Marta Lamas
¿Cómo pasaría el Día Internacional de la Mujer Eufrosina Cruz? ¿Qué suscitó en esa admirable mujer zapoteca el 8 de marzo? ¿Continuará haciendo frente a los (ab)usos y costumbres de su comunidad? Esta indígena de 27 años compitió para el cargo de alcalde en Santa María Quiegolani, municipio oaxaqueño de mil 300 habitantes, y el edil Saúl Cruz Vázquez, al sospechar que podía ganar, destruyó las boletas electorales. Así, no sólo impidió que llegara la rival de Eloy Mendoza, el nuevo alcalde, sino que defendió un principio sacrosanto de los usos y costumbres: las mujeres no fueron creadas para gobernar, sólo para cuidar hijos, cocinar y atender al marido.
Eufrosina se fugó de su casa a los 11 años cuando vio con claridad el futuro que le esperaba: casarse con alguien que no amaba y seguir el destino de su hermana, a la que dieron a un hombre a los 12 años y que parió nueve hijos. Huyó a la ciudad, con el propósito de estudiar. Vendiendo comida en la calle, trabajando intensamente, logró titularse como contadora (hubiera querido estudiar medicina, pero era una carrera mucho más cara). Hoy, el hecho de ser una profesionista se ha esgrimido en su contra, pues los estudios universitarios no son parte de “los usos y costumbres” de las mujeres indígenas.
Sin embargo, Eufrosina Cruz, orgullosa de haber ido a la universidad, valora la educación, y aunque no se ha dedicado a su profesión, sus inquietudes sociales la llevaron a ser instructora comunitaria de la Comisión Nacional de Fomento Educativo. Desde ese puesto recorrió rancherías y pueblos donde comprobó la cruel combinación de hambre, ignorancia y violencia que afecta a todos los habitantes. Ayudó a fundar tres escuelas de nivel bachillerato en municipios rezagados del estado y, casi una década después, decidió volver a Santa María Quiegolani.
 Ahí, la pobreza y el atraso no habían cambiado. Como siempre, los políticos no rendían cuentas del poco dinero entregado por la Federación, y sólo beneficiaban a sus familiares y aliados. Lo que más la impactó fue la situación de subordinación absoluta de las mujeres, confinadas a las labores domésticas, cargadas de hijos, relegadas al grado de no sentarse junto a los hombres, y forzadas a no mirarlos de frente ni atreverse a abrir la boca. El shock se transforma en indignación: Eufrosina deja su puesto de directora de un Cecite en El Camarón, a tres horas de su comunidad (dos de viaje en terracería), con la intención de contender por la alcaldía. “Me volvió la espinita de ser presidenta municipal”. ¿Para qué? “Para ayudar a la gente, y en especial a las mujeres, siempre discriminadas, marginadas”. ¡Ay Eufrosina, qué ideas más raras para una indígena zapoteca!
En el Ayuntamiento, Eloy Mendoza, el alcalde elegido, defiende la costumbre milenaria del municipio: sólo votan los hombres de la comunidad. Interrogado por Daniel Blancas Madrigal, del periódico Crónica, Mendoza responde: “En esta ocasión, ella quiso competir y fue aceptada por un grupo de ciudadanos, pero el detalle es que no vive en la comunidad. Uno de los puntos de los usos y costumbres es que todo candidato debe vivir en la comunidad”. Al plantearle si no es hora de que las mujeres participen en las cuestiones políticas, Mendoza añade. “El cambio es un proceso gradual que tiene que desembocar en la máxima autoridad, que es la asamblea del pueblo, que determinará qué hacer”. ¡Pero las mujeres tienen prohibida la entrada en dicha asamblea!
Que una ciudadana mexicana cuestione los (ab)usos y costumbres de su comunidad de origen y se ampare en la Constitución para reivindicar su derecho a intervenir en los asuntos políticos que le importan, es lo más trascendente que festejar este 8 de marzo. Más que todas las declaraciones y actos en torno al Día Internacional de la Mujer, la batalla de Eufrosina Cruz condensa la lucha feminista actual (aunque no se use esa etiqueta), y se enlaza con los primeros logros del sufragismo, que en México se dieron a nivel local y estatal.
Al defender la participación política de las mujeres de su comunidad, esta profesionista indígena ha iniciado un litigio estratégico que abrirá compuertas arcaicas y liberará energías humanas creativas. Pese a los obstáculos y amenazas, Eufrosina ya puso una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y si eso no resulta suficiente recurrirá al Tribunal Electoral de Oaxaca, e incluso irá ante la Suprema Corte de Justicia. Tal determinación ya suscitó una amenaza: “Te vamos a callar con balas”. Pero ella respondió: “Ni mil balas me van a callar, soy la esperanza de las mujeres de mi comunidad”. No sólo de tu comunidad, Eufrosina, no sólo. |
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