miércoles, enero 31, 2007

La frontera entre la influencia y la originalidad

Gustavo escribió:

O. Paz en su libro: Los privilegios de la vista, relata brevemente el descubrimiento de la escultura de la diosa Coatlicue, “la de la falda de serpientes”.

Pues resulta que sucede que en 1790, mientras unos trabajadores realizaban unas obras municipales, al remover el piso de la Plaza Mayor descubrieron la colosal escultura. El Virrey Revillagigedo [1] ordenó que la llevaran a la Real y Pontificia Universidad de México. La escultura fue colocada al lado de unas copias de obras grecorromanas donadas por Carlos III. Pocos meses después, los académicos optaron por volverla a enterrar en el mismo lugar en donde la encontraron. “La imagen azteca no sólo podía avivar entre los indios la memoria de sus antiguas creencias sino que la presencia en los claustros era una afrenta a la idea misma de belleza”. Pero por ahí un erudito de nombre Antonio de León y Gama se dio la oportunidad de realizar una descripción de la escultura y “de otra piedra que había sido encontrada cerca de ella: el Calendario Azteca”. Gracias a esas notas publicadas en 1804 en Roma, el sabio Humboldt pudo leerlas y en su estancia en México pidió que lo dejaran examinarla. Las autoridades aceptaron su petición pero cuando el sabio sació su curiosidad la volvieron a enterrar.

Fue hasta después de la Independencia que la sacaron recorriendo varios lugares de la Universidad Primero la arrumbaron en un patio, luego en un pasillo, y ahora ocupa un lugar privilegiado en el Museo Nacional de Antropología.

Esto no es más que el reflejo de las paradojas con nuestra identidad, que en sus inicios fue un misterio teológico para los misioneros españoles. En el siglo XVIII la Coatlicue Mayor abandonó el espacio sobrenatural. En el siglo XX ingresó al terreno de la especulación estética y antropológica. “Deja el templo por el museo, cambia de naturaleza y no de apariencia”.

Para los europeos el descubrimiento de América fue la aparición de otra realidad. América no cabía en la visión tradicional del mundo ya que no estaba regida por “el principio trinitario” sino por la cifra cuatro: cuatro destinos, cuatro dioses, cuatro colores, cuatro eras, cuatro trasmundos, etc. El cuarto continente fue como la Coatlicue, la revelación visible y tangible de una historia.

Como relata O. Paz, “a diferencia de lo que ocurría con los persas, egipcios o babilonios, las civilizaciones de América no eran más antiguas que la europea: eran radicalmente diferentes, una otredad”.

El aislamiento fue la causa de su originalidad. Por más aisladas que hayan estado las otras civilizaciones del Mediterráneo, Cercano Oriente, la India, el Extremo Oriente, podemos constatar que los persas y los europeos pasaron por la India, que el budismo indio penetró en China, Corea y Japón, etc. Para no variar el proceder occidental, por supuesto que existieron muchas tentativas para eliminar ciertas diferencias como por ejemplo aquella que sostuvo el jesuita Kircher que por sus pirámides la civilización de México era una versión ultramarina de la de Egipto, cuando sabemos que las primeras eran templos sagrados para venerar a sus dioses y las segundas tumbas para enterrar a sus faraones. Otro ejemplo más actual, fue el de Toynbee que reducía a seis las civilizaciones realmente originales: la egipcia, la sumeria, la sínica, la minoica, la maya y la andina [2]. Como menciona Paz, “las cuatro primeras pronto entraron en relación. Sería enorme el catálogo de lo que deben los griegos a los egipcios, los chinos a los indios, etc. En cambio las civilizaciones de los Andes y Mesoamericana que Toynbee llama con inexactitud maya, nacieron solas y solas crecieron. Los antiguos mexicanos no tuvieron más remedio que inventarlo todo, desde la agricultura, las armas, la escritura, los dioses y la astronomía. Inclusive el maíz, base de nuestra alimentación, no es una planta silvestre sino un híbrido, producto del ingenio humano. Nada más legítimo que hacer del maíz una divinidad: arquetipo de las creaciones humanas. Los mayas concibieron una religión que también era astronomía”. En fin existen arqueólogos, etnólogos, antropólogos y demás que han profundizado en el estudio del origen del hombre americano y en sus semejanzas con otras civilizaciones como la china [3]. Sin embargo, la diferencia reaparece, la otredad fue y es irreductible.

Nota: cuando Gibran pregunta ¿qué hay de indígena en cada uno de nosotros? Sin el afán de simplificar, algo que se me ocurre es precisamente el maíz. Francamente, no imagino a un mexicano que no se sienta identificado con él.

En la construcción de nuestra identidad se han conjugado dos rupturas: la Conquista y la Independencia. La primera con el indígena, la segunda con el novohispano. Y fue precisamente la Revolución Mexicana una tentativa por reanudar esos dos lazos rotos. Y es por eso que considero que el zapatismo está más vivo que nunca. Inclusive el mismo zapatismo ha sido victima de las reducciones y mal entendidos. Ya lo han tratado de etiquetar, en el mejor de los casos, de marxismo-leninismo o de castrismo-guevarismo, cuando es un movimiento original en su totalidad. Sus principios no se pueden explicar fuera de nuestra historia. Pero bueno, pienso dedicarle un escrito únicamente a ese tema junto con la Otra Campaña.

Siguiendo el enfoque de O. Paz con respecto a la modernidad (que no necesariamente comparto del todo). Dijo que era una enfermedad inevitable. O sea, necesitamos modernizarnos pero con la condición de adoptar y adaptar [4]. Este precepto es muy importante y de sumo cuidado porque se adoptará la modernidad siempre y cuando se adapte al genio de nuestro pueblo. Un claro ejemplo artístico fue el barroco de la Nueva España en donde no sólo lo adoptamos sino lo adaptamos, lo hicimos nuestro y posiblemente hasta lo mejoramos en relación al Español [5]. La problemática ahora es que la modernidad, que lleva en su vientre el culto al progreso, ya vimos que no nos lleva a ningún lugar. Estamos desmentidos. Entonces ¿Para qué adoptarla? Claro, pareciera como si estuviese hablado hace más de 20 años atrás ya que desde De la Madrid y más con el salinismo pasamos a ser el ejemplo prematuro del país neoliberal para todo el planeta!

[1] Presenta el Museo de Arte Popular la muestra: Muerte sin fin... una cotidianeidad. Ubicado en un magnífico edificio de Independencia y Revillagigedo.
[2] Un artículo relacionado:
http://www.proceso.com.mx/revistaint.html?arv=139449&sec=10
[3] La pensée cosmologique des anciens mexicains de Jacques Soustelle.
[4] Une planète et quatre ou cinq monde de O. Paz
[5] Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe de O. Paz

Pedro escribió:

Sobre lo comentado por Gustavo en relación a los templos mesoamericanos y egipcios.

“Las primeras eran templos sagrados para venerar a sus dioses, y las segundas eran tumbas para enterrar a sus faraones”

Considero que este argumento no es válido en todos los casos para la arqueología de nuestros días. Hoy sabemos que existen varias pirámides mesoamericanas que funcionaron como tumbas reales o incluso sacerdotales. Los ejemplos más famosos son el Templo de las Inscripciones en Palenque, Chiapas. Este fabuloso edificio cuya cámara funeraria puede ser visitada fue la tumba del gobernante Pakal II. Otro ejemplo lo encontramos en Teotihuacan. En la llamada Ciudadela, dentro del templo de Quetzalcóatl fueron encontrados alrededor de 20 cuerpos ricamente ataviados, lo que hace pensar a los arqueólogos que se trató de sacerdotes que probablemente habían sido sacrificados. Por otro lado, según los más recientes trabajos de los arqueólogos Rubén Cabrera Castro del INAH y Saburo Sugiyama de la Universidad Prefectual de Aichi, Japón, se han descubierto entierros en el interior de la pirámide de la Luna. A la fecha las investigaciones continúan y mediante un interesante sistema de emisiones de onda se están tratando de encontrar cámaras funerarias en la Pirámide del Sol también.

No creo conveniente entrar en detalles en relación con las diferencias evidentes entre la cultura egipcia y la mesoamericana. Simplemente resultan interesantes las grandes similitudes, lo que nos habla de la unidad en la especie humana, identidad que va más allá de los nacionalismos.

Comentario a lo escrito por Paz.

“Los antiguos mexicanos no tuvieron más remedio que inventarlo todo desde la agricultura, la escritura, los dioses y la astronomía “

Sin tener preparación como etnólogo o antropólogo para negar tajantemente esta aseveración, puedo afirmar que hasta hoy en día existe un violento conflicto entre los estudiosos de este campo. Se discuten dos teorías diametralmente opuestas: el paralelismo (similar a lo planteado por Paz) o la difusión. El primero nos habla de un desarrollo independiente de las culturas del Nuevo Mundo con respecto a Eurasia; la segunda defiende la posibilidad de transmisión de cultura por medio del contacto entre grupos migratorios provenientes de Asia a través del Pacífico. Un defensor de la teoría sobre el paralelismo fue por ejemplo A.V. Kidder quien aseguró que “el ser humano posee un impulso innato para dar ciertos pasos definitivos hacia lo que nosotros llamamos civilización”

El punto de vista contrario por ejemplo, fue adoptado por Leo Frobenius, quien defendía que las aldeas plantadoras de la América ecuatorial eran una prolongación de un estilo cultural que ya había encontrado desde Sudán hasta la isla de Pascua. Por otro lado sostuvo que los grupos de cazadores provenientes de Asia y que cruzaron por el estrecho de Bering viajando por América verticalmente hacia el sur se encontraron en algún momento de la historia con un eje horizontal de migraciones marítimas provenientes de Polinesia que tenían prácticas agrícolas. El resto son estudios de Carbono 14 que todavía son discutidos por los antropólogos para determinar qué tan tardío fue el supuesto contacto entre aquellas migraciones provenientes de Oceanía con respecto a las culturas de América. En este debate interdisciplinario han participado desde botánicos, antropólogos, etnólogos, paleontólogos e incluso filólogos, dadas algunas semejanzas interesantes entre vocablos del sureste asiático y sudamérica (por ejemplo, la batata o papa dulce se llama en los dialectos locales kumar en Perú y kumara en Polinesia).

Sobre el origen del maíz (si he seguido correctamente la cita, esto también fue escrito por Paz).

“Inclusive el maíz, base de nuestra alimentación, no es una planta silvestre, sino un híbrido, producto del ingenio humano”

Efectivamente el maíz, como lo conocemos actualmente es producto del ingenio humano al ser resultado de una domesticación. Simplemente mencionaré que en un reciente estudio efectuado por el antropólogo Arturo Warman y publicado en su libro Historia de un bastardo, maíz y capitalismo, se expresa otro debate presente en nuestros días: el todavía misterioso origen del maíz. Apoyado en los métodos del naturalista suizo Alphonse de Candolle, Warman se mantiene afirmando que el maíz es una especie originaria de América, afirmación basada en estudios que nuevamente van de lo lingüístico a lo botánico. En el caso del maíz, la teoría del difusionismo antes mencionada parece derrumbarse ante la evidencia de una planta y la cultura de su domesticación que no aparecieron en el Viejo Mundo hasta después de la conquista. Como dato adicional Warman menciona el curioso descubrimiento que se hizo durante las excavaciones para la construcción de la Torre Latinoamericana en el Centro de la Ciudad de México. Al realizar los trabajos de cimentación del edificio se encontró polen de maíz o de su ancestro silvestre, polémica que todavía persiste.
El polen fue fechado unos 80,000 años atrás, mucho antes de la ocupación del hombre en América. Esto ha desatado cualquier cantidad de controversias, pero da cuenta del lugar geográfico en donde posiblemente el maíz fue domesticado a partir de un ancestro silvestre: el centro-sur de México.

Sobre el zapatismo y sus principios.

Gustavo comenta:
“El zapatismo es un movimiento original en su totalidad”
“Los principios del zapatismo no se pueden explicar fuera de nuestra historia”

Sobre estos comentarios, haré referencia al aparato intelectual detrás del movimiento de Emiliano Zapata, en el que tengo entendido se inspira el zapatismo de Marcos.

Sin quitar mérito al movimiento de Zapata, vale la pena citar brevemente algunas de las ideas de las cuáles el movimiento se alimentó. Si bien las raíces de su ideario, expresado en el Plan de Ayala, pueden encontrarse desde el sistema social y económico presente entre el México prehispánico (en los calpullis, por ejemplo), el zapatismo tiene también una honda relación con el anarquismo, movimiento que tiene su origen en la Europa de finales del siglo XIX. Este vínculo no responde a una coincidencia histórica, sino a una profunda confluencia de ideas. El antropólogo Eric Wolf ha expresado que “Los campesinos rebeldes son anarquistas naturales. La utopía de los campesinos es la aldea libre: para el campesino el Estado es algo negativo, un mal que debe reemplazarse lo más pronto posible por su propio orden social de carácter doméstico” El anarquismo en este sentido agrario defiende a lo rural con respecto a lo urbano, a lo “doméstico” o “local” con respecto a lo “nacional”.

Como lo han expresado algunos historiadores del zapatismo como el ya clásico John Womack, el tan conocido lema “ Tierra y libertad “ fue tomado por Zapata de Regeneración, la edición publicada por Ricardo Flores Magón el 19 de Noviembre de 1910. A su vez, Flores Magón tomó este lema de Alexander Herzen, escritor y teórico político ruso opuesto al régimen zarista. Por otro lado, el propio Zapata leyó, por consejo de Andrés Molina Enríquez, obras de Alexeivich Kropotkin, revolucionario ruso y teórico del anarquismo, dando una fuerte influencia al ideario social del Plan de Ayala. Por último vale la pena mencionar que en el movimiento zapatista participaron otros intelectuales como fue el caso de Antonio Díaz Soto y Gama, anarquista cristiano que se integró al movimiento en abril de 1914.

Desde mi punto de vista el gran asunto ideológico por resolver del zapatismo actual se encuentra en la fuerza y debilidad de su propia referencia histórica: Zapata. La siempre presente paradoja anarquista a resolver: si la revolución zapatista atacaba la “conquista de ilusorios derechos políticos”, entonces ¿quién tendría en sus manos el mejoramiento en la economía de los mexicanos?, ¿ no es acaso la idea de “el poder para todos “ una utopía que va en contra de la misma naturaleza humana y su lucha por el poder ? La no resolución de esta paradoja trajo como consecuencia el natural aislamiento del zapatismo y la derrota que significó no haberse convertido en un proyecto para todo el país. Fue el choque inminente entre la lucha de la aldea contra el proyecto Nación. En la resolución de este conflicto está el éxito de nuestra economía agraria y las manos que la trabajan.

Con base en esto, se puede concluir que todo estudio de los principios contenidos en un movimiento social o político no solamente deben explicarse partiendo del contexto local de nuestra historia, sino a través de una perspectiva que incluya a todas las corrientes ideológicas del mundo y su paso por nuestra aldea mexicana. Como diría alguna vez Gaudí: “La originalidad es volver al origen”

Bibliografía:
A.V. Kidder. Proceedings of the American Philosophical Society.
Campbell, Joseph. The masks of god.
Krauze, Enrique. El amor a la tierra: Emiliano Zapata. Biografía del poder. FCE.
Warman, Arturo. Historia de un bastardo, maíz y capitalismo.

Gustavo escribió:

Quiero hacerle justicia a varios puntos, a mí parecer interesantes, que ha expuesto Pedro.

Entre la influencia y la originalidad
1.- Escribí en relación a los templos mesoamericanos y egipcios:
“Las primeras eran templos sagrados para venerar a sus dioses, y las segundas eran tumbas para enterrar a sus faraones”
Luego Pedro mostró con varios ejemplos que no es válido el argumento que escribí y terminó con el siguiente comentario:

“No creo conveniente entrar en detalles en relación con las diferencias evidentes entre la cultura egipcia y la mesoamericana. Simplemente resultan interesantes las grandes similitudes, lo que nos habla de la unidad en la especie humana, identidad que va más allá de los nacionalismos.”

Con el fin de pasar un poquito de información reciente al respecto, les envío la liga a un artículo de El Universal que habla sobre el monolito encontrado por los arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana frente al Templo Mayor de Tenochtitlan que representa a Tlaltecuhtli. Se plantea la hipótesis de que el monolito pudiera ser una lápida mortuoria en honor de Ahuízotl, octavo rey de Tenochtitlan, quien gobernó los destinos de la Triple Alianza entre 1486 y 1502 d.C: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/50565.html

2.- Escribí algo que Octavio Paz había escrito

“Los antiguos mexicanos no tuvieron más remedio que inventarlo todo desde la agricultura, la escritura, los dioses y la astronomía“

Después Pedro comentó que lo anterior sigue siendo un tema de investigación y que ha sido abordado por, al menos, dos enfoques: el paralelismo y la difusión.

Ahora mi comentario va con la intención de reivindicar la postura de Paz. Esto lo hago porque en el mismo libro de donde lo tomé también dice lo siguiente:

“La civilización del México antiguo no fue enteramente original: ningún especialista niega las relaciones e influencias entre las culturas de Norte, Sur y Mesoamérica. Por otra parte, el hombre americano es de origen asiático. Los primeros inmigrantes, que deben haber llegado a Norteamérica hacia el fin del pleistoceno, sin duda traían ya con ellos los rudimentos de una cultura [...] El origen asiático de los americanos explica tal vez las numerosas similitudes entre la China pre-confuciana y las civilizaciones americanas [...] mencionadas por Miguel Covarrubias...”

Entre las similitudes de las que habla Paz, me parecen interesantes las del simbolismo cosmogónico: el dualismo del yin y yang entre los chinos y la divinidad dual en México, el monstruo de la tierra, la serpiente o el dragón emplumados, el calendario astrológico. Y como lo había mencionado, una referencia es: La pensée consmologique des anciens mexicains de Jacques Soustelle. Allí se presentan cuadros comparativos. Paz comenta que también el antropólogo estructuralista Levi-Strauss destaca esta concepción dualista entre los chinos y las tribus de Amazonia. Sin embargo, en palabras de Paz, “toda esa lista de semejanzas o analogías no significan forzosamente que haya habido influencia directa de la civilización china en América”.

Una postura distinta es la del profesor alemán Walter Krickeberg que dice que las culturas de América aparecieron bruscamente. El profesor habla de la cultura Olmeca y la del Chavín en los Andes.

Una vez descartada la influencia Occidental, los ojos de los investigadores voltearon hacia Asia. Paz construye una serie de argumentos que invalidan de alguna manera la hipótesis sobre Asia: “La teoría asiática no me convence pero me impresiona. Si la reprueba mi razón, mi sensibilidad la acoge...”

Me encantaría escribir todo lo que dice Paz, al fin y al cabo es un poeta. Sin embargo, sólo voy a escribir otra partecita que está bien chida (o sea, interesante en este contexto) y en la que noto una influencia de Levi-Strauss (a lo mejor me equivoco):

“Los genetistas piensan que la evolución no es gradual sino por mutaciones más o menos bruscas. Lo mismo sucede en la prehistoria y en la historia: la revolución del neolítico fue un salto y otro salto fue la irrupción de las grandes civilizaciones urbanas en Sumeria, Egipto, y el valle del Indo. La lingüística y la antropología confirman que el tránsito de lo simple a lo complejo no es un hecho constante: las lenguas de los llamados primitivos no son menos complejas que las de los civilizados...”

En fin, Paz concluye más o menos diciendo que si existen civilizaciones originarias entonces esas son las de Mesoamérica.

Para terminar, me gustaría escribir algo de lo que menciona uno de nuestros estudiosos del pensamiento y desarrollo de nuestra civilización originaria: Miguel León-Portilla. Bueno, lo que menciona es sobre los orígenes del cosmos.

“Según el pensamiento indígena, el mundo había existido no una, sino varias veces. Habían existido ya cuatro soles y cuatro tierras anteriores a la época presente. En estas edades, había tenido lugar cierta evolución en espiral, con la aparición de formas cada vez más perfectas de seres humanos, plantas y alimentos. Cuatro fuerzas primordiales: agua, tierra, fuego y viento. Curiosa coincidencia con el pensamiento clásico de Occidente y del Asia.”

Como ejemplo a lo que comenta León-Portilla, en los celtas, que llegaron de Galicia a Irlanda, la práctica de los cultos al aire libre a lo largo del año agrícola estaban motivados por las divinidades que simbolizaban las fuerzas de la naturaleza: el viento, la tierra, el agua y el fuego.

3.- Sobre el origen del maíz, le transfiero el micrófono a Gibran para que nos hable acerca de “sin maíz no hay país”.

4.- Sobre el zapatismo y sus principios, mando mis comentarios por separado (apachúrrale aquí).

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