Era cosa de tiempo: desde la década pasada se anunció que publicitadas acciones policiacas como el aseguramiento de toneladas de droga y detenciones de capos acabarían con el cártel del Golfo. Sin embargo, el grupo sobrevivió a la detención y deportación de sus jefes, se volvió más violento y ahora se disputa las principales plazas con los cárteles de Sinaloa y de Juárez. No obstante, la administración de Felipe Calderón sigue aplicando la misma “medicina”.
El cártel del Golfo, la segunda organización criminal más poderosa del país, ha sido la más golpeada en los últimos dos sexenios. Tan duros han sido los embates que en distintas etapas la Procuraduría General de la República (PGR) declaró en crisis irreversible a ese grupo criminal y dio por hecho su exterminio por la falta de liderazgo.
En enero de 1996, tras la deportación a Estados Unidos de Juan García Ábrego, jefe supremo del cártel, la PGR expresó en voz del entonces coordinador general de Investigaciones, José Luis Santiago Vasconcelos:
“El cártel del Golfo tiende a desaparecer. Sin cabeza, sin jefe, sin mando, ese grupo entrará en crisis y lo que vendrá será su desaparición. Cuando falta el líder toda la estructura se desordena, entran en conflicto sus integrantes y sobreviene la pugna por alcanzar el poder.”
En marzo de 2003, con la captura de Osiel Cárdenas Guillén y varios miembros del cártel –entre ellos un buen número de Los Zetas originales–, la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), en esas fechas también bajo el mando de Vasconcelos, volvió a vaticinar la desaparición del cártel del Golfo.
“Es cosa de tiempo”, dijo en aquella ocasión el subprocurador.
Sin embargo, golpes van y vienen; las bajas en sus filas son numerosas, lo mismo que las detenciones de zetas, que a la fecha suman más de 50 en todo el país y desde que inició la persecución en su contra, a principios de esta década.
Los desaparecidos por secuestros y levantones son incalculables. Por si fuera poco, se reforzaron las acometidas militares y policiacas en Tamaulipas, sede del grupo criminal, con lo que aumentaron el acoso y las persecuciones. A pesar de ello, el cártel del Golfo muestra la fortaleza de su cimentación y su bonanza en todas las regiones que domina. De hecho, su poder abarca una veintena de estados, de acuerdo con una radiografía de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) a la que este semanario tuvo acceso.
Según el documento, esa organización aparentemente se quedó sin cabeza luego de la detención de Osiel Cárdenas. Pero el grupo siguió con vida: se fraccionó en bloques, cada uno con un representante. De esta manera mantuvo el control en Tamaulipas y más tarde extendió su presencia a Guerrero, Michoacán, Jalisco, Estado de México, Nuevo León y Coahuila, donde –de acuerdo con el diagnóstico– rivaliza con los cárteles de Sinaloa y de Juárez.
A finales de 2004, la PGR logró acreditar que Cárdenas Guillén seguía dirigiendo el cártel del Golfo desde el penal de La Palma, donde estaba recluido; se dijo entonces que mediante radios Nextel (entonces no había tecnología para intervenirlos) giraba instrucciones a los miembros de la organización.
Cárdenas Guillén dio muestras de su poder aun en prisión. Lo mismo se comunicaba a los noticiarios de radio y de televisión –como la ocasión en que dio una entrevista telefónica al periodista Carlos Loret de Mola, en la que acusó a funcionarios de la PGR de exigirle fuertes sumas de dinero–, y se daba el lujo de enviar tractocamiones a Tamaulipas para distribuirlos el Día del Niño.
En una conversación telefónica, supuestamente grabada por los órganos de inteligencia del gobierno (Proceso 1460), Osiel Cárdenas le dijo a su interlocutor que a todos los miembros del cártel les había dejado un lugar. “Estos cabrones –sus socios– no tienen por qué pelearse. Yo siempre me preocupé y traté de estar preparado, porque sabía que esto me iba a pasar.
“Siempre –añadía– traté de evitar eso (los choques y pugnas) y ahorita (se refería a lo que pasaba en 2004) van bien; todos los muchachos que traía yo, siguen; o sea, 100% haciéndome caso de lo que les digo.”
Los otros cabecillas
Antes como ahora, con líder o sin él, el cártel del Golfo parece ser una organización a prueba de embates y sacudidas. El informe de la SSP lo confirma, y establece: “Después de la extradición de Juan García Ábrego (que más bien fue deportación) surgió una desarticulación en la estructura del cártel del Golfo por falta de mando que trató de capitalizar Osiel Cárdenas Guillén, que se vio reflejada en la existencia de múltiples grupos operativos en Tamaulipas y que extendieron su presencia en Veracruz y Tabasco con un nuevo elemento: un nivel de violencia nunca antes visto”.
Para la SSP, actualmente los nuevos jefes regionales del cártel del Golfo son Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta, hermano de Osiel; Héctor y Gregorio Sauceda Gamboa; Zeferino Peña Cuéllar, Don Zefe; Carlos Landín Martínez, El Puma; Alfonso Lam Liu, El Gordo Lam, y Jesús Enrique Rejón, El Mamito.
En el orden de mando, por encima de estas jefaturas estarían Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, jefe supremo de lo que se conoce como “el otro ejército”: Los Zetas.
El informe de la SSP, elaborado por José Patricio Patiño Arias, subsecretario de Estrategia e Inteligencia Policial de la dependencia, describe al cártel del Golfo como “la organización criminal más violenta y peligrosa del país”.
Y enseguida se refiere a las regiones del país que están bajo el dominio del cártel:
“Su zona de operación se concentra en Tamaulipas, con áreas de influencia en Michoacán, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Después de la detención de Benjamín Arellano Félix (jefe del cártel de Tijuana) se manejó la versión de que las organizaciones del Golfo y los Arellano habían firmado una alianza; sin embargo, nunca se ha observado la presencia de la organización del Golfo más allá de Coahuila y Tamaulipas en el norte del país.”
Por dentro, el cártel tiene otra estructura, según la visión de uno de sus miembros históricos: Mateo Díaz López, El Comandante Mateo, desertor del Ejército y pieza de Los Zetas en Campeche y Tabasco.
Detenido en julio de 2006, Díaz López pintó un escenario muy diferente a lo que asienta el informe de la SSP. Este personaje le declaró a la PGR que el máximo líder del cártel es Eduardo Costilla, El Coss, quien fue jefe de la plaza con sede en el puerto de Tampico, Tamaulipas, donde el pasado viernes 5 el Ejército Mexicano aseguró 11 toneladas de cocaína, presuntamente propiedad de Costilla, que estaban listas para pasar a Estados Unidos.
El testimonio está registrado en la averiguación previa PGR/SIEDO/UIEDCS/122/2006. En el expediente, el también conocido como Z-10 habló sobre la estructura del cártel en el país y, además de los líderes ya citados, mencionó a otros.
Dijo, por ejemplo, que Miguel Treviño, identificado en el grupo como L-40, representa al cártel en Nuevo Laredo “y le rinde cuentas a Lazcano, ya que le tiene mucha confianza”; Juan Carlos de la Cruz Reyna, El JC –detenido hace mes y medio en un restaurante de Polanco– era el jefe de la plaza de Tampico.
Además, declaró que El Junior “es el encargado del municipio de San Fernando”, en tanto que hasta marzo de este año Efraín Teodoro Torres, El Chispa o Z-14 (también desertor del Ejército) se responsabilizaba de Veracruz. El Comandante Mateo reveló que otra pieza clave del cártel era Javier Solís Garduza, El Loro Huasteco, de quien dijo: “Hace mucho tiempo que no sabemos de él”.
En Guerrero, uno de los estados donde el cártel del Golfo rivaliza con los hermanos Beltrán Leyva, está como representante El Ostos, así como otro sujeto al que se refiere como El Chicles.
Luego dijo: “En la ciudad de Cancún, hasta donde yo me enteré, se encontraba un sujeto al que le decimos El Chamoy; por último recuerdo que en Chiapas estaba Braulio El Gonzo, pero supe que lo quitaron y que actualmente está el que era su ayudante y le dicen El Chafe”.
La muerte de Lazcano
Alrededor de Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, a quien la PGR identifica como líder de Los Zetas, hay todo un misterio desde el viernes 5, cuando militares se enfrentaron a tiros, en Tampico, Tamaulipas, con miembros del cártel del Golfo después del aseguramiento de poco más de 11 toneladas de cocaína que estaban listas para cruzar a Estados Unidos.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), a través de un comunicado, informó que en el tiroteo no hubo víctimas de ninguna de las partes, pero de acuerdo con una fuente consultada por Proceso en la refriega habría muerto el dirigente de Los Zetas, Heriberto Lazcano.
Hasta ahora, ni la PGR ni el Ejército han confirmado la muerte de El Lazca; según esa misma fuente, Lazcano recibió cinco disparos y fue llevado inmediatamente a un refugio en el mismo estado de Tamaulipas.
En ese lugar, se asegura, era atendido por subalternos, quienes al ver que empeoraba solicitaron el apoyo de una ambulancia aérea, que nunca llegó porque se dio aviso de que “la persona había fallecido de un paro cardiaco”.
Extraoficialmente también se asegura que durante el tiroteo, que duró varios minutos, también murieron varios militares; sin embargo, la Sedena negó tal versión y dijo que en el enfrentamiento no hubo heridos ni muertos.
Entre julio y agosto de este año, Lazcano cobró importancia dentro del cártel del Golfo por haber sido un participante clave del llamado narcopacto efectuado entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa para poner fin a la violencia entre ambos y repartirse los territorios que han sido objeto de disputas y matanzas históricas (Proceso 1606).
La historia de Lazcano es larga, y fulgurante su ascenso en el cártel del Golfo: desertó del Ejército Mexicano a finales de los noventa, cuando junto con otros militares pasó a formar parte del círculo protector de Osiel Cárdenas Guillén, entonces poderoso jefe de la organización. Tras la caída de éste, Lazcano asumió la jefatura de Los Zetas, a quienes se les atribuye buena parte de los asesinatos y desapariciones en el país.
De acuerdo con la PGR, las 11.7 toneladas de cocaína aseguradas en Tampico, Tamaulipas, pertenecían a Eduardo Costilla, El Coss, al que se identifica –según dos versiones– como líder del cártel del Golfo, aunque se afirma que está entre las tres primeras posiciones de mando de esa organización.
Tras el aseguramiento de la droga, fueron detenidos Alberto Díaz Martínez, Juan Manuel García Sancho, Roberto Javier Reyes Álvarez, José Guadalupe Villanueva Galván o Carlos Cerda González, Javier Sánchez Cervantes y Carlos Cortés Hernández. La PGR los arraigó por 45 días para investigarlos.
Según la procuraduría, se trata de operadores directos de Costilla en el Golfo de México, particularmente en Tampico. Ese puerto es una de las plazas más importantes del cártel del Golfo, pues por ahí realizan buena parte de sus operaciones hacia el extranjero.
El embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, celebró el aseguramiento de la cocaína en Tampico y felicitó al gobierno del presidente Felipe Calderón. “Este es un éxito histórico”, dijo efusivo el diplomático.
En 2003, la embajada de Estados Unidos en México también aplaudió la detención de Osiel Cárdenas Guillén en Matamoros, Tamaulipas, y se desbordó en elogios tras su extradición en enero de este año, junto con otros 11 narcotraficantes.
Sin embargo, las acciones del gobierno de Felipe Calderón, emprendidas en 10 meses de gobierno, se han centrado en golpes espectaculares contra los narcotraficantes, pero el negocio del tráfico de drogas sigue boyante.
Y como ejemplo de ello ahí está, intocado, el cártel del Golfo.
El cártel del Golfo, la segunda organización criminal más poderosa del país, ha sido la más golpeada en los últimos dos sexenios. Tan duros han sido los embates que en distintas etapas la Procuraduría General de la República (PGR) declaró en crisis irreversible a ese grupo criminal y dio por hecho su exterminio por la falta de liderazgo.
En enero de 1996, tras la deportación a Estados Unidos de Juan García Ábrego, jefe supremo del cártel, la PGR expresó en voz del entonces coordinador general de Investigaciones, José Luis Santiago Vasconcelos:
“El cártel del Golfo tiende a desaparecer. Sin cabeza, sin jefe, sin mando, ese grupo entrará en crisis y lo que vendrá será su desaparición. Cuando falta el líder toda la estructura se desordena, entran en conflicto sus integrantes y sobreviene la pugna por alcanzar el poder.”
En marzo de 2003, con la captura de Osiel Cárdenas Guillén y varios miembros del cártel –entre ellos un buen número de Los Zetas originales–, la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), en esas fechas también bajo el mando de Vasconcelos, volvió a vaticinar la desaparición del cártel del Golfo.
“Es cosa de tiempo”, dijo en aquella ocasión el subprocurador.
Sin embargo, golpes van y vienen; las bajas en sus filas son numerosas, lo mismo que las detenciones de zetas, que a la fecha suman más de 50 en todo el país y desde que inició la persecución en su contra, a principios de esta década.
Los desaparecidos por secuestros y levantones son incalculables. Por si fuera poco, se reforzaron las acometidas militares y policiacas en Tamaulipas, sede del grupo criminal, con lo que aumentaron el acoso y las persecuciones. A pesar de ello, el cártel del Golfo muestra la fortaleza de su cimentación y su bonanza en todas las regiones que domina. De hecho, su poder abarca una veintena de estados, de acuerdo con una radiografía de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) a la que este semanario tuvo acceso.
Según el documento, esa organización aparentemente se quedó sin cabeza luego de la detención de Osiel Cárdenas. Pero el grupo siguió con vida: se fraccionó en bloques, cada uno con un representante. De esta manera mantuvo el control en Tamaulipas y más tarde extendió su presencia a Guerrero, Michoacán, Jalisco, Estado de México, Nuevo León y Coahuila, donde –de acuerdo con el diagnóstico– rivaliza con los cárteles de Sinaloa y de Juárez.
A finales de 2004, la PGR logró acreditar que Cárdenas Guillén seguía dirigiendo el cártel del Golfo desde el penal de La Palma, donde estaba recluido; se dijo entonces que mediante radios Nextel (entonces no había tecnología para intervenirlos) giraba instrucciones a los miembros de la organización.
Cárdenas Guillén dio muestras de su poder aun en prisión. Lo mismo se comunicaba a los noticiarios de radio y de televisión –como la ocasión en que dio una entrevista telefónica al periodista Carlos Loret de Mola, en la que acusó a funcionarios de la PGR de exigirle fuertes sumas de dinero–, y se daba el lujo de enviar tractocamiones a Tamaulipas para distribuirlos el Día del Niño.
En una conversación telefónica, supuestamente grabada por los órganos de inteligencia del gobierno (Proceso 1460), Osiel Cárdenas le dijo a su interlocutor que a todos los miembros del cártel les había dejado un lugar. “Estos cabrones –sus socios– no tienen por qué pelearse. Yo siempre me preocupé y traté de estar preparado, porque sabía que esto me iba a pasar.
“Siempre –añadía– traté de evitar eso (los choques y pugnas) y ahorita (se refería a lo que pasaba en 2004) van bien; todos los muchachos que traía yo, siguen; o sea, 100% haciéndome caso de lo que les digo.”
Los otros cabecillas
Antes como ahora, con líder o sin él, el cártel del Golfo parece ser una organización a prueba de embates y sacudidas. El informe de la SSP lo confirma, y establece: “Después de la extradición de Juan García Ábrego (que más bien fue deportación) surgió una desarticulación en la estructura del cártel del Golfo por falta de mando que trató de capitalizar Osiel Cárdenas Guillén, que se vio reflejada en la existencia de múltiples grupos operativos en Tamaulipas y que extendieron su presencia en Veracruz y Tabasco con un nuevo elemento: un nivel de violencia nunca antes visto”.
Para la SSP, actualmente los nuevos jefes regionales del cártel del Golfo son Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta, hermano de Osiel; Héctor y Gregorio Sauceda Gamboa; Zeferino Peña Cuéllar, Don Zefe; Carlos Landín Martínez, El Puma; Alfonso Lam Liu, El Gordo Lam, y Jesús Enrique Rejón, El Mamito.
En el orden de mando, por encima de estas jefaturas estarían Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, jefe supremo de lo que se conoce como “el otro ejército”: Los Zetas.
El informe de la SSP, elaborado por José Patricio Patiño Arias, subsecretario de Estrategia e Inteligencia Policial de la dependencia, describe al cártel del Golfo como “la organización criminal más violenta y peligrosa del país”.
Y enseguida se refiere a las regiones del país que están bajo el dominio del cártel:
“Su zona de operación se concentra en Tamaulipas, con áreas de influencia en Michoacán, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Después de la detención de Benjamín Arellano Félix (jefe del cártel de Tijuana) se manejó la versión de que las organizaciones del Golfo y los Arellano habían firmado una alianza; sin embargo, nunca se ha observado la presencia de la organización del Golfo más allá de Coahuila y Tamaulipas en el norte del país.”
Por dentro, el cártel tiene otra estructura, según la visión de uno de sus miembros históricos: Mateo Díaz López, El Comandante Mateo, desertor del Ejército y pieza de Los Zetas en Campeche y Tabasco.
Detenido en julio de 2006, Díaz López pintó un escenario muy diferente a lo que asienta el informe de la SSP. Este personaje le declaró a la PGR que el máximo líder del cártel es Eduardo Costilla, El Coss, quien fue jefe de la plaza con sede en el puerto de Tampico, Tamaulipas, donde el pasado viernes 5 el Ejército Mexicano aseguró 11 toneladas de cocaína, presuntamente propiedad de Costilla, que estaban listas para pasar a Estados Unidos.
El testimonio está registrado en la averiguación previa PGR/SIEDO/UIEDCS/122/2006. En el expediente, el también conocido como Z-10 habló sobre la estructura del cártel en el país y, además de los líderes ya citados, mencionó a otros.
Dijo, por ejemplo, que Miguel Treviño, identificado en el grupo como L-40, representa al cártel en Nuevo Laredo “y le rinde cuentas a Lazcano, ya que le tiene mucha confianza”; Juan Carlos de la Cruz Reyna, El JC –detenido hace mes y medio en un restaurante de Polanco– era el jefe de la plaza de Tampico.
Además, declaró que El Junior “es el encargado del municipio de San Fernando”, en tanto que hasta marzo de este año Efraín Teodoro Torres, El Chispa o Z-14 (también desertor del Ejército) se responsabilizaba de Veracruz. El Comandante Mateo reveló que otra pieza clave del cártel era Javier Solís Garduza, El Loro Huasteco, de quien dijo: “Hace mucho tiempo que no sabemos de él”.
En Guerrero, uno de los estados donde el cártel del Golfo rivaliza con los hermanos Beltrán Leyva, está como representante El Ostos, así como otro sujeto al que se refiere como El Chicles.
Luego dijo: “En la ciudad de Cancún, hasta donde yo me enteré, se encontraba un sujeto al que le decimos El Chamoy; por último recuerdo que en Chiapas estaba Braulio El Gonzo, pero supe que lo quitaron y que actualmente está el que era su ayudante y le dicen El Chafe”.
La muerte de Lazcano
Alrededor de Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, a quien la PGR identifica como líder de Los Zetas, hay todo un misterio desde el viernes 5, cuando militares se enfrentaron a tiros, en Tampico, Tamaulipas, con miembros del cártel del Golfo después del aseguramiento de poco más de 11 toneladas de cocaína que estaban listas para cruzar a Estados Unidos.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), a través de un comunicado, informó que en el tiroteo no hubo víctimas de ninguna de las partes, pero de acuerdo con una fuente consultada por Proceso en la refriega habría muerto el dirigente de Los Zetas, Heriberto Lazcano.
Hasta ahora, ni la PGR ni el Ejército han confirmado la muerte de El Lazca; según esa misma fuente, Lazcano recibió cinco disparos y fue llevado inmediatamente a un refugio en el mismo estado de Tamaulipas.
En ese lugar, se asegura, era atendido por subalternos, quienes al ver que empeoraba solicitaron el apoyo de una ambulancia aérea, que nunca llegó porque se dio aviso de que “la persona había fallecido de un paro cardiaco”.
Extraoficialmente también se asegura que durante el tiroteo, que duró varios minutos, también murieron varios militares; sin embargo, la Sedena negó tal versión y dijo que en el enfrentamiento no hubo heridos ni muertos.
Entre julio y agosto de este año, Lazcano cobró importancia dentro del cártel del Golfo por haber sido un participante clave del llamado narcopacto efectuado entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa para poner fin a la violencia entre ambos y repartirse los territorios que han sido objeto de disputas y matanzas históricas (Proceso 1606).
La historia de Lazcano es larga, y fulgurante su ascenso en el cártel del Golfo: desertó del Ejército Mexicano a finales de los noventa, cuando junto con otros militares pasó a formar parte del círculo protector de Osiel Cárdenas Guillén, entonces poderoso jefe de la organización. Tras la caída de éste, Lazcano asumió la jefatura de Los Zetas, a quienes se les atribuye buena parte de los asesinatos y desapariciones en el país.
De acuerdo con la PGR, las 11.7 toneladas de cocaína aseguradas en Tampico, Tamaulipas, pertenecían a Eduardo Costilla, El Coss, al que se identifica –según dos versiones– como líder del cártel del Golfo, aunque se afirma que está entre las tres primeras posiciones de mando de esa organización.
Tras el aseguramiento de la droga, fueron detenidos Alberto Díaz Martínez, Juan Manuel García Sancho, Roberto Javier Reyes Álvarez, José Guadalupe Villanueva Galván o Carlos Cerda González, Javier Sánchez Cervantes y Carlos Cortés Hernández. La PGR los arraigó por 45 días para investigarlos.
Según la procuraduría, se trata de operadores directos de Costilla en el Golfo de México, particularmente en Tampico. Ese puerto es una de las plazas más importantes del cártel del Golfo, pues por ahí realizan buena parte de sus operaciones hacia el extranjero.
El embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, celebró el aseguramiento de la cocaína en Tampico y felicitó al gobierno del presidente Felipe Calderón. “Este es un éxito histórico”, dijo efusivo el diplomático.
En 2003, la embajada de Estados Unidos en México también aplaudió la detención de Osiel Cárdenas Guillén en Matamoros, Tamaulipas, y se desbordó en elogios tras su extradición en enero de este año, junto con otros 11 narcotraficantes.
Sin embargo, las acciones del gobierno de Felipe Calderón, emprendidas en 10 meses de gobierno, se han centrado en golpes espectaculares contra los narcotraficantes, pero el negocio del tráfico de drogas sigue boyante.
Y como ejemplo de ello ahí está, intocado, el cártel del Golfo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario