Comentarios de Octavio Paz de 1986 que salieron en el No. 459 en la revista francesa: “le magazine littéraire”. La transcripción y traducción al español es de: yo mero.
La poesía es el arte más antiguo. A partir del momento en que los hombres comenzaron a hablar, pensaron y recitaron poemas. La poesía moderna ha sido mucho menos hablada que escrita. Después de la zanja que se fue cavando en el siglo XVIII, siendo el simbolismo, pienso, tan creador en el dominio de la lengua, que fue alejando a la poesía del público. Ahora, la canción ha tomado el lugar de la poesía popular. Pero la palabra como acto puede sobrevivir en la escritura. Después de todo, Homero nunca tuvo necesidad de leer a los poetas o los pensadores que lo precedieron. Existirán entonces factores relacionados con todos los recursos del sonido y de la imagen.
La poesía no puede disociarse de la libertad. Existe una tradición, comenzando por los poetas griegos y latinos. Pensemos en todos los combates que los poetas han tenido que enfrentar en el transcurso de los siglos. En este mundo que se insinúa, creo que nuestra reflexión deberá dirigirse hacia la reconciliación de la libertad y la fraternidad. Ortega y Gasset creía predecir lo que sería el tema de nuestro tiempo. Y en esta reflexión creo que la poesía puede participar a su manera porque también trabaja con los caminos de la memoria. Entre la revolución y la religión, la poesía es “la otra voz”, aquella de las pasiones y las divisiones, a su vez la voz de otro mundo y del de aquí. Es la boca del poeta que habla “la otra voz” que es también la voz del tiempo… Pero la poesía no tiene como objetivo saber lo que hay al final del camino. Para ella, es el camino lo que cuenta.
La verdadera literatura es indiferente a las leyes, a la lógica del mercado, con sus best-sellers con los que “on a coupé bec et ongles” (es una metáfora que indica la incapacidad de defensa). La rebelión forma parte de la literatura. En la tradición moderna de crítica y rebelión, de subversión, la poesía, del siglo XIX al XX, a jugado un rol importante. Faltaría regresar a esos inicios de la gran literatura del siglo XX, que no fue ni conformista ni tranquilizante sino crítica, seguido agresiva, prohibiendo la caricia al lector y sus prejuicios, siguiendo las modas. Era una literatura hecha por escritores que no se quejaban de encontrarse solos. Es por eso que nunca he olvidado rendirle homenaje a los editores que siguen fieles a la gran tradición de los que, desde el siglo XVIII, han desafiado los gustos y la moral de la mayoría. Es gracias a ellos que nosotros no estamos completamente abatidos, anestesiados.
Los grandes escritores del pasado nos han mostrado que el mérito de escribir es una aventura desinteresada hacia caminos sin explorar, adentrarse en el corazón del lenguaje. Es por eso que nosotros, los escritores de ahora, tenemos que volver a pronunciar la monosílaba que ha marcado el inicio de la literatura moderna: “no”.
La poesía es el arte más antiguo. A partir del momento en que los hombres comenzaron a hablar, pensaron y recitaron poemas. La poesía moderna ha sido mucho menos hablada que escrita. Después de la zanja que se fue cavando en el siglo XVIII, siendo el simbolismo, pienso, tan creador en el dominio de la lengua, que fue alejando a la poesía del público. Ahora, la canción ha tomado el lugar de la poesía popular. Pero la palabra como acto puede sobrevivir en la escritura. Después de todo, Homero nunca tuvo necesidad de leer a los poetas o los pensadores que lo precedieron. Existirán entonces factores relacionados con todos los recursos del sonido y de la imagen.
La poesía no puede disociarse de la libertad. Existe una tradición, comenzando por los poetas griegos y latinos. Pensemos en todos los combates que los poetas han tenido que enfrentar en el transcurso de los siglos. En este mundo que se insinúa, creo que nuestra reflexión deberá dirigirse hacia la reconciliación de la libertad y la fraternidad. Ortega y Gasset creía predecir lo que sería el tema de nuestro tiempo. Y en esta reflexión creo que la poesía puede participar a su manera porque también trabaja con los caminos de la memoria. Entre la revolución y la religión, la poesía es “la otra voz”, aquella de las pasiones y las divisiones, a su vez la voz de otro mundo y del de aquí. Es la boca del poeta que habla “la otra voz” que es también la voz del tiempo… Pero la poesía no tiene como objetivo saber lo que hay al final del camino. Para ella, es el camino lo que cuenta.
La verdadera literatura es indiferente a las leyes, a la lógica del mercado, con sus best-sellers con los que “on a coupé bec et ongles” (es una metáfora que indica la incapacidad de defensa). La rebelión forma parte de la literatura. En la tradición moderna de crítica y rebelión, de subversión, la poesía, del siglo XIX al XX, a jugado un rol importante. Faltaría regresar a esos inicios de la gran literatura del siglo XX, que no fue ni conformista ni tranquilizante sino crítica, seguido agresiva, prohibiendo la caricia al lector y sus prejuicios, siguiendo las modas. Era una literatura hecha por escritores que no se quejaban de encontrarse solos. Es por eso que nunca he olvidado rendirle homenaje a los editores que siguen fieles a la gran tradición de los que, desde el siglo XVIII, han desafiado los gustos y la moral de la mayoría. Es gracias a ellos que nosotros no estamos completamente abatidos, anestesiados.
Los grandes escritores del pasado nos han mostrado que el mérito de escribir es una aventura desinteresada hacia caminos sin explorar, adentrarse en el corazón del lenguaje. Es por eso que nosotros, los escritores de ahora, tenemos que volver a pronunciar la monosílaba que ha marcado el inicio de la literatura moderna: “no”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario