Proceso
Al servicio del narcotráfico ‘y del poder político’, buena parte de las policías del país opera bajo las estructuras del viejo régimen priista creado entre 1929 y 1931, el cual no se pudo romper con la alternancia del 2 de julio de 2000 y sigue contaminando cualquier intento de cambio”, sostiene Alejandro Gertz Manero, quien fue secretario de Seguridad Pública en el gobierno de Vicente Fox y es uno de los personajes que mejor conoce el entramado policiaco mexicano, así como sus fallas.
Jubilado del servicio público en agosto de 2004 –quizás en el momento de mayor emergencia que enfrentó Fox por los embates de la delincuencia–, Gertz asegura que el esquema policiaco actual ha fracasado frente al crimen organizado debido a que está construido para servir al poder político en turno y, al mismo tiempo, al narcotráfico. Este modelo –afirma– fue creado por la “dictadura perfecta” encabezada por el PRI, misma que fue extremadamente poderosa hasta 1968.
Desde su perspectiva y a la luz de los ensayos policiaco-militares realizados durante casi siete meses de gobierno por el presidente Felipe Calderón y el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, Gertz considera que nada funcionará mientras no haya un verdadero cambio en el país y una concepción distinta del Estado. El exfuncionario federal va más allá de las fallas en la lucha contra la delincuencia y señala que, a pesar de la alternancia política de 2000, no se han destruido los cimientos del viejo sistema político engendrado por el PRI.
En su oficina de la colonia Roma, donde despacha como rector de la Universidad de las Américas, en entrevista con Proceso Gertz plantea:
“El problema de la policía no se ha podido resolver porque no se ha visto en toda su dimensión. La policía es una estructura vertical que se hizo para servir al poder y no a la justicia ni a la sociedad. Eso es lo que hace que los policías locales, municipales y estatales ejerzan un control, pero se vuelven cómplices, sicarios, encubridores y socios de los narcotraficantes.” En resumen, Gertz afirma que la descomposición policiaca es un problema de concepción de Estado y definición sistémica.
–¿Dónde empieza y hasta dónde termina esta poderosa estructura viciosa? –se le pregunta.
–Empieza desde la cúpula del poder y termina en el policía de barrio. Es un proyecto sistémico concebido por (Plutarco Elías) Calles y (Emilio) Portes Gil, quienes tuvieron una visión muy aguda en materia de seguridad y justicia. Construyeron un sistema al servicio del poder, para que cada uno de los habitantes de este país supiéramos que si teníamos algo de seguridad o de justicia se lo debíamos al poder, no a la sociedad. Y a través de la policía, se creó un instrumento de represión, de control político y subsidiariamente de servicios a la sociedad en donde ellos (se refiere a los detentadores del poder) imponían su voluntad.
Con base en su análisis, Gertz sostiene que lo grave no es sólo la descomposición de la policía, sino de todo el aparato de justicia creado por la dictadura priista. Dice:
“La reparación del daño es verdaderamente una burla. A pesar de lo que digan uno o dos artículos del Código Penal, yo no creo que haya alguien al que le hayan reparado alguna vez el daño. Luego siguen los jueces, toda una estructura que cuando no estaba al servicio del poder tal vez nos hacían caso. Así funcionó esto desde 1931 y sigue funcionando igual hasta la fecha.”
Sin cambios
El exfuncionario dice que todo este sistema que sirve al poder y al crimen era sostenido en parte por el gobierno represor que tuvo mucha fuerza hasta 1968, pero la gran explosión de ese año hizo que el gobierno “empezara a tener un doble lenguaje; es decir: ‘me voy a hacer menos torturador, pero no voy a cambiar mis estructuras’. Todo esto nada más para los efectos de una imagen externa, porque la policía siguió siendo –como hasta ahora– una estructura vertical que cuando es necesario se usa para la represión”.
–¿Qué cambió en este país con la alternancia?
–¿Se está usted burlando de mí? Los esfuerzos que individualmente cualquier gobierno o jefe de la policía o procurador puedan hacer en forma personal, ¿qué pueden significar para una estructura que está hecha para servir verticalmente al poder, y que cuando surgen poderes de facto que van creciendo también les sirve a éstos?
“El policía se pone de acuerdo con los que explotan y controlan los delitos en su zona. Pero no se pone de acuerdo con los ciudadanos o con los miembros de la comunidad; a ésos les da atole con el dedo”, dice.
–¿Esto quiere decir que policía, poder y delincuencia cohabitan en una sola estructura?
–Es una estructura vertical que se hizo para servir al poder, no a la justicia ni a la sociedad. Eso es lo que hacen los policías locales, municipales, estatales; todos controlan y se vuelven cómplices, sicarios, encubridores, socios. ¿De quiénes? De los narcotraficantes…
Protagonista de la Operación Cóndor –la batalla contra el narcotráfico más larga de los últimos años–, Gertz sostiene que el problema de la crisis policiaca se explica por el incremento de los delitos relacionados con el narcotráfico.
De ser un país exportador de drogas, México se transformó en un mercado potencial de consumo:
“Ahora ya no sólo somos un país de tránsito. Conforme se crearon nuevos sistemas de producción de drogas y México fue visto como un mercado potencial brutal, los problemas empeoraron. El dinero de la droga no está tanto en producirla, sino en la calle, en la comercialización, en el último vendedor.”
La explosión del narcotráfico y del consumo de drogas provocó, según Gertz, que los delitos relacionados con estas actividades crecieran hasta en 700% en los últimos años. Hay ciudades –dice– que están convertidas en mercados colosales y los pleitos por esos mercados y por ese dinero son a muerte. Y como el sistema policiaco ocupa las estructuras de convivencia para dominarlas y se maneja operando con el delito, los policías se convirtieron en cómplices, en beneficiarios, en sicarios.
–¿Este diagnóstico que usted expone fue planteado en su oportunidad al presidente de la República?
–Siempre encontré en el presidente y los miembros del gabinete una voluntad de resolver el problema. Nunca tuve la percepción de que se negaran a ello, eso lo tengo muy claro. Lo que pasa es que los gobernantes creen que el sistema es muy bueno y que lo que se necesita es que llegue alguien que lo haga funcionar.
–Es una visión tramposa…
–Es una contradicción. Es cierto, el sistema no es bueno. Yo no creo que los 380 mil policías sean unos delincuentes, eso no es cierto. Lo que pasa es que son así o no funcionan debido a que el mismo sistema los contamina.
–¿Cómo cambiarlo?
–Debe reconstruirse. Es necesario crear un nuevo sistema sobre otras bases. Es imposible hacer que un sistema se vuelva bueno, cuando en el fondo no se desea que esto ocurra. El sistema estuvo hecho como se lo describí y les funcionó a quienes lo hicieron perfecto. Aunque el sistema se acabó parcialmente, sus estructuras quedaron incólumes. Entonces, si usted está metido en medio de la ruina de un sistema, sin nada que lo sustituya, pues no funciona.
“¿Qué ocurre cuando llega un jefe policiaco que tiene una intención sana –los ha habido, dice Gertz con una marcada sonrisa–. Bueno, que se está enfrentando no a los delincuentes, sino a la estructura, y es ahí donde viene el problema.”
Jubilado del servicio público en agosto de 2004 –quizás en el momento de mayor emergencia que enfrentó Fox por los embates de la delincuencia–, Gertz asegura que el esquema policiaco actual ha fracasado frente al crimen organizado debido a que está construido para servir al poder político en turno y, al mismo tiempo, al narcotráfico. Este modelo –afirma– fue creado por la “dictadura perfecta” encabezada por el PRI, misma que fue extremadamente poderosa hasta 1968.
Desde su perspectiva y a la luz de los ensayos policiaco-militares realizados durante casi siete meses de gobierno por el presidente Felipe Calderón y el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, Gertz considera que nada funcionará mientras no haya un verdadero cambio en el país y una concepción distinta del Estado. El exfuncionario federal va más allá de las fallas en la lucha contra la delincuencia y señala que, a pesar de la alternancia política de 2000, no se han destruido los cimientos del viejo sistema político engendrado por el PRI.
En su oficina de la colonia Roma, donde despacha como rector de la Universidad de las Américas, en entrevista con Proceso Gertz plantea:
“El problema de la policía no se ha podido resolver porque no se ha visto en toda su dimensión. La policía es una estructura vertical que se hizo para servir al poder y no a la justicia ni a la sociedad. Eso es lo que hace que los policías locales, municipales y estatales ejerzan un control, pero se vuelven cómplices, sicarios, encubridores y socios de los narcotraficantes.” En resumen, Gertz afirma que la descomposición policiaca es un problema de concepción de Estado y definición sistémica.
–¿Dónde empieza y hasta dónde termina esta poderosa estructura viciosa? –se le pregunta.
–Empieza desde la cúpula del poder y termina en el policía de barrio. Es un proyecto sistémico concebido por (Plutarco Elías) Calles y (Emilio) Portes Gil, quienes tuvieron una visión muy aguda en materia de seguridad y justicia. Construyeron un sistema al servicio del poder, para que cada uno de los habitantes de este país supiéramos que si teníamos algo de seguridad o de justicia se lo debíamos al poder, no a la sociedad. Y a través de la policía, se creó un instrumento de represión, de control político y subsidiariamente de servicios a la sociedad en donde ellos (se refiere a los detentadores del poder) imponían su voluntad.
Con base en su análisis, Gertz sostiene que lo grave no es sólo la descomposición de la policía, sino de todo el aparato de justicia creado por la dictadura priista. Dice:
“La reparación del daño es verdaderamente una burla. A pesar de lo que digan uno o dos artículos del Código Penal, yo no creo que haya alguien al que le hayan reparado alguna vez el daño. Luego siguen los jueces, toda una estructura que cuando no estaba al servicio del poder tal vez nos hacían caso. Así funcionó esto desde 1931 y sigue funcionando igual hasta la fecha.”
Sin cambios
El exfuncionario dice que todo este sistema que sirve al poder y al crimen era sostenido en parte por el gobierno represor que tuvo mucha fuerza hasta 1968, pero la gran explosión de ese año hizo que el gobierno “empezara a tener un doble lenguaje; es decir: ‘me voy a hacer menos torturador, pero no voy a cambiar mis estructuras’. Todo esto nada más para los efectos de una imagen externa, porque la policía siguió siendo –como hasta ahora– una estructura vertical que cuando es necesario se usa para la represión”.
–¿Qué cambió en este país con la alternancia?
–¿Se está usted burlando de mí? Los esfuerzos que individualmente cualquier gobierno o jefe de la policía o procurador puedan hacer en forma personal, ¿qué pueden significar para una estructura que está hecha para servir verticalmente al poder, y que cuando surgen poderes de facto que van creciendo también les sirve a éstos?
“El policía se pone de acuerdo con los que explotan y controlan los delitos en su zona. Pero no se pone de acuerdo con los ciudadanos o con los miembros de la comunidad; a ésos les da atole con el dedo”, dice.
–¿Esto quiere decir que policía, poder y delincuencia cohabitan en una sola estructura?
–Es una estructura vertical que se hizo para servir al poder, no a la justicia ni a la sociedad. Eso es lo que hacen los policías locales, municipales, estatales; todos controlan y se vuelven cómplices, sicarios, encubridores, socios. ¿De quiénes? De los narcotraficantes…
Protagonista de la Operación Cóndor –la batalla contra el narcotráfico más larga de los últimos años–, Gertz sostiene que el problema de la crisis policiaca se explica por el incremento de los delitos relacionados con el narcotráfico.
De ser un país exportador de drogas, México se transformó en un mercado potencial de consumo:
“Ahora ya no sólo somos un país de tránsito. Conforme se crearon nuevos sistemas de producción de drogas y México fue visto como un mercado potencial brutal, los problemas empeoraron. El dinero de la droga no está tanto en producirla, sino en la calle, en la comercialización, en el último vendedor.”
La explosión del narcotráfico y del consumo de drogas provocó, según Gertz, que los delitos relacionados con estas actividades crecieran hasta en 700% en los últimos años. Hay ciudades –dice– que están convertidas en mercados colosales y los pleitos por esos mercados y por ese dinero son a muerte. Y como el sistema policiaco ocupa las estructuras de convivencia para dominarlas y se maneja operando con el delito, los policías se convirtieron en cómplices, en beneficiarios, en sicarios.
–¿Este diagnóstico que usted expone fue planteado en su oportunidad al presidente de la República?
–Siempre encontré en el presidente y los miembros del gabinete una voluntad de resolver el problema. Nunca tuve la percepción de que se negaran a ello, eso lo tengo muy claro. Lo que pasa es que los gobernantes creen que el sistema es muy bueno y que lo que se necesita es que llegue alguien que lo haga funcionar.
–Es una visión tramposa…
–Es una contradicción. Es cierto, el sistema no es bueno. Yo no creo que los 380 mil policías sean unos delincuentes, eso no es cierto. Lo que pasa es que son así o no funcionan debido a que el mismo sistema los contamina.
–¿Cómo cambiarlo?
–Debe reconstruirse. Es necesario crear un nuevo sistema sobre otras bases. Es imposible hacer que un sistema se vuelva bueno, cuando en el fondo no se desea que esto ocurra. El sistema estuvo hecho como se lo describí y les funcionó a quienes lo hicieron perfecto. Aunque el sistema se acabó parcialmente, sus estructuras quedaron incólumes. Entonces, si usted está metido en medio de la ruina de un sistema, sin nada que lo sustituya, pues no funciona.
“¿Qué ocurre cuando llega un jefe policiaco que tiene una intención sana –los ha habido, dice Gertz con una marcada sonrisa–. Bueno, que se está enfrentando no a los delincuentes, sino a la estructura, y es ahí donde viene el problema.”
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