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domingo, mayo 31, 2009

¿Cuál es su Síndrome?

FRANCESC MIRALLES

Los síndromes de nuevo cuño son una radiografía de la sociedad en la que vivimos y de nuestras relaciones con los demás. La mejor vacuna es la amplitud de horizontes y admitir que la verdad es un territorio fronterizo.

Aunque los sociólogos hablen de la supremacía de la imagen en la era actual, la cultura humana va tan ligada al lenguaje que para nosotros sólo existe aquello a lo que podemos poner nombre. Nuestro afán por etiquetarlo todo responde a la necesidad de hallar un orden en un mundo caótico y diverso.

Lo que no se etiqueta no existe, aunque las víctimas se enamoraran de sus captores muchos siglos antes de que el síndrome de Estocolmo ingresara en los diccionarios. Este síndrome -la complicidad del secuestrado hacia su secuestrador- debe su nombre a lo acontecido en 1973 en un banco de la capital sueca. Tras un robo que se complicó en el Kreditbanken, los delincuentes tomaron un grupo de rehenes durante seis días. Cuando finalmente tuvieron que entregarse, las cámaras captaron cómo una víctima besaba a uno de sus captores. La sorpresa de la opinión pública aumentó cuando los secuestrados defendieron a sus captores durante el juicio, además de negarse a colaborar con las autoridades. Desde entonces, el término se ha popularizado, hasta el punto de que cualquier persona que acepta una situación de violencia o sumisión puede ser tachada de sufrir el síndrome de Estocolmo.

Sería necesaria toda una enciclopedia para recoger los miles de síndromes que se han catalogado en los últimos años. En estas páginas recogemos sólo los más comunes en el seno de la familia, para terminar con unos cuantos trastornos excepcionales que nos señalan los límites de la percepción humana.

SÍNDROME DE LA ABEJA REINA

"La expresión 'madre trabajadora' es del todo redundante" (Jane Sellman)

Tras un siglo XX en el que las mujeres -y algunos hombres- occidentales han batallado por la igualdad de sexos en todos los ámbitos, en los últimos años están resurgiendo los viejos valores de la maternidad.

La abeja reina rechaza la lucha feminista, ya que no cree que los problemas de la mujer sean culpa de los hombres. Puesto que quien padece este síndrome suele haber alcanzado una buena situación económica y social, adopta el papel de supermadre y acepta el rol tradicional femenino. La entrega a la familia puede llevarle a pensar que el trabajo de su marido es más importante que el suyo. Adiós a la conciliación laboral.

Un rasgo distintivo de la abeja reina es la crítica a cómo las mujeres trabajadoras crían a sus hijos, a los que auguran un futuro de inseguridad e inadaptación. Las nuevas corrientes que abogan por una crianza más cercana a los mamíferos -lactancia natural a demanda, lecho compartido por padres y niños- comparten esta perspectiva.

Las causas del síndrome hay que buscarlas en la decepción de muchas mujeres por unas conquistas sociales que sólo han logrado doblar su trabajo, ya que el hombre no ha compensado en el hogar la incorporación de ella al mercado laboral. Ante esa insatisfacción, la maternidad de toda la vida ha resurgido como alternativa vital.

SÍNDROME DEL EMPERADOR

"En todo ser humano subyace una corriente de violencia: si no se comprende y canaliza a tiempo, puede desatar la guerra o la locura" (Sam Peckinpah)

Cada vez son más frecuentes las denuncias de padres contra hijos que sufren el síndrome del emperador. El término hace referencia a la conducta de los niños o adolescentes que se comportan como pequeños tiranos y no dudan en maltratar verbal y físicamente a sus progenitores para lograr sus caprichos.

El emperador se relaciona con los padres como si fueran sus súbditos, y si no le complacen, reacciona de manera violenta. Las estadísticas arrojan que las denuncias por agresiones de los hijos se han multiplicado por ocho en los últimos años. ¿A qué se debe este fenómeno?

Según la psicóloga Montserrat Domènech, "detrás de estos episodios de violencia hay unos padres que no han sabido fijar límites". Coincide en este diagnóstico Javier Urra, autor de El pequeño dictador, que denuncia que algunos pedagogos "transmiten el criterio de que no se le puede decir no a un niño, cuando lo que le neurotiza es no saber lo que está bien y está mal. Ésa es la razón de que tengamos niños caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista".

En los estudios realizados sobre este síndrome, el 55% de las agresiones se producen como reacción a la autoridad de los padres, mientras que un 17% está relacionado con la exigencia de dinero por parte de los hijos.

SÍNDROME DEL NIDO VACÍO

"La soledad la sufren los que construyen muros en lugar de puentes" ( Joseph F. Newton)

Se denomina así a la sensación de soledad que embarga a los padres cuando sus hijos abandonan el hogar, lo que en ocasiones puede desatar una depresión.

Muy común en las mujeres que se han implicado más que su compañero en la educación de los niños, el síndrome del nido vacío causa en quien lo padece un sentimiento de inutilidad. Detrás de esta crisis hay un cambio de hábitos que aún está en proceso. Los padres que han dedicado los mejores años de su vida a luchar por el bienestar de la familia se encuentran de repente desprovistos de su misión primordial. Esto se ve agravado por la distancia física y mental que empieza a crearse entre hijos y progenitores cuando no comparten el hogar.

La conciencia del nido vacío se hace más patente en los padres que se han consagrado a los hijos sin desarrollar otros intereses personales en su tiempo libre. El remedio está, por tanto, en recuperar el tiempo perdido descubriendo aficiones a las que no habían podido aplicar su talento por falta de tiempo y energía.

En el caso de las parejas que a la marcha de los hijos se suma el fin de la vida laboral, la opción más saludable es abrir compuertas al exterior. El placer de viajar, por ejemplo, puede ser una fuente de energía e inspiración cuando las obligaciones familiares y profesionales quedan atrás.

TRASTORNOS DELIRANTES

"La verdad siempre es más extravagante que la ficción" (Lord Byron)

Además de los síndromes que hablan de nuestras relaciones familiares, los hay mucho menos comunes, pero están debidamente catalogados en los manuales de psiquiatría:

Síndrome de Capgras. Quien lo padece se aferra a la creencia de que sus familiares y amigos más cercanos han sido reemplazados por impostores de idéntica apariencia. Se han recogido casos de personas que no quieren compartir lecho con su cónyuge debido a esta paranoia. Bastante recurrente en casos de esquizofrenia grave, este síndrome ha inspirado películas como La invasión de los ultracuerpos.

Síndrome de Fregoli. Variante del anterior -pero aún más raro-, la persona cree que quienes la rodean son en realidad un mismo individuo que se disfraza para ocultar su apariencia. Recibe su nombre por el actor Leopoldo Fregoli, cuyas actuaciones en vivo se caracterizaban por la rapidez con la que cambiaba de vestimenta y de registro para encarnar los distintos personajes.

Síndrome de Cotard. Se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más insólitos, ya que la persona cree que está muerta o bien que es inmortal. Quien sufre el síndrome llega a pensar que sus órganos vitales han dejado de funcionar e incluso que se encuentran en proceso de putrefacción, con alucinaciones olfativas incluidas. Esta clase de delirios ha experimentado un revival con la recuperación de las historias de vampiros a través de la serie Crepúsculo o de la película Déjame entrar.

Más allá de los brotes psicóticos o delirantes, detrás de todos estos trastornos de identidad hay una huida. La persona se aparta de una realidad que no puede manejar y reconstruye su mundo para compensar las propias carencias emocionales.

CREENCIAS Y HORIZONTES

"Vigila lo que pretendes ser, porque acabarás siendo lo que pretendes" (Kurt Vonnegut)

En 1985, el neurólogo Oliver Sacks sorprendió al mundo con su antología de casos clínicos El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Entre los ensayos que componen el libro se cita el drama de Jimmie G., que padecía el síndrome de Korsakoff, una extraña forma de amnesia. Este paciente se comportaba de forma totalmente normal, excepto por el hecho de que no podía recordar nada de su vida desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Incapaz de retener lo que acababa de suceder sólo unos minutos antes, vivía congelado en 1945, ajeno a lo que había vivido en las cuatro décadas posteriores.

Sacks recoge otros casos llamativos, muchos de ellos causados por lesiones cerebrales; sin embargo, el mensaje de todos estos síndromes -sean comunes o extraordinarios- es que cada ser humano vive en un mundo hecho a la medida de sus creencias. Así como la persona presa del síndrome de Estocolmo vive confinada en el universo mental del agresor, cada síndrome expresa una visión restringida del mundo.

Cada abeja reina cree que sólo su visión de la maternidad puede generar personas felices, y el emperador no concibe una realidad en la que él -o ella- no reciba todas las atenciones. No son tan distintos, en cierto modo, del hombre aferrado a 1945, ya que lo característico del síndrome es la porción de realidad que quien lo padece deja fuera.

La mejor vacuna contra los síndromes es aceptar que vivimos en un mundo que contiene muchos otros mundos posibles. Nuestro pasaporte a todos ellos es la amplitud de horizontes y admitir que la verdad es un territorio fronterizo cuyos límites cambian según la posición del observador.

martes, octubre 23, 2007

De los malos gobiernos y los mexicanos verdaderos

Alfredo Ozuna
Bathue Mayoamaqui, Sonora, 2007

El mal gobierno, guiado de un consejo codicioso, en vez de agraciado es un desgraciado. De esta suerte los vicios se insinúan, crecen, se perpetúan dentro del corazón de los humanos, hasta ser sus señores y tiranos, sin mirar a más fin que a su provecho. No tiene juicio quien deja lo propio por lo ajeno, y a su obligación llega tarde; no hay bocado sazón para un esclavo. Así persiste deslumbrándose, abrazando lo más dañoso.

Maloca de gringos, acción de blancos efectuada en territorio de indios, maquinaria del sufragio en país mexicano, un instrumento político para mantener el dominio de una clase sobre la otra. La clase que tiene el dominio o superioridad económica, el dueño de los medios de producción que se sirve del Estado como de un poderoso instrumento que somete a los oprimidos y explotados, se manifiesta aquí con un carácter de clase muy acusado, siendo la parte más importante de la superestructura que se erige sobre la base económica de una sociedad dada, preparando todas las condiciones que fomentan y protegen su soberbia "autonomía". Si traían el progreso, también traían la destrucción y la muerte. "La disposición" se saltó --al término de un largo y complejísimo desarrollo selectivo-- a una sociedad dividida en clases patriarcales, con Estado y normas jurídicas.

Cuando es más corrupto el Estado hay más leyes. Por un puño de plata desatiende al pueblo, y les deja sus almas en el sepulcro permitiendo que su nombre vea la corrupción.

Al final, todos los partidos políticos devoran sus propias mentiras: de su apetito guiado, por no consultar al juicio, así vuela al precipicio el hombre desenfrenado.

En la historia de la bandera que ondea al viento, no es el viento ni es la bandera lo que se mueve: es la mente codiciosa de "la disposición" europea. Son ellos quienes pintaron la hilacha y se escudaron con ella para dirigirse a los mexicanos. Con los tres colores que estamparon en la hilacha se simbolizaron patriotas nacionales, que hablan de los días que marcó "la disposición", como en el himno nacional, lo que lo acerca más a ese lienzo tricolor pintado con la pintura de la religión con la que tapa el látigo del tirano, regocijándose en la conquista, subyugado en el crimen, aplicando la ley del embudo "todo para mí", mientras habla estérilmente y gira la mentira que nada afirma, que nos ha dejado torcido el pensamiento; enfermos y hambrientos.

La bandera con la que se abandera el círculo que limita la razón y la existencia planetaria del hombre, sale del alma de lo invisible y a lo invisible regresa; sale su inteligencia de la ignorancia y a ella retorna después de andar por la sabiduría. Cuanto más se engrandece, más echa de ver su pequeñez; cuanto más se aleja de sí mismo en busca de la verdad y de la dicha, menos puede encontrarla; cuanto más tiempo domina, más crece el tiempo; cuanto más aumenta su visión, más se agranda el espacio.

¿Cuál de los deseos y de las ambiciones terrenales, cuál de los goces y de los cambios que anhelas escaparán a la fatalidad del círculo? La voluntad alejándose de la virtud y describiendo una circunferencia, no volverá a la virtud. ¿Cuál de su alma en círculo de pena volverá a la verdad y al bien? ¿Quién es el insensato que no siente una fuerza irresistible que lo conduce por el círculo del dolor, del arrepentimiento y de la encomienda, al punto aquel donde empezó su extravío? Como la paloma que se remonta a cierta altura y vuela en sucesivos círculos, así también en sucesivas vidas y deseos vuela el espíritu del hombre.

¿Qué podemos hacer nosotros?, ¿discutir sobre del viento y el ondear de una bandera?.. por amor al creador, dejen de ser filósofos pretenciosos, al menos mientras haya dolor y muerte a la puerta de nuestras casas --que el pueblo soporta tanta tiranía. Como pasión, la verdadera filosofía no se aparta de la naturaleza, la verdadera religión no se desentiende de esta vida, de aquellos bienes tras de los que vamos los humanos. Desde que caminamos sobre la tierra consideremos nuestros pies y dónde pisamos; nuestras manos y nuestros brazos que los sostienen; nuestro vientre y las funciones que realiza, nuestro cuerpo entero como la inseparable condición de nuestro ser actual.

Los sabios y los héroes de la historia están desapareciendo de nosotros. Y la historia relata menos los incidentes cada día, pero el tiempo y la distancia no tienen poder sobre su nombre. Toda su gloria y belleza es interna; ahí ellos se deleitan en permanecer, sus visitas son frecuentes, sus conversaciones son dulces, su sostén es refrescante, y la paz de su espíritu supera todo entendimiento, sin murallas ni recodos.

Entre más digamos menos escuchará la gente. En pocas palabras hay gran provecho. Muchas palabras nos dan prueba del gobierno, que no ha de hablar sino cuando la necesidad demanda, y las palabras han de ser medidas y correspondientes a la necesidad. Pero la manía de hablar siempre y sobre toda clase de asuntos es una prueba de mala conducta, y uno de los grandes azotes del trato humano. En este mundo lo único seguro es la muerte y los impuestos y sin embargo se mueve.

Las palabras del bien hablan por bien y por esto las palabras nos seguirán como los perros fieles que siguen a sus amos; nos seguirán hasta que las recibamos en nuestro cerebro y les confiemos nuestra guardia: que velaran por nuestra dicha ahuyentando a nuestros peores enemigos y se echaran dócilmente en el origen de la vida y de nuestra paz.

domingo, junio 24, 2007

Ecología del buen humor

Gabriel Zaid

Ya no es tan raro encontrar en México brotes de civilidad. Contra las expectativas normales, hay a veces sorpresas agradables. Baños limpios. Automóviles que resisten la tentación de avanzar y bloquear la bocacalle. Personas que hacen notar cuando se les cobra de menos o que devuelven lo que se encuentran. Colas razonables. Casas o empresas que cuidan como suyos los árboles, los letreros, las alcantarillas y la limpieza de la acera, en el tramo que les toca. Condóminos que cooperan. Personas que ayudan a cruzar la calle, o ceden el paso o el asiento. Ciudadanos y clientes que se atreven a reclamar civilizadamente, que no se dejan maltratar ni maltratan a quien los atiende. Oficinas gubernamentales que no hacen perder el tiempo. Asociaciones voluntarias dedicadas a cuidar esto o aquello.
Todo lo cual sorprende agradablemente, porque no es todavía la normalidad. Pero que suceda, y cada vez más, es una señal. Indica, en primer lugar, que la civilidad es posible, a pesar de todo. Indica que mucha gente la desea, y que el deseo tiene efectos prácticos en un ambiente poco propicio. Indica que la sociedad ha madurado más que la clase política.
La señal contraria está por todas partes: el mal humor. Es un problema de salud personal, pero también de salud pública. Se presenta de tres maneras: como reacción circunstancial ante una situación frustrante, como reacción visceral ante la vida y como condición ambiental. Es un estado de ánimo pasajero que se puede convertir en adicción y flotar en el ambiente (de una familia, de un lugar de trabajo, de lugares públicos). Así como se calculan las muertes anuales que produce el aire contaminado, se pueden calcular las que resultan del enojo permanente. De todas las pestes que azotan a las grandes ciudades, ninguna es más contaminante.
Fritz Kunkel (La formación del carácter, Paidós) dice que las reacciones viscerales derivan de entrenamientos endocrinos. El enojo pide adrenalina, pero después la adrenalina pide enojarse, con motivo o sin motivo. Romper esta adicción es posible, pero difícil, si el condicionamiento se refuerza con lugares, personas, trámites, trabajos, situaciones, que ponen de mal humor. El ambiente puede ser un foco de infección que estimula la adrenalina y predispone al disgusto. Claro que el enojo puede ser sano, cuando mueve a buscar una solución. Pero, en México, suele ser pasivo: un resentimiento (callado o gritón) que sólo sirve para envenenarse y envenenar.
Afortunadamente, hay focos de buen humor; y también la salud puede ser contagiosa. El simple hecho de recibir una sorpresa agradable, como las mencionadas, puede cambiar de humor a muchas personas. Si, milagrosamente, todos los baños públicos estuvieran limpios, el efecto multiplicador en la ciudad sería notable para tan bajo costo. Y ésta es una de las cosas relativamente baratas que pueden reducir el estrés de la vida urbana. Otra es diseñar inteligentemente los trámites: cuidando el tiempo y la dignidad de quienes deben cumplirlos; calculando el costo social contra el beneficio social de cada requisito. Muchos requisitos son ociosos, cuando no pretextos para molestar o extorsionar.
Hay que favorecer la ecología del buen humor. Crear condiciones objetivas que favorezcan la civilidad, empezando por zonas o actividades aislables, más o menos a salvo del contagio general. Servirían como ejemplos de civilidad reproducible en otros medios.
Sentenciado a morir en seis meses por una enfermedad incurable, el escritor Norman Cousins decidió que esperaría la muerte a carcajadas, viendo películas cómicas. Pasaron los seis meses y más, y él seguía muerto de la risa. Finalmente, buscó información médica sobre los efectos biológicos del buen humor y acabó promoviendo proyectos de investigación sobre el tema. Vivió 26 años más, y escribió sobre su experiencia en Anatomy of an illness as perceived by the patient, así como Head first: The biology of hope. La Universidad de California en Los Ángeles ha creado un centro de investigación que lleva su nombre (www.cousinspni.org).
Ahora hay miles de centros de yoga que enseñan a reírse, como ejercicio para mejorar la salud física y mental (www.laughteryoga.org, con videos). Pero la risa también puede servir para mejorar la salud pública. No sólo contribuye al bienestar general, sino que daría una respuesta saludable al teatro del absurdo que presenta la clase política. Habría que organizar brigadas risueñas, en plazas y jardines, para hacer yoga y reírse a carcajadas de la última fechoría.
Mucha gente se enoja, con razón, porque las autoridades no resuelven problemas relativamente fáciles, ya no digamos los difíciles. Pero sería más sano, y quizá más efectivo políticamente, llevarles serenatas de carcajadas (avisando previamente a la prensa).

martes, abril 10, 2007

La neopsicología!

Del neopsicoanalisis (psicología social de Eric Fromm)!

Existen determinadas estructuras culturales, estructuras cristalizadas y actitudes subjetivas. El neopsicoanalisis contempla los mecanismos psicológicos de carácter universal y el análisis de casos específicos que se dan en procesos históricos concretos. De esta manera se ocupa del hombre en una determinada época, cultura y grupo social; de los principia media de ellos vaya (los procesos históricos)! Esto es muy útil para la investigación sociológica claro esta, empleando dos conceptos como la adaptación dinámica y el carácter social.

El concepto de carácter social tiene antecedentes en la vieja "psicología de los pueblos", desarrollado sobre todo por antropólogos de la corriente funcionalista (no sé quienes sean estos gueyes, por aquí hay nombres à titre d'exemple).

Los conceptos de carácter social y adaptación dinámica han permitido analizar las relaciones entre los fenómenos estructurales y los psicosociales. De esta manera hay una superación de los 2 errores antitéticos del sociologismo (queda claro?) que olvida el elemento humano, es decir que el hombre es actor y autor de la historia, y no solo objeto resultado de fuerzas económicas u otras. También se supera el error del psicologismo que solo considera las conciencias individuales sin tener en cuenta su modo de formación y conexiones con las instituciones y los hechos socioculturales objetivos.

Por lo tanto, lo central en la psicología social es estudiar cuáles mecanismos psicológicos y hechos estructurales contribuyen a la formación de la conciencia, y a su vez cómo esta conciencia llega a transformar aquellos hechos estructurales.

Ciertos cambios en la estructura económica repercuten en la conciencia y en la conducta de los hombres. Con esto se llega a la noción de sentido que asume la adaptación frente a los cambios estructurales.

Por lo tanto, la estabilidad y expansión de la democracia dependen de la capacidad de autogobierno por parte de los ciudadanos, de su aptitud para asumir decisiones racionales en las esferas en las cuales antes dominaba la tradición, la costumbre, o el prestigio y la fuerza de la autoridad exterior.

El hombre ha llegado a emerger tras un largo proceso de individuación iniciado a finales de la Edad Media, como entidad separada y autónoma, pero esta situación y ciertas características de la estructura social contemporánea lo han colocado en un profundo aislamiento y soledad moral. A menos que logre establecer una vinculación con el mundo y la sociedad que se base en la reciprocidad y expansión de su propio yo, el hombre contemporáneo esta llamado a refugiarse en alguna forma de evasión de la libertad. Tal evasión se manifiesta por un lado por la creciente estandarización de los individuos, la paulatina substitución del yo auténtico por el conjunto de funciones sociales adscritas al individuo; por el otro, por la propensión a la entrega y sometimiento voluntario de la propia individualidad a autoridades omnipotentes que la anulan.

Entonces entramos en el concepto existencialista y hay que recordar la dicotomía entre los dos tipos de existencia: la banal (que mencionan Heidegger y otros existencialistas) y la auténtica. De aquí se habla de la perdida de la autenticidad debido a la conducta socialmente prescrita, de la cual Heidegger menciona que la falta de autenticidad es debida a la condición fatal de la vida en sociedad y no del fruto de un momento particular de la historia del hombre. De aquí se descubre una visión pesimista y la disposición a abandonar toda acción sobre el terreno social para refugiarse en soluciones puramente individuales; actitud peculiar de las clases en decadencia.

Por lo que hay un contraste entre la exigencia de autenticidad que resulta de un "análisis racional" de la sociedad actual, y de la autenticidad de la que habla el existencialismo. En el 1er caso se trata de crear las condiciones para una mayor expansión de la personalidad, eliminando la sistemática supresión de la espontaneidad que ahoga al auténtico yo bajo el yo social y transforma al ser viviente en un manojo de funciones [cualquier parecido con el capitalismo y lo que la iglesia pide (ojo que no ofendo a la religión, sino a sus dirigentes) … es pura coincidencia]. En cambio la existencia de Heidegger habla de una vida para la muerte abandonando la vida social, pues la considera perdida en la uniformidad y el automatismo, pero al mismo tiempo la reconoce como necesaria para hacer posible la "salvación de los que logran encontrarse a sí mismos, recuperando con la libertad (para la muerte claro está) la autenticidad de su ser". Esta es una interpretación puramente nihilista y aristocrática que no solo niega toda posibilidad de transformar la vida social (fatalmente inauténtica), sino que consagra como afirmación suprema el naufragio de la existencia humana.

Pues el contraste entre estas dos interpretaciones representa "dramáticamente" la alternativa que se ofrece a las generaciones actuales: o bien desarrollar más los principios en los que se basa la cultura moderna (aquí habla en un sentido racional, mas no capitalista o monopolico), destruyendo los restos feudales que impiden su florecimiento pleno, o bien volver a la antigua esclavitud disfrazada en una u otra forma, a alguna "especie de libertad para la muerte".

El camino que se ofrece para la humanidad según Laski y Fromm, es el transito de la libertad negativa a la positiva dirigido al aspecto estructural, para el primero a través de la ciencia y la técnica, para el segundo por medio del aspecto psicológico asegurando la expansión de la personalidad para realizar sus potencialidades emocionales. Ambas soluciones se complementan estudiando la crisis del aspecto humano!

Resumido del prefacio por Gino Germani para "El Miedo a la Libertad" de Eric Fromm, 1947 1ª Ed., y los capítulos que siguen los enviaré si el tiempo y las ganas me lo permiten… continuará… peut être … un jour…

Las palabras aquí resumidas son responsabilidad completa de Gino Germani y solo los comentarios "claros" son irresponsabilidad de un mexicanete perdido por ahí… que extraña la disposición servicial francesa y no tanto la buena compañía de olor a barbacoa, o a mole de caderas.