Casida de la entrega
Juan Bañuelos (1932)
Agonizo en tu vientre
cuando –árbol– desciendo a las raíces
y amanezco en todo lo que vives.
Agonizo en tu vientre
de ternuras que viajan con la hierba
cuando la uva es roja hasta la hoguera.
(La savia de tu vientre
suena a torre y a espuma derribadas,
a caracol de lengua rota y clara.)
Y agonizo en tus ojos
desde tus largos muslos que se mecen:
dos horizontes donde la noche llueve.
[De Espejo humeante, Premio de Poesía Aguascalientes 1968]
Crítica de la poesía
José Emilio Pacheco (1939)
He aquí la lluvia idéntica y su airada maleza.
La sal, el mar deshecho...
Se borra lo anterior, se escribe luego:
Este convexo mar, sus migratorias
y arraigadas costumbres,
ya sirvió alguna vez para hacer mil poemas.
(La perra infecta, la sarnosa poesía,
risible variedad de la neurosis,
precio que algunos pagan
por no saber vivir.
La dulce, eterna, luminosa poesía.)
Quizá no es tiempo ahora.
Nuestra época
nos dejó hablando solos.
[De No me preguntes cómo pasa el tiempo, Premio de Poesía Aguascalientes 1969]
Amo el sol de este día
Desiderio Macías Silva (1922-1995)
Amo el sol de este día
amplio en su claridad como una alberca
que ríe y ríe desde tus ojos.
Amo la música,
esta música
creciendo
de tu boca
como yedras azules
contra las bardas
del crepúsculo.
Amo el berilo en ascuas
en que mi sangre gira
como un rehilete.
[De Ascuario, Premio de Poesía Aguascalientes 1972]
Un muchacho que puede amar (dos fragmentos)
Alejandro Aura (1944)
1
Huele a muchacha el aire de mediodía,
huele a muchacha natural,
y está tan cargado de olor a muchacha
el aire de mediodía
que estoy a punto de gritar
que el aire de mediodía huele a muchacha.
2
Me he puesto mi traje nuevo y he limpiado mis
zapatos;
en el claro día relucen mis cabellos limpios
y el viento suave que danza por los corredores
de las calles
da a mis manos un dibujo perfecto;
siento que la gente que pasa me mira con
agrado,
huelo a fresca lavanda
y doy los pasos al ritmo que el corazón me
marca:
soy un muchacho que puede amar.
[De Volver a casa, Premio de Poesía Aguascalientes 1973]
Prólogo
Elena Jordana (1934)
Sabines dijo:
A la chingada las lágrimas
y se puso a llorar
como se ponen a parir.
Yo dije:
al carajo la poesía
y me puse a escribir
como se ponen a vivir.
[De Poemas no mandados, Premio de Poesía Aguascalientes 1978]
Una fotografía antes pensada
Hugo Gutiérrez Vega (1934)
Pensada tantas veces,
construida en el sueño
y el presentido éxtasis,
ahora te haces carne
tendiéndote en el lecho
como un continente
apenas descubierto.
Estoy viendo tu cuerpo
conocido en el sueño,
y puedo fragmentarlo
para cantar sus muslos,
los pechos altos,
la entreabierta sonrisa del sexo,
la negra cabellera
destrozada en las playas de la almohada.
En el alimento de conocerte
crece mi hambre.
Sediento caigo a tu lado
y mi cuerpo surca la cama marina.
Afuera los pájaros
y la terrible aurora
que llega hasta tus pies,
deshacen el sueño
que hablaba de tu cuerpo.
La fotografía pálida
me repite tu nombre
en el arco de la madrugada.
[De Cuando el placer termine, Premio de Poesía Aguascalientes 1976]
Los ríos encrespan un follaje de calma
Coral Bracho (1951)
Tu voz (en tu cuerpo los ríos encrespan
un follaje de calma; aguas graves y
cadenciosas).
—Desde esta puerta, los goces, sus umbrales;
desde este cerco, se transfiguran—
En tus bosques de arena líquida,
de jade pálido y denso (agua profunda, hendida;
esta puerta labrada en las naves del alba). Me
entorno a tu
vertiente— Agua
que se adhiere a la luz (en tu cuerpo los ríos
se funden, solidifican
entre las ceibas salitrosas. Llama —puerta de
visos ígneos—
que me circundas y trasudas: sobre este vidrio,
bajo estos
valles esponjados, entre esta manta, esta piel
[De El ser que va a morir, Premio de Poesía Aguascalientes 1981]
Casi a la orilla
Elías Nandino (1900-1993)
Para el poeta José Emilio Pacheco
Después de lo gozado
y lo sufrido,
después de lo ganado
y lo perdido,
siento
que existo aún
porque ya,
casi a la orilla
de mi vida,
puedo recordar
y gozar
enloquecido:
en lo que he sido,
en lo que es ido...
[Premio de Poesía Aguascalientes 1979]
Desnudo
Antonio Castañeda (1938-2000)
Reclinada en el diván,
desnuda,
con la mirada detenida
en un tiempo
que esperas
te sea confortante,
tocas los hilos prodigiosos
que surgen de este invierno.
Mientras,
como otra piel,
una luz tenue
se extiende amorosa
por tu cuerpo.
[De Relámpagos que vuelven, Premio de Poesía Aguascalientes 1985]
Polvo
María Rivera (1971)
Polvo,
no te olvides de mi hora.
Todo eres tú, todo conviertes
a tu simple dictado:
la súplica del hielo,
la arquitectura del beso.
No me dejes sola cuando caiga
en la noche la lágrima del tiempo,
cierra tus labios en mi frente,
y estos pasos míos
ponlos en lo más hondo de ti
como un secreto:
la oscura certidumbre
de tu reino,
el oscuro sometimiento
de tu súbdita.
[De Hay batallas, Premio de Poesía Aguascalientes 2005]
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