jueves, agosto 16, 2007

El partido PRD

Julio Hernández López
juliohdz@jornada.com.mx * http://http://www.juliohernandez.com.mx

Dividido e ineficaz, el Partido de la Revolución Democrática tratará de encontrar, a partir de hoy y hasta el próximo domingo, una fórmula que le permita fuerza y unidad de acción frente a una derecha igualmente fraccionada e inconsistente pero que cuenta con la ventaja que dan los recursos del poder.

Centrada la atención en los detalles de la relación de la estructura del sol azteca con su más reciente candidato presidencial (y las consecuencias de colaboración o distancia persistente con el calderonismo que se deriven de la resolución de esa interrogante destacada), el partido de la izquierda electoral (PIE) sigue entrampado en las visiones de corto plazo, en especial las relacionadas con las elecciones y los beneficios que de ellas se derivan para los integrantes de las corrientes facciosas que se han apoderado del control del mencionado partido.

Dos líneas centrales se han configurado de cara al congreso nacional que hoy inicia: una de ellas usa una convenenciera autocrítica para impulsar correcciones de fondo y forma que den mejores vestimentas y modales a una izquierda que, según esa visión, de seguir en su actual condición silvestre poco casadera será en términos sociales y electorales; otra corriente se aferra, por el contrario, a la denuncia, la movilización y la protesta crudas como mecanismo de supervivencia y trascendencia. En medio de esa disputa, aunque cargado a la segunda opción, el dueño del mayor capital electoral del partido parece dispuesto a emigrar si no se cumplen los dictados de los que justamente dará hoy una síntesis en el discurso inaugural del citado congreso. Ese personaje principal, López Obrador, ha sido poco practicante de las virtudes de la autocrítica y, en el ejercicio práctico, ha permitido la consolidación estructural y electoral de las corrientes teóricamente impugnadas, como la que encabezan los militantes de nombre Jesús.

Con tales ingredientes explosivos, las apuestas corren en el sentido de que la reunión del Sheraton Alameda (pequeños lujos inmobiliarios de la izquierda sin complejos de clase) acabará ahondando las diferencias entre las principales corrientes partidistas, y de la corriente dominante, la de Nueva Izquierda, respecto a López Obrador. Mejor noticia no podrían tener los adversarios del tabasqueño y de la resistencia civil al fraude de 2006. Un PRD dividido significaría un largo paso atrás de la izquierda electoral y el favorecimiento de los planes de control social, a las buenas o más seguramente a las malas, del neofranquismo calderonista.

Las peleas en la cumbre que hoy se escenificarán (o acaso los arreglos patrióticos en lo oscurito; repartos convenidos del botín electoral, a la manera que han hecho los cárteles de la droga luego de matanzas y venganzas desbordadas) van a contracorriente de lo que espera una base militante y social deseosa de inteligencia y planes realmente productivos para la causa de la izquierda. De hecho, los delegados al congreso naciente tienen la responsabilidad de decidir por sí, por sus representados (mandatos que en un buen porcentaje han sido impugnados por prácticas de mapachería interna) y por un amplio segmento social que lucha diariamente y sin membrete por las causas que el partido beneficiado electoralmente por esa resistencia se niega a asumir o a honrar a plenitud.

La atención del día, desde luego, estará centrada en lo que diga el llamado presidente legítimo, que ha ido distanciándose de las posiciones más "civilizadas" de la corriente que domina estructuralmente al PRD. Ese discurso inaugural quedará como línea o como advertencia para los congresistas que el domingo siguiente, a la hora de las conclusiones, podrán comparar lo dicho por el líder credencializador con lo aprobado en las sesiones colectivas de discusión. De la distancia o cercanía entre las propuestas andresinas y las resoluciones congresales dependerá la continuidad afectuosa o desapegada del tabasqueño e inclusive la definición de una vía alterna a partir de las redes ciudadanas propias. De lo que suceda en estos días dependerán hechos tan distantes como la postulación presidencial de 2012 o tan cercanos como la postura del sol azteca ante el primer Informe de Felipe Calderón. Ya se verá si los delegados y el congreso como tal están a la altura de los muchos y trascendentes retos de la izquierda, tanto de la burocráticamente electoral como de la esperanzadamente social.

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