viernes, agosto 04, 2006

EL bloqueo tambien visto por Julio Hernandez

Más allá de lo vial

Las graves molestias viales causadas por el plantón contra el fraude electoral son poca cosa comparadas con las diarias y afanosas violaciones a lo institucional y a lo legal que durante años y, sobre todo, en los meses electorales recientes, han cometido el gobierno federal y sus aliados dominantes (empresarios, clero político, yunquismo y medios de comunicación cómplices y bien pagados). Acostumbrados a pegar y luego negociar -sobre hechos consumados, es decir, sobre presidencias impuestas-, los golpistas electorales se declaran estupefactos porque a causa de la cadena de agravios que fueron cometiendo hay ahora una reacción organizada que va más allá de lo electoral y se instala en el terreno de la movilización social y del debate ideológico.

Entender la dimensión de la protesta contra la defraudación electoral es difícil cuando se atienden solamente los detalles de lo inmediato, de la molestia por las tardanzas y los impedimentos, de la congestión vehicular y del incumplimiento de citas, compromisos y labores. Esa natural preocupación por lo urgente (la vialidad más o menos transitable) ha pegado incluso a segmentos de seguidores del movimiento lopezobradorista, quienes consideran que la obstrucción de avenidas capitalinas principales genera descontento y mina la base social de apoyo a quien ha sido el candidato presidencial de una coalición encabezada por el PRD.

Difícil, rasposa y controversial , la toma del asfalto más preciado del país es una confirmación de que el movimiento de defensa del voto ciudadano no está dispuesto a venderse o a entrar en negociaciones turbias de las que el líder actual salga convertido en héroe cívico a conveniencia de los intereses que decía combatir. Hay una definición (un deslinde, un despunte) que va más allá de lo electoral y lo partidista, y por ello es que en principio esa determinación de dar pasos firmes hacia delante crea conflicto y confusión en quienes pudieran haber creído que ganar el poder para un proyecto distinto (con todo y sus múltiples y densas contradicciones y errores) sería un simple picnic electoral a cuyo final los poderes confabulados aceptarían por las buenas su derrota y transferirían, con estilo suizo, el gobierno al contrincante estigmatizado.

Siendo un reto a lo establecido y, en el fondo, un avance hacia escalones más altos de la lucha social, el movimiento tendido desde el Zócalo hasta la Fuente de Petróleos generará una reacción más encendida y peligrosa de esos intereses dominantes que se sienten íntimamente agraviados por el plantón popular (hay ricos que consideran una imperdonable violación a sus fueros que el campamento haya cruzado las vías férreas que pasando Paseo de la Reforma y Periférico, rumbo a las Lomas, han constituido una especie de frontera entre la gran riqueza y el resto de la ciudad). Ese enfurecimiento de clase va más allá de la explicable irritación colectiva por los problemas viales en sí: ya antes en esos ámbitos de extremo lujo se solía hablar de asesinatos políticos como soluciones baratas al conflicto social; ahora la tentación de la violencia inducida es casi una obligación reivindicatoria para los privilegios confrontados.

No hay comentarios.: