Reforma
No podemos depender de lo que Estados Unidos decida para nosotros. El movimiento económico nos ofrece salidas menos dependientes
El único tema político en el mundo actual que no admite discusión alguna es el de la pobreza. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el problema toral del siglo XX, pero sólo se vino a identificar con claridad hasta que la sociedad humana se empezó a globalizar y los medios electrónicos permitieron conocer los problemas externos en tiempo real.De ahí se derivan la mayoría de los grandes problemas para todas las naciones, sin que los organismos internacionales hayan podido hacer nada importante para remediarla. De hecho, la pobreza se ha incrementado globalmente en los últimos 20 años con el modelo neoliberal de economías abiertas.Es interesante observar que todas las naciones con niveles de pobreza superiores al 30 por ciento comparten el hecho histórico de haber sido colonizadas y evangelizadas por los imperios de occidente. Los casos excepcionales de naciones ricas o en franca expansión, como Estados Unidos, Canadá y Chile confirman el hecho -también común- de que todos ellos tuvieron que inventar sus propios sistemas de gobierno, de acuerdo con sus historias y a la edad mítica de la mente colectiva de sus colonizadores que suponía la superioridad de la raza blanca sobre los aborígenes americanos.Todas las demás naciones con economías boyantes en la actualidad, como China, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, España, Holanda, Grecia y muchas más economías emergentes, han tenido que diseñar formas de gobierno tan híbridas y heterodoxas -como es el caso de China-, que llegan a perder todo rasgo de identidad con las ideologías y modelos de economía que han existido a través de la historia, agorando el fin de una época donde el liberalismo y la democracia fueron elementos protagónicos en la política de las naciones exitosas. Al mismo tiempo, el reciente fenómeno de la globalización ha tenido influencias contradictorias en la pobreza, ya que la ha desplazado de unas regiones del planeta a otras. Mientras beneficia a las naciones donde hay bajo costo de producción y pocas regulaciones ecológicas, laborales y fiscales, como en China, la India y el sudeste asiático, se aleja y perjudica en otras regiones, como Latinoamérica, que van desarrollando normatividades para el capital internacional. Aún dentro de Latinoamérica, las naciones del Cono Sur obtienen beneficios de este fenómeno de globalidad, al recibir capital de riesgo de Japón, China y Alemania, conforme disminuye la influencia de Estados Unidos, en función de su propia decadencia y del alto costo de sus guerras en Asia. Esto ha permitido que los gobiernos en el Cono Sur de América vayan induciendo una mayor participación de las clases trabajadoras en sus sistemas de gobierno y una relativa morigeración a sus problemas de pobreza. Con 3 mil kilómetros de frontera al norte, el caso de México es singular y complicado, ya que Fox siempre insistió en un acuerdo migratorio con Estados Unidos que fuese una válvula de escape para la pobreza y el desempleo crecientes, pero no fue capaz de percibir que la verdadera legitimación del gobierno de Bush procedía de la exacerbación de la paranoia producida por el ataque terrorista de 9-11 que incluía la defensa de todas sus fronteras.Con una muralla física a lo largo de la frontera norte, los precios del petróleo a la baja, la mitad del país viviendo en la pobreza y un líder político entrante más verde que Fox, el futuro de México no es halagüeño. Ningún ejercicio de prospectiva o de imaginación indica lo que sucederá a la pequeña elite de millonarios que ganaron la rifa del tigre y menos aún lo que pueda pasar con el tigre.
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