Alfonso Cuarón, Luis Mandoki, los Otros Miles de Abajo Firmantes;
Queridos Todos:
A la distancia de tres semanas resulta conmovedor nuestro entusiasmo. Nos fuimos reuniendo por internet, por teléfono, cara a cara, los abajo firmantes de un desplegado para pedir a los Jueces de la Suprema Corte algo que parecía simple: que siendo Jueces se portaran como Jueces y juzgaran responsabilizar al Gobernador de Puebla del atropello de los derechos humanos de una ciudadana, Lydia Cacho.
¿Cómo podían no juzgarlo así? El país entero lo había escuchado por la radio y la televisión y por youtube y lo había leído y releído en la prensa: el Góber Precioso de Puebla se inculpaba a sí mismo en una conversación telefónica.
Simple: se ufanaba de que por su mano (“no nos va a temblar la mano”, dice en la conversación usando el plural de los reyes) le iba a dar “a esa vieja cabrona”, es decir la ciudadana Cacho, “unos coscorrones”, que resultaron ser su secuestro en Cancún, su tortura y su encarcelamiento. A vuelo de pájaro, como cinco delitos se acumulan en los “coscorrones” dados por el Rey de Puebla.
Pero queríamos públicamente decirle a los Jueces: Muchos los estamos observando; muchos esperamos de ustedes esa simpleza espléndida: que siendo Jueces juzguen con justicia.
Bueno, sabíamos que la práctica de los desplegados es antigua en México y que raramente ha tenido efectos. Pero nos decíamos que ahora México es distinto. Que sí, los Jueces parece que ahora sí se han decidido a ser Jueces. Que el Presidente no es ya un priista impuesto por su antecesor, sino que se debe a los electores ciudadanos, y quién quita y se porta como Presidente de los ciudadanos. Y que la presidenta del PRI –qué cosa milagrosa– es mujer, feminista y de izquierda.
Por tanto, también nosotros quisimos ser unos abajo firmantes novedosos y pensamos en cómo diferenciar nuestro desplegado de otros desplegados del pasado. Para empezar, darle una redacción menos oficiosa. Por eso el encabezado con aire literario: Había una vez un pederasta que estaba protegido por sus muy poderosos amigos...
También pensamos en ampliar la base de abajo firmantes. Que no fueran 200, que fueran miles. Y para eso la periodista Katia D’Artigues fue clave. Abrió la convocatoria en su blog, que sólo en un día recibió cerca de 7 mil visitantes.
También se decidió que los firmantes no fueran sólo nacionales.
Naomi Klein escribe en su libro No Logo, biblia de los alter-mundistas que los cambios del futuro para los ciudadanos de a pie ocurrirán internacionalmente o no ocurrirán. Es una idea marxista. Cambie uno “la lucha del proletariado internacional unido” por “la lucha de las sociedades civiles internacionales”. Bueno, la misma Naomi Klein llamó a varios canadienses y estadunidenses para que firmaran y ofreció republicar el desplegado en algunos periódicos fuera de México. Igual solidaridad y trabajo ofrecieron otros extranjeros, célebres y no.
Y otra diferencia, y con la misma intención de ampliar la identidad de la llamada sociedad civil. Se invitó a firmar a varios empresarios. ¿Por qué tendría que ser la sociedad civil sólo la clase media: la clase universitaria? Acaso esa ha sido una de las debilidades de la organización de los civiles en México. Pensamos que mientras más amplia la sociedad civil, desde luego será más poderosa.
Dos, tres, cuatro días los celulares y los emails de Cuarón, de Mandoky, de Iñárritu, de Zepeda Patterson, de Frida Torresblanco, de Otros Más Que No Conozco, en México, en EU, en Canadá, en Europa, estuvieron dedicados al desplegado. Lo dicho: Katia D‘Artigues lo hizo accesible a miles en su blog. Al último momento Yoko Ono se apuntó, pero quedó fuera.
¡Estábamos tan seguros del poder de lo nuevo, pero sobre todo del poder de lo simple! Vaya, las preparaciones para celebrar la resolución de la Suprema Corte empezaron al mismo tiempo que la recolección de firmas.
Ja ja ja.
La resolución fue otra. La Suprema Corte pospuso “indefinidamente” un dictamen. Y el que festejó fue el Rey de Puebla, que anda suelto y sonriendo.
¿Qué pasó?
Para qué ofrezco una hipótesis; mejor reproduzco la que gira por todos lados, en columnas de periódico y cafés del país. Los Jueces negociaron con Felipe Calderón que negoció el voto del PRI a favor de la Reforma Fiscal panista con la presidenta del PRI que negoció a favor de su propia autoridad con las fuerzas más perversas del PRI que protegen al muy oscuro Gobernador de Puebla que protege a un industrial llamado Kamel Nacif que protege a un pederasta que tiene una red internacional de turismo de pederastas que violan a niños y niñas mexicanos de entre 4 y 12 años.
No hay que ser clarividente para trazar esta cadena de complicidades. Basta ser mexicano. Basta haber sido educado en un país donde cadenas igual de largas que desembocaban en delitos igual de atroces han sido uso y costumbre de la clase política.
Bienvenidos al pasado.
Aunque el símbolo acaso sea el peor de nuestra historia patria: los políticos negociando entre sí por encima de la ley con el innoble resultado de permitir la violación de niños y niñas.
Fuimos simples y pensamos que este país ya merecía ser simple también. Que en México la sal ya podía ser llamada sal, el pan pan, el vino vino: los Jueces ya se atreverían a ser Jueces, una política feminista y según ella proba sería eso, feminista y proba. Sin embargo, Luis, Alfonso, me pregunto: ¿fuimos zonzos?
No. Los zonzos, los débiles son ellos.
El presidente Calderón se igualó a los presidentes más perversos del ayer; la presidenta del PRI Beatriz Paredes desmintió en una semana una imagen pública construida cuidadosamente durante 34 años –¿quién diablos va a creerle desde hoy que es una feminista y que es de izquierda?–; y los Jueces se quebraron cuando apenas empezaban a erigirse como un poder autónomo creíble.
Mentira que hay algo escrito en la realidad. La realidad la escribimos cada día. En esta cadena de espanto pudo haber alguien –Alguien: una sola persona–, con integridad y las agallas suficientes para erguirse sobre la mediocridad usual de nuestra clase política y romper un eslabón. Su eslabón. Con eso hubiera bastado.
Por ejemplo, Beatriz Paredes pudo optar por pedir desde el interior del PRI la renuncia del Gobernador y exigir hacia fuera un sucesor priista; por ejemplo, los Jueces pudieron crecerse con un fallo inobjetable y establecerse como el bastión nacional de la credibilidad; por ejemplo, Calderón, en lugar de colocarse por encima de la ley, pudo “tomar la ley en la mano como una espada” para empoderar su presidencia. (La expresión es de Francisco I. Madero, por cierto.)
Pero la mediocridad es un fango hondo y pegajoso. Es más fácil no ser que ser. Más fácil reproducir el pasado que esforzarse por dar un paso adelante. Y si el presidente del país, la presidenta del PRI y los Jueces se empantanaron en el pasado, tristemente y sin quererlo, los abajo firmantes del desplegado también.
¡Qué justa indignación la nuestra! ¡Qué impotencia más exaltada! ¡Qué ineficacia tan consabida! ¡Dios santo, qué profunda flojera!
La pregunta para nosotros es ahora cómo salir del pasado. Cómo no cumplir con el papel archiconocido de indignados puros e inútiles. Cómo desencajar nuestra energía de la exaltación de nuestra impotencia.
Lo primero, me escribe desde Italia Alfonso Cuarón, es sacar las cuentas de lo que sí sucedió bien en este ejercicio civil y considerarlo nuestra ganancia. 1. reunirnos tan rápido y fácil y tantos para cooperar, 2. romper con un nacionalismo caduco, y 3. romper con un aislacionismo de clase social.
Luego, nosotros sí, ponerle nombres verdaderos a las cosas. Aquí están los que operan por encima de la ley, aquí los que exigen la ley.
¿Y luego?
Queridos Luis, Alfonso, Lydia, Jorge, Katia, Naomi, Denise, Marina, Isabelle, Agustín, Carlos, Carmen, José, Todos Ustedes Los Miles de Abajo Firmantes: luego no nos queda más remedio que inventar algo aún más nuevo y que sea por fin eficaz.
Queridos Todos:
A la distancia de tres semanas resulta conmovedor nuestro entusiasmo. Nos fuimos reuniendo por internet, por teléfono, cara a cara, los abajo firmantes de un desplegado para pedir a los Jueces de la Suprema Corte algo que parecía simple: que siendo Jueces se portaran como Jueces y juzgaran responsabilizar al Gobernador de Puebla del atropello de los derechos humanos de una ciudadana, Lydia Cacho.
¿Cómo podían no juzgarlo así? El país entero lo había escuchado por la radio y la televisión y por youtube y lo había leído y releído en la prensa: el Góber Precioso de Puebla se inculpaba a sí mismo en una conversación telefónica.
Simple: se ufanaba de que por su mano (“no nos va a temblar la mano”, dice en la conversación usando el plural de los reyes) le iba a dar “a esa vieja cabrona”, es decir la ciudadana Cacho, “unos coscorrones”, que resultaron ser su secuestro en Cancún, su tortura y su encarcelamiento. A vuelo de pájaro, como cinco delitos se acumulan en los “coscorrones” dados por el Rey de Puebla.
Pero queríamos públicamente decirle a los Jueces: Muchos los estamos observando; muchos esperamos de ustedes esa simpleza espléndida: que siendo Jueces juzguen con justicia.
Bueno, sabíamos que la práctica de los desplegados es antigua en México y que raramente ha tenido efectos. Pero nos decíamos que ahora México es distinto. Que sí, los Jueces parece que ahora sí se han decidido a ser Jueces. Que el Presidente no es ya un priista impuesto por su antecesor, sino que se debe a los electores ciudadanos, y quién quita y se porta como Presidente de los ciudadanos. Y que la presidenta del PRI –qué cosa milagrosa– es mujer, feminista y de izquierda.
Por tanto, también nosotros quisimos ser unos abajo firmantes novedosos y pensamos en cómo diferenciar nuestro desplegado de otros desplegados del pasado. Para empezar, darle una redacción menos oficiosa. Por eso el encabezado con aire literario: Había una vez un pederasta que estaba protegido por sus muy poderosos amigos...
También pensamos en ampliar la base de abajo firmantes. Que no fueran 200, que fueran miles. Y para eso la periodista Katia D’Artigues fue clave. Abrió la convocatoria en su blog, que sólo en un día recibió cerca de 7 mil visitantes.
También se decidió que los firmantes no fueran sólo nacionales.
Naomi Klein escribe en su libro No Logo, biblia de los alter-mundistas que los cambios del futuro para los ciudadanos de a pie ocurrirán internacionalmente o no ocurrirán. Es una idea marxista. Cambie uno “la lucha del proletariado internacional unido” por “la lucha de las sociedades civiles internacionales”. Bueno, la misma Naomi Klein llamó a varios canadienses y estadunidenses para que firmaran y ofreció republicar el desplegado en algunos periódicos fuera de México. Igual solidaridad y trabajo ofrecieron otros extranjeros, célebres y no.
Y otra diferencia, y con la misma intención de ampliar la identidad de la llamada sociedad civil. Se invitó a firmar a varios empresarios. ¿Por qué tendría que ser la sociedad civil sólo la clase media: la clase universitaria? Acaso esa ha sido una de las debilidades de la organización de los civiles en México. Pensamos que mientras más amplia la sociedad civil, desde luego será más poderosa.
Dos, tres, cuatro días los celulares y los emails de Cuarón, de Mandoky, de Iñárritu, de Zepeda Patterson, de Frida Torresblanco, de Otros Más Que No Conozco, en México, en EU, en Canadá, en Europa, estuvieron dedicados al desplegado. Lo dicho: Katia D‘Artigues lo hizo accesible a miles en su blog. Al último momento Yoko Ono se apuntó, pero quedó fuera.
¡Estábamos tan seguros del poder de lo nuevo, pero sobre todo del poder de lo simple! Vaya, las preparaciones para celebrar la resolución de la Suprema Corte empezaron al mismo tiempo que la recolección de firmas.
Ja ja ja.
La resolución fue otra. La Suprema Corte pospuso “indefinidamente” un dictamen. Y el que festejó fue el Rey de Puebla, que anda suelto y sonriendo.
¿Qué pasó?
Para qué ofrezco una hipótesis; mejor reproduzco la que gira por todos lados, en columnas de periódico y cafés del país. Los Jueces negociaron con Felipe Calderón que negoció el voto del PRI a favor de la Reforma Fiscal panista con la presidenta del PRI que negoció a favor de su propia autoridad con las fuerzas más perversas del PRI que protegen al muy oscuro Gobernador de Puebla que protege a un industrial llamado Kamel Nacif que protege a un pederasta que tiene una red internacional de turismo de pederastas que violan a niños y niñas mexicanos de entre 4 y 12 años.
No hay que ser clarividente para trazar esta cadena de complicidades. Basta ser mexicano. Basta haber sido educado en un país donde cadenas igual de largas que desembocaban en delitos igual de atroces han sido uso y costumbre de la clase política.
Bienvenidos al pasado.
Aunque el símbolo acaso sea el peor de nuestra historia patria: los políticos negociando entre sí por encima de la ley con el innoble resultado de permitir la violación de niños y niñas.
Fuimos simples y pensamos que este país ya merecía ser simple también. Que en México la sal ya podía ser llamada sal, el pan pan, el vino vino: los Jueces ya se atreverían a ser Jueces, una política feminista y según ella proba sería eso, feminista y proba. Sin embargo, Luis, Alfonso, me pregunto: ¿fuimos zonzos?
No. Los zonzos, los débiles son ellos.
El presidente Calderón se igualó a los presidentes más perversos del ayer; la presidenta del PRI Beatriz Paredes desmintió en una semana una imagen pública construida cuidadosamente durante 34 años –¿quién diablos va a creerle desde hoy que es una feminista y que es de izquierda?–; y los Jueces se quebraron cuando apenas empezaban a erigirse como un poder autónomo creíble.
Mentira que hay algo escrito en la realidad. La realidad la escribimos cada día. En esta cadena de espanto pudo haber alguien –Alguien: una sola persona–, con integridad y las agallas suficientes para erguirse sobre la mediocridad usual de nuestra clase política y romper un eslabón. Su eslabón. Con eso hubiera bastado.
Por ejemplo, Beatriz Paredes pudo optar por pedir desde el interior del PRI la renuncia del Gobernador y exigir hacia fuera un sucesor priista; por ejemplo, los Jueces pudieron crecerse con un fallo inobjetable y establecerse como el bastión nacional de la credibilidad; por ejemplo, Calderón, en lugar de colocarse por encima de la ley, pudo “tomar la ley en la mano como una espada” para empoderar su presidencia. (La expresión es de Francisco I. Madero, por cierto.)
Pero la mediocridad es un fango hondo y pegajoso. Es más fácil no ser que ser. Más fácil reproducir el pasado que esforzarse por dar un paso adelante. Y si el presidente del país, la presidenta del PRI y los Jueces se empantanaron en el pasado, tristemente y sin quererlo, los abajo firmantes del desplegado también.
¡Qué justa indignación la nuestra! ¡Qué impotencia más exaltada! ¡Qué ineficacia tan consabida! ¡Dios santo, qué profunda flojera!
La pregunta para nosotros es ahora cómo salir del pasado. Cómo no cumplir con el papel archiconocido de indignados puros e inútiles. Cómo desencajar nuestra energía de la exaltación de nuestra impotencia.
Lo primero, me escribe desde Italia Alfonso Cuarón, es sacar las cuentas de lo que sí sucedió bien en este ejercicio civil y considerarlo nuestra ganancia. 1. reunirnos tan rápido y fácil y tantos para cooperar, 2. romper con un nacionalismo caduco, y 3. romper con un aislacionismo de clase social.
Luego, nosotros sí, ponerle nombres verdaderos a las cosas. Aquí están los que operan por encima de la ley, aquí los que exigen la ley.
¿Y luego?
Queridos Luis, Alfonso, Lydia, Jorge, Katia, Naomi, Denise, Marina, Isabelle, Agustín, Carlos, Carmen, José, Todos Ustedes Los Miles de Abajo Firmantes: luego no nos queda más remedio que inventar algo aún más nuevo y que sea por fin eficaz.
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