martes, abril 10, 2007

La neopsicología!

Del neopsicoanalisis (psicología social de Eric Fromm)!

Existen determinadas estructuras culturales, estructuras cristalizadas y actitudes subjetivas. El neopsicoanalisis contempla los mecanismos psicológicos de carácter universal y el análisis de casos específicos que se dan en procesos históricos concretos. De esta manera se ocupa del hombre en una determinada época, cultura y grupo social; de los principia media de ellos vaya (los procesos históricos)! Esto es muy útil para la investigación sociológica claro esta, empleando dos conceptos como la adaptación dinámica y el carácter social.

El concepto de carácter social tiene antecedentes en la vieja "psicología de los pueblos", desarrollado sobre todo por antropólogos de la corriente funcionalista (no sé quienes sean estos gueyes, por aquí hay nombres à titre d'exemple).

Los conceptos de carácter social y adaptación dinámica han permitido analizar las relaciones entre los fenómenos estructurales y los psicosociales. De esta manera hay una superación de los 2 errores antitéticos del sociologismo (queda claro?) que olvida el elemento humano, es decir que el hombre es actor y autor de la historia, y no solo objeto resultado de fuerzas económicas u otras. También se supera el error del psicologismo que solo considera las conciencias individuales sin tener en cuenta su modo de formación y conexiones con las instituciones y los hechos socioculturales objetivos.

Por lo tanto, lo central en la psicología social es estudiar cuáles mecanismos psicológicos y hechos estructurales contribuyen a la formación de la conciencia, y a su vez cómo esta conciencia llega a transformar aquellos hechos estructurales.

Ciertos cambios en la estructura económica repercuten en la conciencia y en la conducta de los hombres. Con esto se llega a la noción de sentido que asume la adaptación frente a los cambios estructurales.

Por lo tanto, la estabilidad y expansión de la democracia dependen de la capacidad de autogobierno por parte de los ciudadanos, de su aptitud para asumir decisiones racionales en las esferas en las cuales antes dominaba la tradición, la costumbre, o el prestigio y la fuerza de la autoridad exterior.

El hombre ha llegado a emerger tras un largo proceso de individuación iniciado a finales de la Edad Media, como entidad separada y autónoma, pero esta situación y ciertas características de la estructura social contemporánea lo han colocado en un profundo aislamiento y soledad moral. A menos que logre establecer una vinculación con el mundo y la sociedad que se base en la reciprocidad y expansión de su propio yo, el hombre contemporáneo esta llamado a refugiarse en alguna forma de evasión de la libertad. Tal evasión se manifiesta por un lado por la creciente estandarización de los individuos, la paulatina substitución del yo auténtico por el conjunto de funciones sociales adscritas al individuo; por el otro, por la propensión a la entrega y sometimiento voluntario de la propia individualidad a autoridades omnipotentes que la anulan.

Entonces entramos en el concepto existencialista y hay que recordar la dicotomía entre los dos tipos de existencia: la banal (que mencionan Heidegger y otros existencialistas) y la auténtica. De aquí se habla de la perdida de la autenticidad debido a la conducta socialmente prescrita, de la cual Heidegger menciona que la falta de autenticidad es debida a la condición fatal de la vida en sociedad y no del fruto de un momento particular de la historia del hombre. De aquí se descubre una visión pesimista y la disposición a abandonar toda acción sobre el terreno social para refugiarse en soluciones puramente individuales; actitud peculiar de las clases en decadencia.

Por lo que hay un contraste entre la exigencia de autenticidad que resulta de un "análisis racional" de la sociedad actual, y de la autenticidad de la que habla el existencialismo. En el 1er caso se trata de crear las condiciones para una mayor expansión de la personalidad, eliminando la sistemática supresión de la espontaneidad que ahoga al auténtico yo bajo el yo social y transforma al ser viviente en un manojo de funciones [cualquier parecido con el capitalismo y lo que la iglesia pide (ojo que no ofendo a la religión, sino a sus dirigentes) … es pura coincidencia]. En cambio la existencia de Heidegger habla de una vida para la muerte abandonando la vida social, pues la considera perdida en la uniformidad y el automatismo, pero al mismo tiempo la reconoce como necesaria para hacer posible la "salvación de los que logran encontrarse a sí mismos, recuperando con la libertad (para la muerte claro está) la autenticidad de su ser". Esta es una interpretación puramente nihilista y aristocrática que no solo niega toda posibilidad de transformar la vida social (fatalmente inauténtica), sino que consagra como afirmación suprema el naufragio de la existencia humana.

Pues el contraste entre estas dos interpretaciones representa "dramáticamente" la alternativa que se ofrece a las generaciones actuales: o bien desarrollar más los principios en los que se basa la cultura moderna (aquí habla en un sentido racional, mas no capitalista o monopolico), destruyendo los restos feudales que impiden su florecimiento pleno, o bien volver a la antigua esclavitud disfrazada en una u otra forma, a alguna "especie de libertad para la muerte".

El camino que se ofrece para la humanidad según Laski y Fromm, es el transito de la libertad negativa a la positiva dirigido al aspecto estructural, para el primero a través de la ciencia y la técnica, para el segundo por medio del aspecto psicológico asegurando la expansión de la personalidad para realizar sus potencialidades emocionales. Ambas soluciones se complementan estudiando la crisis del aspecto humano!

Resumido del prefacio por Gino Germani para "El Miedo a la Libertad" de Eric Fromm, 1947 1ª Ed., y los capítulos que siguen los enviaré si el tiempo y las ganas me lo permiten… continuará… peut être … un jour…

Las palabras aquí resumidas son responsabilidad completa de Gino Germani y solo los comentarios "claros" son irresponsabilidad de un mexicanete perdido por ahí… que extraña la disposición servicial francesa y no tanto la buena compañía de olor a barbacoa, o a mole de caderas.

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