debe haber basurero». Casi se sonrió, me estrechó la mano y subió en su automóvil. Arroyo Ch, menos hipócrita me dijo: «esto está muy bien regado, ¿qué, van a tener baile?» Yo le contesté: «no chicote, ya lo tuvimos y con muy buena música». Cárdenas se hizo el sordo... ordené a los improvisados miembros de la casilla que pusieran la nueva ánfora de votos, pues iba a ser inexplicable que en la «sagrada urna» sólo hubieran dos votos: el del general Lázaro Cárdenas, Presidente de la República y el de Arroyo Ch, subsecretario de Gobernación. Yo le dije a los escrutadores: «a vaciar el padrón y rellenar el cajoncito, y no discriminen al los muertos, pues todos los ciudadanos tienen derecho a votar»".
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Conclusiones
Un análisis superficial, de simple sentido común, lleva a conclusiones parecidas a esta: "la pujante ofensiva derechista desatada al concluir el sexenio, incidió notablemente en el análisis político hecho por Cárdenas a la hora de tomar la decisión crucial sobre quién debería ser el candidato del PRM a la presidencia de la República. Finalmente fueron las circunstancias coyunturales, y no la simpatías personales del Ejecutivo, las que inclinaron la balanza a favor de Manuel Ávila Camacho y en contra de Francisco J. Múgica; es decir, a la postre pesó más el cálculo racional y desapasionado que indicaba la conveniencia política de optar por un hombre moderado y de bajo perfil, en lugar de imponer como candidato al amigo fiel y combativo izquierdista, ‘representante natural de la continuidad cardenista' cuya fuerte personalidad revolucionaria, sobre todo en esos momentos de reflujo de las fuerzas progresistas, generaría sin duda una mayor confrontación política del gobierno con el bloque reaccionario y, por ende, pondría en grave predicamento el futuro de las reformas sociales alcanzadas por el cardenismo y la sobrevivencia misma del sistema político mexicano".[16]
Pero, "la pujante ofensiva derechista desatada al concluir el sexenio" era simplemente un alarido de pavor de la burguesía frente a la fortaleza y ofensiva del movimiento obrero; lo mismo la formulación de: "sobre todo en esos momentos de reflujo de las fuerzas progresistas" es una lectura absolutamente equivocada de la coyuntura, y de eso dan cuenta las oleadas huelguísticas, la expropiación petrolera, la reforma agraria y el hecho de que la burocratización de las centrales sindicales y del campesinado pobre, haya sido una parte medular del proyecto estratégico del cardenismo, no porque dichas centrales fuesen débiles, sino todo lo contrario; es decir, la burguesía estaba histérica porque estaba en una posición de debilidad extrema. Pero el asunto se plantea como una decisión que nace y muere en la mente de Cárdenas: "pesó más el cálculo racional y desapasionado" y poco antes, "que indicaba la conveniencia política de optar por un hombre moderado y de bajo perfil, en lugar de imponer como candidato al amigo fiel y combativo izquierdista". Y aunque reconoce que "Finalmente fueron las circunstancias coyunturales, y no la simpatías personales del Ejecutivo, las que inclinaron la balanza a favor de Manuel Ávila Camacho y en contra de Francisco J. Múgica", coloca lo decisivo de la coyuntura en afirmar que la "pujante ofensiva derechista" incidió en la decisión de Cárdenas, es decir, según este autor, como la derecha estaba a la ofensiva y había un reflujo de las fuerzas progresistas, Cárdenas optó por un hombre moderado y no por el "amigo fiel y combativo izquierdista, representante natural de la continuidad cardenista", pues, de haber optado por Mújica se hubiese generado "una mayor confrontación política del gobierno con el bloque reaccionario y, por ende, pondría en grave predicamento el futuro de las reformas". Sólo repite como perico las formulaciones del Frente Popular de la época.
Acudimos a la formulación de Héctor Ceballos, porque tiene la cualidad de concentrar en pocas líneas la posición burguesa y estalinista al tratar de explicar el por qué Cárdenas no eligió a Mújica sino a Ávila Camacho como sucesor. Este tipo de análisis superficial, como explica Trotsky, sustituye el condicionamiento dialéctico del proceso histórico por un determinismo mecánico. De ahí esas burlas fáciles sobre el papel de los individuos buenos o malos. La historia es un proceso de lucha de clases.
El general Mújica era un político honesto, bien intencionado, valiente, digno, coherente y de una rectitud moral a prueba,[17] pero era él, su personalidad y un grupo de adherentes sin un programa detallado ni métodos organizativos sino más bien vinculados por la voluntad y el deseo de cambiar las cosas, es decir, Mújica no tenía un partido, ni cuadros, ni estructura organizativa y financiera con independencia de clase, quería utilizar el aparato del PRM -partido que estaba consolidando el poder político de la burguesía-, apoyándose en las masas. La burguesía podía someterse al cardenismo porque no tenía alternativa real -pues la intentona de Almazán no era una alternativa real, sino de desesperación incontrolada de la derecha reaccionaria-, la burguesía se sometía al presidencialismo, al corporativismo y al partido de Estado cardenista, porque el cardenismo estaba velando por sus intereses frente a un movimiento obrero aun pendiente de controlar. Para la burguesía y el imperialismo estaba la opción de apoyarse en el cardenismo, o el ascenso del movimiento obrero sin el control burocrático de las direcciones sindicales les hubiese llevado a peder más posiciones, como ya había sucedido con la nacionalización petrolera. Pero cosa distinta, como lo que esperaba Mújica, era usar el PRM apoyándose en las masas proletarias y del campesinado pobre, para profundizar la revolución más allá de la frontera democrático-burguesa. Por eso topó con pared y viéndose aislado, renunció a la candidatura presidencial.
Guardando las distancias y el sentido de la proporción, los revolucionarios León Trotsky y Francisco Mújica recogieron de la historia el haber sido los herederos "naturales" del poder -uno de Lenin y otro de Cárdenas-, pero no lo consiguieron. La explicación a este hecho similar no radica en las personalidades de ambos. Es típico del corto alcance de la mayoría de los historiadores burgueses, tratar de encontrar explicaciones a sucesos de trascendencia histórica desde la perspectiva de la psicología de las personalidades clave. Es cierto que tiene su peso el papel del individuo en la historia, los marxistas no negamos el papel del individuo en la historia, afirmamos que hay una relación dialéctica entre la personalidad de los elementos clave y los acontecimientos. Trotsky respondió infinidad de veces a la pregunta de por qué había perdido el poder. En su autobiografía, Mi vida, plantea un argumento que bien puede aplicarse también al caso del general Mújica: "Muchas veces me han preguntado, y aun es hoy el día en que hay quien me pregunta: «¿Pero cómo dejó usted que se le fuese de las manos el Poder?» Y generalmente, parece como si detrás de esta pregunta se dibujase la representación simplista de un objeto material que se le resbala a uno de las manos; como si el perder el Poder fuese algo así como perder el reloj o un carnet de notas. Cuando un revolucionario que ha dirigido la conquista del Poder empieza, llegado un cierto momento, a perderlo -sea por vía «pacífica» o violentamente-, ello quiere decir, en realidad, que comienza a iniciarse la decadencia de las ideas y los sentimientos que animaran en una primera fase a los elementos directivos de la revolución, o que desciende de nivel el impulso revolucionario de las masas, o ambas cosas a la vez". Y más adelante dice: "Pero en el terreno internacional, la revolución iba de descalabro en descalabro, y el compás de espera no hizo más que favorecer al reformismo nacional y fortificó automáticamente a la burocracia stalinista contra mí y mis amigos."
Por su parte Mújica -cuya rectitud moral, honorabilidad a prueba y sobre todo su intransigencia en los principios de la revolución proletaria, le llevaron a evitar a toda costa conquistar posiciones de poder por medio de componendas burocráticas-, tenía en contra a todo el aparato burocrático del PRM que estaba perfectamente alineado con la estrategia de la burguesía de domesticar a las dirigencias del movimiento obrero y del campesinado pobre, usando a Cárdenas como interlocutor y ejecutor ante los trabajadores del campo y la ciudad. Esto explica cabalmente el porqué el "gran elector", Lázaro Cárdenas, optó como su sucesor por Manuel Ávila Camacho y no por Francisco Mújica.
Un elemento clave en que se ubica la frustrada candidatura presidencial de Mújica, es la consolidación del estalinismo con todo su significado histórico, esto es, el descarrilamiento de la revolución mundial y, con ello, una ofensiva poderosa contra el movimiento obrero y el campesinado pobre en todos los hemisferios del planeta. Las purgas llevadas a cabo por Toledano de los auténticos comunistas de las filas de la CTM, tienen la misma base material que las intrigas y ataques llevadas a cabo por Portes Gil, bajo la anuencia de Cárdenas, contra la campaña presidencial de Francisco J. Mújica. El objetivo de la burguesía era consolidar su régimen remando contra corriente por el nuevo ascenso de la lucha de clases que había obligado a la nacionalización del petróleo.
En un domingo sin muchos planes, los lectores de la Fundación Federico Engels-México, pueden visitar el Museo mural Diego Rivera en la "Plaza de la solidaridad" a un costado de la Alameda central de la Ciudad de México y encontrarán que el general Mújica sueña junto con tres personas, simbolizadas por un trabajador, un soldado y un campesino, sobre la democracia política completa en México. Sueñan con el cumplimiento de los ideales de Madero, del "sufragio efectivo y no reelección". Sin duda, al respecto del pensamiento político de Mújica, Diego Rivera fue muy parcial y muy corto en su mural, pues Mújica comprendía cabalmente que la democracia burguesa es sólo el otro lado de la moneda de la dictadura del gran capital, que el destino de la humanidad no es: "democracia o dictadura", sino "socialismo o barbarie". El 13 de abril de 1954, muere en la ciudad de México, el general revolucionario Francisco J. Mújica, quien naciera el 4 de septiembre de 1884 en Tingüindín, Michoacán.
Samuel Santibáñez y Rubén Rivera
http://www.militante.org
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