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viernes, mayo 06, 2011

Rita y "Poncho" y Santa Sabina

Ricardo Jacob

MÉXICO, DF., 5 de mayo (Proceso).- Santa Sabina es la mejor banda de rock mexicano. Lo es no sólo por la calidad y complejidad lirica, armónica y rítmica de sus trabajos discográficos, sino porque en sus filas estuvieron siempre presentes dos de los más honestos personajes que ha dado la música mexicana: Rita Guerrero y Poncho Figueroa.

Con personalidades muy diferentes pero complementarias, su unión pudo ser divinamente premeditada para dejar una profunda huella en aquellos que supieron entender y valorar su arte. Amantes de lo sencillo, humanos sin poses falsas, Rita y Poncho fueron el núcleo de un grupo de rock que buscó comunicar su pasión por lo espiritual, lo simple y lo importante con poesía, teatro y música.

Santa Sabina nunca se convirtió en marca, no consolidó su presencia con el éxito financiero que merecían pero que nunca buscaron desesperadamente. Grupo que se mantuvo fiel a sus ideas, es ahí en donde radica el mayor éxito de su carrera: en la congruencia con ellos mismos.

A principios de 2010 la cantante se enteró de que padecía cáncer de mama. Mantuvo en secreto su estado de salud y sólo las personas más allegadas a ella sabían de su situación. En octubre la noticia se hizo pública y se convocó al concierto Rita en el corazón (Proceso 1778).

El 6 de diciembre nos reunimos varios compañeros músicos en el Teatro de la Ciudad para lo que fue un homenaje en vida a Rita y fuimos testigos, junto al público asistente, del último concierto de Santa Sabina. Ahí estuvieron Alex Otaola, Patricio Iglesias, Jacobo Lieberman, Juan Sebastián Lach, Pablo Valero, Leonel Pérez, Aldo Max y Julio Díaz, todos los que alguna vez formaron parte del grupo.

Ese día se dio cuenta del cariño que la gente sentía por ella. Todos la vimos profundamente agradecida por tanto amor disfrutando de estar nuevamente cantando en el mismo escenario junto a todos sus amigos.

Rita murió hace mes y medio, el 11 de marzo; Poncho recibió la noticia de su muerte en Cuernavaca una hora antes de comenzar a tocar con Los Jaigüey, su otro grupo de rock en el que somos compañeros. Empezamos a tocar cualquier cosa, Poncho con su bajo dirigió el camino para de repente cantar una canción de Santa Sabina que nunca habíamos ensayado:

Abre tu mente y piensa que
no estoy lejos.
Estando aquí no estoy…

Días después, él mismo se tomó la libertad de canonizar a Rita en un escrito en su página de Facebook llamándola Santa Rita Sabina Guerrera de la Luz. Escribió:

“Rita es una deidad, hoy ella está más cerca del gran espíritu ahora, pero fue un humano y eso es lo que nos acerca siempre con lo divino, es cosa de tomarlo sin preguntarle a nadie, es nuestro y hay que hacer, en base a un hecho tan fuerte, algo que trascienda en nuestra cotidianidad.”

Azul casi morado


Ojalá fuera tu voz


Olvido


Sueño con Serpientes

miércoles, enero 26, 2011

Samuel Ruiz (1924-2011), el profeta mexicano del siglo XX

Enrique Dussel*

Ha muerto el 24 de enero el santo profeta de Chiapas, digno sucesor de Bartolomé de las Casas. Este último comenzó su lucha en favor de los pueblos originarios de América en el ya lejano 1514 en el pueblito de Sancti Espíritu de Cuba. Fue obispo de Chiapas desde 1544 hasta 1547, en que fue expulsado por la oligarquía de los conquistadores que ya dominaban esa tierra maya, por su lucha en favor de los pueblos originarios. Algo más de cuatro siglos después, y como continuando la labor de Bartolomé, fue nombrado en 1959 don Samuel Ruiz, a la edad de 35 años, obispo de Chiapas (siendo el más joven del episcopado mexicano de esos años). Había nacido el 3 de noviembre de 1924 en Irapuato. Estudió primero en León; obtuvo su doctorado en hermenéutica bíblica en la Gregoriana de Roma. Era un hombre letrado, director del seminario de León (como Miguel Hidalgo lo fue del de Valladolid). Asistió al II Concilio Vaticano, participando todavía dentro de las filas del episcopado conservador. Le tocaron tiempos de profunda renovación de la Iglesia y las convulsiones políticas del 68. En ese tiempo cambiará drásticamente su posición teórica y práctica. Será su comunidad indígena maya la que lo confrontará con la miseria, la opresión, la dominación política, económica, cultural y religiosa que la oligarquía chiapaneca había orquestado como herencia de los conquistadores y de los terratenientes contra ese pueblo originario. El joven obispo sufre una conversión radical. Ya en 1968 fue uno de los cuatro oradores (sobre el tema de la pastoral indígena) en la Conferencia de Medellín del Celam, donde manifestó su calibre latinoamericano. Brillará en América Latina como miembro de una camada de obispos que optaron por los pobres del continente, junto a Helder Camara, en Brasil; Leónidas Proaño, en Ecuador, y Óscar Romero, en El Salvador. Será uno de los reformadores de la Iglesia, fundamentando bíblicamente la revolucionaria teología de la liberación que estaba naciendo. Pero aún más, la llevó a la práctica con su pueblo indígena chiapaneco. Aprendió dos lenguas mayas y se transformó en el profeta de su pueblo. Esto le traerá grandes enemistades, persecuciones, aun de aquellos que hoy, después de su muerte, lo ensalzan. Decía de él, y de don Samuel, el obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo: "Nosotros unificamos al episcopado mexicano. ¡Todos están contra nosotros!" Perseguido por los potentados, los terratenientes, los políticos y hasta por algunos de sus sacerdotes, con indomable brío, con paciencia de indígena, con sacrificio titánico, recorriendo innúmeras veces su diócesis en camioneta, avioneta o a caballo, estaba presente consolando, alentando y dirigiendo a las "comunidades" mayas. Todas lo tenían por tatik (como el tata de los tarascos que fue Vasco de Quiroga); nombrado por ellos mismos "Protector del pueblo indígena". Contra viento y marea, y contra la opinión de muchos en el Vaticano (que como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: "¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!"), transformó la Iglesia y la sociedad chiapaneca, educó a los líderes indígenas, que de catequistas llegaron a ser diáconos. ¿Qué fueron muchas y muchos comandantes zapatistas sino catequistas de don Samuel Ruiz? Don Samuel creó proféticamente la conciencia de lucha de su pueblo, del cual, por otra parte, aprendió todo. Por ello, en la celebración de su muerte (no es contradictorio que el pueblo reunido junto a su cadáver exultara un cierto espíritu de profundo regocijo), se gritaba, en algunos casos machete en mano: "¡Samuel vive, la lucha sigue!"; o aquella crítica a la Iglesia de tantas traiciones: "¡Queremos obispos al lado de los pobres!" Esa Iglesia ocupada en la beatificación de su burocracia (cuyo miembro supremo se le vio fotografiado junto a R. Reagan, o a A. Pinochet, y que se encolerizó ante la presencia de un humilde Ernesto Cardenal de rodillas, y sin embargo ministro de Estado de la revolución sandinista, junto al gran cartel en el que se leía en la Plaza de la Revolución: "¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!"

Don Samuel no fue sólo una figura mexicana. Era una personalidad profética latinoamericana, defensor de los derechos humanos de los humildes, de los inmigrantes en toda Centroamérica. Era una figura mundial, recibiendo premios internacionales y doctorados honoris causa en las más diversas y encumbradas universidades en reconocimiento a su pensamiento y a su acción.

Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo. No queda sino alegrarse con el pueblo cuando exclamaba: "¡Samuel vive, la lucha sigue!" Como Walter Benjamin escribía, se trata de un "mesianismo materialista" (si por "materialista" se entiende cumplir responsablemente con los deberes para con la vida de los pobres y explotados, como los indígenas chiapanecos). Samuel fue heroicamente consecuente con aquél: "¡Tuve hambre y me dieron de comer!" (que del Osiris egipcio pasó a Isaías y al fundador del cristianismo, del cual Samuel fue un digno testimonio).

* Filósofo, emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana

martes, enero 25, 2011

Si todos los obispos del mundo…

Octavio Rodríguez Araujo

En México y en otros países hay de obispos a obispos. Unos son conservadores y otros progresistas; unos protegen en su ámbito de influencia a los ricos y a los gobernantes, otros abrazan las causas de los más desprotegidos y explotados; unos están por el sacrificio de las personas en el aquí y el ahora a cambio de indulgencias para después de su muerte, otros promueven la liberación de los pobres en el aquí y en el ahora y no en el más allá. Samuel Ruiz era de los segundos, un obispo que perteneció a la estirpe de Méndez Arceo, en Cuernavaca; de Arturo Lona, en Tehuantepec; de José Llaguno, en la Tarahumara; de Bartolomé Carrasco, en Oaxaca; de Raúl Vera, en Saltillo. Éstos se han distinguido por oponerse a los conservadores y a los colaboracionistas tanto del PRI como del PAN, a Girolamo Prigione en su momento, a la ortodoxia pastoral y, en lo político y lo social, se han opuesto también a los poderes fácticos que han impedido el desarrollo y la realización de los más pobres del país como personas, cuya liberación debe darse en el aquí y el ahora y no para las calendas griegas.

Estos obispos, que bien pudieran ser llamados "liberacionistas", enfrentaron, a veces con esa sutileza que se aprende en el sacerdocio y otras veces con energía, los dictados vaticanos y de los gobiernos mexicanos de los años 80 y 90 del siglo pasado. Siempre desde la fe, pues nunca cayeron en posiciones no religiosas, buscaron en los textos sagrados la justificación para que sus fieles hicieran conciencia de su realidad social, se organizaran y se plantearan una sociedad más justa libre de caciques y de explotadores de toda laya. No hicieron del marxismo su ideología, pues en realidad no simpatizaron con él, pero tampoco lo combatieron como sí lo habían hecho en los años 50 y 60. En otros términos, evolucionaron, y tal vez el Concilio Vaticano II y la teología de la liberación que comenzó a discutirse en aquellos años influyeron favorablemente en ellos. Otros obispos, en cambio, combatieron esas corrientes progresistas y tolerantes de un sector de la Iglesia y en lugar de optar por la Iglesia de los pobres lo hicieron, hasta la fecha, por la de los ricos.

La Iglesia de los pobres no contrarió la fe ni el dogma, pero estos instrumentos fueron usados en un sentido cristiano, es decir en la lógica del Jesucristo al lado de los pobres y de los necesitados y no del que transfiguraron los aliados de los poderosos convirtiéndolo en su negación. Samuel Ruiz, desde su grande diócesis de San Cristóbal de las Casas, no simpatizó con los métodos armados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pero sí con sus principales planteamientos en favor de los indios, los más pobres de los pobres de México. Ofreció no sólo su mediación, que fue aceptada por las partes gracias a su enorme influencia en la zona y a su compromiso, sino la catedral de San Cristóbal para el primer diálogo entre el EZLN y el gobierno, un hecho insólito en la historia del país. Él y su gente, unos curas y otros no, promovieron no sólo el entendimiento entre el gobierno y los armados, sino el respeto a los derechos humanos en toda su extensión. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas fue fundado por Samuel Ruiz en 1989, y su papel ha sido muy importante para registrar todo tipo de violaciones a los derechos humanos en Chiapas, principalmente de los indios. El Frayba, como también se le conoce, se ha orientado, según señala en su sitio web, por la integridad e indivisibilidad de los derechos humanos, el respeto a la diversidad cultural y al derecho a la libre determinación, la justicia integral como requisito para la paz y el desarrollo de una cultura de diálogo, tolerancia y reconciliación, con respeto a la pluralidad cultural y religiosa (las cursivas son mías).

A mi juicio estas premisas de orientación de las acciones del Frayba sintetizan no sólo el pensamiento y la acción de Samuel Ruiz sino lo que debiera guiar a la Iglesia católica en México y el resto del mundo donde participa. Dicho sea de paso, este 26 de enero un grupo de organizaciones civiles iba a entregar, por segundo año consecutivo, el Reconocimiento jTatik Samuel jCanan Lum a personas, comunidades y organizaciones de Chiapas que se han destacado por su servicio, cuidado y trayectoria en su trabajo liberador por las causas verdaderas del pueblo. El Tatic Samuel ya no será testigo de dicho reconocimiento.

Si todos los obispos del mundo, comenzando por el de Roma, fueran como Samuel Ruiz, especialmente en los últimos 40 años de su fructífera vida, la religión católica y su Iglesia estarían a la vanguardia del pensamiento liberador y de la justicia social. Pero lamentablemente no es así.

http://rodriguezaraujo.unam.mx

domingo, octubre 17, 2010

Elogio a la historia

Friedrich Katz llegó a México, su patria adoptiva, en 1940. Tenía entonces 13 años de edad. Desde los tres comenzó a vivir, junto a su familia, la amarga experiencia del exilio. Había pasado por Francia y por Estados Unidos. Su experiencia aquí fue fundamental. "Gracias a México me hice historiador y mi trabajo sobre su historia es lo más útil que he hecho en mi vida; si volviera a comenzar haría exactamente lo mismo", dijo a La Jornada.

Su padre Lieb Katz fue un periodista e intelectual austriaco, judío, opositor socialista a la Primera Guerra Mundial, participante en la gran huelga general de Viena de 1918, integrante del Partido Comunista y antinazi. Obtuvo su doctorado con una tesis sobre La situación de los judíos en la Alemania del siglo XIV y cambió su nombre por el de Leo. Su madre trabajó de secretaria. Comunista, fue una mujer muy interesada por la música y la cultura.

Perseguido por los nazis, Leo Katz huyó a Francia, hasta donde lo siguieron su esposa y su pequeño hijo Friedrich. Colaboró con la República Española introduciendo armas. En 1938 fueron expulsados de ese país y se trasladaron a Estados Unidos. Allí, Leo devolvió al gobierno republicano en el exilio los fondos españoles que había en su cuenta. Dos años después, el gobierno estadunidense le negó la residencia por consideraciones políticas. La familia Katz se mudó entonces a México, en donde la administración de Lázaro Cárdenas le otorgó asilo político. Aquí dirigió Tribuna israelita. En 1949 quiso irse a Israel pero finalmente se instaló en Viena, donde siguió militando en las filas del Partido Comunista.

En Francia y Estados Unidos, Friedrich asistió a la escuela pública y se vio obligado a aprender de un día para otro francés e inglés. En su casa se hablaba alemán. En México fue inscrito en el Liceo Franco-Mexicano. Se respiraba en el país en ese entonces, según el historiador, "un sentimiento de optimismo entre la población, aún era el México de Cárdenas y la gente que había vivido la Revolución parecía empezar a notar los beneficios del movimiento. Y yo, aunque muy joven, sentí ese optimismo".

La formación sentimental de Katz se realizó al fragor de la experiencia del exilio en tres países, el judaísmo, el aprendizaje de lenguas e historias distintas a las natales, la erudición y la labor editorial de su padre y la participación política en las filas del comunismo. “Creo –dijo muchos años después– que mi interés por las revoluciones se debe a esas experiencias y a los escritos y novelas de mi padre”.

Irónicamente, el gran historiador sobre México no tuvo en sus primeros años de educación en el país instrucción sobre la historia del país. Sus maestros no se la enseñaban en el Liceo. Su pasión por el pasado de México se dio "por oposición a la escuela francesa, porque ahí se enseñaba mucha historia de Francia, pero muy poco de la de México. Entonces empecé a interesarme y a leer a autores como Luis Chávez Orozco y Martín Luis Guzmán. Me fascinó la historia antigua de México leyendo a Bernal Díaz del Castillo, y después, precisamente por el contacto con el México de Lázaro Cárdenas, la Revolución empezó a tener dimensiones muy vivas dentro de mí".

En 1945 se fue a estudiar al Warner College en Nueva York, de donde se graduó en ciencias sociales. Tres años más tarde entró a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en México. “Puedo decir –aseguró a La Jornada– que es la mejor escuela entre las que estudié, comparándola inclusive con las universidades de Viena o Berlín. El nivel de la ENAH era el más alto que conocí”. A finales de la década de los 40 regresó con sus padres a Austria, se afilió al Partido Comunista y se doctoró en la Universidad de Berlín con una tesis acerca de Las relaciones socioeconómicas de los aztecas en los siglos XV y XVI. Al terminar sus estudios no consiguió trabajo por sus ideas políticas y por el antisemitismo que existía en su país de origen. En 1962 obtuvo otro doctorado en la Universidad de Humboldt de Berlín oriental, con un estudio sobre el imperalismo alemán en México, base de su célebre libro La guerra secreta en México.

Antropólogo e historiador, se involucró con la historia, gracias a México. Desde que era estudiante de secundaria estuvo interesado en el estudio del pasado, pero fue la experiencia de vivir en este país y estudiar en la ENAH lo que le hizo descubrir su vocación.

La experiencia de vivir en la Alemania Democrática lo convenció de que el socialismo no era una realidad en Europa Oriental. La experiencia había degenerado hasta convertirse en una dictadura. En 1968 criticó la invasión soviética de Checoslovaquia.

Promotor de un socialismo de rostro humano, siguió muy de cerca la trayectoria intelectual de Ernst Fischer, heredero del austromarxismo. Convencido de que esos regímenes no iban a hacer realidad el tipo de socialismo que él anhelaba, abandonó Europa en 1970 y se trasladó a vivir a Estados Unidos.

La obra de Friedrich Katz es fundamental para comprender la historia de México. Sus trabajos sobre la Revolución Mexicana en general y acerca de Francisco Villa en particular fijaron un canon en los estudios historiográficos. Sus dos tesis de doctorado abordaron el pasado mexicano. Escribió más de quince rigurosos y sugestivos artículos académicos sobre el país. Una parte muy relevante de sus libros fueron publicados en español por Editorial Era. Su investigación sobre el Centauro del Norte abarcó más de 50 archivos públicos y 10 privados, en cuatro idiomas y en nueve países. Concluyó, para disgusto del pensamiento rreaccionario, que el villismo fue un movimiento revolucionario genuino: no un movimiento de marginados, sino un movimiento de gente del campo que quería una transformación.

Más allá del amplio reconocimiento que disfrutó entre la comunidad académica mexicana y de los entrañables amigos que aquí tuvo, Katz fue condecorado con la Orden del Águila Azteca, el Congreso de Chihuahua lo nombró ciudadano honorario y una serie de universidades (Colima, Puebla, Michoacán) le otorgaron doctorados honoris causa.

A contracorriente de la ofensiva conservadora en la interpretación histórica, Friedrich Katz consideró a la revolución Mexicana como una revolución, por la participación masiva de grupos populares, porque no fue un simple cambio de régimen y porque destruyó al antiguo Estado. Para él, México ha tenido una historia de movimientos populares de enorme diversidad, muy diferente de las de otros países de América Latina. Una historia que muestra que, a pesar de las derrotas que han sufrido, éstos mantienen su continuidad.

Decía Cicerón que "la vida de los muertos está en la memoria de los vivos". Con sapiencia y pasión, Katz iluminó nuestro pasado como pocos historiadores lo han hecho. Su memoria está viva entre nosotros, en mucho gracias a los muertos a los que él recordó y honró con sus ensayos.

martes, agosto 17, 2010

Phil Kelly y los irlandeses en México

Así como en la historia forjamos el concepto de malinchismo, sinónimo de sumisión y entreguismo, así debemos reconocer el irlandismo y a San Patricio reconocerlo como el santo del nacionalismo solidario, traído por los irlandeses que asumieron la causa de México con todas sus consecuencias.

Bajo ese mismo espíritu, por la década de 1980 llegó Phill Kelly (1950-2010) a México y nos tomó como convicción y destino. Forjado en los duros trabajos en Inglaterra, llega Phil a México y sobrevive dando clases de inglés para seguir pintando. Hoy el angelito que identifica la administración de Marcelo Ebrard y al gobierno de la ciudad es un fusil de alguno de los múltiples ángeles de Kelly que seguramente se fusiló el diseñador del icono, pero siendo de origen Irlandés el autor, no era necesario reconocerlo, como tampoco se reconoce en toda su dimensión histórica y como parte de la integración de nuestra cultura nacional la gesta de los del Batallón de San Patricio en la guerra 1846-1847.

Ligados a la causa de nuestra independencia en la guerra contra la intervención estadunidense, los San Patricios son una espina para el imperio norteamericano, así como lo fue Gonzalo Guerrero, en Yucatán, durante la Conquista combatiendo contra Pedro de Alvarado y haciendo suya la causa maya, que le ganó el reconocimiento de ser una espina en el corazón de España.

Más de 800 irlandeses, encabezados por John Riley –de quien Daniel Molina escribió una magnífica novela y biografía–, se integran al Ejército Mexicano como batallón y participan en las batallas de Monterrey, Buenavista, en Cerro Gordo, Churubusco y la ciudad de México. Paradójicamente, son abanderados y reconocidos por Antonio López de Santa Anna, que en la primera etapa de la intervención estadunidense, luego de que las armas mexicanas ganaban batallas, él ordenaba la retirada. Pese a todo, los estadunidenses desistieron de invadir por el norte y entraron por Veracruz hasta llegar en agosto de 1847 a la ciudad de México luego de la batalla de Cerro Gordo, en Veracruz.

Aquí en la ciudad de México, del 20 de agosto al 13 de septiembre, se dan las batallas de Churubusco, Molino del Rey y Chapultepec, siendo la más encarnizada e importante la primera donde los San Patricios junto a los mexicanos resisten, mueren y son prisioneros. El 13 de septiembre de 1847 cuando sólo se conmemora a los Niños Héroes de Chapultepec. Ese día en la plaza de San Jacinto se colocó un gran cadalso para ejecutar a 48 irlandeses de 71 condenados de otras nacionalidades acusados de traidores. El general Winfield Scott ordenó que fueran ahorcados viendo hacia Chapultepec al momento en que se izaba la bandera de la las barras y las estrellas en el castillo para que fuera su última visión en la vida.

Al día siguiente se firmó la capitulación de la capital. Los invasores realizaron un desfile triunfal desde la Alameda hasta el Zócalo por Plateros (hoy Madero). Mientras se izaba la bandera estadunidense en Palacio Nacional un francotirador mexicano mató al soldado invasor que la levantaba. Al mismo tiempo, los habitantes los apedreaban al paso del desfile, hiriendo con una piedra al general Scott. Una dama de nombre Martha Hernández envenenó dulces para ofrecerlos a los soldados estadunidenses, mientras en otros puntos de la ciudad desde las ventanas lanzaban hasta cadáveres para detener a los soldados invasores.

Cuenta la leyenda que los sobrevivientes del batallón terminaron sus días fundando el pueblo de San Patricio a un lado de Barra de Navidad, en la costa de Jalisco. En un viaje con Phil Kelly buscando algún testimonio, nadie sabía nada de esta historia, pero al final de la visita le pedí que fuésemos a la playa de al lado, llamada Melaque, muy conocida, y Phil preguntó: ¿Cómo? Melaque, respondí. “No –me dijo, en su español imperfecto–, es Mélaqui o Melaquías, el otro santo patrono de los irlandeses católicos que seguramente acompañó a los artilleros del San Patricio y que luego se mexicanizó, borrando huellas.”

Ricos y pobres, hay una enorme raíz irlandesa en México, muchos de ellos cambiaron su nombre y lo mexicanizaron como el mismo Riley, registrado en el Ejército Mexicano como Juan Reley. Con ellos la primera promesa incumplida no son las tierras que se ofrecieron, sino la memoria de su gesta y el reconocimiento como parte de nuestra cultura nacional. Gonzalo Guerrero, el vasco Javier Mina, Riley y los del Batallón de San Patricio, son lo opuesto al malinchismo y una forja de nuestra independencia, pero también del gran valor del internacionalismo y la solidaridad sin fronteras.

Este 7 de septiembre Phil Kelly cumpliría 60 años; murió aquí hace 15 días, pintando la ciudad de México, playas, paisajes y nuestro caos. Phil es parte de la aportación irlandesa, de unos que lucharon por nuestra independencia y él por nuestra identidad cultural.

Celebremos con ellos y en su memoria el bicentenario de nuestra independencia.

http://www.marcorascon.org

lunes, mayo 10, 2010

La muerte de Capilla evidenció el abandono y olvido en que estaba


Rosalía A. Villanueva

La vida me ha enseñado muchas lecciones, pero el deporte me ha enseñado de la vida. Me ha enseñado que la valía de un ser humano estriba no en tirar bien un clavado, sino en levantarse e intentarlo de nuevo cuando se falla. Extracto de la declaración de Joaquín Capilla Pérez tras recibir el Premio Nacional de Deportes 2009.

Pocos clavadistas, la mayoría más jóvenes que él, dos directivos, algunos medallistas olímpicos y un amigo de su época acompañaron ayer a Capilla, quien este mediodía será sepultado en el panteón Español, como acordó la familia del legendario deportista, único mexicano ganador de cuatro preseas en justas veraniegas.

Entre coronas y arreglos florales estaba su féretro de madera. No había fotos ni trofeos; tampoco las cuatro medallas olímpicas que con orgullo mostraba en su época y en el siglo reciente, para motivar a niños y jóvenes del país a realizar una actividad física.

Su rostro reflejaba serenidad, parecía que estaba dormido y no se le veía ningún signo de haber sufrido en las últimas horas de vida, aunque el más grande deportista mexicano lucía una chamarra negra de Adidas con los colores de Alemania.


Quién me va a cuidar ahora

Su viuda, Carmelita Zavala, en su silla de ruedas, por momentos lloraba, reía y le recriminaba por qué la había dejado sola: ¿Quién me va a cuidar ahora? ¡Llévame mi cielo, prefiero morir!, se lamentaba, porque se rehúsa a estar sola en el departamento de Mixcoac que ambos habitaban y tampoco desea vivir en un asilo, ya que no habrá nadie que la atienda como mi Joaquín, expresó.

Cuando entró Fernando Platas sus ojos se le iluminaron y el ex clavadista la estrechó en sus brazos. Cuánto te quiso mi niño; sólo de ti me sentía celosa, le dijo ella, mientras al medallista olímpico de Sydney 2000, quien estuvo a su lado con otro ganador de preseas, el ex luchador Daniel Aceves, subcampeón en Los Ángeles 1984 –la noche del sábado cuando falleció Capilla de un infarto– se le humedecieron los ojos.

Poco antes de que llegaran la hija y nieta del ex clavadista, ambas de nombre Carolina, así como sus hermanos Ricardo, Antonio y Carlos, a la agencia Gayosso de Félix Cuevas, para ingresar a la capilla B, Platas y Aceves asumieron el papel de familiares, quienes durante años tuvieron en el olvido al campeón olímpico de Melbourne 1956 en plataforma, y bronce en trampolín tres metros; plata en Helsinki 1952, y tercer lugar en Londres 1948, en 10 metros.

La muerte de Capilla Pérez causó dolor y tristeza, porque se fue el deportista que más gloria dio a México y que muy difícilmente otro podrá igualarlo o superarlo, pero al mismo tiempo provocó enojo entre la familia de los clavados, al terminar en malas condiciones y casi nadie lo ayudó.

Perdimos al mejor deportista de México. Era un ejemplo, una institución, un icono y qué triste verlo cómo murió. Ojalá cambien las condiciones para todos los medallistas olímpicos, los atletas de alto rendimiento, no es justo, dijo Marijosé Alcalá, ganadora de bronce en el Mundial de Roma 1994, en plataforma.

“Él no tenía por qué pedir migajas al gobierno ni a nadie. Merecía una mejor vida. Hay que presumirlo y honrarlo. Espero que el Presidente de la República haga todo lo posible para que Joaquín tenga los honores que se merece.

Como deportistas tenemos que unirnos para que la Comisión Nacional de Cultura Física y Deportes (Conade) envíe al Congreso de la Unión una reforma, en la que verdaderamente se proteja a los atletas y tengan una vida digna cuando se retiran, concluyó la ahora diputada federal priísta y presidenta de la Comisión de la Juventud y el Deporte en el estado de México.

Otro ex clavadista de ese partido político, Jesús Mena Campos, lamentó la pérdida del hombre que en varias ocasiones le dio consejos y lo motivó a ganar el bronce olímpico en Seúl 1988, por lo que al enterarse del deceso se comunicó con el uruguayo Julio Manglione, presidente de la Federación Internacional de Natación Amateur (FINA) y envió el pésame a la familia, mientras el organismo de México, en un boletín, se unió a la pérdida de su máximo representante en el ámbito local y mundial.

El titular de la Conade, Bernardo de la Garza, reconoció que a veces el deporte es bastante malagradecido, pero estaba satisfecho de que Joaquín Capilla haya recibido el Premio Nacional de Deportes 2009, pues el legado que dejó es eterno.

Puntualizó que “por lo menos pudimos reparar un poco el abandono que tenía don Joaquín, sin subsanarlo por completo, pero pudimos honrarlo cuando estaba vivo.

Tuvo una vida difícil y faltó solidaridad de todo mundo en el deporte. Cuando (los atletas) están arriba, aplaudimos, reconocemos, nos sumamos a sus esfuerzos y hasta les arrebatamos sus logros, y cuando el camino se vuelve complicado, volteamos a ver a las nuevas figuras, y eso no es correcto: es ingrato.

Mencionó que entre los pendientes para honrar a las figuras del deporte nacional está el Salón de la Fama, así como la solicitud de los medallistas olímpicos de que las becas vitalicias (13 mil pesos), seguro de vida y apoyos pasen a sus esposas una vez que fallezcan.

Felipe Muñoz, presidente del Comité Olímpico Mexicano, se dijo sorprendido y triste por la repentina muerte del ex clavadista capitalino de 81 años de edad, a quien siempre consideró amigo.

El Tibio recordó que Capilla marcó la dinastía de los clavados en México y que debe ser homenajeado, pero eso se hará posteriormente, ya que lo sepultarán mañana (hoy) y no hay tiempo”.

Al velatorio acudieron también los medallistas olímpicos Soraya Jiménez, Tatiana Ortiz, Antonio Roldán, Ernesto Canto y Joel Sánchez, así como las ex clavadistas Macarena Alexanderson y Norma Baraldi, el ex waterpolista Max Aguilar, el ex nadador Javier Pantoja y los miembros permanentes del Comité Olímpico Mexicano, Carlos Padilla y Enrique Villagrán.

lunes, marzo 01, 2010

Montemayor, imprescindible

La Jornada

La muerte prematura de Carlos Montemayor, acaecida la madrugada de ayer en esta capital, trasciende el ámbito de lo personal: se trata de una grave pérdida para el país en varias de sus dimensiones, y deja una ausencia irremediable en uno de los peores momentos de México.

Al ensayista, tenor, literato, traductor, investigador, lingüista, articulista, promotor cultural y luchador por la justicia social, los derechos humanos y las culturas indígenas, se le echará de menos en los terrenos correspondientes, en todos los cuales dejó obra trascendente. Fue, a su manera, un espíritu renacentista actuante entre los siglos XX y XXI.

Destacan, en particular, su labor de rescate, difusión y fortalecimiento de la literatura en lenguas indígenas; su fusión de virtudes académicas y narrativas, que cuajó en la novela Guerra en el paraíso –en la que plasmó parte de la historia de las organizaciones político-militares que, en los años 70 del siglo pasado, pretendieron transformar la realidad nacional por medio de las armas–, y su papel en la disuelta Comisión de Intermediación entre el gobierno federal y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), al lado de Miguel Ángel Granados Chapa, Samuel Ruiz, Juan de Dios Hernández Monge, Enrique González Ruiz, Rosario Ibarra de Piedra y Gilberto López y Rivas.

Montemayor, además de investigador, erudito, creador literario e intérprete operístico, era un hombre consciente de las lacerantes injusticias que padecen desde siempre las mayorías depauperadas y que se han profundizado y extendido en forma alarmante en las tres más recientes décadas, como resultado de la implantación del modelo económico neoliberal y de la pérdida de rumbo por el grupo que detenta el poder público. Esa conciencia lo hizo mantenerse en contacto inmediato con las luchas sociales que han sido la expresión de las mayorías depredadas y las minorías oprimidas ante el avance de los intereses privatizadores, la descomposición institucional y los amagos autoritarios y antidemocráticos.

El Montemayor articulista honró estas páginas con sus escritos. Para La Jornada, su muerte es la pérdida irreparable de un amigo y de un colaborador excepcional, y este diario expresa solidaridad y afecto a sus familiares.

En el México de hoy, el poder político en todos sus niveles se ejerce con ineptitud, faccionalismo y patrimonialismo en grados nunca vistos, y se hace presente el riesgo de que este proceder termine por generar estallidos sociales e ingobernabilidad. En esta circunstancia, la comprensión y la acción de Carlos Montemayor resultaban agudamente necesarias. Al país va a hacerle mucha falta su pasión social y su rigor analítico, su creatividad y su serenidad, su independencia y su compromiso. Se nos ha muerto un imprescindible.

lunes, noviembre 09, 2009

En el grano palestino

Hermann Bellinghausen
Periódico La Jornada


Todos los pueblos importan. Debería sobrar decirlo, pero no. Los romanos, y antes los asirios, y después de ellos los ingleses y los estadunidenses, borraron del mapa pueblos enteros que sin denominarse país lo eran. Eso sigue sucediendo, con otros "romanos" y métodos más modernos. Mas siempre habrá pueblos periféricos, menores ("Pulgarcitos", como decía el salvadoreño Roque Dalton del suyo), que importen particularmente. Cuando menos por sus poetas: son su pasaporte a la memoria.

Por citar un ejemplo, Nicaragua: allí la felicidad palpita a flor de piel, pero a los nicas siempre se la echan a perder. Quién hubiera dicho que la gesta sandinista se volvería una dictablanda corrupta y cíclica, otro caso más de futuro pospuesto. Hasta nuevo aviso. Y sin embargo, sus poetas. Nuestra lengua sería más gris sin Rubén Darío. Más estrecha sin Martínez Rivas, Coronel Urtecho, Mejía Sánchez. Y menos atenta sin Ernesto Cardenal. Demuestran, mejor que nada, que Nicaragua existe.

Todo este preámbulo para decir que si Palestina no tuviera otra prueba de su existencia que la poesía de Mahmud Darwish (1941-2008), eso le bastaría para ser todo un pueblo, una nación indispensable para el mundo humano del milenio en curso.

La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre, sostuvo siempre el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. A esa demostración se abocó Darwish. En el gran caudal de la poesía árabe (toda una civilización literaria) no han sido pocas las voces palestinas hasta los tiempos modernos. Pero Darwish dio para más. Atento, sensible, siempre allí, aun cuando en exilio, dejó una obra universal e indispensable, fundacional. No por redactar la Declaración de Independencia de Palestina, a la manera de Thomas Jefferson, sino porque la suya conforma toda una literatura. Como su amigo Pablo Neruda, nombró cada cosa, hizo el "canto general" del mustio suelo palestino que detalló y engrandeció; de sus olivares y quienes los cultivan y habitan; de sus voces y silencios.

Bautizó al amor joven y viejo de muchas maneras, en la nostalgia, en la batalla, en la consumación. Habló de la Historia con resentimiento y dolor fundados en la propia Historia. Desde su pequeñez individual se sumó a la invención de una patria para un pueblo que la necesita y la merece. Se enfrentó al Dios de los hunos y al de los otros, en una batalla solitaria que nunca perdió.

Palestina, el paisito que a nadie le conviene que exista, no pide permiso a nadie para hacerlo, sólo anhela que la libertad lo acompañe. Para eso lucha y vive. Conoce la desesperación, y constantemente muere. Ningún poeta como Darwish ha puesto nombre a la guerra moderna, hasta el último detalle de como la vive el hombre común. En Memoria del olvido recobra el sitio de Beirut en agosto de 1982 con la piel, el detenimiento y la delicadeza hipersensible de Proust bajo el acero de las bombas enemigas.

Habitó con reconocido genio las formas clásicas de la poesía árabe. Y no obstante, sus bellísimas casidas las escribió, expresamente, después de García Lorca. Como se dice del labrador, cultivó la rima tradicional lo mismo que la narración de verso y aliento largos. Trashumante de las Arabias y las Europas, no pocas veces resuena como las canciones del canadiense explícitamente judío Leonard Cohen (y Georges Moustaki de fondo): el extranjero, el meteco, es su persona. Un poco opuestos, Cohen y Darwish, no mucho, comparten puntos de encuentro en estaciones de tren y caminos polvosos. Son proclives a las alcobas y los hoteles, a las confesiones no pedidas. "Mujer, no hay nombre para nosotros cuando el extraño se encuentra con el extraño."

Darwish no perdió tiempo en ser estrella pop, como Cohen; en todo caso, lo perdió conviertiéndose en "amenaza" para las pocas pulgas del invasor israelí, o siendo acogido por multitudes que nuestra cultura no brinda a los poetas. Vivió, desde niño, atrás de las trincheras, sin otra opción. No la quiso.

"La realidad es la única certeza de la imaginación", escribe en Mural (2000), épica e íntima contemplación retrospectiva donde parece hablar después de su muerte (traducida al inglés por la poeta palestina Rema Hammani y John Berger, Verso, Londres, 2009). Wallace Stevens, uno de los pocos poetas indispensables del siglo XX, decía que la realidad es obra de la más augusta imaginación.

Desde niño, Darwish estuvo destinado a la resistencia, la persecusión, la defensa; a una construcción de vida desde el dolor inolvidable. En Mural se recuerda "aquí, solo en la blanca frontera de la eternidad", donde quizás sigue vivo en alguna parte, deseando que "su país sea su cuerpo".

La nunca presuntuosa escritura de Darwish es de las que prueban y confirman la existencia de la poesía. Sus metáforas "dan sentido a lo que está a punto de suceder". Lo supimos con Kafka: el futuro no mejora, pero el futuro siempre mejora a la buena poesía.

lunes, mayo 18, 2009

Adiós al poeta del compromiso

Chivo-comentario: El primer libro que lei por gusto y no por obligación fue La Tregua. El primer poema que regalé fue Tactica y Estrategia. La primera ciudad que quise visitar fuera de México fué Montevideo.

Y todavia estoy buscando a la que vuela.


Hasta siempre, Mario.

Muere Mario Benedetti después de una larga vida de lucha contra la adversidad y en defensa de la alegría

JUAN CRUZ

Murió Mario Benedetti. El poeta resistente, que vivió el exilio y la enfermedad (un asma pertinaz, obsesiva) le fueron rompiendo, pero él se mantuvo siempre "en defensa de la alegría". Finalmente, una agonía causada por un fallo intestinal, que hizo deprimentes sus últimos días, le rompieron del todo, y murió ayer a los 88 años, en su tierra, Montevideo. Nació en Paso de los Toros, pero esta urbe que parece un microcosmos literario fue el lugar al que volvió siempre, de todos los exilios. Era al final (y esta expresión la acuñó él) un desexiliado. Pero su alma sufrió las heridas de todos los exilios.

Su muerte se produjo semanas después de su última hospitalización por fallos multiorgánicos que al final le cegaron el humor y la vida; pero había empezado a morir mucho antes; hace tres años falleció su mujer, Luz, con la que vivió toda la vida, en la libertad y en el destierro; él creyó siempre que la enfermedad de Luz, que se olvidaba de apagar las luces de la casa, en Madrid, era una simple distracción, e incluso le compró artilugios con los que dominar las consecuencias de su sordera. El poeta del compromiso, del amor y de la alegría, sintió luego que, en efecto, esas ausencias eran debidas a un alzheimer que inundó la casa de desolación y de huida.



Se fue con ella, de nuevo, a Montevideo, y allí la cuidó hasta que finalmente le dejó del todo. Y le dejó malherido. Benedetti tuvo algunos momentos de alegría después, como cuando Hortensia Campanella, su biógrafa última, le entregó el manuscrito en el que se condensa la vida entera del escritor que nos ha dejado. Él ironizó ante tanto papel, y delante de Ariel, su fiel ayudante, dijo: "¿Tanto he hecho?"

Pero su alma estaba herida; seguía escribiendo, poemas, haikus, animado por su editor de poemas, Chus Visor; tenía la casa llena de literatura; en un tiempo él fue política, enteramente, sus poemas estaban al servicio de la rabia que le produjeron las dictaduras del sur, la suya, la uruguaya, que le persiguió a muerte, y la argentina, que fue cómplice de aquella y también quiso matarle. Mató a un amigo suyo, el líder político Zelmar Michelini, y esta muerte fue un símbolo de las muertes que hubo antes y después en la vida acosada de hombres como él. Luz fue su bastón. Y Palma y Cuba y Lima sus lugares de exilio; a los tres les guardó siempre gratitud; fue un gran defensor de la Cuba de Fidel, por eso mismo, pero jamás utilizó esa afinidad para discutir, en los últimos tiempos sobre todo, lo que en esa revolución que él quiso se fue torciendo.



Era un hombre cordial, enteramente, pero era un tímido absoluto. Los que le conocieron en España le recuerda, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid, puntilloso, anotando con palotes los libros que firmaba; y le recuerdan rechazando el pescado con espinas y en general las tonterías; era un conversador tranquilo; llegaba a los sitios con su maletita marrón gastada, y dentro llevaba siempre poemas o cartas, en esos momentos en que cumplía compromisos parecía a la vez el escolar que fue y también el oficinista.

Su apariencia era la de un juez de paz, pero nunca hubo paz dentro de su alma, ni siquiera cuando se le vio feliz, con sus manos a la espalda, con su mirada desvaída por las lentillas, con su bigote largo e invariable a lo largo de una vida en la tantos se enamoraron al tiempo que recitaban sus poemas o escuchaban las canciones que hicieron con sus versos su paisano Daniel Viglietti y el catalán Joan Manuel Serrat. Con Viglietti tiene una anécdota que se parece a algunas de las que le convertían también en un escolar huidizo al que le asustaba la fama, al tiempo que le agradaba que algunos, ante sus recitales multitudinarios, le dijeran que parecía una estrella de rock.

Hubiera sido incapaz de cantar, pero un día se encontró con Viglietti en París, en un aeropuerto, y Daniel le dijo a Mario: "Estoy haciendo música para sus poemas". "Y yo estoy haciendo poemas". Entonces el poeta se quedó pensando, y añadió, riendo como reía, como para no molestar: "Tenemos que hacer algo con esta casualidad". De esa casualidad nacieron conciertos, libros; eran como dos en la carretera; cuando vimos a Viglietti en Montevideo, en el entierro de Idea Vilariño, a mediados de abril, la gran amiga generacional de Mario, el cantante nos dijo: "Y lo de Mario. Estamos tan mal, y vamos aún a lo peor".

Se apaga la voz de su compañero, pero quedan la voz de las canciones.

Montevideo fue su último sitio, y fue casi el primero. Su largo recorrido por la vida conoció una interrupción terrible, cuando los médicos le detectaron tumores que aconsejaron operación, en el Hospital XII de Octubre de Madrid. Allí le atendió, entre otros, el doctor José Toledo, que le conocía, y todo el mundo se desvivió por él como si no fuera tan solo un enfermo sino un padre, o un hermano, el hombre que había iluminado con sus versos (de amor, de política, de tierra, de aire) la vida de cualquiera. Un día, poseído por el dramatismo al que a veces lo llevó su pesimismo, el que también está en sus poemas, y en sus narraciones, Mario decidió abandonarse.

Como hubiera dicho Idea, que le precedió en la muerte, empezó a decir para qué. Detrás de esa decisión de no seguir hay algunos versos, como estos: "Me he ido quedando sin mis escogidos/ los me dieron vida/aliento/paso/ de soledad con su llamita tenue/ y el olfato para reconocer/ cuánta poesía era de madera/ y crecía en nosotros sin saberlo/ Me he quedado sin proust y sin vallejo/ sin quiroga ni onetti ni pessoa/ ni pavese ni walsh ni paco urondo/ sin eliseo diego sin alberti/ sin felisberto hernández sin neruda/ se fueron despacito en fila india".

En ese clima de desolación en el que lo pusieron la enfermedad y su porvenir Mario descuidó su aspecto, dejó de afeitarse, y alguien le dijo, una madrugada: "Así no puedes estar. Tú eres guapo, un hombre así parece enfermo. Ya no lo estás". Le bastó. Al día siguiente se rasuró del todo, se puso de limpio, y cuando este amigo le visitó otra vez y se hizo el distraído sobre su nuevo aspecto, el viejo poeta revivido le llamó la atención y le dijo:

-¿No te has fijado que hoy sí me afeité?

Era un hombre insobornable, el más comprometido de su tiempo. Su muerte deja en silencio mustio su época, su ejemplo y la raíz de sus versos. Pero los muchos que le cantan no lo dejarán, como él decía del verdadero amor, en lo oscuro.

Un amigo, un hermano


JOSÉ SARAMAGO

La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.


martes, mayo 12, 2009

Lucha de gigantes convierte el aire en gas natural...

RTVE.es MADRID 12.05.2009 - 11:08h

El cantante madrileño Antonio Vega ha muerto a los 51 años en una clínica de Madrid donde estaba ingresado después de que empeorara el cáncer de pulmón que padecía.

Las reacciones ante la muerte de Antonio Vega no se han hecho esperar. Para Lara López, directora de Radio3, la emisora que tantas veces descubrió sus canciones, "la música española pierde con él su voz más íntima y verdadera".

Antonio Vega, asegura Lara, "sabía perfilar con nitidez el alma humana. Era de los que quitaban a la canción lo que sobraba para hacerla perfecta. Y tallaba metáforas poco complacientes, imágenes de destellos emocionantes. Y las cantaba a su manera, sencilla, casi susurrada, que todos hacíamos nuestra. Ha traspasado generaciones. Ha luchado como un gigante contra sus propios monstruos. Y nos lo ha contado en canciones irrepetibles."

Para el mítico locutor de Radio 3 Diego Manrique, las canciones de Vega "despiertan escalofríos multitudinarios" y asegura que "transmiten la pulsación de la experiencia intensa, el pasmo del descubrimiento intransferible".

Antonio Vega es autor, entre otras, de "El sitio de mi recreo", "La chica de ayer", "Lucha de gigantes" y "Se dejaba llevar".

A lo largo de los más de 30 años que ha pasado sobre los escenarios, ha 'parido' 18 álbumes, nueve de ellos en solitario. Alcanzó la fama en Nacha Pop, grupo que fundó en 1978 junto a su primo Nacho García Vega.

En su primer álbum en común, 'Nacha Pop', se incluyó "La chica de ayer", considerada la mejor canción del pop español e incluida en su primer disco. El tema, compuesto por Antonio en 1977, mientras hacía la 'mili' en Valencia, se convirtió en un himno de la movida madrileña de los 80 y catapultó a Nacha Pop hasta lo más alto del panorama musical español.

El dúo terminó separándose en 1988, con una serie de conciertos despedida en Madrid en el que se grabó "Nacha Pop 1980-1988".

Tres años después, en 1991, vería la luz el primer disco en solitario de Antonio Vega, "No me iré mañana", considerado por muchos una obra maestra repleta de títulos que mezclan el pop con la canción de autor, como "Se dejaba llevar por ti" o "Tesoros".

En 2004 murió Margarita del Río, compañera de Antonio Vega y coautora de algunos temas. Esta muerte le llevó a una depresión en la que compuso "3000 noches con Marga", su último disco en solitario, editado en 2005.

http://www.rtve.es/radio/radio3/
http://rtve.stream.flumotion.com/rtve/radio3.mp3.m3u

El sitio de mi recreo

lunes, abril 06, 2009

Moshinsky


Néstor Martínez Cristo

Un joven investigador abordó un taxi en alguna calle del Distrito Federal. Durante el trayecto revisaba algunos papeles repletos de números y signos que llamaron la atención y despertaron la curiosidad del conductor.

–¿Qué son tantos números? –preguntó el taxista.

–Son fórmulas matemáticas –respondió escuetamente el pasajero sin separar la vista del papel.

–Mmm… ¿y a qué se dedica usted?

–Soy físico.

El taxista sonrió entonces con la certeza de haberlo comprendido todo.

–¡Ah que bien, físico! ¡Como Moshinsky!

La anécdota, relatada con humor por el propio joven investigador hace unos cinco años durante uno de los innumerables homenajes que la academia rindió al doctor Marcos Moshinsky, arrancó risas a los asistentes, pero también fue, sin duda, una especie de confirmación de lo que el físico de origen ucraniano representaba no sólo para la ciencia mexicana, sino para el país entero.

Y es que, en efecto, el mediodía del pasado miércoles México perdió no sólo al mejor físico de su historia, sino también perdió un icono. Perdió al hombre más emblemático de la ciencia mexicana.

Moshinsky era judío. Llegó a México a los tres años de edad y, desde los 18, vivió con el presentimiento, casi con la certeza, de que moriría pronto.

Aborrecía escribir. Lo hacía a mano, con una letra horrible que sólo los muy cercanos podían entender. Se aceptaba como analfabeto de la computación. Decía que escribir era una de las cosas desagradables, pero indispensables, porque en el proceso de escribir las ideas se van encontrando agujeros que uno mismo tiene que completar o bien que reformular.

Además de pensar en ciencia, Moshinsky gustaba del cine, el teatro, la ópera y el ballet. Durante muchos años caminó todos los días los seis kilómetros que separan su casa del Instituto de Física de la UNAM y los fines de semana solía nadar.

Era un hombre informado, culto y conservador. Lector habitual de publicaciones como Time y The Economist.

Marcos Moshinsky era dueño de una mirada profunda, reflexiva. Tenía una nariz prominente, un tanto aguileña, y una figura delgada y erguida que, con los años, se fue encorvando de manera paulatina e irremediable.

En política decía exactamente lo que pensaba y actuaba en consecuencia. Su prestigio intelectual y su con- gruencia se lo permitían. Tenía ese estatus ideal que coloca a ciertas personalidades, como suele decirse, más allá del bien y del mal.

Antes de descubrir sus extraordinarias capacidades para la física y las matemáticas, Moshinsky se reconocía como un adolescente ordinario que aspiraba a ser, nunca supo por qué razón, ingeniero químico.

Al salir de la preparatoria, cuando lo perseguía con insistencia el presentimiento de que la muerte lo acechaba, viajó a Nueva York, donde trabajó seis meses de obrero en una fábrica textilera. A su regreso a México se inscribió en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde comenzó a desarrollar sus extraordinarias capacidades en la física y las matemáticas.

El posgrado lo estudió en la Universidad de Princeton, en plena guerra mundial. Sus maestros de entonces, todos ellos de gran renombre durante la llamada era atómica, eran encabezados, nada más y nada menos, que por Albert Einstein, Niels Bohr, Eugene Wigner y Robert Oppenheimer, entre otros.

Nunca dudó en volver a México. En la UNAM desplegó todas sus habilidades y compartió con generosidad sus conocimientos con colegas y alumnos. Fue impulsor infatigable de la ciencia mexicana desde mediados del siglo pasado hasta el día de su muerte. Así, junto con otros notables, hace 50 años fundó la Academia de la Investigación Científica, hoy Academia Mexicana de Ciencias.

Del aparato científico mexicano señalaba que era diez veces más pequeño de lo que debía ser, pero equiparaba su calidad con las mejores del mundo. Argumentaba con vehemencia que la ciencia había tenido vaivenes muy nocivos en el país, pues consideraba que una actividad como ésa debe planearse en relación no con un periodo presidencial, sino por lo menos con una generación.

El doctor Moshinsky fue miembro de al menos una decena de academias científicas internacionales, incluida la Academia Pontificia de Ciencias, del Vaticano.

Obtuvo todos los premios y galardones, en México y el extranjero, a que un científico puede aspirar. En 1988, la corona española lo condecoró con el Príncipe de Asturias, y dos años después la OEA le confirió el Premio Bernardo Houssay. Era miembro de El Colegio Nacional. Desde1993 se otorga anualmente una medalla de oro con su nombre a los mejores investigadores jóvenes del país.

Del Premio Nobel se había olvidado tiempo atrás. “Si me lo dieran –decía– no me opondría, pero no lo espero porque mi trabajo ha sido más bien conceptual.”

Era pesimista del futuro. Cuentan sus amigos que con frecuencia repetía, en broma, una maldición: “…ojalá y vivas muchos años del siglo XXI… lo que viene no se ve particularmente prometedor”.

Afortunadamente sus miedos juveniles de una muerte prematura no se materializaron. Produjo mucho. Murió de viejo. En dos semanas habría de cumplir 88 años.

Hace tres semanas tuve el privilegio y la fortuna de verlo, durante la comida anual de ex presidentes de la Academia Mexicana de Ciencias. Seguramente fue su última salida pública. Departió con sus iguales. Ahí estuvieron casi todos. Desde Guillermo Soberón hasta Juan Ramón de la Fuente. De René Drucker a José Sarukhán, Antonio Peña, Daniel Reséndiz o Rosaura Ruiz, la actual presidenta. Estuvo animado pese a lo disminuido de su cuerpo.

Y se fue cansado, pero contento. Satisfecho.

martes, marzo 24, 2009

Muere el “Ratón” Macías, uno de los grandes ídolos del boxeo

El ex campeón mundial de peso gallo falleció esta noche víctima de un paro respiratorio a los 74 años de edad

Ciudad de México.- El más grande ídolo del boxeo mexicano, Raúl "Ratón" Macías, falleció esta noche de un paro respiratorio a la edad de 74 años en el hospital 20 de Noviembre de esta ciudad.

El peleador originario del barrio de Tepito es recordado por su frase "todo se lo debo a mi manager y a la Virgencita de Guadalupe". Paralizó el país en cada una de sus peleas.

Raúl Macías tuvo una destacada carrera amateur que culminó con su participación en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952.

El "Ratón" Macías ganó su primer título mundial, el gallo de la NBA (National Boxing Association), en el Cow Palace de San Francisco, California, por nocaut en once episodios ante el tailandés Chamroen Songkitrat.

Su gran arrastre entre las multitudes lo llevó a llenar hasta el tope la Plaza de Toros México, con más de 50 mil aficionados que presenciaron su victoria ante el estadounidense Nate Brooks, el 26 de septiembre de 1954, un registro que quedó para la posteridad.

Su última pelea fue ante Arturo "Chocolate" Zambrano en octubre de 1962 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, a la edad de 28 años.

Dejó su record profesional en 41 victorias, 25 por la vía del nocaut, con sólo dos derrotas.

Hombre sin vicios, pelador virtuoso y pulcro, el Ratón se ganó el respeto de todos y la sincera amistad de quienes lo conocieron de cerca Foto José Antonio López

lunes, marzo 16, 2009

Murió el cantautor francés Alain Bashung

Afp

París, 15 de marzo. La música y la canción francesa lloraban el domingo el deceso de una de sus figuras más importantes: el cantautor Alain Bashung, fallecido el sábado a los 61 años de edad a raíz de un cáncer de pulmón. "Fue un mago", afirmaba el domingo Jean Louis Aubert, interrogado sobre la muerte de Bashung, una de las figuras del pop-rock francés, conocido por canciones como Gaby, Osez Josephine o Madame Reve. Bashung, con 30 años de carrera, apareció en público el pasado 28 de febrero con sus habituales gafas negras en la ceremonia premiación de las Victorias de la Música, en la que fue galardonado como mejor intérprete del año y por mejor disco y mejor gira.


Vertige de l'amour


La Nuit Je Mens


Osez Joséphine


Madame rêve

viernes, febrero 27, 2009

Philip José Farmer, escritor de ciencia-ficción

Conmocionó el género con su tratamiento del sexo

JACINTO ANTÓN

Puede parecer raro empezar una necrológica con sexo. Pero una de las cosas por las que Philip José Farmer será recordado es precisamente por sexo, y por sexo alienígena. Farmer, uno de los grandes maestros de la ciencia-ficción, que falleció el 25 de febrero a los 91 años en su casa de Peoria (Illinois), es el autor de Los amantes (1961), cuya primera versión como relato corto fue rechazada por el célebre editor John Cambell con el calificativo de "nauseabunda".

La novelita sacudió el ambiente puritano de la ciencia-ficción estadounidense de la época, que lo máximo que se permitía era portadas de monstruos verdes asustando a jovencitas en biquini (y aún), y supuso un verdadero escándalo al contar de manera insólitamente explícita (y desconcertantemente anatómica) los amores carnales entre un hombre y una hembra de otro planeta que resulta ser una especie de insecto.

En la historia, Hal Yarrow, miembro de una comunidad humana puritana y a la sazón casado, es enviado al planeta Ozagen, patria de los insectoides wogglebugs, donde vive un romance fou (¡y tan fou!) con una enigmática mujer llamada Jeannette, en realidad un parásito mimético, la lalitha, que toma forma humana para aparearse y queda preñada por un extraño sistema de orgasmo fotográfico. "¡Has engendrado larvas!", le espeta un colega al protagonista. "¡Monstruos de una unión impía! ¡Niños insectos! Que llevarán tu cara como prueba de esta repugnante carnalidad".

En última instancia y pese a toda la polvareda que levantó, Los amantes es una bonita historia de amor por encima incluso de las barreras planetarias y de un quítame allá esos elitros.


Farmer, al que hay que agradecer que dinamitara la mojigatería de la ciencia-ficción y abriera puertas a la exploración de algo más que las estrellas (en 1992, Destino publicó una sugerente antología de Sexo alienígena bajo su advocación), siguió utilizando el sexo de manera desinhibida en su literatura.

En La imagen de la bestia (historia abracadabrante, freak y macabra que publicó Anagrama) entró abiertamente en la pornografía y nadie que la haya leído olvidará la escalofriante escena inicial, en la que una mujer en la culminación de una flamante felación se quita la dentadura postiza, se coloca otra con dientes metálicos como hojas de afeitar y castra al desconcertado cliente. La novela tuvo continuación hasta componer la Trilogía del exorcismo.

Farmer, por supuesto, ha sido mucho más que sexo en la historia de la ciencia-ficción. Autor de varios ciclos narrativos inolvidables, entre ellos el de Mundo del Río, iniciado con A vuestros cuerpos dispersos, o de medio centenar largo de novelas independientes e incontables relatos y cuentos, forma parte del disco duro del género. Sus historias tienen mucha acción, pero un fondo melancólico a veces.

Fue también iconoclasta en el tratamiento de otros temas, como la religión (uno de sus personajes es el padre Carmody, un sacerdote asesino que se mete en líos teológicos en varios planetas). No dudó en hacer suyos y a su manera a personajes históricos: Mark Twain, Richard Francis Burton, Jack London y el mariscal Göering aparecen en la saga de Riverwold; también Jesús. Depredó con gracia otros mundos literarios y en novelas suyas continúa las aventuras de Philias Fogg, el mago de Oz o Tarzán, personaje al que empleó varias veces (en el cuento El niño perdido de la jungla pasa de todo lo hizo hablar con un lenguaje bastante explícito, por cierto). A Tarzán consagró asimismo un ensayo: Tarzan Alive, A definitive biography of Lord Greystoke.

Su personalidad paródica, bromista y hasta blasfema, es de las que despiertan simpatía entre los maestros del género, a menudo tan estrictos y pudorosos. Sufrió reveses que hubieran desanimado a otro con menos tesón: una vez incluso perdió un largo manuscrito cuando ya lo tenía colocado.

Philip José Farmer (North Terre Haute, Indiana, 1918), ganó los premios Hugo y Nebula a lo largo de su carrera y el Premio Mundial de Fantasía por los logros de toda una vida en el emblemático año de 2001. La mayor parte de su obra está editada en castellano. Los amantes la publicó Acervo en 1975 y no ha dejado de reeditarse. Escribió también bajo el seudónimo de Kiligore Trout, nombre de un personaje de Kurt Vonnegut, autor con el que guarda cierto parecido y al que homenajeó en algunas de sus obras.

miércoles, enero 28, 2009

Una extraña dulzura

JOSÉ MARÍA GUELBENZU

Sí, algún día tenía que morirse, pero a los lectores de literatura americana de la segunda mitad del siglo pasado, John Updike nos parecía un dios permanente. Este wasp era un narrador por antonomasia, un escritor que poseía una extraña dulzura surgida de las manos de alguien con una mirada aguda y transparente sobre la sociedad americana de posguerra. Dulce y hasta tierno en la observación de sus personajes, seres humanos atrapados en conflictos desoladores, pero a los que exigía de manera implacable, fue construyendo una lucidísima visión de América que, sin la menor duda, se convertirá en el futuro en un documento de extraordinario valor. Era esa extraña mezcla de humanidad y lucidez lo que daba a sus libros un aire inconfundible. Vista en su conjunto, la obra de Updike puede decirse que es una hermosa y apabullante letanía que desgrana el sentido de la moral (y de las costumbres) de la sociedad americana de su tiempo. Porque Updike era ante todo un moralista dotado de un enorme talento para la narración. A diferencia de los novelistas posmodernos, Updike optó por la claridad expositiva y prefirió traer a primer término el fondo de los vicios y virtudes de sus protagonistas.

Hay que tener en cuenta que Updike escribe rodeado de una floración asombrosa de talentos narrativos: de una parte, los novelistas judíos como Saul Bellow, Bernard Malamud o Philip Roth; de otra, los sureños Carson McCullers, Eudora Welty, Flannery O'Connor o Truman Capote; además estaba en auge la explosión de la literatura escrita por negros (Ralph Ellison y James Baldwin) y los de extracción europea como Bashevis Singer o Nabokov, además de su colega en el New Yorker, J.D. Salinger, o el maravilloso cuentista que era John Cheever. En fin, que destacar entre tantos formidables escritores exigía una capacidad literaria fuera de lo común.


El paso a la celebridad, John Updike lo dio con su novela Rabbit, run (1960), editada por Carlos Barral, quien lo lanzó así en España, con el título de Corre, Conejo y convirtió a su protagonista, el débil e inseguro Rabbit Armstrong en un héroe emblemático al que su autor seguiría a lo largo de su vida en posteriores novelas como El regreso de Conejo o Conejo es rico. Hay que tener en cuenta que Updike es un novelista del mundo doméstico urbano (aunque el mundo materno de la tierra y la infancia de su Pennsylvania natal sea el eje de la admirable De la finca, por ejemplo) pero siempre con una suerte de conciencia histórica que no le abandona y, atravesando todo ello, la sensación de desmoronamiento que esa segunda mitad del siglo va poco a poco extendiendo sobre América. El erotismo de esa clase media alta urbana y aparentemente exitosa es otra de sus constantes y se cuenta a menudo desde la cama en novelas como Parejas; incluso la crisis de la institución matrimonial entra en escena (Cásate conmigo). Updike fue, en fin, un testigo precioso de la Norteamérica de su tiempo y un escritor de una categoría excepcional.

sábado, diciembre 06, 2008

Othón Salazar: el predicador rojo

Cuando el pasado 4 de diciembre el corazón le dejó de latir, Othón Salazar tenía 84 años de edad, los riñones dañados y un derrame cerebral reciente, pero aún así estaba dedicado a tratar de reconstruir el partido comunista, levantar la conciencia del pueblo y luchar por el socialismo.

Othón vivió como quiso vivir: como revolucionario. Murió como quiso morir: entre su gente, en una sencilla cama hecha de varas de bambú y petates, enterrado en Alcozauca y con la bandera de la hoz y el martillo, la bandera comunista, en su ataúd. A su viuda, Ester Edita Bazán, le alcanzó a decir antes de irse: “me voy contento porque estuve a tu lado, con la gente, aunque no te dejo nada”.

Sobre advertencia no hay engaño. Ocho años atrás, el maestro declaró: “Si mañana fuera el último día de mi vida, las horas que me restan las entregaría a poner mi grano de arena en la tarea gigantesca de lograr que resurja la izquierda revolucionaria en el país”.

Así lo hizo. Moribundo, seguía con entusiasmo la lucha de los trabajadores de la educación contra la Alianza por la Calidad de la Educación. “Él decía –recuerda su hija– que le recordaban sus tiempos, sus momentos cuando estaba en la lucha y que ojalá los maestros lograran todas sus demandas, que ellos deberían defender sus derechos”.

Nacido el 17 de mayo de 1924 en Alcozauca, Guerrero, en el seno de una familia de campesinos y panaderos, Othón Salazar se enfrentó muy pronto al dilema de escoger entre su temprana vocación de sacerdocio, estimulada por el rector del seminario de Chilapa, o la de convertirse en normalista, apoyada por sus tíos Florencio y Celestino Salazar. Y aunque finalmente se formó como maestro, ateo y comunista, conservó muchos rasgos propios de un hombre religioso. Fue una especie de predicador rojo.

Sin haber hecho nunca un voto de pobreza explícito, a pesar de haber sido dos veces diputado federal y en una presidente municipal de su pueblo, vivió con sencillez y sin lujos. No hizo negocios ni acumuló riquezas. Despojado de sus dos plazas como maestro por su participación sindical, vivió sin empleo fijo, apoyado por sus compañeros de partido o del movimiento, sin seguro social y sin pensión. Fue congruente con sus ideas.

Creyó siempre en las bondades de la palabra y la educación. Orador fuera de serie, aunque de otra época, estaba convencido de que su misión central era la de hacer conciencia, iluminar con el farol de la dignidad la oscuridad del racismo y la abyección, llamar a los oprimidos a levantar la voz y no dejarse.

Normalista rural, primero en Oaxtepec y luego en Ayotzinapa, asistió luego a la Escuela Nacional de Maestros. La educación y la escuela pública debían tener para él una misión liberadora. En ellas se requería enseñar las causas que originan la pobreza y la desigualdad. De allí que, al final de su vida, expresara un profundo pesar con la transformación de los centros de formación para el magisterio en instituciones para preparar sólo enseñadores, y de la conversión de las escuelas en templos del individualismo. Según él, la escuela pública casi había sido ganada por los intereses del capital nacional y extranjero.

Dirigente del Club Estudiantil Normalista de la Juventud Comunista entre 1952 y 1953, presidente del Comité de Huelga de la Escuela Normal Superior de maestros en 1954, líder del magisterio democrático de la sección nueve del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Othón desempeñó un papel clave en la formación de un sujeto magisterial de izquierda. En septiembre de 1958 fue secuestrado por la Policía Federal de Seguridad y torturado en cárceles clandestinas. Estuvo detenido 89 días.

Fue, durante años, uno de los villanos favoritos del régimen. La campaña en su contra fue implacable. En el artículo “El fascismo rojo en la huelga escolar”, aparecido en Excélsior del 2 de mayo de 1958, Rodrigo García Treviño escribió: “en el movimiento otonista anda la mano rusófila (...) si no se arroja de la educación pública a los sovietófilos, no habrá nada capaz de normalizar perdurablemente la situación en ella.” El periódico Tabloide le dedicó su titular del 22 de julio de 1960: “SE LE SUBIÓ LA CUBA LIBRE A OTHÓN SALAZAR. Bien pisto, en un mitin, ofreció su incondicional apoyo a Castro Ruz.”

Después de plantearse la posibilidad de pasar a la lucha armada junto con maestros del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) y campesinos jaramillistas, se integró finalmente al Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1964, y pasó a formar parte de su Comité Central. Sin embargo, años después, a pesar de su rechazo a la opción político-militar, consideró “la insurgencia armada indígena en Chiapas como uno de los datos de más alta valía y peso histórico para la vida nacional”.

Candidato a gobernador de Guerrero por el PCM en 1980, ganó, siete años después, la presidencia municipal de Alcozauca con las siglas del Partido Socialista Unificado de México (PSUM). Fue el primer edil comunista en México del fin del siglo XX.

Convertido en hombre de partido buscó siempre tener un pie en el movimiento social. “Nunca –dijo refiriéndose a Elba Esther Gordillo– ni en los peores momentos, conocí a una dirigente magisterial sindical con un estado de conciencia tan vendido a los intereses económicos y del gobierno”.

En 1998, decepcionado, renunció al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Argumentó que “mi formación es marxista leninista y ya no encajaba en el ambiente político del PRD. No conozco mayor crimen que el que uno le dé las espaldas a sus ideas, prefiero quedarme silbando en la loma a dejar de luchar por mis ideales”.

Para él, fue un error histórico haber disuelto el PCM. Decía que los métodos de hacer política del PRI y del sol azteca eran semejantes, pues el segundo “no se compromete con una política anticapitalista, como tampoco el PRI; el PRD lo ofrece todo a cambio de conseguir votos. Lo increíble, lo que es público además, es que también en el PRD se compran votos; se compran con dinero, y me pareció que esas formas de hacer política no tenía por qué compartirlas ni directa ni indirectamente”.

En 2003 Othón Salazar, el predicador rojo plebeyo, advirtió: “Quiero merecer de por vida el título de revolucionario”. Nadie podrá negar que con justicia y congruencia se ganó esa dignidad nobiliaria.

jueves, septiembre 18, 2008

Fallece en La Habana el cineasta cubano Humberto Solás

El director de películas como 'Lucía', una de las diez más representativas del cine iberoamericano, ha muerto a los 66 años

EFE

El cineasta cubano Humberto Solás, Premio Nacional de Cine y director de películas representativas de la cinematografía de la isla como Lucía, también una de las diez más importantes de la historia del cine iberoamericano, ha fallecido hoy en La Habana a los 66 años de edad, han informado los medios locales.

La Agencia de Información Nacional ha anunciado que el sepelio del realizador "tendrá carácter privado" por decisión familiar, pero no ha detallado las causas de su muerte. Solás, uno de los fundadores del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, es considerado una de las figuras más importantes del cine cubano con una carrera de más de 40 años que incluye filmes como El Siglo de las luces (1991), Miel para Oshún (2001) y Barrio Cuba (2005). Fue galardonado en 2005 con el Premio Nacional de Cine y desde 2003 presidía el Festival de Cine Pobre de Gibara, un espacio creado por él para promover alternativas cinematográficas de bajo coste hechas con calidad artística.

Toda una vida dedicada al cine

Solás nació el 4 de diciembre de 1941 y se licenció en Historia en la Universidad de La Habana. En 1960 comenzó a trabajar como productor y asistente de dirección en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), donde inició una filmografía personal que incluye documentales y largometrajes de ficción. Su primer filme fue el corto Casablanca, realizado en 1961 para la serie Enciclopedia popular.

Luego hizo Minerva traduce el mar (1962), Manuela (1966) y Lucía (1968). Le siguieron Un día de noviembre (1972), Simparelé (1974), Cantata de Chile (1975) y Amada (1983).

En 1986, el realizador estrenó Un hombre de éxito, un filme que se convertiría en la primera cinta cubana en conseguir una candidatura a la Mejor Película en Lengua Extranjera para los premios Oscar de Hollywood.

martes, septiembre 16, 2008

Muere Richard Wright, miembro fundador de Pink Floyd

Rick performing "The great gig in the sky"


Ha fallecido a los 65 años "tras una corta lucha contra el cáncer"

EFE

Richard Wright, teclista y miembro fundador de la banda británica de rock Pink Floyd, ha muerto este lunes de cáncer a los 65 años "tras una corta lucha contra el cáncer", según ha informado su portavoz, que no ha precisado qué tipo de cáncer ha acabado con la vida del música y ha pedido en nombre de la familia que se respete su intimidad en "este difícil momento".

Wright (Londres, 1943) pasará a la historia de la música por haber creado Pink Floyd junto a Roger Waters (cantante, bajista y compositor) y Nick Mason (batería). Los tres artistas, que se conocieron en la Escuela Politécnica de Arquitectura de Regent Street (centro de Londres), fundaron en 1965 The Pink Floyd Sounds, nombre original de la formación.

Aunque como compositor no fue tan prolífico como Waters, con quien mantuvo una agria rivalidad, sí escribió algunas canciones de álbumes tan conocidos como Meddle (1971), The dark side of the moon (1973) y Wish you were here (1975).


Durante la grabación de The Wall (1979) -uno de los discos más emblemáticos de Pink Floyd- Wright se vio obligado a abandonar la banda por sus diferencias irreconciliables con Waters, quien amenazó con echar por tierra ese trabajo si el teclista no dejaba el grupo. Sin embargo, Wright, posiblemente el componente más discreto de la banda de cara a la opinión pública, siguió tocando con el conjunto como músico a sueldo durante los conciertos de promoción de The Wall en 1980 y 1981.

Siempre cerca de Pink Floyd

Autor de dos discos en solitario, Wet dream (1978) y Broken China (1996), el músico continuó colaborando puntualmente con Pink Floyd, sobre todo, tras la salida de Waters de la banda en 1985.

En 2005, el grupo (David Gilmour, Nick Mason, Roger Waters y Richard Wright) volvió a reunirse al completo, por primera vez desde 1981, para participar en el concierto Live 8 de Londres contra la pobreza en el mundo.

jueves, julio 31, 2008

Alejandro Aura, dramaturgo y poeta mexicano, murió en la capital española

Se rendirá un homenaje póstumo al escritor, anuncia el Instituto Nacional de Bellas Artes

Armando G. Tejeda

Madrid, 30 de julio. El poeta y dramaturgo Alejandro Aura murió hoy en el hospital universitario de La Princesa, de Madrid, alrededor de las cuatro y media de la tarde, víctima de un cáncer de pulmón que le fue detectado hace tres años.

No obstante que los médicos pronosticaron “tres meses de vida como mucho”, como él mismo contaba, Aura vivió con las molestias típicas de esa enfermedad, pero también con la pulsión poética viva, con la sensibilidad artística ávida de nuevos hallazgos literarios e intelectuales, y rodeado del cariño y del afecto de familiares y amigos. Sus cenizas viajarán a México, por disposicón expresa del escritor.

Nacido en la colonia Obrera de la ciudad de México en 1944, Aura abrigó la palabra desde muy joven, ya sea como poeta urbano que cantaba a la metrópoli sus miserias y virtudes, que como estudiante comprometido con los ideales de la libertad, la democracia y la justicia.


Lo caracterizó su pasión por las letras, ya sea mediante la poesía, el teatro, el ensayo, el cuento o la novela. Asimismo, su activismo político tuvo su momento más crítico en los años 60, cuando participó de manera activa en el movimiento estudiantil de 1968.

Aura vivía en Madrid desde hace ocho años, cuando fue nombrado director del Instituto de México en España, lo cual le permitió descubrir sus dos últimas pasiones: la ciudad que lo acogió y Milagros, la mujer con quien compartió sus últimos días. A pesar de vivir el “otoño” de su vida o, más bien, quizá por eso, el poeta intensificó sus reflexiones hasta el límite de sus fuerzas.

Él mismo, consciente de que la muerte estaba próxima, dejó escrita en su página web (www.alejandroaura.net) su despedida y, considerándose poeta antes que nada, lo hizo en verso, en el poema titulado Despedida: “Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,/ pedir los abrigos y marcharnos,/ aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo/ y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;/ se quedarán los demás, que cada vez son otros/ y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,/ también el hueco de nuestra imaginación se queda/ para que entre todos se encarguen de llenarlo,/ y nos vamos a nada, limpiamente como las plantas,/ como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo/ y luego, sin rencor, deja de estarlo”.

En el momento de su muerte también estuvo acompañado de su hija María, la más pequeña, que tuvo con la escritora Carmen Boullosa.

El último viaje de Aura será de regreso a México, a su ciudad, a su colonia Obrera, a su barrio de Coyoacán. Sus cenizas volverán, pero su palabra y sus reflexiones sobre los pormenores de su enfermedad permanecerán en su página web.

Por otra parte, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) anunció un homenaje póstumo a Aura, cuyos detalles dará a conocer con posterioridad, reportó la agencia Notimex.