jueves, septiembre 13, 2007

Amor y odio

Enrique Galván

Forma parte de la historia de los arreglos en lo oscurito el amasiato del gobierno y las televisoras. El hijo de un ex presidente de la República, Miguel Alemán, fue socio de los Azcárraga en Televisa hasta hace relativamente poco tiempo. Un hermano de otro ex presidente, Raúl Salinas de Gortari, le prestó una importante suma de dólares a Ricardo Salinas Pliego para que pagara la concesión de TvAzteca, un asunto que derivó en litigio. En el foxismo la fiesta-amasiato se convirtió en orgía: la señora Marta y don Bizente le dieron permisos de juegos de azar a Azcárraga y la franquicia de un banco y un buró de crédito a Salinas Pliego, aparte del famoso decretazo. Por otro lado, el empresario favorito del sexenio, Olegario Vázquez Raña, recibió la concesión del Canal 28 y toda una red de radiodifusoras, y no falta deslenguado que diga que la parejita es socia del negocio. Con todo, la relación ha sido propia del sillón del siquiatra: amor y odio, pero hasta hoy a cada desencuentro siguió una dulce (también costosa en materia de fondos públicos) reconciliación. Hay algo que explica la furia de los concesionarios de las televisoras: ¿cómo, después de tantos años de compartir el lecho, dos alas del poder al que han servido hasta la ignominia, el Judicial y el Legislativo, se atreven a atentar contra sus intereses? Las chispas que produce el choque son mayores porque falta un amigable consejero matrimonial. El titular del otro poder, el Ejecutivo, es débil y paradójicamente necesita el apoyo de las partes en disputa. En los siguientes episodios del reality show veremos si Calderón consigue que hagan las paces o tendrá que inclinarse en favor de alguno de los contendientes, con todas sus consecuencias.

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