Leyendo el número de febrero de 2008 de la excelente revista de divulgación científica Scientific American, costumbre que intento mantener desde hace más de tres décadas, encontré una breve nota firmada por Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Haddad y Miguel A. L. Nicolelis, cuyo título es Brazil’s Option for Science Education (La opción brasileña por la educación científica), que me provocó sentimientos encontrados. Por un lado, me emocionó la estrecha colaboración y la participación conjunta del gobierno brasileño (Lula y Haddad son el presidente y el ministro de educación de Brasil, respectivamente) y un renombrado científico brasileño (Nicolelis es codirector de un centro de neuroingeniería de la Universidad de Duke, Estados Unidos) en un ambicioso proyecto de educación científica nacional. Por el otro, debo admitir que sentí un chispazo de celos, al contrastar la triste situación de la ciencia en nuestro país y, particularmente, la ausencia de un plan semejante para cambiar las perspectivas de desarrollo científico y tecnológico en México, debido a la casi nula comunicación entre nuestros gobernantes y científicos. |
“México es paradisíaco e indudablemente infernal”, le escribe Malcolm Lowry a Jonathan Cape. A un amigo le confiesa: “México es el sitio más apartado de Dios en el que uno pueda encontrarse si se padece alguna forma de congoja; es una especie de Moloch que se alimenta de almas sufrientes”. JV.
sábado, febrero 23, 2008
Brasil y México: dos caminos hacia el futuro
Alejandro Frank*
*Director del Instituto de Ciencias Nucleares, Universidad Nacional Autónoma de México.
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