Son varios los gobernadores que, por razones distintas, al parecer simpatizarían con la idea de que la televisión comercial conserve sus privilegios (léase el ingreso que generan los espots) y tratarían de influir en el voto de sus respectivos congresos: Fidel Herrera, de Veracruz; Mario Marín, de Puebla, y Humberto Moreira, de Coahuila. Están en duda Eugenio Hernández, de Tamaulipas, y el Chapo Eduardo Bours, de Sonora. Cada uno tiene sus propias razones. Bours, por ejemplo, fue presidente del Consejo Coordinador Empresarial y no quiere malquistarse con su gremio. Moreira y Hernández son chalanes de la miss Elba Esther y… sobran las explicaciones. Y Fidel Herrera –imagínense nomás– tiene aspiraciones presidenciales y no quiere echarse encima a las televisoras. El que metió reversa y se alineó con el Congreso de la Unión fue Enrique Peña Nieto, el guapetón (Paty Chapoy dixit) del estado de México. Mientras tanto, la presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, anunció que esta misma semana una comisión de legisladores hará un recorrido por distintas capitales del país para convencer a los gobernadores de los tres partidos –PRI, PAN y PRD– y a sus congresos, de que no se rajen y apoyen la reforma electoral.
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