martes, junio 19, 2007

Ernesto Cardenal y Marcos

Adriana Malvido Y Armando Ponce

El poeta nicaragüense vuelve a México. Estuvo en un festival en Hermosillo, Sonora, con el subcomandante Marcos; ofreció la lectura de un texto, Polvo de estrellas, sobre la utopía social, ante los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, y dio un recital de su poesía invitado por el delegado de Coyoacán, Heberto Castillo hijo. Su más reciente visita fue hace tres años a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en donde presentó sus memorias. La crónica de sus presentaciones actuales y la charla inédita se presentan a continuación, dando paso a una voz irreductible donde se conjuntan el amor, Dios y la revolución.

HERMOSILLO, SON.- A las ocho de la noche del día primero de este mes, el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia en esta ciudad se llenó de gente y de expectativa. Afuera, en las calles, una Luna llena iluminaba la ciudad. Pero dentro, cientos de personas se sabían testigos de un encuentro histórico iluminado por la palabra, por la poesía, por la lucha social, por la utopía. Y sentados o de pie, vieron entrar juntos a dos iconos de nuestro tiempo: el poeta Ernesto Cardenal y al subcomandante Marcos.

En medio de los aplausos, el hombre de la pipa y el de la boina negra llegaron al pódium junto con la poetisa mexicana Lina Zerón, quien organizó el diálogo, entre el “que renunció a su estatus de tormenta, cubriéndose la cara con un sencillo pasamontañas para ser sólo gota de lluvia, para dejar que sea el pueblo el que vea claro (...) y el “demiurgo de la palabra” en cuya obra “confluyen varios poetas: el tradicional y el vanguardista, el religioso y el revolucionario (…) el cristiano alejado del Vaticano para dedicarse a la única Iglesia verdadera: la de los pobres”.

El XII Encuentro Hispanoamericano de Escritores “Horas de junio”, organizado por la Universidad de Sonora y que este año llevó por título y afán “Tributo a Ernesto Cardenal”, llevaba ya ríos de poesía y de narraciones a cargo de más de 200 participantes de diversas regiones de México y diferentes países, cuando apareció en el programa el subcomandante Marcos. Se encontraba en Vicam, Sonora, organizando el próximo Encuentro Continental de los Pueblos Indios, cuando se sumó al homenaje, lo que Cardenal aceptó de inmediato por la admiración que le tiene a él y al movimiento zapatista.

Con dos rosas blancas en la mano “de los zapatistas para Ernesto Cardenal”, Marcos recitó a Martí: Cultivo una rosa blanca/ en junio como en enero/ para el amigo sincero que me da su mano franca. Y continuó para hablar de la flor de la palabra, de la historia de dolor y esperanza “que es la nuestra”, de cuando los niños jugaban con granos de maíz y estrellas, de la luna como “una herida de luz en el cielo”, del espejo de oro que impidió ver a los gobiernos falsos, de las cosas que ya estaban y se habían olvidado, del año de 1994 cuando se rompió la imagen de un pueblo resignado al tirano, de la libertad “que como el sexo, es adictiva, pero contagiosa también”, y de Sombra, el Guerrero –nombre con el que firma las cartas eróticas de su nuevo libro Noches de fuego y desvelo– que se apoderó de él para decir: “que ella me admita en el alto vuelo de su sueño”.

Y llegó la palabra de Cardenal. Para conmover, para hechizar, para emocionar hasta los límites. Primero reprodujo un diálogo entre Madero y Villa donde se habla de que la Revolución Mexicana “ya terminó”, hasta que irrumpe Zapata para afirmar: “No, no ha acabado la revolución”. Aquí, dijo Cardenal, “está el sub Marcos. No se ha acabado la revolución”.

Siguió con una gesta a Sandino y su ejército alegre cuyo himno de guerra era “una canción de amor: La Adelita”. Y “en homenaje a Marcos y a México” recitó sus poemas a Nezahualcóyotl: “el rey, poeta, filósofo y guerrillero… sus palabras eran verdaderas”. Sólo el canto, citó, nos hace famosos. No la guerra.

El auditorio enmudecía. Y Cardenal cobraba fuerza, voz, presencia poética, mientras recitaba sus poemas a “Las ciudades pérdidas” y recordaba las de las acrópolis tropicales, las de los mayas, que no amurallaban sus ciudades, las de los arcos en los templos que eran una copia de sus chozas, donde la religión era aceptada libremente y no por opresión, las de las pirámides (…)

Estos y otros poemas forman parte del nuevo libro de Cardenal: Cantares mexicanos, en edición especial de la Universidad de Sonora que se divide en cinco apartados: Cantares mexicanos, Nezahualcóyotl, Los tlamatinimes, In Xóchitl in Cuícatl, y Quetzalcóatl.

Ya en medio de una ovación, Cardenal continuó con el siguiente poema a Laureano, un joven campesino de Solentiname que murió combatiendo a “la contra” revolución en la frontera con Honduras. Era su amigo y su monaguillo, el que decía las más malas palabras con mayor pureza, el que lo hizo pensar que “si ya hemos nacido desahuciados, qué mejor que morir héroe y mártir”. Pero a Laureano, recordó, “le valía verga la muerte”. En la sala no se oía ni un respiro cuando Cardenal concluyó: “(…) Yo quisiera morir con vos y decir desde el cielo: ‘¡me valió verga la muerte!’”.

El aplauso estalló como trueno. Y Dios “con quien tengo trato cercano”, dijo Cardenal, “debe estar riéndose de todo esto y de mí”.



En Coyoacán



El teatro Hugo Argüelles de la delegación Coyoacán fue insuficiente para un público entusiasta que siguió sin pestañear el recital de Cardenal, dentro del ciclo Autores y Lectores en Coyoacán, donde con su típica cotona blanca de los campesinos nicaragüenses, sus jeans y su boina negra, fue presentado por Heberto Castillo hijo, ahora delegado, y de nuevo la poetisa Lina Zerón.

Aquel destacó como palabra central definitoria de la vida y obra del poeta, la del compromiso, y ésta le agradeció “habernos hecho soñar y conquistar los horizontes internos”.

Cardenal realizó un viaje poético por diversas etapas de su obra, desde los sencillos y delicados epigramas (“te doy Claudia estos versos, para que tú los leas”), la Oración para Marilyn Monroe, el Salmo V, Resurrección, fragmentos de su Canto Nacional, recordó en Las ciudades perdidas a los mayas y les rindió homenaje, Viajar en la noche, Nezahualcóyotl, una loa a Sandino, Amanecer (sobre un recuerdo de Solentiname), Las loras, y su elegía a Laureano Mairena.

En el diálogo con el público recordó la influencia que ejerció sobre su poesía Walt Whitman, pero resaltó su tributo al rey-poeta-guerrillero de Texcoco al decir: “Que mi canto no sea en vano”. Recibió de una mujer un “gracias por existir y por el amor que nos ha dado”, y de otra el agradecimiento “por lo que usted me ha influido con su poesía”, al tiempo que recitaba aquel breve poema “Sin tarjetas de crédito, sin chequera y sin cuenta en un banco, me siento más seguro que un niño en los brazos de su madre”.

Para despedirse dijo:

“Amé mucho a México y lo sigo amando, no sólo a la Ciudad de México, sino a la República de México. México fue como mi segunda patria. Yo sólo tengo dos patrias: Nicaragua y México. Estudié cuatro años en la Universidad Nacional, después otros dos con los Benedictinos en Cuernavaca, y he estado viviendo como 20 veces más.”

–En este complejo mapa de América Latina en el momento actual, ¿qué piensa del regreso de los sandinistas al poder en Nicaragua, del regreso de la derecha en México y del futuro de la izquierda en América Latina? –le preguntó Proceso, a quien Cardenal saludó durante su fundación enviando un poema, Valle de Cuernavaca/Desde el monasterio (No. 7, 20 de diciembre de 1976).

–De México no tengo por qué hablar. Ustedes saben mejor lo que hay en México que lo que puedo saber yo. De Nicaragua les puedo decir que el sandinismo que llegó es un falso sandinismo, el de Daniel Ortega y su mujer, no es izquierda, está aliado con lo peor, con el expresidente Alemán, el ladrón más grande de América. Y también con los somocistas, con la contra, con el cardenal Ovando, que ha sido siniestro en Nicaragua, eso es lo peor, está gobernando en Nicaragua una pareja, nada más un matrimonio, Daniel Ortega mandado por su mujer, porque manda sobre él, eso es lo que hay en Nicaragua. El verdadero sandinismo es todos los que estamos en la oposición de Daniel Ortega. No quiero mencionar nada de México, cantidad de cosas similares, pero…

Y estallaron risas y grandes aplausos para despedirlo.

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