Tantos no pueden estar equivocadosCarlos Acosta Córdova
México, D.F., 3 de agosto (apro).- Que recuerde, muy pocas veces habíamos vivido una semana de tanta pasión y sentimientos encontrados, por lo menos en las últimas tres décadas. Desde el domingo, hemos transitado por todo: efervescencia política, histeria colectiva, agitación, desencanto, confusión, chillidos, gritos destemplados, desplegados y opiniones a pasto, caos vial extremo, estrés, pasión, análisis encontrados, descalificaciones, calma tensa, espera angustiosa de resultados electorales… y de remate, una fenomenal tromba que desquició buena parte de la ciudad la noche del miércoles. Y todo por culpa del ahora villano favorito de la nación, Andrés Manuel López Obrador, que quiere darle al país una elemental lección de democracia: la defensa del voto.
Cada quién, desde lo personal o lo colectivo, ha vivido una o más de esas experiencias y sentimientos. Yo mismo fui presa de mucho de ello e igual despotriqué, en su momento, contra López Obrador. Cómo que bloquear Reforma, hacer un mega plantón en el Zócalo… tomar de rehén a la ciudad. ¿Con qué derecho? ¡No se vale! ¿Y mi voto? ¿Fue para eso? Me pasó que la mañana del lunes quedé atrapado en el periférico tres horas y cuando lo libré todavía hice hora y media para llegar a mi destino: un desayuno de trabajo pactado a las 9:00 horas (¡Ja!), que se convirtió en almuerzo.
La ciudad era un caos; los autos, a vuelta de rueda; los agentes de tránsito, insuficientes e incapaces de controlar la situación; los automovilistas, con el ánimo crispado y la mirada de odio. Y yo, hecho añicos por la desesperación, el estrés y ese maldito dolor de espalda –producto de dos discos herniados, en la última vértebra lumbar y en la primera sacra-- que me asalta en situaciones de crisis.
Cómo no despotricar contra López Obrador. Compartí el ánimo antipeje que supuraban las estaciones de radio. De regreso en la oficina, el ambiente era igual. En los compañeros de trabajo vi desencanto, enojo, sorpresa. Entre broma y veras, discutíamos. Qué manera de echarse a la gente encima, aun a sus seguidores. Qué forma de acabar con su capital político. Qué ganas de acabar con un movimiento genuino. Si “la derecha” apostaba a que minara el ánimo lopezobradorista, él está contribuyendo de manera contundente a acabarlo. “¿Volverían a votar por López Obrador?”, preguntó alguien en la redacción. Y una voz lacónica espetó: “Yo, ¡ni madres!”. Claro, todos soltamos la carcajada. Pero el ánimo era ese. Nos preguntábamos ¿qué sigue, tomar el aeropuerto? ¿Las estaciones eléctricas, para amagar con apagones? ¿Los pozos petroleros? ¿Las plazas públicas? ¿Más vialidades primarias? No. No puede ser. Esa no es la resistencia “pacífica” que se nos había prometido y que compartíamos ante el noble fin de limpiar la elección para tener una presidencia legítima, incuestionable.
Afortunadamente, al paso de los días se han ido aclarando las cosas. El berrinche generalizado del lunes ha ido quedando en enojo o en actitudes histéricas, cacerolistas, de quienes están contra López Obrador.
Pasan las horas y cada quién va quedando en su lugar. Con todo y que ya el tránsito es más fluido en la ciudad --de manera sorprendente Seguridad Pública ha ido controlando el flujo vehicular--, la histeria persiste. Voces intelectuales se levantan, se rasgan las vestiduras. Mucha gente se hace eco de la bilis que derraman los comentaristas televisivos y radiofónicos. Líderes de comerciantes la emprenden contra López Obrador y contra Encinas. Hasta quieren que renuncie, que desaparezcan poderes en la capital de la República.
Grupos de abogados antipeje ya dan asesoría gratis a comerciantes establecidos para que demanden penalmente al gobierno local. Miembros de organismos cúpula del empresariado llegan a pedir hasta la presencia del Ejército para desalojar a los perredistas de Reforma y del Zócalo. Todos, pues, contra López Obrador. Otra vez.
Pero la sorpresa es que el ánimo popular, la energía del apoyo a AMLO no cede, o al menos como quisieran los contrarios. Uno, periodista al cabo, por oficio o por costumbre, platica con medio mundo, observa, semblantea. Y lo que se descubre es una firmeza indeleble entre la gente que apoya a López Obrador. Prevalece la convicción de que, aunque se moleste o de plano se atropellen derechos ciudadanos, es una situación temporal, extraordinaria, como extraordinario y definitorio es el momento político que vive el país.
Al ver ese ánimo que no decae en las calles, en las familias, en las personas, decidí darme una vuelta por toda la zona ocupada. Y, sorpresa, acudí a una verdadera verbena popular, algo así como las que se hacen los días 15 de septiembre, en ocasión del grito de independencia, pero extendida, intensa y protagonizada por gente convencida de la necesidad de su presencia en el mega campamento. Más allá de los infaltables cegehacheros y panchos villas, hay gente de todas las edades y de todas las condiciones sociales.
Ve uno de todo: manifestaciones artísticas de todo tipo, exposiciones fotográficas, líderes arengando, cantantes, grupos musicales, exhibición de videos, grupos de oficinistas, familias enteras, recorriendo gustosos los campamento, apreciando lo que se exhibe en cada uno de ellos. Como si se hubiera planeado desde hace mucho, sobresale la infraestructura de seguridad y asistencia médica: puestos de socorro y primeros auxilios, ambulancias, diagnósticos rápidos de presión sanguínea, de niveles de azúcar, en fin. Y para que se vea que no es una fiesta frívola, incontables puestos de venta de libros y bibliotecas ambulantes, campamentos dedicados a la lectura, de libros, revistas y periódicos. Foros de discusión por todos lados.
No hay campamento donde no se vea a nutridos grupos jugando ajedrez, o tomando talleres de matemáticas, de reciclaje, de títeres, de fotografía y hasta de nutrición y enfermería.
También, colas inmensas de gente que quiere estampar su firma de apoyo a las demandas de López Obrador y de la coalición Por el Bien de Todos. Tampoco hay campamento donde no se dediquen grandes espacios para expresar una opinión. Ancianos y jóvenes, lápiz, bolígrafo o plumón en mano, escriben, desde el cerebro y el corazón, sentidos mensajes. Bueno, y hay de todo: una chamaquita, de mezclilla, muy decidida escribió: “Es mi primer voto y se quieren limpiar el culo con él”. Claro, hay otros mensajes más “intelectuales” y más “profundos”, pero también muchos, muchos iguales de expresivos que aquél.
Se da uno cuenta también del engaño de las televisoras: no hay tal ausencia de compradores en los comercios establecidos. Los negocios de joyería y compra de oro y plata en la calle de Madero se ven concurridos, como siempre. Un mensaje se repite de tanto en tanto entre los campamentos: “Insistimos en disculparnos por la molestia que nuestra lucha ocasiona, pero estamos convencidos de que hay algo más importante que ese malestar pasajero: el bienestar duradero que la democracia significa para la gente.”
Yo coincido y estoy convencido: Tanta gente, en el país, no puede estar equivocada. Vale la pena soportar estas molestias pasajeras. Qué tanto es tantito, diría el cronista urbano. Mejor un mes de plantón, que una sexenio gris. Dicen bien los perredistas: es una situación extraordinaria porque extraordinario es el momento político. Hay que vivirlo. Y con pasión. Y sin irnos con la finta de que lo que quiere el Peje es la violencia y la confrontación.
Comentarios: cgacosta@proceso.com.mx
Para animarse : http://www.youtube.com/watch?v=RCWBc9rW-7E
1 comentario:
El plantón
Luis Javier Garrido
La intensificación de las acciones de resistencia civil decididas por el movimiento en defensa de la democracia, convocado por Andrés Manuel López Obrador, y la multiplicación de evidencias del fraude electoral del 2 de julio, están llevando al gobierno foxista a endurecer sus campañas de difamación en los medios y a emitir nuevas amenazas, llevando al país a una creciente tensión que puede conducir a una grave crisis política.
1. Los 2 millones de mexicanos que se manifestaron el 16 de julio en la capital de la república, exigiendo en la movilización social más importante de la historia política de México respeto a la voluntad ciudadana y detener la tentativa de fraude en la elección presidencial contándose "voto por voto" y "casilla por casilla", evidenciaron la indignación creciente de amplios sectores ante la pretensión del gobierno de Fox de imponer a Felipe Calderón en la silla presidencial, y mandaron a éstos un mensaje contundente que, como señaló Elena Poniatowska en las palabras pronunciadas en la Plaza de la Constitución, se podría sintetizar en: "No nos vamos a dejar".
2. Las elecciones constituyen la más alta manifestación de la soberanía de un pueblo en un régimen democrático y representativo, y el descomunal fraude electoral de 2006, concebido, preparado y ejecutado por el gobierno de Fox en nombre de los intereses de una minoría que se ha apropiado ilícitamente de los recursos de la nación, constituye un atentado gravísimo contra la soberanía nacional.
3. El fraude no es nada más un simple operativo de Estado instrumentado por grupos oligárquicos para impedir que López Obrador, quien ganó legítimamente la elección, llegue a Palacio Nacional. Es un intento por impedir que el pueblo haga valer su voluntad soberana y logre darse el gobierno que mayoritariamente desea. Y en la medida en que se trata de un atentado dirigido contra el pueblo por un poder oligárquico que transgrede de manera cínica la legalidad, el propio pueblo tiene derecho legítimo e inalienable a reaccionar por todos los medios a su alcance: desde la resistencia civil hasta la revolución.
4. La decisión que tomó el movimiento el domingo 30 de instalarse en asamblea permanente e intensificar las acciones de resistencia civil pacífica en demanda del recuento de votos, instalando 47 campamentos de la democracia en el Zócalo y a lo largo de Madero, avenida Juárez y Paseo de la Reforma, y de instrumentar un boicot a productos de empresarios fascistoides que han atentado contra la democracia y el orden legal -Sabritas, Bimbo, Wal- Mart-, es la única respuesta posible. El fraude electoral que Fox intenta consumar es un acto de prepotencia de la oligarquía y de desprecio a los mexicanos, pero en lo político se puede entender como una tentativa de golpe de Estado, cuyos objetivos están muy claros.
5. Las voces de aquellos que se oponen a las movilizaciones y al enorme campamento parecen olvidar la gravedad de la situación a la que han llevado a México los grupos oligárquicos que, violando el orden jurídico de la República, tratan de imponer el fraude a fin de poder seguir controlando el poder estatal para satisfacer intereses particulares y, en contra de lo establecido por la Constitución, seguir cancelando derechos a los mexicanos y acelerar el desmantelamiento de la nación. Y desconocen también que los teóricos de la resistencia civil, al reconocer que ésta no puede estar constituida sino por una serie de actos de transgresión al orden establecido, insisten en que ésta siempre es parte de un "deber moral".
6. Los 60 académicos y artistas salinistas, encabezados por Jorge G. Castañeda, José Woldenberg, Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, que hicieron pública una carta en la que sugieren que la actual "crispación" ha sido generada por la coalición Por el Bien de Todos y que sostienen que no encuentran evidencias de fraude maquinado (Reforma, 3/8/06), carecen de argumentos y no logran, en el triste papel que asumen, sino hacer más patente su desprecio al pueblo de México y su corrupción, pues los hechos están a la vista y no se pueden ocultar. El país ha vivido en los últimos tres años un clima de violencia política generalizado -generado desde Los Pinos por Fox y sus asesores para impedir que López Obrador llegue a la Presidencia-, acentuado por los actos fraudulentos cometidos contra el pueblo antes, durante y después de la jornada electoral, que evidencian la dimensión del operativo de Estado.
7. El fraude en la elección presidencial de 2006 no es una presunción, una percepción o una creencia, como sostienen Televisa, estos académicos y otros voceros del poder. Las evidencias del fraude de Estado son descomunales y no las ve quien no las quiere ver: desde las intervenciones descaradas de Fox contra López Obrador en la campaña, la utilización de recursos públicos para favorecer a Calderón, la compraventa de votos con programas de asistencia social, la guerra sucia o el uso de recursos ilícitos, hasta el rasuramiento del padrón y las prácticas mapachescas el día de la jornada electoral en estados controlados por gobernadores panistas (Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Morelos) o priístas antimadracistas (Sonora, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua) o por las huestes de Elba Esther Gordillo, que dieron los resultados más inverosímiles por la anulación de votos para AMLO y la inyección de votos inexistentes para Calderón: un operativo que no podría entenderse si no hubiese sido coordinado y encubierto por el gobierno federal.
8. La actuación delictiva de Luis Carlos Ugalde y de los ocho consejeros electorales, fungiendo como cómplices de Fox y Calderón al tolerar sus violaciones al orden constitucional y legal a lo largo de la campaña, y cometiendo nuevos ilícitos durante y después de la jornada electoral, no se hubiesen llevado a cabo si no fuese dentro de un magno operativo de Estado, garantizado por el gobierno federal y encubierto por Los Pinos, la PGR, Gobernación y el propio IFE. La falsificación del PREP, la presentación de un falso conteo el miércoles 5, la alteración y encubrimiento de actas, la apertura ilegal de paquetes electorales son algunas acciones de estos individuos a los que el gobierno foxista les ha prometido absoluta impunidad, al igual que a las televisoras.
9. Calderón, quien perdió, como él bien sabe y por eso actúa con enorme inseguridad, conoce que todas las prácticas a las que recurrió para trampear los resultados constituyen causales gravísimas que permitirán que el TEPJF anule su votación y reconozca el triunfo de López Obrador, y por eso busca con desesperación legitimarse por otros medios y, según se ha filtrado, está ofreciendo carteras en su hipotético gobierno a Beatriz Paredes (PRI), Lázaro Cárdenas Batel (PRD) y Roberto Campa (Panal) y ofreciendo negocios a grupos empresariales, evidenciando su desprecio por el TEPJF.
10. El pueblo está reivindicando su derecho de reaccionar frente a la tentativa de fraude con acciones de resistencia civil cada vez más radicales, y el mensaje que envía es muy claro: "No nos vamos a dejar".
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