miércoles, febrero 10, 2010
El gatopardismo mexica
MÉXICO, D.F., 9 de febrero.- No sólo la política encabezada por Felipe Calderón está llevando al país al desastre. A ello se suma la crisis de identidad de los partidos que desde hace tiempo sólo contienden en la arena política por la impunidad y los beneficios económicos que otorga detentar el poder en nuestro país.
Mas habría que preguntarse si es la crisis de identidad de los partidos sin rumbo, buscando tomar el timón de una nave que hace mucho perdió la brújula, lo que se manifiesta en las alianzas que pretenden hacer el PRD y el PAN para evitar que el PRI vuelva a tenerlo todo.
Delante de esta promiscuidad política, que sólo parece incomodar a algunos, habría que preguntarse igualmente si realmente existe en el espectro electoral de nuestro país una verdadera izquierda y una verdadera derecha.
Es evidente que, en el orden del PAN, el pensamiento de derecha no existe. No sólo el enanismo ideológico y la enorme capacidad de corrupción que un elevado número de miembros de Acción Nacional han mostrado a lo largo de su estancia en el poder, sino también la pequeñez de sus supuestos ideólogos –como el clasemediero César Nava, tan pequeño que no alcanza el tobillo de González Luna en México o de Drumont, Bernanos o Maurras en Francia–, muestran cuán alejado está el PAN de sus orígenes históricos.
Fuera de cierta doble moral que, en el peor de los saduceísmos, es dura hacia afuera –el condón, el aborto, la defensa de la familia– pero laxa al interior –una familia plagada de divorcios y promiscuidades–, el PAN es, en el mejor de los casos –y frente la ausencia de verdaderos pensadores e ideólogos de derecha–, una beata al servicio de los poderes fácticos, del sindicalismo al estilo PRI y del mercado, una beata que los domingos se persigna y bebe agua bendita, para entre semana revolcarse con toda suerte de clientes que le permitan mantener su estatus de virgen escandalizada.
Más problemático es el caso del PRD. Hijo del viejo PRI populista y nacionalista, que se escindió cuando la corriente neoliberal lo desplazó, el PRD sólo adquirió el maquillaje de la izquierda cuando parte de la verdadera izquierda histórica –desconcertada frente a la debacle de la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín y el desprestigio del marxismo– se aglutinó en torno a Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador.
Pero ni Cárdenas ni Andrés Manuel ni la mayor parte de los dirigentes perredistas que tienen altos cargos en el partido y en el poder son verdaderos hombres de izquierda. Su rancio priismo, que no conoce más que el populismo mimético como forma de acceder y mantener el poder, no sólo abrió sus puertas a esa parte de la izquierda histórica que, cansada de mantenerse en las márgenes, decidió creer en la vía democrática, sino a un conjunto de parvenus que, como Fernández Noroña, sólo conocen el resentimiento y la intransigencia, o como Jesús Ortega, Sabines, Ebrard, etcétera, que sólo saben del oportunismo arribista.
A los verdaderos ideólogos de izquierda –pienso en González Casanova, Luis Villoro, Roger Bartra, Bellinghausen, Taibo II, el subcomandante Marcos, etcétera– el PRD los ignora; a sus interlocutores naturales –el zapatismo, el EPR y la izquierda dura–, los combate o los margina. De allí parte su divisionismo y su incapacidad para construir un verdadero proyecto de izquierda. Mimético como el antiguo PRI, ignorante del verdadero pensamiento de la izquierda tradicional, incapaz no sólo de releer con otros ojos a Marx, sino de haberlo leído –dudo mucho que los personajes de la política partidista y del gobierno que he nombrado lo hayan leído realmente–, oportunista, pragmático y corrupto como los hombres y mujeres que se instalaron en el PRI, el PRD es una prostituta que no duda en señalar hacia afuera la inmoralidad de sus contrincantes y sus insostenibles beaterías, pero hacia adentro se revuelca con ellos con tal de mantener su estatus; en síntesis, una prostituta que se exhibe con ademanes de beata populista.
Frente a esta realidad, la crisis política que vivimos no pertenece a ninguna crisis de identidad; es, como lo mostró admirablemente Lampedusa, un simple gatopardismo que quiere mantener intocadas las viejas estructuras, mientras pretende hacernos creer que se defienden posiciones políticas que, en uno u otro extremo del verdadero pensamiento político, buscan la justicia; un gatopardismo nacido de una falsa transición democrática: el PRI, que algún día nos gobernó… el perro que, en uno de sus ladridos, dijo algún día que “defendería el peso” como tal… se convirtió a finales del siglo XX en un cancerbero de tres cabezas que custodia el infierno de la corrupción y el mimetismo, y que lleva al país a la deriva.
En este sentido, las alianzas entre el PAN y el PRD no son, como algunos pensarían, innaturales. Son sólo la lógica del gatopardismo que pretende en su inmoralidad que todo cambie para mantener el statu quo: el del poder al servicio del dinero y de la corrupción. Lampedusa lo dijo mejor: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”; “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos y, después, todo será igual, pese a que todo habrá cambiado (...) una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.
www.proceso.com.mx
martes, febrero 09, 2010
Los desafíos de la cultura 'narco'
Los novelistas van siempre un paso adelante de la realidad. Hacia 1930, el argentino Roberto Arlt vislumbró en sus dos grandes novelas, Los siete locos y Los lanzallamas, la madeja fascista que se cernía sobre las naciones jóvenes del sur. Así también ahora la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida.
Expandida como un virus, la cultura narco pone y derriba Gobiernos, compra y vende conciencias, se toma la vida de las familias y ahora la vida de las naciones. La cultura narco es la cultura del nuevo milenio.
Todos los días las noticias arrojan cadáveres que se ordenan entre "decapitados" y "severamente mutilados". Los sicarios ya no tienen una patria, sino que las invaden todas: el cartel de Sinaloa tiene laboratorios en la provincia de Buenos Aires, las bandas que actúan en las sombras imponen guerras en las favelas de Río de Janeiro o en las villas de San Martín, en España, o Boulogne, de Francia.
La traición, si se sospecha, se castiga con acciones mafiosas; si se prueba, con crímenes que traen más muertes, en una escalada de venganzas infinitas.
En su novela póstuma 2666, el novelista chileno Roberto Bolaño relató en toda su crudeza y horror los asesinatos de mujeres en Santa Teresa, transmutación literaria de Ciudad Juárez, enclave fronterizo con El Paso, Tejas, donde desde hace décadas gobiernan la violencia y la impunidad. Esas muertes narran un crimen continuo, una historia de nunca acabar.
Un empresario poderoso que observa cómo su país está siendo minado por los narcotraficantes en complicidad con la corrupción del poder, decide ganarles "siendo más criminal que ellos" en la última novela del escritor mexicano Carlos Fuentes, Adán en Edén. La manera en que el dinero sucio del narcotráfico penetra en la sociedad provocó picos de rating en la versión para televisión de Sin tetas no hay paraíso, la historia en la que Gustavo Bolívar, escritor colombiano, cuenta cómo una joven de 17 años se prostituye para comprarse pechos más grandes y así acceder al círculo de los traficantes.
La lista viene amontonando títulos en sintonía con el ritmo en que avanzan la muerte y la corrupción por el continente: Rosario Tijeras, del colombiano Jorge Franco; La reina del sur, del escritor español Arturo Pérez-Reverte; Balas de plata, del mexicano Élmer Mendoza, o La virgen de los sicarios, del colombiano-mexicano Fernando Vallejo, son apenas unos pocos ejemplos con un denominador común: cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor.Es lo que le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias, pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz, es decir, desde la despenalización del consumo.
Las inteligencias más lúcidas del continente insisten en que es imperioso llegar a un acuerdo de cooperación entre traficantes y consumidores. Cuando se rompan esos pactos siniestros de silencio y dinero, y los expendios de droga salgan a la luz del día, como el alcohol después de la Ley Seca, quizás hasta los propios traficantes descubran las ventajas de trabajar dentro de la ley.
La despenalización avanza. España, que trata la drogadicción como un problema de salud, fue el primer país europeo en despenalizar el consumo de marihuana. La posesión para uso personal no es delito, aunque el consumo público está castigado con multas administrativas y su legislación contra el tráfico está entre las más severas de Europa.
Hace pocas semanas, y a contracorriente de una costumbre avalada por el ex presidente George W. Bush, la Administración de Barack Obama estableció que los fiscales federales no gastaran sus recursos en arrestar a personas que usan o suministran marihuana con fines medicinales.
Quizás el caso más conocido sea el de Holanda, donde en rigor es delito el consumo de cualquier sustancia prohibida. Sólo hay cierta consideración para el acceso a la marihuana en los llamados coffee shops, lugares reservados para la compra y consumo de menos de cinco gramos diarios.
En Argentina un fallo de la Corte Suprema de Justicia estableció que el consumo personal de marihuana no es un delito y también ha concentrado en un solo juzgado federal todo lo relacionado con el paco, un veneno barato que arrasa los círculos más pobres de la población.
¿Es la despenalización la cura de todos los males? El lenguaje de las armas demostró su fracaso y la historia ya escribió su ejemplo más contundente cuando en los Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol durante los 13 años que duró la Ley Seca.
La prohibición que comenzó el 17 de enero de 1920, lejos de hacer desaparecer el vicio, provocó la creación de un mercado negro del que surgieron todos los Al Capone, los Baby Face Nelson, los falsos héroes como Bonnie & Clyde y una legión de padrinos que sembraron el terror a sangre y fuego. Como era casi previsible, muy pronto la corrupción se apoderó de las conciencias policiales.
De los agentes encargados de velar por la prohibición, un 35% terminaron con sumarios abiertos por contrabando o complicidad con la mafia y, como era previsible, muy pronto aparecieron las estadísticas nefastas: 30.000 muertos y 100.000 personas resultaron víctimas de ceguera, parálisis y otras complicaciones por envenenamientos con el alcohol metílico y otros adulterantes, a los que recurrían los bebedores desesperados.
En 1933, cuando Franklin D. Roosevelt derogó la Ley Seca, el crimen violento descendió dos tercios. En Estados Unidos no se acabaron los borrachos, pero desaparecieron los Al Capone.
El arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico es arruinarles el negocio. Y la única vía posible para hundirlos es legalizando el consumo. No se trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas efectivas de salud pública.
© 2010 Tomás Eloy Martínez
Distribuido por The New York Times Syndicate.
lunes, febrero 08, 2010
República laica
MÉXICO, D.F., 7 de febrero.- A pesar del voto en contra de diputados panistas, en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados dio su primer paso una sencilla pero significativa reforma al artículo 40 de la Constitución. Se presume que el martes 9 de febrero será discutida en el pleno de San Lázaro. Con un puñado de legisladores panistas, ajenos al fundamentalismo de la mayoría, la enmienda puede ser aprobada y pasar al Senado, donde sus promotores esperan también de los liberales del PAN el apoyo preciso para lograr la mayoría calificada requerida en las adiciones constitucionales.
Se trata de agregar sólo una palabra a los adjetivos con que caracterizó el Constituyente a la República Mexicana. Ya dice que “es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal…”. Se trata de que diga también que la república es laica. El adjetivo cabría, según el dictamen de la comisión legislativa, en penúltimo lugar, antes de “federal”. Gramaticalmente la operación es fácil. No lo es políticamente.
Desde diversos orígenes, hace ya tiempo se alzan voces que alertan contra el riesgo en que se halla el carácter laico del Estado mexicano. Se da por sentado que esa nota definitoria existe, pero bien miradas las cosas no hay en el texto constitucional ninguna afirmación al respecto, definiendo como laico al régimen, si bien la palabra respectiva aparece claramente en el artículo 3º, al enumerar los atributos de la educación que imparta el Estado.
Ésta deberá ser laica, dice en primer lugar esa porción del credo constitucional. Y, además, debe ser obligatoria, democrática, nacional, gratuita, y “contribuirá a la mejor convivencia humana”. Para que la educación sea laica, la Constitución manda que se mantenga “por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”, que se base “en los resultados del progreso científico”, y luche “contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”.
Hace ya tiempo que, por mudanzas en el temperamento político y en las leyes, la educación impartida por particulares ha quedado sustraída a esas definiciones constitucionales. No contenta con enseñar religión al mismo tiempo que cumple con los planes de estudios oficiales, la Iglesia católica pugna a través del PAN por avanzar hacia la libertad de enseñanza, especioso concepto que implica impartir cursos de religión en los establecimientos públicos. Amén de pretender con ello que el Estado cumpla un deber suyo, desatendido respecto del grueso de la población, de transmitir la historia, la doctrina y los valores del catolicismo, el clero respectivo pretende socavar el hasta ahora único fundamento constitucional de la laicidad, que aun sin definiciones está en la base de la convivencia nacional. Para que sea democrático, el Estado mexicano debe ser laico, es decir, mantenerse aparte y sobre las creencias religiosas, sin ceder siquiera a la censalmente mayoritaria.
Esa percepción constitucional está en jaque. Con la unión de dos partidos conservadores, el PAN y el PRI, 18 Constituciones locales han sido reformadas en un plazo menor a dos años, y, evidentemente, conforme a un plan rector para que declaren de manera solemne que esos ordenamientos jurídicos protegen la vida humana desde el momento de la concepción. Esa es una noción religiosa propagada por altos jefes de la Iglesia católica. Creen que así se entra en el ámbito de respeto a la vida privada. Los clérigos tienen derecho a enseñar ese dogma y a proponerlo como base de la conducta de sus feligreses, que con toda libertad pueden hacerlo suyo. Pero cuando esa verdad válida para los creyentes de una fe se convierte, como ha sido el caso, en norma legal que obliga a todos, aun a quienes no conceden crédito a ese concepto ni a sus fundamentos religiosos, se lesiona el Estado laico.
La reforma constitucional es la base requerida para enmiendas a la legislación penal. Si la vida está protegida desde el momento de la concepción, interrumpirla es un delito, y así debe ser estipulado en los códigos que antaño se llamaban “de defensa social”. Con ese criterio religioso, el fundamentalismo católico, que aspira a que sus dogmas se conviertan en leyes y a que las leyes divinas (definidas como tales por la jerarquía eclesiástica) se coloquen por encima de las leyes civiles, ha reaccionado exitosamente contra el riesgo de atentados contra la vida que tienen su origen en la Ciudad de México.
La cruzada por la reforma constitucional local en materia de protección a la vida es el blindaje con que el conservadurismo se propone evitar que cundan las nociones laicas, fundadas en la investigación científica, sobre la concepción. Como las nociones de que provee la ciencia aclaran que no hay vida de ser humano en el momento de la concepción y varias semanas después, no es delito interrumpir el embarazo dentro de un término fijado por la ley, que en el caso capitalino es de 12 semanas y en no pocos países es aun mayor, hasta llegar al extremo –australiano, según recuerdo– de fijar como plazo para el aborto lícito el doble del nivel mexicano, 24 semanas.
El fundamentalismo católico buscó impedir esa reforma. Sus diputados fracasaron en el empeño y tampoco pudieron iniciar una acción de inconstitucionalidad contra el ordenamiento que despenaliza el aborto practicado dentro de aquel término. Y entonces, en una operación de pinzas –por un lado las reformas constitucionales locales, y por otro estas acciones ante la Suprema Corte de Justicia–, dos órganos del Estado pugnaron por que el máximo tribunal declarara contrario a la Constitución lo que era ciertamente contrario a creencias religiosas respetabilísimas pero que no pueden ser impuestas a una sociedad heterogénea, donde diversas porciones minoritarias no deben ser obligadas a acatar el credo de la mayoría. Así como es reprobable que un juez municipal o un alcalde sancione con duras penas, que pueden llegar hasta la exclusión a quien no aporte dinero o trabajo para una celebración religiosa, lo es también la actuación de la Procuraduría General de la República y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que bregaron ante la Corte como si representaran el parecer del alto clero.
Fueron derrotadas en su empecinamiento. Pero la PGR ha vuelto a las andadas ante la reforma al Código Civil que define el matrimonio como la “unión de dos personas”, en vez de la “unión de un hombre y una mujer”. Ha iniciado una nueva acción de inconstitucionalidad, basada de nuevo en frágiles argumentos jurídicos; frágiles porque en realidad esconden alegatos propios de la moralidad católica, basada a su vez en una concepción religiosa de la vida. Hay que decirlo una vez más: tal noción es respetabilísima y los fieles de ese credo han de contar con plena libertad para profesarla. Pero no tienen derecho a convertirla en norma jurídica o en prohibición judicial que se imponga a los no católicos.
Por esos embates, voluntades tenaces procedentes de muchos orígenes –cito sólo a título de ejemplo a Juventino Castro y Castro, María de los Ángeles Moreno, Beatriz Pagés, Rodolfo Echeverría, Roberto Blancarte, Bernardo Barranco– pugnan por rebautizar a la república para que también se llame laica. No los asalta el candor de suponer que la realidad se modifica con una enmienda legal, por más que sea de rango constitucional. Fían, sí, en el carácter de escudo que la carta constitucional puede adquirir en la disputa por el tono y la densidad que debe tener nuestra convivencia, no una convivencia dificultada por la intolerancia, sino la que resulta de “desarrollar armónicamente las facultades del ser humano” y de fomentar en él, “a la vez, el amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y la justicia”.
Ese es el credo de la educación laica en una república que, siendo laica, debe ostentar ese carácter en su definición.
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sábado, febrero 06, 2010
¿Para qué sirve la política?
MEXICO, DF, 4 de febrero (apro).- Esta semana se reanuda el trabajo en el Congreso de la Unión y las discusiones centrales giran en torno de la reforma política propuesta por Felipe Calderón, la inclusión de un texto sobre el Estado laico y las coaliciones partidistas para repartirse puestos en las elecciones en 14 entidades.
Este día, mujeres de todo el país se manifestarán a las puertas del Congreso contra la ominosa acción política de los diputados en 18 entidades que, en 2009, se dedicaron a conspirar contra los derechos sexuales y el aborto legal.
En algunos casos, legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) votaron en contra de esa conspiración. Otros hicieron como que no veían ni oían nada, se hicieron locos, no fueron a votar, y en otras circunstancias han coincidido sin recato con la derecha más conservadora.
Muchos de estos representantes de dizque de la izquierda opinan y promueven estas reformas, cuyo último fin es cegar el derecho a interrumpir un embarazo en todas las circunstancias. Como en el Chile pinochetista.
Lo grave es que en la mayoría de las 18 entidades donde se modificaron las Constituciones, abultaron las cifras y votaron junto a representantes populares del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por eso creo que vivimos momentos tan inauditos como inexplicables.
El colmo es que legisladores del Partido del Trabajo (PT) y de Convergencia, en 90% de los casos, avalaron a priistas y panistas en esta andanada, lo que ya es preocupante.
Ahora, como si se tratara de un engendro, los cínicos dirigentes de la izquierda a la extrema derecha, en una acción política contraria a todas nuestras tradiciones, a toda nuestra historia, se van a aliar para gobernar. Da miedo.
Se busca sólo el poder, el PRD aliado con el PAN en Oaxaca, o con el PRI en otros lugares, según convenga. Dicen que para desenraizar cacicazgos y promover la alternancia. No tienen el más mínimo escrúpulo.
¿Eso qué significa para los derechos de las mujeres? Creo que mayor retroceso ante un silencio ofensivo de las bases y las dirigencias de los partidos políticos, que pelean en las elites por ampliar sus puestos, sus prebendas y sus intereses. Nada más no tienen ni principios y sus programas son de papel.
Mientras, amanecimos el 1 de febrero con el resumen funesto: enero 2010, el mes más violento de todos los que han transcurrido desde que Felipe Calderón se hizo del poder, este personaje al que van a reconocer como presidente constitucional los partidos que consideraron que hubo un fraude en 2006.
Es muy clara la situación: la política partidaria, la de elites y conveniencias, no tiene el más mínimo respeto, consienten alegremente el retroceso. Avalan una política de muerte y opresión para las y los ciudadanos de este país.
¿Para qué sirve la política? Me interrogo. Para qué tanto tiempo perdido en “negociaciones” como la que se hacen para que se archive la iniciativa del Congreso de Veracruz, que quiere llevar las reformas que dan al feto derechos civiles, si al final se hará lo que convenga a sus intereses, a sus alianzas, para el reparto de gubernaturas, curules y presupuestos.
Además, ninguna iniciativa que entre al Congreso se puede retirar y, como no se rebelan miles, los políticos se burlan y siguen adelante.
Por ello es fundamental la movilización de las mujeres y sus aliados contra la acción legislativa que a cien años del movimiento armado de 1910 simplemente borran de un plumazo las garantías constitucionales; avala la muerte de miles de mujeres al año que, ante la falta de sus derechos, recurren al aborto clandestino; diputados y diputadas que para cobrar sus salarios levantan el dedo y cambian las Constituciones históricas en contra de todo principio y ética.
Lo más grave es el silencio frente a la muerte. ¿No debieran trabajar en contra de esta guerra insultante? La que desató el régimen hace tres años y que apenas el fin de semana cobró la vida de 14 jóvenes en Ciudad Juárez, Chihuahua.
¿De qué vida hablan, cuando hablan del derecho del feto, si no se inmutan ante estos horrores? ¿De qué negociaciones vergonzantes parten para avalar los asesinatos cotidianos?
¿Para qué sirve su política? Para aumentar la explotación, bajar los salarios, hacerse a un lado frente a la militarización de país ¿No debieran encargarse de estos asuntos y no de controlar el cuerpo de las mujeres?
A la movilización de este jueves, porque hay mujeres encarceladas, presas de conciencia en Veracruz, Guanajuato, Hidalgo y Puebla, decenas de perseguidas y procesadas en todo el país, debiéramos sumarnos todas y todos. Abandonar la indiferencia; ¿quién se ocupa de esta cultura de la muerte que nos invade? ¿De las y los jóvenes?
De qué moral hablan los señores que dirigen el PT o de Convergencia, paleros deshonestos. ¿Qué defiende el Partido Nueva Alianza de la maestra Elba Esther Gordillo? A los priistas ya se les conoce, se bañan de sangre diariamente; de los panistas se sabe su conservadurismo y su doble moral, no nos sorprende. Se erigen como verdugos.
Pero ésos, los que dicen estar con Andrés Manuel López Obrador, son claramente un peligro para las mujeres ¿Quién puede apoyarlos? ¿Quién?
Para terminar, me pregunto: ¿levantarán su voz, se rebelarán contra este último asesinato de 14 jóvenes en Ciudad Juárez?, donde estudiantes que se divertían en una fiesta en la colonia Villas de Salvárcar fueron masacrados inopinadamente.
Creo que debemos considerarlos como legisladores por la muerte y contra la libertad, asociados omnipresentes con una jerarquía eclesiástica que encubre a pederastas, asociados a la desgracia y la estulticia.
Ahí, en Villas de Salvácar las víctimas en su mayoría fueron menores de edad, estudiantes del CBTIS 128 y del Bachilleres 9 de Ciudad Juárez; fueron acribillados sin piedad, dicen que por sicarios de algún grupo, muertos de la misma manera que se asesina a las mujeres en el aborto clandestino, en la misma forma en que se extermina con nuevos impuestos a la población; igual que son aplastados con políticas que reducen presupuestos de salud y educación.
Hoy sabemos que los adolescentes no tienen futuro, porque no hay espacios en las escuelas preparatorias; mujeres asesinadas por el miedo a la persecución; acribilladas por los militares y los policías en Sinaloa, Chihuahua, Chiapas, Guanajuato y otras entidades donde se erige el autoritarismo armado como signo de este gobierno.
¿Acaso no la política y la traída y llevada democracia debían servir para parar esto? No son los representantes populares a quienes les toca frenar esta matanza indiscriminada, tremenda, peor que cualquier guerra. No, ahora se trata de análisis sesudos sobre la reforma política que no sirve para nada. Y lo más grave es que también se acribilla el pensamiento y todas las libertades.
viernes, febrero 05, 2010
Regresa la Idea Musical
Patricia Peñaloza
Su transmisión, a 128 kps, comenzó el pasado 26 de enero, pero hasta ayer se inició la programación en forma, con locuciones en vivo, de la nueva Rock 101, ahora por Internet, en www.101.com.mx, tal como prometió en estas páginas Luis Gerardo Salas, fundador del legendario proyecto radiofónico (duró de 1984 a 1994). “Sonará a lo que sonaría Rock 101 de no haber acabado, con música actual de calidad; temas poco atendidos entre 1994 y 2009, y piezas de catálogo o idea musical que identificaron al concepto anterior”, dijo Salas en entrevista. Y para hacer móvil la escucha, vía celular, iPhone, o laptop, se asoció con Apple para que de apple.com.mx sea posible descargar la aplicación Rock 101
, creada ex profeso para su transmisión. La estación está ligada a Facebook y Twitter, para interactuar con el público. En locución están Salas, Dominique Peralta, Abel Membrillo, Vicente Solís y Jorge García Negrete. Y para continuar con la tradición del bar/foro paralelo, mañana se inaugura El 101, en Michoacán 93, Condesa (pero ojo: el sitio rock101.com.mx, hecho por fans, no tiene nada qué ver). A escuchar y esperar a que tan osado proyecto fructifique.
jueves, febrero 04, 2010
Desilusiones
Hace unos 40 años, cuando inicié mis cursos sobre partidos políticos en México, un alumno me preguntó para qué los estudiábamos si siempre ganaba el PRI y los demás partidos eran insignificantes. Casi me convenció, pero insistí en impartir el mismo curso pensando que algún día las cosas cambiarían y los partidos serían importantes. Ocurrió y hasta las elecciones, que no tenían sorpresas entonces, comenzaron a ser competitivas y más o menos creíbles.
Con la reforma electoral de 1977 observé que las izquierdas mexicanas tendrían una oportunidad para fortalecerse e incluso convertirse en organizaciones político-electorales de relativa presencia en el país. Pensé que si bien corrían el riesgo de enajenarse al sistema dominante, por las prerrogativas y por las mismas exigencias de la participación electoral, también podrían mantener una relativa autonomía de las reglas de juego impuestas y convertirse en la alternativa legal que tanta falta le hacía a México en su lento y accidentado tránsito a la democracia, tanto política como social.
Aunque las izquierdas con vocación partidaria-electoral se acomodaron a la legislación y concedieron en partes de sus principios políticos e ideológicos, siguieron siendo por unos años una opción muy superior a la que habían representado partidos como el Popular Socialista de Lombardo Toledano. Hasta ahí no había razones sustanciales para abandonar cierto optimismo, pese a que las expresiones radicales cedieron a favor de las moderadas. Bueno, me dije, cualquier partido que quiera ser competitivo electoralmente tiene que correrse al centro, lo suficiente para aumentar los votos a su favor, pues la sociedad es, de alguna manera, como una curva de Gauss o de campana donde el grueso de la población se carga, también en política, hacia el centro y en los extremos quedan los ultraizquierdistas y los ultraderechistas. Es el riesgo de la participación electoral con vocación de triunfo.
Sin embargo, nunca pensé (entonces) que la adopción de posiciones reformistas por parte de las viejas izquierdas llegaría a extremos tales como parecerse a los partidos que criticaban, precisamente por hacerle el juego al sistema, es decir, a los intereses dominantes de la sociedad y de las esferas del poder. Cuando surgió el Frente Democrático Nacional con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia, pensé (y así lo dije) que las izquierdas andaban ya muy mal al apoyar a ex priístas como candidatos.
Más adelante, tal vez convencido por la fuerza de los fenómenos y por la casi desaparición de las organizaciones de izquierda propiamente dichas, es decir, socialistas, me vi obligado a aceptar que los tiempos habían cambiado y que las izquierdas no tendrían que ser socialistas para ser tales ni revolucionarias en la estrategia para ser identificadas como izquierdas. Pensé en todas mis lecturas en contra del reformismo, de las críticas, incluso de mis propias críticas, a los partidos comunistas y su socialdemocratización en los 70 del siglo pasado, y opté por aceptar que quizá estábamos equivocados y que, finalmente, el socialismo como meta era una quimera o algo que deberíamos de redefinir en sus términos. Aclaro que mis pensamientos no tuvieron nada que ver con la caída del Muro de Berlín ni con la desaparición de la Unión Soviética, pues nunca asumí que ésta y sus satélites fueran socialistas; a lo más, como pienso actualmente de Cuba, países de orientación socialista (término que tomo prestado de Wladimir Andreff), que no es poca cosa en estos tiempos.
Con el movimiento que encabezó López Obrador mi ánimo se recuperó del escepticismo y me dije: bueno, no es socialista, pero por lo menos es un fenómeno de oposición al neoliberalismo y a la pérdida de soberanía que los tecnócratas priístas y panistas habían propiciado principalmente desde que Salinas de Gortari fue impuesto como gobernante de México. Ésta es la izquierda que tenemos y hay que apoyarla, razoné y así lo hice. No es la panacea política, me dije, pero ahí está una porción muy importante de la población y, sobre todo, la esperanza de millones de empobrecidos mexicanos. Con lo que no contaba era que esa misma izquierda se iba a comer a sí misma y que el pragmatismo más ramplón y oportunista iba a apoderarse de los partidos que la componían.
Cuando Cuauhtémoc, Porfirio, Ifigenia y otros se separaron del PRI no fue sólo porque quisieran que el primero gobernara, había una crítica muy seria a la dinámica que los neopriístas le habían impuesto al partido y a la nación. Ahora todos vemos que un priísta que dejó de serlo hace una semana puede ser candidato de las izquierdas partidarias existentes, no porque tenga un proyecto distinto a sus correligionarios, sino porque es popular
(cualquier cosa que esto signifique). Y, peor aún, un panista y, entonces, alianza con él y su partido, después de lo ocurrido durante Fox, el proceso electoral de 2006 y, finalmente (¿será?), con Calderón y los yunquistas empoderados de nuevo después de las metidas de pata del antecesor de César Nava. El argumento es que hay que disminuir el ascenso electoral del PRI, en lugar de aceptar que esta ventaja del tricolor se debió al fracaso del gobierno de Calderón y, ¡lo más grave!, al fracaso de las izquierdas partidarias por recomponerse y replantearse ante la sociedad como una verdadera opción alternativa, aunque no sea socialista.
Después de 40 años de impartir la materia de partidos políticos en México (en la UNAM y otros centros de educación superior donde he dado clases), la abandoné, pues ya no estoy en edad de tener la misma esperanza que tuve a finales de los 60, es decir, la ilusión de que los partidos políticos valieran la pena de ser estudiados. Y las izquierdas menos. ¿A qué tendremos que referirnos ahora cuando hablemos de izquierdas? No lo sé. Tal vez, como tantas cosas, habríamos de reinventarlas. ¿Estoy deprimido y por lo tanto pesimista? Quizá sí.
Persépolis, Mx.
¡Hasta aquí!a la sociedad moderna en México. No es su iniciativa, simplemente está cumpliendo con las instrucciones vaticanas que ordenan defender el
derecho a la viday el concepto tradicional de familia. Ha lanzado en consecuencia una ofensiva en la que no está sola, pues cuenta con el apoyo del gobierno federal, del PAN y –aunque a usted le sorprenda– del PRI.
No obstante patronos tan distinguidos, cabe preguntarse qué tan lejos puede llegar una política a contrapelo de la sociedad. Otras experiencias indican que el éxito de una ofensiva de esta naturaleza requiere del apoyo del Estado para imponerse, es decir, las autoridades religiosas por sí solas no tienen el alcance ni la capacidad para llevar a cabo un proyecto que va en contra de las pulsiones sociales que hoy en día están por la diversidad, por la tolerancia y por el respeto a los derechos individuales de mujeres y de hombres.
Es muy desafortunado que el gobierno del presidente Calderón se haya involucrado en esta ofensiva; no se entiende que abra un nuevo frente de batalla, ahora, cuando tiene que lidiar con tantas emergencias: desde los terroríficos ataques del narco, que en Ciudad Juárez acaba de exhibir su indiferencia a la guerra que el gobierno libra en su contra, hasta su proyecto de reforma política que es una de sus grandes apuestas para el futuro.
Como si le faltaran adversarios, el gobierno ahora se ha lanzado contra costumbres, creencias y comportamientos sociales, y mediante un cambio constitucional se propone una transformación de valores, porque la mayoría de las encuestas que se han levantado a propósito del matrimonio entre personas del mismo sexo indican que más de la mitad de la población está de acuerdo con una ley que norme esa posibilidad.
No hay muchas probabilidades de que se materialice la intención de revertir la ley del Distrito Federal al respecto: es previsible una derrota, y Dios sabe que una derrota es lo último que necesita el presidente Calderón en estos momentos. Pero si llegara a ocurrir, si efectivamente fuera declarado inconstitucional el matrimonio gay –o la ley para la interrupción del embarazo– estaríamos ante el triunfo del integrismo católico con el apoyo de la Presidencia de la República. Entonces, el Estado mexicano habrá dejado de ser laico.
Este tipo de batallas tienen un potencial destructivo nada despreciable. En 1979 la revolución iraní se lanzó contra todo lo que era occidental: daba la casualidad que todo eso también era moderno. Los mullahs se empeñaron en echar para atrás el reloj y obligar a mujeres y hombres a que se ciñeran a los códigos morales y de relación social del Islam. El costo fue muy elevado, tanto en términos personales como para el desarrollo de Irán que perdió mucho del capital de conocimiento y de los recursos humanos que había acumulado los años anteriores.
Persépolis, la novela gráfica de Marjani Satrapi, es un relato autobiográfico de esa sorprendente y dolorosa experiencia de una sociedad que fue obligada a caminar como cangrejo, hacia atrás. La obra de Satrapi recoge las penas que causa la intolerancia, la enajenación de muchos de la vida social, y el empobrecimiento que acarrea el pensamiento único y la moral única que dictan autoridades político-religiosas, ciegas y sordas a las demandas de una sociedad que se le escapa sin remedio.
Trasladar la experiencia de Persépolis a México puede traer dos tipos de consecuencias: uno, que las leyes sean ignoradas simplemente porque entre sus disposiciones y la sociedad real hay un amplia brecha; dos, que surjan conflictos en el seno de la sociedad por la confrontación entre los defensores de la Iglesia y de sus tradiciones, y los partidarios del Estado laico, de la democracia, de las libertades individuales, de la diversidad y de la tolerancia.
Es posible que haya entre nosotros núcleos integristas, probablemente todos ellos anidados en León, Guanajuato, pero no todos somos de allá ni de Guadalajara o de Querétaro. La existencia en nuestro país de una sociedad moderna, que rechaza la religión clerical del pasado, que defiende el derecho de las mujeres a decidir, y los derechos de las minorías sexuales, ha sido medida por la Encuesta Mundial de Valores que dirige desde hace varios años Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan. Sus resultados para México muestran que la sociedad se ha secularizado, que los valores religiosos han pasado a segundo lugar, y que la Iglesia católica es sólo una institución entre muchas otras. ¿Eso es lo que se proponen cambiar? Está más fácil la reforma política.
martes, febrero 02, 2010
El Yunque, asunto de salud pública
MÉXICO, D.F., 1 de febrero (apro).- Una vez que se ha demostrado con vasta información que El Yunque no es un mito ni un mote, pese a que la pereza, la estulticia y la complicidad se empeñan en lo contrario, ha llegado el momento de que institucionalmente se tome una definición sobre esta organización secreta que, como se denunció ante la Procuraduría General de la República (PGR), opera como un cártel de criminales.
Ha sido ya formalizada ante la PGR una denuncia penal por los delitos de traición a la patria, sedición, terrorismo, sabotaje y conspiración, presuntamente cometidos por un grupo de jefes y operadores de El Yunque, cinco de ellos de militancia en el Partido Acción Nacional (PAN), cuyo presidente, César Nava, es también un prominente juramentado.
Se trata de Bernardo Ardavín Migoni, jefe general de la organización desde 1995 en México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Estados Unidos, España, Francia y Filipinas, países donde El Yunque tiene presencia; José Antonio Quintana Fernández, jefe general hasta 1995 y actualmente jefe general emérito, y Guillermo Velasco Arzac, jefe en México e integrante del Mando Nacional.
Estos tres personajes no tienen militancia formal en el PAN, pero no hace falta porque sus instrucciones son operadas por otros de los denunciados ante la PGR por Luis Paredes Moctezuma, quien militó en El Yunque durante tres décadas.
Otros dos denunciados son Manuel Espino, antecesor de Nava en la presidencia del PAN, y Marco Antonio Adame, gobernador de Morelos, este último “Jefe de la Estrategia PAN a nivel nacional”, es decir, encargado de hacer que El Yunque mantenga y refuerce el control en ese partido.
Los otros tres denunciados son Fernando Guzmán Pérez-Peláez, jefe de El Yunque en la región Occidente, que incluye Jalisco, Colima y Nayarit; Gerardo Mosqueda Martínez, jefe en El Bajío, con mando en Guanajuato y Aguascalientes, y Alfredo Botello Montes, jefe en Querétaro e Hidalgo.
Como se detalla en el reportaje que se publica en el semanario Proceso, Guzmán y Mosqueda son secretarios de Gobierno de Jalisco y Guanajuato, respectivamente, y Botello Montes, quien ocupó el mismo cargo en Querétaro, es actualmente secretario de Acción de Gobierno del Comité Ejecutivo Nacional del PAN que preside Nava.
De acuerdo con la denuncia de Paredes, los involucrados –“jefes, operadores y cómplices de la Organización Nacional del Yunque”-- presuntamente han cometido los delitos previstos en el Libro Segundo, Título Primero del Código Penal Federal:
Traición a la Patria: “Realizan actos que comprometen a la seguridad nacional en función de los intereses supranacionales de esa organización. Algunos de sus militantes tienen acceso a información reservada a los más altos niveles del Estado mexicano y, según he sido enterado, es filtrada a gobiernos y/o entidades extranjeras. Anteponen los intereses de su organización a los de nuestra patria. La soberanía nacional no se restringe a preservar su territorio y recursos naturales, sino que en gran parte es de orden jurídico y político, y dicho orden va siendo socavado por la perniciosa acción de esa organización.”
Sedición: “El Yunque realiza tareas de inteligencia para interferir en las funciones del Estado mexicano. Bajo amenaza, dicta línea y consigna a numerosos legisladores y funcionarios federales, estatales y municipales a lo largo y ancho del país con la finalidad de imponer a la nación una forma de vida ceñida a la ideología que profesan. El Yunque pretende abolir --de facto-- la esencia democrática de nuestro orden constitucional, expresamente la división de poderes, al ir tomando el control de los órganos del Estado para constituirse en el poder real --que actuaría oculto-- sojuzgando a la República como ya se ha visto en Guanajuato, Jalisco y Morelos. En Puebla, su cómplice Mario Marín Torres, da claro ejemplo de la subordinación de los poderes Legislativo y Judicial al Ejecutivo.
Terrorismo: “No tiene otro nombre el propósito, no de espantar a una persona, sino de aterrorizar a los políticos mexicanos todos, con que de no ceñirse a sus dictados serían difamados, desacreditados e incluso perseguidos hasta privarles de su libertad, destruyendo su patrimonio y el de sus familias, e incluso amagándoles con asesinarles --suicidándose en prisión de cinco puñaladas por la espalda--, como amenazaron hacer conmigo
Sabotaje: “El Yunque sabotea al Estado mexicano entorpeciendo las funciones de sus dependencias, esto ha sucedido y sucede en todo el país en los diferentes órdenes de gobierno. El Yunque impide la ejecución de planes y programas de gobierno, como lo hicieron con el ayuntamiento de Puebla 2002-2005 que tuve el honor de presidir, al que sistemáticamente calumniaron y acosaron desde puestos en las legislaturas federal y estatal, desde el Partido Acción Nacional, desde Cámaras y sindicatos empresariales y desde universidades públicas y privadas, realizando tales actos por sí y también incitando a otros a que lo hicieran. Así sucede ahora en contra del presidente Calderón y el principal ejecutor de esos planes es Manuel Espino Barrientos...“
Según Paredes Moctezuma, la actuación de los jefes y miembros de El Yunque constituyen una conspiración contra México y por ello emplaza a la PGR a iniciar la averiguación previa correspondiente para acreditar si, en efecto, ésta existe.
Obviamente, para proceder a tal propósito se requiere voluntad política al más alto nivel, específicamente de Felipe Calderón.
No se trata de que se le haga caso a un militante del PAN que se dice afectado en sus derechos políticos, como Paredes, sino un asunto que concierne a la nación, un asunto de salud pública.
Aun cuando el procurador Arturo Chávez Chávez es conocido en Chihuahua por su pertenencia a la facción de El Yunque y como procurador de ese estado fue capaz de encubrir a una banda de asaltabancos integrada por miembros de esa organización y ahora actúe como abogado de la jerarquía católica, quizá pueda tener gallardía para iniciar una averiguación previa con base en la denuncia de Paredes.
Quizá tenga un arranque de grandeza, aunque se encolerice Calderón…
Apuntes
Reproduzco la cita de Jesús Ortega, presidente del PRD, escrita aquí la semana pasada sobre el personaje que tiene ensangrentado el país, pese a que el tema ya salió de su repertorio de peroratas: “Yo soy una persona que trata de ser congruente con lo que piensa. He dicho, y lo sostengo, que Calderón es y será ilegítimo, y que esa ilegitimidad no se quita como si se quitara una mancha en la camisa. Calderón es y será ilegítimo por los siglos de los siglos.”
Comentarios: delgado@proceso.com.mx