sábado, febrero 23, 2008

Literatura y realidad

La noticia

¿Sin batería en el móvil? Salga a pasear

ALICIA RIVERA

Una persona, al caminar, puede producir energía suficiente como para alimentar 10 teléfonos móviles, unos cinco vatios de potencia eléctrica. No hace falta correr, pero hay que ponerse unos arneses especiales en las rodillas. ¿Para qué? No hay que olvidar que uno lleva a menudo varias baterías encima, no sólo en el móvil, sino también en el iPod, en el ordenador o en la máquina de fotos, así que aprovechar la conversión de energía que hace el organismo -por ejemplo, al comer una barrita de cereales- en electricidad puede resultar interesante. Estos generadores colocados en las rodillas lo hacen. El sistema ha sido desarrollado en el laboratorio de ingeniería biomédica de la Universidad Simon Fraser (Canadá). Max Donelan y su equipo lo presentan en Science.

El caminante no tiene que hacer un esfuerzo físico significativamente mayor si lleva los aparatos puestos que si pasea sin ellos, pero si acelera el paso su rendimiento energético aumenta, hasta el punto de generar 13 vatios, lo que se traduciría en carga para hablar media hora por el móvil con sólo un minuto andando.


"Hay 100 veces más energía en una barrita de cereales que en una batería del mismo tamaño", explica Donelan, y "los humanos son eficientes conversores de energía química". Hay que tener en cuenta que esta eficiencia es aproximadamente de un 25%, mientras que los motores de los coches sólo extraen en torno al 18% de la energía de la gasolina y el resto se pierde en forma de calor.

No es que este dispositivo sea el primero que se inventa para aprovechar la energía del caminante, pero es especialmente eficaz y ligero. El arnés de la rodilla, siendo un prototipo, pesa 1,6 kilogramos, y un modelo industrial rondaría el kilogramo. Llevarlo puesto no interfiere con el paso.

¿Cómo funciona? Donelan dice que es algo así como el sistema de recuperación de energía del frenado en los coches híbridos. El generador sólo cosecha energía al final de cada paso, es decir, cuando los músculos están trabajando para contener el impulso de la rodilla. Para saber cuánta energía gasta la persona al usarlo, los investigadores canadienses han medido en seis voluntarios su consumo del oxígeno y producción de dióxido de carbono.

Tal vez no se ponga de moda este generador para su uso diario para evitar cargar el móvil, pero los investigadores han puesto el punto de mira en varias aplicaciones: unos serían los soldados, que suelen acarrear baterías pesadas para alimentar los aparatos electrónicos que llevan, pero también sería útil para proporcionar energía a las prótesis de personas que han sufrido amputaciones, o para el GPS durante una caminata, o para la máquina de fotos...

El cuento

Baby H. P.

Juan José Arreola

Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña.

El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares.

De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica.

Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.

El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu, puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico.

Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo, de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía.

Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P. atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos explicativos que se obsequian en cada aparato.

El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P. Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.

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